El Santo Nombre de María Salvó a Europa del Islam
Los otomanos avanzaban sobre Europa. Juan (Jan III) Sobieski, rey de Polonia, decidió liderar la coalición, abandonando su patria marchó al mando del ejército. Al llegar a Viena los turcos doblaban a los cristianos. El enviado papal, Marco D’Aviano, consiguió unir a todo el ejército bajo el mando del rey polaco.
Inocencio XI en 1683, en reconocimiento a la protección de la Virgen sobre las tropas cristianas que habían liberado Viena del sitío turco, en una de las batallas más trascendentales de la historia de la humanidad; extendió la fiesta del Santo Nombre de María a la Iglesia Universal.
Hay que recordarla: una fiesta de exaltación de la Cristiandad unida frente a la violencia invasora del Islam.
El espíritu victorioso y creyente de aquel 12 de Septiembre ¡por la invocación del Santo Nombre de María!
El cerco de Viena suponía el primer paso para la penetración brutal de los mahometanos en el corazón de Europa, debilitada por la fragmentación de estados y confesiones que siguó a la crisis protestante y la Guerra de los Treinta Años. Si caía Viena, con la derrota del Austria de los Habsburgo se abrían al Imperio Otomano las puertas del Sacro Imperio y de toda la Europa Central.
Los otomanos avanzaban sobre Europa. Juan (Jan III) Sobieski, rey de Polonia, decidió liderar la coalición, abandonando su patria marchó al mando del ejército. Al llegar a Viena los turcos doblaban a los cristianos. El enviado papal, Marco D’Aviano, consiguió unir a todo el ejército bajo el mando del rey polaco.
El 12 de septiembre de 1683, a primerísima hora, D’Aviano celebró misa a la que asistió Jan Sobieski, en las ruinas del convento camaldunense. Juan Sobieski, Rey de Polonia, después de haber comulgado y recibida la bendición, dijo en alta voz: “Ahora ya podemos marchar bajo la protección de la Santísima Virgen con entera seguridad de que no nos negará su asistencia.”
Al terminar comenzó el ataque contra los turcos, la brutal carga de la caballería polaca con su rey al frente terminó la batalla. En 30 minutos, Sobieski había desecho al ejército turco que batía en retirada. Mandó enviar al papa la noticia de la Victoria con una de esas frases destinadas al bronce de la historia, el gran Sobieski parafraseó en cristiano la sentencia del César: ‘Venimus, vidimus, Deus vincit’ (llegamos, vimos, pero fue Dios quien venció).
Polonia había salvado al mundo ¡INVOCANDO A MARIA!
En el cuadro que reproducimos se ve al soberano polaco enviando el mensaje al papa, a su izquierda el beato Marco D’Aviano, fraile que predicó la cruzada. Se encuentra en una de las salas de San Lorenzo del Escorial, España.
Ver la vida del beato Marco D’Aviano en tres entregas, aquíhttp://panoramacatolico.info/articulo/bienaveturado-marco-daviano-fraile-y-cruzado-entrega-i

