Panorama Católico

Gripe A y la sede para oír confesiones

Con ocasión de la aparición de la gripe A, en respuesta al sentimiento de alarma que se ha despertado en nuestra sociedad, varios obispos han tomado medidas respecto de la Santísima Eucaristía.

De lo que no tengo noticias, en cambio, es sobre la existencia de nuevas directivas especiales respecto del sacramento de la Penitencia. Cosa curiosa pues, a diferencia de la Eucaristía, que es “sacramento de vivos”, la Penitencia es un “sacramento de muertos”: lo han de recibir los fieles que han perdido la gracia santificante por el pecado mortal.

Por Un Sacerdote

Con ocasión de la aparición de la gripe A, en respuesta al sentimiento de alarma que se ha despertado en nuestra sociedad, varios obispos han tomado medidas respecto de la Santísima Eucaristía.

De lo que no tengo noticias, en cambio, es sobre la existencia de nuevas directivas especiales respecto del sacramento de la Penitencia. Cosa curiosa pues, a diferencia de la Eucaristía, que es “sacramento de vivos”, la Penitencia es un “sacramento de muertos”: lo han de recibir los fieles que han perdido la gracia santificante por el pecado mortal.

Por Un Sacerdote

Parece oportuno, por tanto, recordar aquí que el lugar propio para oír confesiones es una iglesia u oratorio, y que la sede ordinaria es el confesonario (cfr. CIC 1983, c. 964). Muchas razones se han dado en favor del confesonario, con rejilla, que están bien explicadas en el siguiente enlace:

http://www.aceprensa.com/articulos/1993/jan/27/apolog-a-de-un-mueble-de-iglesia/

En la actualidad el mueble con rejilla puede cumplir, además, una función sanitaria si el confesor utiliza barbijo. Porque es claro que el sacerdote que escucha confesiones, mediante la rejilla, tiene menos posibilidades de contagiarse y de contagiar a sus penitentes, que el que lo hace cara a cara, con el penitente a muy corta distancia. Aprovechemos la oportunidad que nos da la epidemia para ejercer nuestro derecho a recibir el sacramento de la Penitencia en un confesonario con rejilla, y para no seguir más la difundida práctica de los sacerdotes de confesar varones y mujeres, al oído, sin rejilla cuando ello resulta posible.

Comentarios

Anónimo
05/07/2009 a las 12:09 am

No entiendo

Si bien puedo llegar a comprender mediante fundamentos teològicos y costumbristas sobre, por ejemplo, la distribuciòn de la Eucaristìa a los fieles, y otras cuestiones de tipo "pràctico" sobre los sacramentos, esta nota no deja de asombrarme.

¿A què se debe reclamar el uso de las rejillas del confesionario y separados varones y mujeres para recibir el sacramento de la penitencia?. Cuàl es el sentido de recibirlo de ese modo y no del cara a cara con el sacerdote?. Que fundamento teologico aducen?.

Espero sus respuestas

Ignacio



Anónimo
05/07/2009 a las 9:30 am

Ignacio:

Resulta cuanto




Ignacio:

Resulta cuanto menos una paradoja que, por supuestas razones sanitarias, respecto de la Eucaristía se recomiende la comunión en la mano (práctica peligrosa) y sobre la Penitencia, en cambio, no se diga nada acerca del recomendable uso del confesionario con rejilla, sobre todo en comparación con la difundida confesión cara a cara, a veces, casi mejilla a mejilla (práctica que también tiene peligros morales y, ahora, sanitarios).

Le copio algo del link, aunque está bueno para leerlo completo:

La confesión cara a cara trae consigo el peligro de comprometer emocional y afectivamente a las personas, lo que enturbia y debilita la seriedad y el carácter sobrenatural de la acción sacramental. Es necesario reconocer que la pared divisoria y la rejilla fija dificultan la mirada, protegen el pudor y garantizan una prudente distancia entre el confesor y el penitente, mientras que la confesión a cara descubierta levanta toda protección y hace más espinoso -en todos los sentidos- el descubrir los fracasos en el campo más íntimo de la historia personal.

Junto a todo esto, algunos ingenuos entre el clero no se dan cuenta de que la confesión cara a cara no protege suficientemente el precioso bien de la buena reputación, tanto del confesor como del penitente. Por lo que se refiere al sacerdote, no debería minimizarse la posibilidad de convertirse en víctima de acusaciones falsas, que podrían haberse evitado fácilmente gracias al mueble del que aquí se hace el elogio.

En Xto.,

Un pecador.

 

 

 

 



Anónimo
05/07/2009 a las 2:15 pm

Gripe A y la sede para oír confesiones + La celebración de la…

Estimado Marcelo:

A pesar de las diferencias que nos separan nos volvemos a encontrar…!

Se asemeja a los hermanos que en disputa, ahúnan sus intereses ante la amenaza de un enemigo en común que los acosa.

Desgraciadamente, en  los tiempos que vivimos la rejilla debería ser necesaria no solo para las mujeres sino también para los hombres…independientemente del tema de la Gripe A.

Lo más incomprensible del caso es el trato con la Sagrada Eucaristía ya que en todas las iglesias se está recomendando a los fieles no reciblr la comunión en la boca por el tema del contagio. En algunos lugares se hace como una velada inmposición  ya que se hace a tono de invitación, pero no se administra la Sagrada Eucaristía a quién la pida en la boca, mientras que en otras iglesias se lo impone directamente.

Podemos pensar que a través del Señor seremos contagiados de la Gripe A? Es esa nuestra fe de cristianos? Es lindo llevar una medalla de S. Benito como camafeo o medalla colgada, pero lejos está de la fe que tal símbolo debería llevar aparejado.

Sin embargo, en ninguna de las iglesias he podido observar que se haya suprimido la colecta. La gente deposita su óbolo luego de tocar el dinero de sus bolsillos (mayor fuente de contagio) y luego se llevan sus propias manos a la boca. Si hubiese coherencia en los actos se habría dispuesto hacer la colecta después de la haber recibido la Comunión y si existiese la imposibilidad litúrgica de así hacerlo, se podría incluso haberla suprimido mientras duren estas medidas. Tampoco se demuestra mucha fe en la Providencia Divina.

A nuestras autoridades eclesiásticas se les importa un bledo de Ud. de mi o de doña Rosa. Mucho menos del Señor. Pero si adoran al señor dinero. Ahora incluso se suspende la Santa Misa para recolectar más y se reanuda una vez finalizada la misma. El dios dinero ha desbancado en nuestras Iglesias al único y verdadero Dios. Los tiempos para la colecta superan con creces a la Consagración y la Acción de Gracias que ya prácticamente ha dejado de existir.

Sabíamos que esto sería así. El combate ya se está librando ahora a cara descubierta. Que pasará después de la Gripe A?

En los S.C.J.M., saludo a Ud muy atte.

Gloria, Amor y Reparación a Cristo Jesús!!!

Alfredo M. Sena

 

 



Anónimo
07/07/2009 a las 3:25 am

Ignacio…
…el fundamento no es teológico, sino una medida prudencial y de seguridad para confesor y penitente. Se trata de una disposición que a lo largo de los siglos se tomó entre otras razones, para evitar el delito de «solicitación». En los tiempos actuales en que ganan la opinión pública tantos escándalos de clérigos mujeriegos, homosexuales y hasta pederastas, nadie debería objetar una tan inteligente medida, como es la separación física del penitente con su confesor y/o director espiritual, particularmente en un momento de tanta intimidad y en que, por lo tanto, más expuestos e indefensos se encuentran ámbos, más allá del sexo y la «orientación sexual» -como hoy se dice- que tengan. Antiguamente los negocios se basaban en la palabra, pero cuando comenzaron los incumplimientos contractuales, e incluso las estafas, se hizo imprescindible documentarlo todo por escrito, para prevenirse de los timadores; pero, paradójicamente, quienes más se preocupan por documentar sus acciones por escrito son los honestos, no los embaucadores, porque a éstos no les conviene la prueba documental, que los pone en evidencia y les impide perjudicar al prójimo. Con los confesionarios pasa algo parecido… MARTIN BILOTTA



Anónimo
07/07/2009 a las 4:36 am

Ademas

de los expuesto tan justamente por Martin, debo decir que cuando el penitente se acerca a la confesion con pecados bastantes humillantes de reconocer (generalmente en el orden sexual), el anonimato y la fata de mirada directa ayuda muchisimo. A esto se suma la muy saludable practica de poner un crucifijo en medio, cosa que el penitente tiene un Cristo crucificado delante, lo cual tambien favorece y consuela mucho.

Atte.

Daniel



Anónimo
07/07/2009 a las 6:47 pm

El tema del confesonario

El tema del confesonario tiene su historia:

El Código de 1917, además de determinar que el confesionario "debe estar provisto de una rejilla fija y con agujeros pequeños entre el penitente y el confesor" (c. 909 § 2), establecía una clara diferencia disciplinar entre las confesiones de mujeres y de hombres, por motivos evidentes de prudencia, que ante la actual difusión de la sodomía en sus más variadas formas, hacen más conveniente aplicar las mismas normas de prudencia a los varones.

La rejilla en el confesionario desempeñaba otras funciones, que no han perdido actualidad:

1) Salvaguarda la necesaria discreción y reserva del acto sacramental: la confesión es un acto individual, auricular y secreto; no es una absolución colectiva;
2) Garantiza el derecho de todos los fieles a confesar sus pecados sin necesidad de revelar su identidad personal;
3) Facilita la comprensión del carácter sacramental del acto: absuelve Cristo, por intermedio de un sacerdote;
4) Protege el derecho de cada fiel (confesor y penitente) a defender su integridad y su honra de cualquier peligro o sospecha.

A partir de la década de 1970, comenzó a imponerse una "moda pastoral", -análoga a la que luego derivó en la comunión en la mano- contraria al uso del confesionario como sede para las confesiones. Todo en oposición, más o menos abierta, a las normas de la Iglesia y a su espíritu protector.

Por desgracia, la reforma del Código de 1983, no ha sido suficiente para desarraigar los usos abusivos: las normas universales mandan que haya siempre, en lugar visible, confesionarios provistos de rejilla fija entre el penitente y el confesor, cosa que no siempre ocurre en las nuevas iglesias y capillas; y establecen la prohibición de oír confesiones fuera del confesionario, si no es con causa justa, lo que tampoco se cumple porque se hace de la excepción una regla.

Lo que los fieles deben saver es que tienen derecho a utilizar el confesionario "tradicional".

En Xto.,

Un pecador.



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