Panorama Católico

30 Años de Democracia

La Argentina inviable se manifiesta nuevamente. La retórica de la democracia suena tan ridícula como ridículos los esfuerzos de los «dirigentes elegidos por el pueblo» para evitar un incendio anunciado. Se pondrán de acuerdo en algunas cosas, unidos por el espanto. 

La Argentina inviable se manifiesta nuevamente. La retórica de la democracia suena tan ridícula como ridículos los esfuerzos de los «dirigentes elegidos por el pueblo» para evitar un incendio anunciado. Se pondrán de acuerdo en algunas cosas, unidos por el espanto. Ya ni miserables, en el peor sentido de la palabra, les cabe. Incapaces, ineptos, solo aptos para el descuidismo con los fondos públicos, o para el saqueo ejemplar que inspira a parte de la población, no la más hambreada, sí la más degradada por estos años de régimen infame.

La Argentina que supo acopiar enormes riquezas en esta década larga, está agotada hasta en sus inconmensurables recursos. Su plutocracia revienta de bienes, dinero contante, propiedades. Además del elenco estable de la oligarquía financiera e industrial, que se pliega a todo gobierno mientras pueda sacar su tajada, la plutocracia de los políticos, enriquecidos hasta donde pudieron, algunos con el descaro más sorprendente.

Y la Iglesia, o el clero católico argentino: ahora, solo acierta a dar otra anodina declaración sobre el deber de preservar las instituciones. Dicen ellos, que no hacen sino demoler la Institución que Cristo les confió. Dirigida, cada vez más, por inútiles rentados para decir frases de circunstancia en actos sin sentido, ajenos a toda realidad social, política; ajenos a todo sentido común.

Nadie habla de «cosas», y es tan notable esta ausencia de sentido de las cosas reales que aquejan a la gente, en lo material, en lo moral, en sus necesidades más elementales de educación y contención, de ejemplo de bien, de confianza en sus autoridades, tan notable es que cuando alguien habla con sensatez sobre las «cosas reales» suena como la encarnación de la sabiduría.

Funcionarios que ya no saben qué otra cosa robar, o cómo lucrar con todo lo que pasa por sus manos. Inmensa masa de personas abandonadas al desempleo, la miseria, míseros subsidios inviables, la permanente exhibición de bienes que nunca podrán tener, la permanente exposición a una forma de vida idealizada en la que vale más el que más dilapida. Una tarea incansable de cretinización del pueblo. Una agobiante presión sobre la clase media, con impuestos e inflación, pero sobre todo con la oferta de todas las perversiones morales como la panacea del bien y la felicidad. Ante lo cual el clero no tiene nada que decir, salvo rarísimas excepciones. 

Esto es la Argentina hoy, que celebra 30 años «de democracia». Formidable fracaso que no suscita rubor en nadie con responsabilidades. Se aprestan a malgastar fondos en celebraciones mientras en medio país la gente saquea a otra gente que comienza a dispararles con armas de fuego. No sabemos cuántos muertos hay. Habrá más, todavía, si la fuerza que el gobierno durante un tiempo protegió para que fuera su guardia pretoriana termina sumándose a los reclamos de las policías de todo el país. Tan brutalmente torpes son que no saben contener a su propio brazo armado. 

Si esto ocurre, correrá mucha sangre.

Dios lo impida, pero si lo permite, que sea para que salga de allí un bien. 

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