Faking it… con resonancias obscenas
De la Revolución sexual a la Revolución homosexual. Estamos en la etapa de la apoteosis del homosexualismo. Salvo Rusia, y los regímenes islámicos, nadie condena esta práctica contra natura como un mal social. Tenemos que lamentar, además, la espantosa ambigüedad con que este pontificado se ha pronunciado respecto a este tema, produciendo un mal inmenso.
De la Revolución sexual a la Revolución homosexual
En la década de los ’60 se lanzó una revolución sexual: consistió en que los jóvenes asumieran cada vez con menos reservas el «amor libre», luego el «sexo causal», más tarde todas las formas de perversión, desde las sucesión de divorcios, que hoy parece inocente, a prácticas de intercambio de parejas, etc. No apetece continuar la descripción. Pero ya comenzaba a asomar el homosexualismo como «alternativa», luego sostenido por la perversa doctrina (en realidad pergeñada por los años ’50) del «género» u orientación sexual, que va aparejada también con la exhaltación de la pedofilia, hoy por hoy todavía condenada por la sociedad, al menos en voz alta. (Y practicada a la vez que tolerada en muchos países, incluso varios musulmanes).
Estamos en la etapa de la apoteosis del homosexualismo. Salvo Rusia, y los regímenes islámicos, nadie condena esta práctica contra natura como un mal social. Tenemos que lamentar, además, la espantosa ambigüedad con que este pontificado se ha pronunciado respecto a este tema, produciendo un mal inmenso.
Pero más allá de la teoría, la doctrina homosexualista se cuela principalmente por los medios, y en particular por lo que llaman «la industria del entretenimiento», que nadie debería ignorar, es un arma ideológica de primer orden. Lo ha reconocido expresamente el vicepresidente de los EE.UU., el «católico» Joe Biden ante una entidad judía de primer orden de Nueva York.
Por eso hay que lamentar el descuido con que muchos padres católicos (o no, pero que pretenden conservar al menos ciertas costumbres naturales) dejan a sus hijos expuestos a esta publicidad.
Transcribimos abajo un artículo sobre la nueva serie de publicidad homosexualista, Faking it, dirigida a adolescentes, que sale ya en los EE.UU. y casi instanteneamente estará disponible por TV o Intenet en todo le mundo.
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El 24 de septiembre a las 22 horas se emitirá en MTV (el canal de los «jóvenes») el primer episodio de una nueva serie. Se titula Faking it, que se puede traducir como «Falsificarlo”; quien sabe inglés se da cuenta enseguida que entre wording y asonancias el título podría estar haciendo un guiño a otro verbo y otra acción y en este caso el género neutro del pronombre de tercera persona it que en “Falsificarlo” es impecable (en lo general de la expresión considerada en sí misma, es decir, antes de saber cuál es el objeto que hay que falsificar, si éste gramaticalmente es de género masculino o de género femenino) se convierte sútilmente en una referencia asexuada que contiene indiferentemente ambos gender (¿sólo?) gramaticales.
¿Cosa de locos? No, porqué Faking it, que en la versión italiana llevará el subtítulo «Más que amigas», es la historia de Amy y Karma (¡qué nombre!…) dos amigas del alma (en el mundo de las siglas y de Twitter serían BFF, «Best friends forever») que frecuentan la Hester High School, que al principio son como muebles (nadie se fija en ellas), pero que después se convierten en las más populares entre los estudiantes cuando todos piensan que es una pareja de lesbianas.
En resumen, su presunta diversidad hace que tengan un éxito increíble: en lugar de marginarlas, las transforma en estrellas.
¿Y qué hacen ellas? Un poco porque ya están acostumbradas a la celebridad, un poco para no decepcionar al amable público, se sumergen en sus papeles, fingen ser verdaderamente una pareja homosexual.
Paradójicamente, actuando como tales una encuentra incluso un novio, Liam, varón, el más guapo del instituto… Leemos en algún sitio un comentario que dice que son situaciones que, probablemente, podrían suceder en cualquier instituto de Italia. Desgraciadamente es así. Pero esto, ¿nos tranquiliza?
Pero la historia de Amy y Karma continúa.
Ante la insistencia de jugar a ser lesbianas para un público encantado, las dos acaban siéndolo en serio.
Entonces hay la escena del beso entre las dos jóvenes en una serie pensada a propósito para chicos y chicas (¿menores? ¿por debajo de la «edad del consenso»?…).
Y llega también la cuadratura del círculo, a saber: la falsa lesbiana Karma tiene una «historia» con la verdadera lesbiana Amy que, a su vez, tiene una «historia» con el heterosexual Liam.
En «Libero» (9 de septiembre) Francesca D’Angelo hace la recensión de la serie centrando un punto fundamental: «La historia […] está planteada de tal modo que incluso un espectador homófobo acaba apostando por Amy y su sueño gay».
Así será cada miércoles, a la misma hora, mismo canal; así es hoy la «tele de los chicos”.
Mientras esperan su estreno, el cast de la serie se exhibe en una foto de grupo a favor de la organización sin ánimo de lucro estadounidense NOH8 «¡que desde hace años lucha contra la homofobia y en nombre de la igualdad de derechos para todos, independientemente de la orientación sexual!».
Quien lo escribe y pone los puntos exclamativos es la producción de Faking It.
Ya, porque el verdadero problema que estropea a nuestros jóvenes que por casualidad, o a propósito, sintonizan este programa estupidito, pero astutamente malicioso, es obviamente la homofobia…
(Traducción del italiano de «Il Timone» por Helena Faccia Serrano, Alcalá de Henares)
Fuente: Religión en Libertad

