San Pío X, en un nuevo aniversario de su fiesta
Sí, como Papa, como muy digno sucesor de San Pedro, como santo Vicario de Nuestro Señor Jesucristo, veneramos a San Pío X y lo invocamos para que inspire al Papa actual y siga defendiendo a nuestra Madre la Santa Iglesia. San Pío X cumplió de modo ejemplar el temible cargo de representante de Jesucristo en la tierra, investido del poder de Pastor supremo de los obispos, de los sacerdotes y de los fieles, bajo la autoridad inmediata de Jesús, a quien pertenecen las almas: “Pasce oves MEAS, agnos MEOS”.
Sí, como Papa, como muy digno sucesor de San Pedro, como santo Vicario de Nuestro Señor Jesucristo, veneramos a San Pío X y lo invocamos para que inspire al Papa actual y siga defendiendo a nuestra Madre la Santa Iglesia. San Pío X cumplió de modo ejemplar el temible cargo de representante de Jesucristo en la tierra, investido del poder de Pastor supremo de los obispos, de los sacerdotes y de los fieles, bajo la autoridad inmediata de Jesús, a quien pertenecen las almas: “Pasce oves MEAS, agnos MEOS”.
En Nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
Queridos Hermanos,
El día veinte nueve de mayo de mil novecientos cincuenta y cuatro, Pío XII canonizó a San Pío X. Fue la primera vez en la historia de la Iglesia que un Sumo Pontífice ha sido proclamado santo por un Papa que, antaño, había estado a su servicio en la Curia romana. La santa Providencia quiso que, sin tardar, cuarenta años después de su muerte, este Papa santo sea venerado, invocado, imitado, en nuestra época.
Por supuesto los modernistas de toda calaña se opusieron fuertemente a su canonización; como máximo deseaban que no fuese canonizado como Papa: San José Sarto, sí, pero San Pío X, no.
No fue lo que afirmó Pío XII, al contrario: en su alocución durante la beatificación de Pio X, el afirma que “parecía haber nacido para gobernar la Iglesia” y que “miraba con los ojos de un santo Pastor cual era su deber en el seno de una sociedad amenazada por los errores del tiempo y la perversión del siglo”.
Sí, como Papa, como muy digno sucesor de San Pedro, como santo Vicario de Nuestro Señor Jesucristo, veneramos a San Pío X y lo invocamos para que inspire al Papa actual y siga defendiendo a nuestra Madre la Santa Iglesia. San Pío X cumplió de modo ejemplar el temible cargo de representante de Jesucristo en la tierra, investido del poder de Pastor supremo de los obispos, de los sacerdotes y de los fieles, bajo la autoridad inmediata de Jesús, a quien pertenecen las almas: “Pasce oves MEAS, agnos MEOS”.
Antes de todo, se sometió a la voluntad de Nuestro Señor, se refirió constantemente a Él:
– Cuando fue elegido Papa, aceptó llorando y diciendo: “Como una Cruz,… lo acepto como una Cruz”. No recibió el poder supremo por otro motivo que el de imitar la obediencia de Jesús. Imitó también, durante toda su vida la pobreza de Cristo; pudo escribir en su testamento: “Naci pobre, viví pobre, deseo morir pobre”.
– Y su divisa como toda su obra fue de “Instaurare omnia in Christo”, de instaurar todo, la sociedad civil, la familia, el ministerio sacerdotal, la enseñanza, las artes, todo, en Nuestro Señor Jesucristo.
También, en sus relaciones con los pequeños y los grandes de este mundo, siempre despreció a su propia persona para que lo consideren únicamente como el representante de Jesús; rechazaba la menor, incluso justa, alabanza:
– Un día, una mujer le llamó : “El Papa Santo” y le contestó: “No, SaRto”.
– Otra vez, un diplomático extranjero le manifestó su sorpresa de ver un Papa tan noble como un príncipe y con tan alta visión de las cosas políticas, mientras que su origen familiar era campesino; entonces San Pío X le hizo comprender que un representante de Jesucristo no debe intimidarse por ningún hombre importante de este mundo.
En su enseñanza, San Pío X quiso solamente dar y defender la Verdad que, como Jesucristo, es de ayer, de hoy y de siempre:
– En su primera encíclica, como en la que condena el modernismo, dio el diagnóstico exacto de los males y de los errores de nuestro tiempo y los remedios para curarse de ellos. Ya desde el principio de “Pascendi”, se refiere explícitamente a Nuestro Señor: “Al oficio de apacentar la grey del Señor que nos ha sido confiada de lo alto, JESUCRISTO señaló como primer deber el de guardar con suma vigilancia el depósito tradicional de la santa fe”, y “en estos últimos tiempos ha crecido en modo extraño, el número de los enemigos de la Cruz de Cristo, los cuales (…) se esfuerzan por destruir totalmente, si les fuera posible, el reino de JESUCRISTO”. Es la santa indignación del Vicario de Jesucristo, su representante, su voz, su discípulo privilegiado; ¡hay lobos que se atreven a amenazar a las ovejas de Nuestro Señor a él confiadas!
– También, ¿cómo no citar el librito tan precioso que lleva el título de “Catecismo de san Pío X” que iluminó tantas almas con la luz de la doctrina cristiana y que todos deberían saber de memoria?
En fin, ¿cómo no evocar su ahínco en difundir el amor a Jesucristo?
– En los sacerdotes: “El Maestro y el modelo de su santificación, es Jesucristo”; “el clero debe estar dispuesto para hacer grandes cosas y sufrir mucho por Nuestro Señor Jesucristo”; “que el Altísimo derrame sobre todo el clero los tesoros de gracia, de caridad y de toda virtud que encierra el Corazón Purísimo de su Hijo amado”.
– También, como dijo Pío XII, este gran Papa de Jesucristo quiso “dar Nuestro Señor a los niños y los niños a Nuestro Señor”, permitiendo la comunión sacramental desde el uso de la razón. “Niños de la escuelita, varios de ustedes van a poder comulgar hoy, es gracias a San Pío X; háganle una pequeña oración de agradecimiento…
Queridos hermanos, el amor a Jesucristo es la razón de ser de los Papas, la condición sine qua non, necesaria, del ejercicio de su poder supremo. Cuando Nuestro Señor preguntó tres veces a Pedro si lo amaba, no fue únicamente en reparación de su triple negación; Nuestro Señor relacionó también la respuesta de Pedro con la entrega del poder de Pastor supremo: “Simón, hijo de Juan (pregunta solemne), ¿me amas más que estos? – “Sí, Señor, tú sabes que te amo” – Dícele Jesús: “(entonces) Apacienta mis corderos, las almas de los fieles”. Segunda vez le dice: “Simón, hijo de Juan, ¿me amas?” Respóndele: Sí, Señor, tú sabes que te amo. Dícele: Cuida mis ovejas, los obispos”. Dícele tercera vez: “Simón, hijo de Juan, ¿me amas? (…); y le respondió: “Señor, tú lo sabes todo: tú sabes que yo te amo. Díjole Jesús: (entonces) Apacienta mis ovejas”.
La tremenda crisis actual en la Iglesia, ¿no tiene por origen, esencialmente, una negación, un desprecio a Nuestro Señor Jesucristo, a su Verdad, a su gracia, a su ley, a su sacrificio, su Cruz?
Recemos a San Pío X para que las autoridades de la Iglesia, en particular el sumo Pontífice, vuelvan integralmente con toda su mente, todo su corazón, toda su alma, a Nuestro Jesucristo.
Ave María Purísima
En el Nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

