¿La mitad de la población homosexual en 20 años?
Obispo de Córdoba: ‘La Unesco tiene programado hacer homosexual a media población’
Pone esta teoría en boca del ministro de la familia del Papa. Dice que aplicará la iniciativa implantando la ideología de género en escuelas
Advierte que la sexualidad no es ‘un juego de placer’
Sobre el aborto: ‘España camina orgullosa de su progreso hacia su destrucción’
José Manuel Vidal | Madrid
«El ‘ministro’ de la familia en el gobierno del Papa, el cardenal Antonelli, me comentaba hace pocos días en Zaragoza que la Unesco tiene programado para los próximos 20 años hacer que la mitad de la población mundial sea homosexual. Para eso, a través de distintos programas, irá implantando la ideología de género, que ya está presente en nuestras escuelas».
Ésta es la teoría de la conspiración global que defiende el obispo de Córdoba, Demetrio Fernández. Lo hizo el pasado domingo, 26 de diciembre, en la homilía que pronunció en la eucaristía de la Sagrada Familia y cuyo texto íntegro pueden ver en el pdf adjunto. Y, además, señala al cardenal Ennio Antonelli, ministro de la Familia del Papa, como el autor primero de la ‘teoría conspirativa’ de la organización de la ONU para la infancia.
Demetrio Fernández asegura que la Iglesia «no pretende imponer a nadie su visión de la vida y de la familia, pero pide que se respete la visión que hemos recibido de Dios y que está inscrita en la naturaleza humana». Y, a continuación, asegura que el cardenal Antonelli le comentó, hace unos días en Zaragoza, que la Unesco quiere convertir en homosexual a la mitad de la población mundial. Y en tan sólo 20 años.
¿Cómo se va a realizar esa iniciativa sin precedentes? «Para eso, a través de distintos programas, irá implantando la ideología de género, que ya está presente en nuestras escuelas».
«Es decir, según la ideología de género, -explica el obispo- uno no nacería varón o mujer, sino que lo elige según su capricho, y podrá cambiar de sexo cuando quiera según su antojo». Y concluye: «He aquí el último ‘logro’ de una cultura que quiere romper totalmente con Dios, con Dios creador, que ha fijado en nuestra naturaleza la distinción del varón y de la mujer».
El prelado termina la homilía arengando a sus files: «No es momento de lamentarse, sino de conocer bien cuáles son los ataques a este bien precioso y de vivir con lucidez y con coherencia lo que hemos recibido de Dios, por ley natural o por ley revelada».
Una homilía que dará mucho que hablar incluso entre los prelados y los fieles asistentes a la gran fiesta-misa de la familia de Colón, que se celebra mañana en Madrid, y en la que, según los organizadores, podrían participar más de medio millón de personas.
La sexualidad no es «un juego de placer»
En la primera parte de su larga homilía, el prelado de Córdoba, que pasa por ser uno de los más conservadores del episcopado español, hace, además, una fundamentación teológica y espiritual de la familia como «Iglesia doméstica», porque «en el plan amoroso de Dios, la familia constituye un pilar fundamental de nuestra vida y de nuestra convivencia».
Un plan de Dios en el que, según el obispo, «la familia consiste en la unión estable de un varón y una mujer, que se aman y se profesan amor para toda la vida. Unión santificada por la bendición de Dios en el sacramento del matrimonio, cuyo vínculo es fuente permanente de gracia y es irrompible, es decir indisoluble. Unión que por su propia naturaleza está abierta a la vida y suele desembocar en el nacimiento de nuevos hijos que completan el amor de los padres y constituyen como la corona de los padres».
Una donación mutua que, a juicio de Demetrio Fernández, se «expresa incluso en la donación corporal, en el lenguaje de la sexualidad». Eso sí, una sexualidad que no puede ser entendida «como un juego de placer», porque, entonces, «este proyecto de Dios sobre el hombre se arruina».
Para el obispo, «el placer que acompaña a la relación sexual no puede convertirse en valor absoluto de las relaciones del varón y la mujer. Cuando lo único que se persigue es el placer, la satisfacción de uno mismo, el otro se convierte en objeto, y el amor se convierte en egoísmo. La sexualidad entonces es el lenguaje del egoísmo, del egoísmo más terrible, porque utiliza al otro para su propio provecho».
El obispo de Córdoba subraya, a continuación, que la relación sexual entre los esposos debe estar siempre abierta a la vida. «La encíclica Humanae vitae enseña claramente esta doctrina, y -¡ay de nosotros!-, si la extorsionamos diciendo lo contrario o dejando a la conciencia de cada uno que haga lo que quiera».
Y de ahí que llegue a reconocer que algunos curas no respetan esa doctrina de la Iglesia. «Hemos de pedir perdón a Dios porque en este punto obispos, sacerdotes y catequistas no hemos anunciado con fidelidad la doctrina de la Iglesia, la doctrina que salva y hace felices a los hombres».
‘Caminando hacia la autodestrucción’
«En el desierto demográfico que padecemos, en el que el mundo occidental se muere de pena, todos tenemos nuestra parte de culpa. No sólo los legisladores y los políticos por no favorecer la familia verdadera, sino también los transmisores de la verdad evangélica (obispos-presbíteros-catequistas) por haber ocultado o negado la doctrina de la Iglesia en este punto», subraya clamando un ‘mea culpa’ por haber conducido al mundo a consecuencias dramáticas y desastrosas.
La prueba más evidente es, según el prelado cordobés, que «España lleva muchos años con el índice de natalidad más bajo del mundo, y desde que se ha introducido el aborto hay más de un millón de muertos por este crimen abominable. Por este camino, España y los países occidentales tan orgullosos de su progreso caminan hacia su propia destrucción».
A ello han contribuido asimismo «las facilidades para el divorcio, para la anticoncepción en todas sus formas, para el aborto incluso con la píldora del día después repartida gratuitamente como anticonceptivo, son otros tantos ataques a la familia, al proyecto amoroso de Dios sobre la familia y la vida».
Fuente: El Mundo, España
Comentario Druídico:
Unesco, un asco. Pero ha de ser cierto, nomás. Que la difusión de homosexualismo es sistemática y está muy bien financiada, no es secreto para nadie con un poco de perspicacia. Eso explica las presiones internacionales para imponer legislaciones aberrantes. ¿Para qué? Bien, los que mandan (póngales el nombre que quiera) buscan una población mundial de unos 500 millones de personas en un par de generaciones o poco más. Contracepción, guerra al matrimonio, homosexualismo… todo va contra la fertilidad humana. La consigna de los ecologístas es clara: el hombre es el mayor depredador y contaminador del ambiente: acabemos con el hombre.
Bien, no vamos a rebatir con argumentos la perversidad de estas ideologías. Es obvia, y quien no lo vea, bueno… en fin. En la Argentina, la clase media hace décadas que está embarcada en este proyecto, sin saberlo: familia tipo, contracepción «católica» y ahora «homosexualismo católico». Crecimiento poblacional mínimo, sin tasa de recambio, aunque no peor que el de Europa. Mucho deseo de lujo y bienes, contra el cual conspiran los niños, esos depredadores del presupuesto familiar.
Primeros resultados: padres ancianos con hijos indiferentes, geriátricos a mansalva, soledad, tristeza, angustia existencial y sistema jubilatorio en quebranto.
Gracias a Dios, las clases populares siguen produciendo niños por el sano mandato de la naturaleza, y algunas familias católicas también, además de lo primero, por dar gloria a Dios y almas al cielo.
Los pobres heredarán la tierra… hoy puede aplicarse también en este sentido. La esterilidad de los perversos heredará la nada en este mundo y cosas peores en el futuro, si Dios no lo remedia. Recemos por estos empedernidos pecadores contra la alegría de ser y de pedurar…

