Más horrores…
Allí mismo, en el lugar evangelizado por San Francisco Solano, un cura realizó la parodia de un casamiento entre dos hombres: el que funge de mujer, ridículamente vestido de “novia”, como un personaje de película cómica al que solo le falta el bigote. El episcopado argentino, y la Santa Sede permanecen en silencio.
Más horrores
Preferimos no dedicarle una nota especial, por razones de salud. Además porque varios medios católicos lo cubrieron extensamente. En Santiago del Estero, una de las diócesis más tradicionales de la Argentina, allí donde el detestable obispo Maccarone mancilló a toda la Iglesia al salir a la luz pública su conducta homosexual (reiterada ya en distintas diócesis, pero nunca exhibida de un modo tan obsceno en un vídeo), allí mismo, en el lugar evangelizado por San Francisco Solano, un cura realizó la parodia de un casamiento entre dos hombres: el que funge de mujer, ridículamente vestido de “novia”, como un personaje de película cómica al que solo le falta el bigote.
El episcopado argentino, y la Santa Sede permanecen en silencio.
Olor de Santidad
El olor es un elemento presente en el Nuevo Testamento y en la tradición mística católica. El apóstol San Pablo dice que los cristianos somos para el Padre, el “buen olor de Cristo”, (2 Cor, 2-15). El olor aparece también en las especias fragantes con que se regala y unge al mismo Salvador en vida, al nacer, en la casa de Lázaro, Marta y María, y en su tumba. Y el “olor de santidad”, una señal tan frecuente de identificación de los grandes santos, en vida (las llagas del P. Pío) o en el momento previo a la muerte, o posterior, muchas veces al inspeccionar sus cuerpos durante el proceso de canonización: se huele un perfume inefable, tan contrario al de la corrupción de la carne, tan sobrenatural…
Por eso es común, esta vez como metáfora, hablar de alguien muy virtuoso sobrenaturalmente como muerto “en olor de santidad”, aunque no siempre se trate una perífrasis literal.
El recuerdo viene a cuento, porque estamos en las vísperas de la muerte del Card. Mejía, quien por razones vegetativas y de salud pasará a otra vida, no sabemos si mejor o peor para él, Dios tenga misericordia, presumiblemente en breve. Pero habiendo vivido tantos años (91) y tenido tantos buenos ejemplos y maestros (el P. Castellani, por ejemplo, a quien traicionó para trepar) ha vivido y muere, hasta hoy, en medio de otros olores, más parecidos a los de la carne corrupta. Poco puede hacerse por él, pero una oración no le vendría mal.
A espaldas de Mejía
Mejía se va, dejémoslo partir y que Dios se haga cargo. Pero su secretario, “Lucho”, no tiene previsto morir en los próximos tiempos. Y parece gozar de buena salud. El recurso de “dejar que la policía francesa investigue”, propuesto por el P. Lombardi, vocero pontificio, suena entonces más bien a “no hagamos olas” (ya que todos estamos inmersos en el merdazal, justo en el límite en el que la quietud linda con el mal trago).
Toda la versión del secretario de Mejía sobre el modo en que el automóvil del cardenal llegó a donde llegó huele tan mal como el resto de su vida y costumbres. ¿La Santa Sede va a dejar de investigar y castigar, donde corresponda, a los responsables de esta afrenta? ¿En qué queda el programa de limpieza de la Curia Romana proclamado por Francisco? En especial habiendo de un argentino implicado, lo que lo obliga a una especial vigilancia para evitar suspicacias? En especial también cuando es el “secretario” de su “amigo” Jorge Mejía. Queremos ver acción.
Acción, con poca luz y sin cámaras
Acción queríamos… acción tenemos. Procedimiento sin que tiemble la mano y neutralización de una figura peligrosa: se trata de la destitución del Card. Raymond Leo Burke, un miembro de la Curia Romana nacido en los EE.UU. hasta ahora Prefecto de la Signatura Apostólica, que es como decir la “Corte Suprema de Justicia” de la Iglesia.
Llamado por Benedicto al cargo, Burke se ha destacado por su sapiencia, piedad y ortodoxia, además de su apego a la liturgia tradicional y su desapego de las trenzas y al carrerismo eclesiástico. Por eso es peligroso.
La virtud acusa al vicio, el vicio no tolera virtuosos en su entorno. Pasa en todos lados, peor en la Iglesia, donde los vicios se potencian por la naturaleza divina de la institución. Corruptio optimi, pessima, que es como decir, la corrupción de los mejores produce lo peor.
Hay que sacarlo ya. En especial porque ha hablado contra la corriente hoy oficial en materia de moral matrimonial que es, resumidamente: vamos a masomenear las palabras de Nuestro Señor y darle la comunión a divorciados “recasados” que no se arrepienten sino más bien hacen alarde de sus faltas. No vamos a juzgar las obras de los sodomitas, en todo caso, las vamos a aparejar con el matrimonio (si son pareja estable…) Burke no ha callado su fidelidad a la Iglesia. Eso se paga.
Otro pecado de Burke ha sido el de conceder justicia: ha otorgado un recurso de queja a los Franciscanos de la Inmaculada, orden femenina, perseguidos por Francisco casi desde el comienzo de su pontificado y -la venganza es una necesidad de los poderosos- ha dicho que la Evangelii Gaudium “no es Magisterio”, a lo sumo un resumen programático del pontificado de Francisco. Palabras muy valiosas, mucho más allá de la persona de Francisco y su exhortación apostólica. Burke ha distinguido lo que casi nadie distingue hoy en día, cuando se piensa que todo dicho salido de la boca o texto producido por la mano del papa es Magisterio.
Mucho mérito para un cardenal. Como es un cardenal muy prestigioso y no tiene costados débiles como Mejía… el único recurso es el traslado… a un cargo insignificante para él, a los 66 años, en la plenitud de su vigor y sabiduría. A morir a Malta, como Jean Parisot de la Valette. O tal vez no.
Lo incluyo en mi lista de papabiles para el próximo cónclave. Raymond Cardinal Burke for pope!, dirían en sus pagos.
Cardenal Arzobispo asaltado, no tiene nada que decir
No fue Mejía el único cardenal siniestrado en estos días. También Mons. Orani Joao Tempesta, cardenal arzobispo de Río de Janeiro, fue asaltado y le arrebataron su anillo y cruz pectoral. Las cuales fueron tiradas por ahí porque no eran de metal precioso. Refieren las crónicas que “Los delincuentes robaron también a un fotógrafo que estaba en el coche y al chofer, y se llevaron hasta la bata de un seminarista, según la prensa brasileña. (¿qué será la bata de un seminarista, la sobrepelliz tal vez?)
Tempesta no tiene ningún mensaje para los ladrones y no quiere hacer comentarios porque «lo que le sucedió puede pasarle a cualquiera», dijo el portavoz de la archidiócesis” (Periodista digital).
El amigo que me refiere la noticia, sacerdote, hace esta reflexión: “Le dicen «cardenal» y «arzobispo»; le roban a él y a los suyos, y ¿no tiene ningún mensaje que transmitir a los ladrones? Debe ser por el clima de «periferia existencial» del episodio: «Puede pasarle a cualquiera.» Porque, a decir poco para no ofender a la prensa ni al Vaticano, le bastaba con una cita codificada: 7mo. Mandamiento”. Tal es la falta de espíritu sobrenatural, que hasta cuando se los ofende en el orden natural no tienen nada que decir, ni siquiera “Dios manda no robar”. Tempesta apesta.
Sínodo de la Familia, el horror que viene…
Cito a Rorate Caeli: En un artículo publicado ayer en la Folha de Sao Paulo, el diario más grande de Brasil, se alaba la “retórica más suave y tolerante de Francisco, especialmente en materia de homosexualidad”. Alabado en particular resulta también Raymundo Cardenal Damasceno Assis, de Aparecida, Presidente de la CNBB (Conferência Nacional dos Bispos do Brasil – Conferencia Nacional de los Obispos del Brasil) quien es descripto como “alineado con recientes afirmaciones del Vaticano, o sea, predicando “más respetuosas y menos severas actitudes” para con las uniones homosexuales”.
Raymundo Damasceno Assis ya había hecho declaraciones muy del gusto del mundo gay en otros momentos en que la Corte de Justicia del Brasil legalizó el “matrimonio” entre personas del mismo sexo.
Bueno, no es para tanto, dirá alguno por ahí. Después de todo, es solo un cardenal brasileño. Es para tanto, en especial si tenemos en cuenta que Raynmundo Damasceno Assis ha sido designado por Francisco como uno de los tres presidentes del Sínodo Extraordinario de la Familia…
¿Qué hacer?
Lo primero, fortalecernos en la Fe. Luego seguir el consejo de todos los santos, y los pedidos de la Virgen: penitencia y oración. Ayuno y oración. Cualquier acción concreta será estéril sin esta condición previa de purificarla con penitencia y la oración. Y Dios nos mostrará el camino individual y colectivo a los pocos que (por un misterio de su Misericordia) no nos hemos caído de la Nave.

