Panorama Católico

«Siga dándole manija a Fellay y a otros…»

Un lector anónimo nos recrimina difundir argumentos propios de los protestantes. Veamos el cargo y hagamos el descargo que corresponde.

Un lector anónimo nos recrimina difundir argumentos propios de los protestantes. En esta web informamos sobre las actividades y los dichos de muchos personajes de relevancia pública, entre ellos, Mons. Fellay, a quien tengo el gusto de conocer, aunque no se si él tiene el gusto de conocerme. Todos ellos trabajan por la restauración de la Tradición, en contra de la traición de algunos personajes y en contra de los errores que hacen estragos en la Iglesia posconciliar. Le ruego, anónimo lector y lectores en general, que lean la entrevista a Enrico Ma. Radaelli, que no es seguidor de Mons. Fellay, sino discípulo de Romano Amerio, sabio filólogo y filósofo suizo quien nunca compartió la posición de Mons. Lefebvre. 
Vea, esto es hoy un clamor en muchos sectores muy serios y relevantes de la Iglesia. El problema del Vaticano II y su «magisterio» es una verdadera novedad en la historia de la Iglesia.

Repoduzco a continuación el artículo y sus objeciones, y luego el descargo que de ellas hago, demostrando que nos imputa erróneamente cosas que no decimos.

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Sr. González:

                   Viajando por la Web, encontré otra página que coincide con Uds. en los peros a la beatificación de Juan Pablo Segundo.

                    Se lo hago llegar para que vea que hay gente que esta de acuerdo con Uds.

La Coordinadora de Redes Cristianas, ante la próxima beatificación de Juan Pablo II, quiere expresar públicamente su preocupación y rechazo por este gesto de la jerarquía católica, que en modo alguno comparte. Centramos nuestra postura en los puntos siguientes.

1. Al margen de su vida y conciencia personal, descubrimos en su gestión dos principios que no compartimos y que han marcado profundamente a la Iglesia católica: de una parte, la reinversión de los principios teológicos del Vaticano II, sustituyendo la imagen de un Dios cercano, inmanente en la historia y especialmente en la vida de los pobres –imagen heredada directamente de Jesús- por la vieja imagen del Dios lejano, transcendente y vinculado siempre al poder; y de otra, la politización o su estrecha vinculación con los poderes económicos (escándalo financiero de Marcinkus), políticos (colaboración con Brzenzinski, Consejero de Seguridad Nacional de EEUU y artífice de la caída del telón de acero) y mediáticos.



Comentario: Lo que los protestantes le achacan a Juan Pablo II es «detener» el proceso revolucionario del Concilio Vaticano II, que, en su interpretación, contenía en sus principios la creencia en un «Dios inmanente». La objeción es común a los vaticanosecundistas radicales, como Hans Küng, por ejemplo. Lo que nosotros objetamos es lo mismo que al actual pontífice, es decir, que no defina la doctrina haciendo uso del magisterio infalible, aclarando de una vez y para siempre qué es de Fe y que no lo es de lo dicho por el Concilio Vaticano II. En realidad, objetamos lo contrario que los protestantes: objetamos la falta de ejercicio del Magisterio. Respecto a lo demás, coincidimos: la politización de la Santa Sede y su intervención directa en la caída del régimen soviético -operada en medio de escandalos no solo financieros sino sexuales con los que el finado Juan Pablo II tuvo tanta tolerancia- dicha caída dio lugar a un régimen poscomunista globalizado de signo anticristiano. No poco ha contribuido el Papa a este establecimiento, aunque no podría saber si ha sido su intención o más bien su visión equivocada, un gran yerro político. En tal caso, las cuestiones prudenciales de gobierno de la Iglesia no comprometen al Magisterio. 

2. El resultado de todo esto es una vuelta a la forma de iglesia preconciliar, cuyas consecuencias éticas y espirituales queremos reflejar en los siguientes aspectos que, a nuestro juicio, van en dirección contraria al estilo de Jesús:

Su abandono consciente del espíritu y parte de la letra del Vaticano II sobre la democratización interna de la Iglesia.

Su represión y duro castigo a más de 500 teólogos conciliares en todo el ámbito eclesial, y, sobre todo, su condena y descalificación de los teólogos y de la Teología de la Liberación, lo que supone un desprecio por la autonomía de las iglesias y una apuesta por la ignorancia y la ausencia de creatividad en la Iglesia.

Su silenciamiento, invisibilización y hasta descalificación de las comunidades cristianas de base y de los mártires y testigos de la iglesia de los pobres. Fue (y sigue siendo) clamoroso el silencio jerárquico sobre monseñor Romero, los mártires de la UCA y tantos otros.

Su terca y autoritaria oposición a revisar el posicionamiento doctrinal de la jerarquía eclesiástica sobre la ética sexual a la luz de los nuevos estudios del Evangelio y de las aportaciones de la ciencia y la historia.

La imposición sin cisuras ni matices del celibato eclesiástico.

Su negativa a revisar el papel de la mujer en la Iglesia.

Su ocultamiento de la pederastia, protegiendo y encumbrando a personajes corruptos como Marcial Maciel, fundador de la Legión de Cristo, entre otros.


Comentario: En la medida que estas aseveraciones sean ciertas,que no todas lo son, apoyamos sinceramente las medidas tomadas por Juan Pablo II, salvo en el punto final, ocultamiento y protección de un personaje siniestro y corrupto como Marcial Maciel, a quien hemos denostado desde estas mismas páginas muy tempranamente, porque fue la primera medida disciplinaria de fuste tomada por Benedicto XVI en su pontificado y que hemos apoyado siempre. 

3. A nuestro modo de ver, lo que estos gestos revelan es la vuelta de la institución eclesiástica a la “sociedad perfecta y desigual” que se impuso durante el segundo milenio sobre la imagen de “Iglesia de comunión” que venía desde los orígenes cristianos y con la que intentó enlazar el Vaticano II. Algunos significados de esta vuelta, los expresamos a continuación:


Comentario: paparruchas progresistas. 

Significan una revancha antimoderna y anticonciliar. La oposición y abandono institucional del “agiornamento” interno de la Iglesia (Vat. II) y el rechazo de la secularización y laicidad de la sociedad civil suponen una vuelta al ensimismamiento y una separación e imposición sobre el mundo, una autocomprensión de la propia Iglesia como maestra de la verdad y depositaria única de la salvación. En suma, un nuevo intento de “recatolización” –con peligro de sectarización- que prolonga indefinidamente el “largo invierno eclesial” del que hablaba el teólogo Rahner.


Comentario: «una revancha antimoderna y anticonciliar», ojalá. Dios los oiga, pero… estamos bien lejos.

Revelan la confirmación y justificación del modelo jerárquico clerical y vertical de la institución católica -que está atravesando una profunda crisis de credibilidad- sobre el silencioso y mudo pueblo cristiano.


Comentario: por cierto no podría ser otra cosa que una confirmación y justificación del este «modelo», que no es más que la Iglesia fundada por Cristo, como Cristo la fundó: jerárquica y vertical. Estos muchachos ven con demasiado optimismo lo que fue apenas un tirón de riendas para que no se le desbande todo… 

Agrandan la brecha espiritual entre dos modelos de Iglesia: la que pretende seguir manteniendo el tutelaje y patronazgo espiritual y ético sobre el mundo y la que no aspira a otra cosa que a ser una pequeña luz y grano de sal que, en unión con todos los demás, trata de cargar y de encargarse de los grandes problemas que están azotando a un mundo en aguda crisis como el de hoy.


Comentario: por cierto que la Iglesia es la portadora de la Verdad, dispensadora de las gracias, y ejerce un legítimo patrocinio espiritual sobre la humanidad toda… lástima que la mayoría del clero no se acuerde de esto, o renuncie a estas nobles obligaciones o -más penosamente- mal usen esa influencia para provecho propio. (Clericalismo, simonía…) Y sobre todo, y principalmente, haya renunciado al munus docendi, es decir, al mandato de enseñar con autoridad divina.

Gestos de beatificación como este revelan también la gran confusión que la jerarquía católica está creando en torno al concepto de santidad en la Iglesia. Mucho ha tenido que ver en todo esto el mismo Juan Pablo II con sus canonizaciones frecuentes, ideológicamente selectivas y multitudinarias. Siendo el pueblo cristiano el sujeto al que van dirigidas estas propuestas de santidad, parecería normal y justo que antes de proponerle como ejemplar y heroica la vida de Juan Pablo II se le hubiera preguntado a este pueblo por qué es lo que, de esa vida, considera estimable para su espiritualidad.


Comentario: ¡Disparate! La Iglesia, maestra no necesita preguntar a los discípulos qué modelo de santidad necesitan. Por otro lado, las beatificaciones y canonizaciones de Juan Pablo II constituyen una verdadera anomalía en la historia de la Iglesia, por su número, la rapidez de los procesos y la poca seriedad del procedimiento establecido por el propio Juan Pablo II: por ejemplo, no se pide en el caso de los confesores, un estudio serio de sus escritos o doctrina privada. Solo se analiza -¡ojalá!- lo que han expresado en público. El el caso de Juan Pablo II, lo dicho en público constituye una masa de escritos tan voluminosa que requeríría años de estudio…

Es más, a estas alturas del siglo XXI y ya iniciada una nueva era en la historia humana, hubiera sido determinante conocer la idea de santidad que bulle en la conciencia de los cristianos y cristianas de hoy, así como la responsabilidad que los grandes poderes eclesiásticos tienen en la actual crisis de credibilidad que está atravesando la Iglesia en general y el cristianismo en particular. Pero esto no se ha hecho.


Comentario: paparruchas democratistas progres que denostamos visceralmente.

4. Finalmente, no nos gusta el procedimiento anacrónico y sectario que se ha seguido en este proceso y que lo deja marcado para el futuro. “Anacrónico” porque todo se ha cocinado, siguiendo el viejo gusto de la jerarquía católica, en los fogones secretos de la curia romana. Hasta el formalismo reglamentario que ella misma se ha dado para estos casos lo ha adaptado a conveniencia. Y “sectario” porque para nada se ha contado con el sentir colectivo del pueblo cristiano. Solo se ha permitido a un grupo incondicional, previamente seleccionado y adoctrinado, gritar “santo súbito”.


Comentario: El procedimiento no es viejo ni anacrónico: es nuevo y moderno, porque la Iglesia siempre se tomó décadas para beatificar. El sentir del pueblo cristiano no es fundamental para determinar la santidad del personaje, pero en el caso que los protestantes citan, y mucha propaganda mediantes, diríamos que sí se ha contado con el «sentir» del pueblo, agobiado por la publicidad oficial.  Es verdad, se ha permitido a un grupo incondicional, previamente seleccionado y adoctrinado, gritar «santo súbito». La verdad es verdad, la diga quien la diga.

                       Y bueno, estos teólogos  y teólogos están con Uds. en la misma oposición.

                        Es ciero lo es extremo se dan la mano y entre ambos cascotean a la Iglesia.

                       Siganle dando manija a estos Señores Obispos Fellay y Compañía. Lindo ejemplo el de esta página. 

                        Tengan cuidado que la palabra que Uds se atribuyen de tradición no termine llevándolos a la TRAICION.

                              Un cristiano católico      


Respuesta al objetor: No estamos en la misma oposición, estamos en las antípodas de los protestantes. Si no se da cuenta

1) No ha leído lo que sostenemos

2) O no lo ha comprendido

3) O le falta un tantico de sutileza intelectual. Trate de nuevo, tal vez entienda mejor.

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