100 años de la muerte de San Pío X
El 20 de agosto de 1914 moría el Papa Pío X, luego de apenas 11 años de pontificado. Apenas, digo, teniendo en cuenta la cantidad de obras que se realizaron durante esa década en que Giuseppe Melchiorre Sarto fue Sumo Pontífice de la Iglesia Universal.
El 20 de agosto de 1914 moría el Papa Pío X, luego de apenas 11 años de pontificado. Apenas, digo, teniendo en cuenta la cantidad de obras que se realizaron durante esa década en que Giuseppe Melchiorre Sarto fue Sumo Pontífice de la Iglesia Universal.
Giuseppe Sarto, el p. Sarto, Mons. Sarto, el Card. Sarto, Pío X… todo es una vida de estricta coherencia. Es un santo lineal, que se manifiesta desde niño y muere no solo como cabeza de la Iglesia Universal, sino en la cumbre de la contemplación mística aunque profundamente herido en su humanidad misericordiosa por la terrible guerra que se estaba desatando en Europa.
El papa Sarto no solo sabe que el mal y el Maligno se han desatado por permisión de Dios, sino que los ha visto cara a cara en revelación particular, los ha anticipado no solo como castigo terrible para el mundo pecador, sino en particular para la Iglesia muchos de cuyos hijos apostataban, trabajada por el Modernismo, o tomaban con ligereza esa herejía tan perniciosa que terminaría minando al clero y a los fieles algunas décadas después.
Su acción es portentosa. Reconstruye la piedad, condena esta novedosa herejía, renueva la liturgia y el canto sagrado. Reordena el derecho y lo codifica, promueve la piedad infantil permitiendo la comunión a temprana edad. Actúa como fidelísimo custodio de la Fe y confirma a sus hermanos, no solo en la doctrina, sino en la acción de gobierno dirigida a proteger a la Iglesia (clero y fieles) de la influencia deletérea de las ideas modernas y de los gobiernos anticristianos.
Anticipa el crimen espantoso de la Primera Guerra, dirigido a destruir a los únicos imperios cristianos que sobrevivían en ese tiempo: el Austrohúngaro y el Ruso. Ambos cayeron como consecuencia de esa espantosa matanza que desató, además, una ola de escepticismo, pérdida de la fe, fanatismo político y dio lugar al alzamiento de regímenes totalitarios que llevaron a poco a otra guerra mayor y más cruel.
San Pío X murió de pena. El 2 de agosto firmó su Exhortación apostólica Dum Europa, en la que llamaba a los pueblos a dirigirse al único que podría cambiar sus pensamientos de odio en pensamientos de paz, a Nuestro Señor Jesucristo, el Príncipe de la Paz. Y llamaba a todos los católicos, en particular al clero, a dirigir sus oraciones para detener el curso de la guerra.
Es que el papa Sarto había tenido visiones místicas sobre el poder del mal desatado sobre el mundo. De allí que incluyera una jaculatoria más a las oraciones que su predecesor León XIII estipuló para rezarse al final de la misa. “¡Corazón Sacratísimo de Jesús, ten Misericordia de Nosotros!”. El tuvo una visión del Maligno desatado sobre el mundo y la Iglesia. Y esa guerra era el comienzo del proceso político y social que llevaría a esos tiempos de espanto y desolación.
El mal sobrevendría en el mundo. Faltaban pocos años para que Nuestra Señora se dignara aparecer en Fátima a fin de alcanzar a la humanidad el último remedio del cielo, que fue en buena medida rechazado por los mismos católicos.
El castigo vino, y la Iglesia sufrió más que nadie. Y sin embargo, los 50 años que sucedieron a su muerte, terribles para Europa y amenazantes para la Santa Sede, aún en su existencia física, fueron sorteados en gran medida por las reformas que San Pío X anticipó durante su relativamente breve reinado, y por los hombre de temple de acero que se formaron a su sombra.
Por eso Pío XII recordaba en la ceremonia de canonización de su predecesor el hecho único hasta el momento de que un papa canonizara a otro bajo cuyo servicio había estado en su juventud. Esta canonización, en cierto modo anticipada en el tiempo por pedido del papa Pacelli, obedecía a la necesidad de subrayar la importancia de su obra y la fuerza de sus definiciones doctrinales.
Ya en 1954, año de la canonización, el neomodernismo recobraba un ímpetu que parecía inmune a las medidas que el propio Pío XII se propuso tomar para impedir su avance. A su muerte, y aprovechando el revuelo del Concilio convocado por Juan XXIII con propósitos tan diferentes de la obra doctrinal continua de sus predecesores, la secta ganó poder, y torció toda resistencia, llegando a los fieles y al bajo clero principalmente con el apoyo de los medios laicos y por la acción disolvente de la reforma litúrgica.
Como se ha a propósito del Papa Sarto, su obra puso las bases para resistir la crisis que vendría. Lo que queda de la Iglesia en buena medida se debe a la fortaleza que él le imprimió, anticipando los tiempos que vendrían.
Y sin duda el retoño que reverdezca esta Iglesia confusa y languideciente será fruto de esa obra.
¡San Pío X, ruega por la Santa Iglesia, ruega por nosotros!
Bibliografía recomendada
Memorias del Card. Merry del Val
Girolamo dal Gal: Pío X, el papa santo. Descarga Biografía de su canonización.
E Supremi Apostolatus, primera encíclica, programa de gobierno del nuevo pontífica
La Acción Política de San Pío X
Pascendi Dominici Gregis, carta encíclica que condena el Modernismo
Notre Charge Apostolique, condena del catolicismo liberal- Pdf para descargar
Información general sobre su vida y documentación. Pdf. Museo San Pío X de Riese, su ciudad natal

