Panorama Católico

99 años de Fátima

A un siglo, casi, de Fátima. La cifra invita a imaginar un acontecimiento inminente. Imposible saberlo. Pero sería un error pensar de uno de estos dos modos: Fátima se ha cumplido – Fátima no se cumplirá. Fátima se está cumpliendo. Lo cual implica que hay cosas ya venidas y otra por venir. Hagamos una reseña.

A un siglo, casi, de Fátima. La cifra invita a imaginar un acontecimiento inminente. Imposible saberlo. Pero sería un error pensar de uno de estos dos modos:

a) Fátima se ha cumplido.

b) Fátima no se cumplirá.

Quienes seguimos el tema de cerca tenemos una certeza: Fátima se está cumpliendo. Lo cual implica que hay cosas ya venidas y otra por venir. Hagamos una reseña.

Cumplidas: Milagro del sol. Fin de la Primera Guerra, anunciado casi un año antes. Profecía del reinado de Pío XI y Segunda Guerra con anuncio de una señal cósmica de la que hay innumerables testimonios en Europa en 1939, inclusive periodísticos. Expansión de Rusia y sus errores. Persecución y destrucción de naciones. Sufrimientos “del Papa”.

Por cumplir: Consagración de Rusia, conversión. Triunfo del Corazón Inmaculado de María. A lo que se debe agregar lo no enunciado sino relatado como visión, el llamado “Tercer Secreto” y que más propiamente debe decirse la “tercera parte del Secreto”.

Aclaremos que el “secreto” son las revelaciones que la Virgen realizó a Lucía y Jacinta y autorizó a relatar a Francisco, que no oía a la Virgen, pero sí la podía ver. Lucía luego las puso por escrito en distintas “memorias”. Pero no hasta que la Virgen consintió que fuesen dadas a conocer un tiempo después, en tres etapas. La última de ellas, el “tercer secreto” fue puesto por escrito, con gran lucha de conciencia de Lucía a principios de los años 1940, porque estaba en dudas sobre si “el Cielo” la estaba autorizando, dado que la Virgen no se le manifestaba, como era frecuente, después de la muerte de sus primitos, Jacinta y Francisco, para instruirla y animarla en su extraordinaria misión.

El “tercer secreto” debía revelarse según lo dispusiera el obispo de Leiría-Fátima, o el Patriarca de Portugal o el mismo papa. El primero insistió en que se lo pusiera por escrito pero nunca se lo ordenó, y Lucía no pudo hacerlo (materialmente) hasta que recibió la certeza sobrenatural. Y aunque el prelado temía que la vidente se llevara el secreto a la tumba por causa de su mala salud en esos días, no lo quiso leer una vez que lo tuvo en sus manos y lo guardó a buen resguardo, enviándolo cuanto antes pudo, que no fue tan pronto como él quería, a la Santa Sede, varios años después. Pío XII lo tuvo en su oficina de trabajo en un cofrecito. Pero no lo leyó. Todo esto es parte de los misterios que rodean esta aparición.

Lo que Lucía manifestó a requerimiento del obispo fue que debía divulgarse en caso de morir ella o cuanto más en 1960, si lo primero no ocurría antes. Los estudiosos coinciden en que estas fechas no fueron prescriptas taxativamente por “el Cielo”, sino una inspiración de Lucía. Una forma de poner límites a la demora de la revelación, pero que el papa, y hasta el obispo de Fátima podían darlo a conocer cuando quisieran, a su criterio.

Cabe destacar que Lucía nunca se atribuyó ningún privilegio de intérprete del mensaje. Se limitó a responder lo que las autoridades le preguntaron. Por ejemplo, que las consagraciones podían haber sido gratas a la Virgen, pero no se habían hecho según Su pedido. Que esto nunca se ha realizado. Y ciertamente se quejó, en un famoso y controvertido diálogo con el P. Fuentes, de que nadie hacía caso al pedido de la Virgen. Lucía negó haber dicho textualmente al vicepostulador las palabras que él cita en forma de diálogo, de las causas de sus primitos, en proceso de beatificación, pero no negó que lo que el P. Fuentes relató allí coincidía con sus convicciones. Así lo atestigua el P. Alonso, gran experto en el tema, muy respetado por los fatimistas más insignes.

Para no abundar, recordemos que Juan XXIII lo leyó junto con otros prelados y prohibió su difusión. De allí lo supo Malachi Martin, de boca del Card. Bea, bajo compromiso de secreto. Luego el papa manifestó que no quería ser profeta de calamidades, frase insinuadora y a la vez ominosa en vísperas del Concilio. De allí en más se supone que los papas lo han conocido y fue Juan Pablo II en 2000 quien lo reveló, como es público, y según algunos todavía resta completar algunas líneas que están en un folio separado. Juan Pablo dejó que se lo interpretara de un modo más que peregrino, algo que el Card. Ratzinger luego manifestó le pesaba en su conciencia. El silencio de Sor Lucía, allí presente, no significa aprobación, ya que ella no tenía mandato de corregir ni enmendar interpretaciones. Menos significa que fuera una “falsa Lucía”, como algunos fantasean.

Por cumplir queda también, de parte de los hombres, no del Cielo, la consagración de Rusia. Hubo varias relacionadas al tema Rusia, ninguna con las características y formalidades que la Virgen pidió a Sor Lucía. Aclaremos también, a modo complementario, que Sor Lucía, siendo ya adulta y religiosa recibió revelaciones anunciadas, como la devoción de los cinco primeros sábados y otros mensajes que no sabía con anticipación, como uno a los obispos de España, muy duro y crítico, aún después de la guerra española de 1936-39.

La Visión (*)

Queda por cumplirse o se ha estado cumpliendo en el curso del tiempo, según sea una metáfora o una profecía, la destrucción material de Roma, la parte más impresionante de la tercera parte del secreto. Lo primero, que no excluye lo segundo, se ha venido cumpliendo desde la sugestiva fecha de 1960, si la tomamos como una referencia general. Fue el reinado de Juan XXIII y el comienzo del proyecto del Concilio que nos ha traído hasta Francisco, con todos los desastres que mediaron y se proyectan en el futuro inmediato.

Si la destrucción es material, y no hay razones para pensar que esto no pueda ocurrir según están las cosas en el mundo, evidentemente no se ha realizado. Pero pensemos que un artefacto nuclear “casero” podría devastar el Vaticano y prevenir un ataque así no es tan sencillo, porque hay muchos dispuestos a realizarlo. No me interesa discutir si Francisco está o no conscientemente sirviendo a un Nuevo Orden Mundial. Si Isis está controlado por amigos de Francisco, etc. Lo cierto es que cuando hay gente armada, fanatizada y capacitada técnicamente para lograr un objetivo que pregona fervorosamente ante las masas (con o sin intención de realizarlo por parte de los jerarcas islámicos), siempre hay alguien que con o sin mandato expreso puede hacerlo realidad. Un lobo gris.

O bien podría suceder cualquier otra catástrofe, si es que la visión relata una destrucción material. Aunque la destrucción espiritual y moral no necesita ser expuesta en más detalles de los que el lector conoce. Ya hemos hablado demasiado de la Exhortación de Francisco a sentirse liberados, en particular los católicos, de los mandatos del Evangelio en materia moral. Y esto es mucho más devastador que una bomba “sucia” introducida por un yijadista en el Vaticano.

Fátima está en plena vigencia y con resultados tremendos: la humanidad ignoró sus advertencias y hubo no solo una guerra de más de 50 millones de muertos y espantosa devastación material y moral, sino que luego esa guerra se prolongó en cientos de guerras -diríamos hijuelas- nacidas de ella, bajo el rótulo tranquilizador de “Guerra Fría”. No piensan lo mismo sobre la paz post Segunda Guerra en Viet-Nam, Camboya, Corea, buena parte de Africa y las interminables y no terminadas “guerrillas” de Hispanoamérica. Guerras de narcos, guerras de traficantes de todo lo que se puede traficar. Y ahora Medio Oriente inflamado y al borde de la catástrofe, más la bomba de tiempo que puso en marcha contra Europa por medio la migración masiva…

Todo esto es lo que Fátima advirtió, si no se rezaba el rosario y se no se hacían sacrificios por la conversión de los pecadores.

¿Nadie rezó, nadie se sacrificó?

Naturalmente hubo muchos que podemos constatar y sin duda otros tantos ocultos e ignorados. Movimientos marianos en Francia, Italia, y por cierto en Portugal, que además recibió el milagro de ser gobernada durante décadas por un gobernante virtuosísimo que la sacó de la ruina. Hubo actos públicos de devoción, alabanza y adoración al Santísimo Sacramento, y un impulso a la devoción del santo rosario. El Concilio y su secuela devastó todo. Hoy se refugia en pocos núcleos católicos, ya que la mayoría desprecia no solo este arma tan grata a la Santísima Virgen y dotada de especial fuerza, como lo declaró Sor Lucía con gran énfasis) sino que ya ni se asiste a misa, (ni quedan muchas misas dignas de asistir) ni se reciben los sacramentos de iniciación, como el bautismo, ni se vive según las más elementales costumbres evangélicas.

Todo indica que tocamos el fondo, que el látigo caerá sobre justos y pecadores para, como bien dice San Agustín, perfeccionamiento de unos y castigo de los otros. Pero una enfermedad terminal anunciada, aunque sea dolorosa e irreversible, no deja de ser un acto de Misericordia divina. La Virgen, mensajera del Cielo, parece decirnos: Yo les avisé y les di los medios. Vine varias veces a ustedes a advertirlos. Ahora solo me queda decir nuevamente lo que ya adelanté: el castigo será terrible, pero finalmente, Mi Corazón Inmaculado Triunfará. Les será dado un tiempo de paz. (**)

Vivamos, pues, como los cristianos del Imperio romano, o de tantos momentos en que ser fieles a la Fe significó aceptar grandes sacrificios y deponer legítimas aspiraciones. Solo así podremos estar listos para perseverar y tal vez, Dios dirá, ofrendar la vida como ya lo hacen tantos en el Medio y Lejano Oriente. Por sobre todo, para ofrendar la vida día a día, en el olvido, la enajenación social, el desprecio de la jerarquía prevaricadora. Busquemos en el Rosario y en la Misa tradicional los muros de refugio y resistencia. El triunfo de la Fe, que es también nuestro triunfo, está cerca y es más seguro que cualquier otra certeza o fuerza natural o preternatural. Vivamos la alegría de completar un ciclo y comenzar otro en el que Dios volverá a ser el centro de la vida personal y social. Ese “tiempo de paz”. (***)

Notas

(*)Omito deliberadamente la parte de Rusia, que se convertirá. Cada uno puede ensayar sus teorías sobre el modo, pero la profecía está abierta y falta aún la Consagración, que por fuerza será pública.

(**) El tercer secreto dice textualmente:«Escribo en obediencia a Vos, Dios mío, que lo ordenáis por medio de Su Excelencia Reverendísima el Señor Obispo de Leiria y de la Santísima Madre vuestra y mía.

«Después de las dos partes que ya he expuesto, hemos visto al lado izquierdo de Nuestra Señora un poco más en lo alto a un Angel con una espada de fuego en la mano izquierda; centelleando emitía llamas que parecía iban a incendiar el mundo; pero se apagaban al contacto con el esplendor que Nuestra Señora irradiaba con su mano derecha dirigida hacia él; el Angel señalando la tierra con su mano derecha, dijo con fuerte voz: ¡Penitencia, Penitencia, Penitencia! Y vimos en una inmensa luz qué es Dios: ‘algo semejante a como se ven las personas en un espejo cuando pasan ante él’ a un Obispo vestido de Blanco ‘hemos tenido el presentimiento de que fuera el Santo Padre’. También a otros Obispos, sacerdotes, religiosos y religiosas subir una montaña empinada, en cuya cumbre había una gran Cruz de maderos toscos como si fueran de alcornoque con la corteza; el Santo Padre, antes de llegar a ella, atravesó una gran ciudad medio en ruinas y medio tembloroso con paso vacilante, apesadumbrado de dolor y pena, rezando por las almas de los cadáveres que encontraba por el camino; llegado a la cima del monte, postrado de rodillas a los pies de la gran Cruz fue muerto por un grupo de soldados que le dispararon varios tiros de arma de fuego y flechas; y del mismo modo murieron unos tras otros los Obispos sacerdotes, religiosos y religiosas y diversas personas seglares, hombres y mujeres de diversas clases y posiciones. Bajo los dos brazos de la Cruz había dos Angeles cada uno de ellos con una jarra de cristal en la mano, en las cuales recogían la sangre de los Mártires y regaban con ella las almas que se acercaban a Dios».

(***) Naturalmente, Dios podría poner aquí fin a la historia. Yo no lo creo, digo, no creo que sea “ya”, pero si así fuera, también será y con más razón un motivo de alegría y fidelidad.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *