Panorama Católico

Los Coristas – Los Chicos del Coro (Les Choristes)

Una historia en el estilo de «La Sociedad de los Poetas Muertos», sin su espíritu subversivo. La música como instrumento de humanización del ser hombre herido y embrutecido por el maltrado, el dolor y la desesperanza.

Los Coristas (en realidad, Los Coreutas, también traducida por «El Coro» está inspirada en la película «La cage aux rossignols» (1945) de Jean Dréville.

Una historia en el estilo de «La Sociedad de los Poetas Muertos», sin su espíritu subversivo. La música como instrumento de humanización del ser hombre herido y embrutecido por el maltrado, el dolor y la desesperanza.

Los Coristas (en realidad, Los Coreutas, también traducida por «El Coro» está inspirada en la película «La cage aux rossignols» (1945) de Jean Dréville.

Clemént Mathieu es un profesor de música y compositor, que se hace cargo de un puesto de celador en un internado de niños y adolescentes por necesidad laboral.

No son delincuentes, aunque están en camino de serlo y de hecho son tratados como tales. El director, un típico inepto engolado y ambicioso, aplica la teoría pedagógica de la «acción-reacción». Es decir, a cada travesura, a veces de grueso calibre, un castigo físico duro, por momentos brutal.

Clemént llega desprevenido y con sus modos bondadosos quedaa rápidamente sobrepasado por el tumulto. Pero se niega a aplicar el principio pedagógico oficial. Con bondad, un don pedagógico natural y muchísima paciencia, va transformando esa horda de salvajes desdichados en una comunidad regida por las leyes del coro. Orden, disciplina, obediencia y generosidad, cada uno en su lugar según sus capacidades y valías. ¡Extraordinaria escuela de convivencia la actividad coral!

Escena impagable, la selección de voces para el coro, llena de picardías, alusiones políticas y guiños ideológicos.

Secundariamente se desarrolla una línea argumental que da un toque entre gracioso y patético a la narración y a la vida de Clément. Se enamora de la madre de uno de los internos, dotado de una voz excepcional. Por él y por ella hará lo indecible para que el niño llegue a triunfar como músico. El pago inconscientemente ingrato de la madre agradecida será casarse con un ingeniero adinerado. Golpe terrible para el alma de artista de Clement.

Un episodio policial cierra la historia relatada en «el diario de Clement» y separa a los niños de su maestro. Años después dos de ellos, los más beneficiados por su influencia se reencuentran y retoman el hilo de la historia, relatada en parte como una retrospectiva, en parte como una exhumación de recuerdos.

Qué diremos de los personajes centrales. Clement cree en la música como el gran instrumento educador. Pero a la vez es un músico talentoso no reconocido. De modo que brinda tanto como recibe: da su talento volcado en partituras para que le devuelvan su arte en sonidos. Tiene una bondad natural, como el otro personaje entrañable, Pere Maxence. Pero no trasciende el orden de la naturaleza. Ni tampoco la quebranta, como John Keating, el personaje de Robin Williams en «La Sociedad de los poetas muertos». No es un subversivo, es un hombre con buen sentido y talentos a quien la vida le ha mezquinado la gloria que sin duda merecía.

La historia derrapa un poco en la figura del director, M. Rachin, cuyo repentino cambio de malvado egoísta en personaje dulce y devoto de la virtud de la eutrapelia se desvanece sin mediar causas, volviendo a ser el miserable que se nos presentó al principio. Casi como si hubiera un bache en el guión y su hubieran olvidado de alguna escena.

Finalmente, uno de los grandes aciertos, toca muy bien el registro dramático con puntas de humor, al estilo dickensiniano. Podemos reír ante situaciones terribles sin perder el sentido de tragedia o del dolor irreparable que denotan. Esto está logrado, en especial por la candidez y bondad que transmite el personaje de Clement, nada desprovistas de picardía y recursos.

La película, fiel a los cánones europeos, especialmente franceses, y siendo una producción realizada con fondos estatales, omite cualquier referencia religiosa. De modo que las alturas que el buen Clement puede alcanzar son las de un buen pagano, el cual, sin embargo, debe tanto a la tradición musical cristiana ( ¡terrible dilema del laicismo europeo!).

La música es bellísima. El coro, y el solista, maravillosos.

Calificación moral: Habría que omitir cierto pasaje en el que uno de los internos, el irredento, canta una canción obscena para burlarse de Clement. Al menos si queremos mostrársela a niños y preadolescentes. Aquí y allá alguna alusión picaresca. Por lo demás todo es visible. Y especialmente, audible.

Pero, a no hacerse ilusiones. Todo ayuda, pero no se puede subir más sin el auxilio de la gracia. Esto brilla por su ausencia.

Dirección: Christophe Barratier.
Países: Francia y Suiza.
Interpretación: Gérard Jugnot (Clément Mathieu), Franá§ois Berléand (Rachin), Kad Merad (Chabert), Jean-Paul Bonnaire (Padre Maxence), Marie Bunel (Violette Morhange), Paul Chariéras (Regente), Carole Weiss (Condesa), Philippe Du Janerand (Señor Langlois), Erick Desmarestz (Doctor Dervaux), Jean-Baptiste Maunier (Pierre).
Guión: Christophe Barratier y Philippe Lopes-Curval… basado en la película «La cage aux rossignols» (1945) de Jean Dréville.
Producción: Jacques Perrin, Arthur Cohn y Nicolas Mauvernay.
Música: Bruno Coulais.
Fotografía: Carlo Varini y Dominique Gentil.
Montaje: Yves Deschamps.
Diseño de producción: Franá§ois Chauvaud.
Vestuario: Franá§oise Guégan.
Durarción : 95 minutos
Idioma: Francés, subtitulada
País de origen: Francia.
Año: 2004.

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