Un movido año cardenalicio
En este año que comienza vamos a asistir a muchas noticias protagonizadas por cardenales aunque no sea previsible la creación de nuevos purpurados. Diez miembros del Sacro Colegio perderán sus derechos electorales por cumplir 80 años. Son el francés Panafieu (Marsella, 26/1), el filipino Vidal (Cebú, 6/2), el español García Gasco (Valencia, 12/2), el italiano Ruini (Vicario de Roma, 19/2), el norteamericano Keeler (Baltimore, 4/3), el italiano curial Sebastiani (11/4), el africano Mazombwe (Lusaka, 24/9), el norteamericano curial Law (4/11), el holandés Simonis (Utrecht, 26/11) y el coreano Cheong-Jin-suk (7/12).
Todos ellos menos el coreano son eméritos. Es decir, ya no gobiernan diócesis ni tienen un cargo en la curia romana. España perderá un voto en un eventual cónclave quedando sólo con cuatro: Amigo, Rouco, Sistach y Cañizares. Como en estos momentos el número de cardenales excede en uno de los 120 fijados por Pablo VI como cifra máxima de los participantes en un cónclave, esa cifra se alcanzará el 26 de enero. Y si no se produce ningún fallecimiento, al finalizar el año el Papa se encontrará con nueve vacantes en el Sacro Colegio que son muy pocas para pensar en un nuevo consistorio de creación de cardenales. En general, salvo el italiano Ruini, no han sido figuras de gran peso eclesial.
Si la pérdida de los derechos electorales priva a los cardenales de su principal prerrogativa que es la de elegir Sumo Pontífice cuando queda vacante la Santa Sede, derecho del que carecen aquellos cardenales nombrados con más de 80 años, como el español Estepa en el último consistorio, hay otro momento muy importante que es el de la presentación de la renuncia, de su sede o de su cargo, al cumplir 75 años. El Papa la acepta cuando lo considera oportuno siendo lo normal uno o dos años de prórroga. Más de tres es excepcional y menos de uno indica enfermedad o serias discrepancias del Papa con el gobierno del exonerado.
En el rito latino, que no en los orientales, a partir de los 75 años comienza una cuenta atrás que termina inexorablemente y a no largo plazo con el pase a la condición de emérito que es el equivalente eclesial a la jubilación.
Se encuentran en esta situación y con 79 años el citado arzobispo de Seúl. Ha cumplido 78 el arzobispo de Manila, Rosales. Tienen ya 77 el arzobispo de Guadalajara, Sandoval, el curial, Farina y los arzobispos de Bahía, Agnello, y Colonia, Meisner. Con 76 años están el arzobispo de Milán Tettamanzi, los curiales Monterisi y Sardi, el secretario de Estado Bertone, el arzobispo de Ciudad Ho Chi Minh y el curial Lajolo. Y han cumplido 75 y por tanto han presentado ya su renuncia, el arzobispo de Filadelfia, Rigali, y los curiales Baldelli, De Paolis y Foley. Muchos de ellos dejaran el servicio activo este año y alguno en cuestión de días. Con lo que van a desaparecer figuras muy importantes de la Iglesia.
Quedan, por último, los cardenales que en este año cumplirán 75 años y presentarán a su vez la renuncia de sus cargos. La lista es amplísima. En febrero la presentarán el arzobispo de Berlín, el Patriarca de Lisboa y el arzobispo de Los Ángeles; en marzo el arzobispo boliviano de Santa Cruz de la Sierra; en abril el Prefecto de la Congregación para la Evangelización de los Pueblos; en mayo el arzobispo de Maguncia; en junio el Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe y los arzobispos de Lagos y Montreal; en agosto el arzobispo de Madrid; en octubre los arzobispos de La Habana y Santo Domingo; en noviembre el curial Antonelli y el arzobispo de Dakar y el diciembre el arzobispo de Buenos Aires. No pocos de ellos: Sterzinsky, Policarpo, Mahony, Lehman y Bergoglio representantes de la línea menos ratzingeriana del Sacro Colegio. Cuanto antes se les acepte la renuncia más ganará la Iglesia.
Estamos por tanto ante un año que va a ser muy movido cardenaliciamente.
Fuente: La Cigüeña de la Torre
Comentario Druídico:
Lo más importante de estas movidas es la formación del nuevo colegio cardenalicio, es decir, la preparación del futuro cónclave. En el mejor de los casos, podemos decir que el actual pontificado está promediando, y que sus líneas definitivas ya se han trazado y difícilmente se modifiquen.
En materia de re-encaminamiento doctrinal, los esfuerzos han sido tímidos y neutralizados por la defensa más radical del Concilio y su doctrina. El Papa ha tratado de reagrupar a las fuerzas conservadoras bajo el lema de la hermenéutica de la continuidad y promete, ya con demasiada demora, una intervención radical en la liturgia. Sin embargo no parece posible que esto se lleve a cabo si no homogeniza el pensamiento de sus ministros, y sobre todo, si no decide aplicar la autoridad hasta sus últimas consecuencias.
En los otros temas, estamos como cuando salimos de España. Se lamentan las consecuencias, pero no se actúa sobre las causas, por el contrario. Seguimos asistiendo al nombramiento de obispos que dejan mucho que desear. La persuasión y la dulzura benedictinas no son suficiente en medio de un clero rebelde, alzado y dispuesto a la desobediencia permanente.

