Jóvenes de Poca Fe
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Duro golpe de la realidad: la mayoría de los jóvenes que han aclamado a Juan Pablo II han permanecido indiferentes a sus prédicas morales. Una encuesta «shock» bajo los muros del Papa. Investigación encomendada por el Cardenal Camillo Ruini, vicario del Papa y presidente de la Conferencia Episcopal Italiana y las conclusiones del Cardenal. Según el purpurado, este es el «El rostro joven de la búsqueda de Dios». Sin embargo las cifras y las opiniones de los papaboys no parecen demostrar que la búsqueda esté demasiado encaminada. Tengamos en cuenta que Italia es el país europeo menos erosionado por el ateísmo, lo cual, en el contexto de la Comunidad, no significa nada demasiado alentador. |
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Por Sandro Magister
Ha salido este mes en Italia un libro aparentemente menor. Es una encuesta sobre la fe de los más jóvenes de una ciudad. Pero la ciudad es Roma. Quien encargó la encuesta fue el Cardenal Camillo Ruini, vicario del Papa y Presidente de la Conferencia Episcopal Italiana. Y los resultados revelan una frenada abrupta en la transmisión de la fe católica a las generaciones más jóvenes, justamente en aquella capital que ve muchedumbres de jóvenes apretarse en torno al Papa.
El cardenal Ruini ha visto la encuesta como una fuerte señal de alarma. Ha visto confirmarse la necesidad de una «nueva evangelización»: problema que no es sólo de Roma y de Italia sino del mundo. Pero he aquí una presentación de la indagación, aparecida en «L’…espresso», n ° 16 del 10.17 de abril 2003, bajo el título «Poca FEDE e un Dio fai da te» («poca fe y un Dios hecho a tu propio gusto»)
El Cardenal quedó helado cuando vio los primeros datos de la encuesta sobre los jóvenes de Roma y la fe. La idea de encargar la investigación se le ocurrió después del Año Santo del 2000 y después del espectáculo festivo de religiosidad ofrecido por los «papaboys». «Verifique», le ordenó a un estudioso de su confianza, el profesor Mario Pollo, docente de pedagogía social en la LUMSA (Libera Universitá Maria Santissima Assunta). Y he ahí la verificación, cuatrocientas páginas de un libro impreso en la Editorial Piemme. Con el título «Il volto giovane della ricerca di Dio» («El rostro joven de la busqueda de Dios») y prefacio del Cardenal Ruini.
El dato que más alarmó a Ruini es que la fe cristiana amenaza con extinguirse en la misma capital de la catolicidad, la Roma papal. Las nuevas generaciones son el anuncio de esta marcha atrás. Y más aún entre los ragazzi (adolescentes) de 16 a 18 años que los jóvenes entre los 24 y 26: las dos franjas de edad objeto de la investigación.
Los vestigios de cristianismo se mantienen sólo en el círculo restringido de los fidelísimos. Pero en el conjunto de la sociedad es el desierto que avanza. «Cristiano no se nace más, se llega a ser», ha dicho Ruini en el consejo directivo de fin de marzo de los obispos italianos. «Y por ello debemos sacar las consecuencias. Debemos comenzar a evangelizar».
Para efectuar su investigación Pollo no se ha servido solamente del cuestionario. Fue más a lo profundo. Ha hecho hablar libremente de su fe a 120 ragazzi y jóvenes de Roma, una hora y media cada uno, transcribiéndolo todo sin cambiar una coma. Y en el libro ha vertido las frases más reveladoras, sólo distinguiendo si se trata de un hombre o una mujer, de un adolescente o de un joven, perteneciente a un grupo de Iglesia o no perteneciente.
Los pertenecientes son pocos, uno sobre diez. Pero sorprende que, también en esta isla protegida, la doctrina y la práctica cristiana vacilan. Entre los adolescentes que hacen parte de grupos eclesiales un buen doce por ciento duda hasta aún sobre Dios. E incluso entre aquellos que creen en su existencia, casi uno sobre cuatro duda que sea el creador del cielo y de la tierra. Entre los no pertenecientes Dios es todavía más evanescente. Una gran parte cree en su existencia, pero tienen una imagen vaguísima, lejana, sin influencia alguna en su vida.
La imagen de Jesús no lo es menos. Para los tres cuartos de los entrevistados se asemeja más al protagonista de una ficción televisiva que al Jesús del Evangelio. E incluso los que afirman que es Hijo de Dios y creen en la Trinidad se expresa de un modo vacilante y extraño, como el ragazzo que dice:
«Bah, según lo que he estudiado, es hijo de Dios, pero en definitiva yo, todas estas personas, digamos este ámbito de lo divino, si así se puede decir, lo veo como en definitiva la misma persona, propiamente como la misma entidad, como, digamos, una cosa única, prescindiendo de aquello que sé que la Trinidad son tres cosas y una sola alla fine. Creo que es como un montón junto de algo superior y divino».
Sobre Jesús, hay un solo dato de tendencia contraria: entre los adolescentes pertenecientes a grupos de Iglesia lo central de la fe es más bien marcada. Pollo ve una señal incierta de recuperación respecto al eclipse todavía padecido en la generación un poco mayor: «Es quizás el efecto de una más explícita predicación cristiana, sobre el camino señalado por el Papa».
El más allá es otro de los puntos en retroceso. Son pocos los entrevistados que niegan una vida después de la muerte, por lo menos en forma terminante: casi todos tienen abierto al menos un resquicio. Ligado a un sentimiento angustioso frente a la idea de su propio fin.
Pero aun la gran mayoría de los que creen en un más allá lo imagina de un modo lejano de la tradición católica. Del paraíso, el infierno y el purgatorio sólo el primero continúa teniendo un poco de crédito. El infierno está abolido casi por todos, incluso entro los pertenecientes a grupos de Iglesia. El purgatorio está prácticamente extinguido. La vida paradisíaca en el mundo futuro casi todos la describen sin que Dios esté presente.
En cuanto a la moral del sexo la diferencia más significativa se encuentra entre los hombres y las mujeres. Entre los hombres no hay problema. Omite toda distinción entre los pertenecientes o los no pertenecientes a los grupos católicos, y sobrepasa para casi todos la emancipación de los preceptos de la Iglesia y del papa. Las relaciones sexuales son practicadas sin ningún sentimiento de culpa, en tranquilo desacuerdo con las prohibiciones de Juan Pablo II, también entre los que corren a aclamarlo.
Sobre dos puntos solamente el presidente de la conferencia episcopal y vicario el papa se distingue del conjunto de sus coetáneos. El primero es la condena explícita de las relaciones ocasionales y mercenarios. Al sexo fácil y a las prostitutas ellos contraponen una marcada apreciación por las relaciones sexuales estables sostenidas en un genuino sentimiento de amor. El segundo punto es, en cambio, una curiosa benevolencia por la masturbación, que viceversa los alejados de la Iglesia juzgan más bien mal.
Diverso es lo que ocurre entre las jóvenes. Entre ellas hay una gran minoría que se destaca voluntariamente de la tendencia dominante. La mitad de las pertenecientes a grupos católicos y un tercio de las no pertenecientes afirman compartir las prohibiciones de la Iglesia sobre las relaciones prematrimoniales y la contracepción. Y remarcan que no viven como una imposición la propia elección de castidad, sino como una expresión de respeto por las personas y de amor a Dios y su ley.
En general, las adolescentes se sienten próximas a la Iglesia mucho más que los varones. Inclusive aquellas que no forman parte de grupos católicos declaran esta proximidad en proporción de 8 sobre 10. Si entre los varones van a misa los domingos solamente aquellos que pertenecen a los grupos, pero no todos, las mujeres van muchas más, también las no pertenecientes.
«Pero las jóvenes no son solamente más religiosas que los varones», observa Pollo. «Son además más ricas y profundas que sus coetáneos en el describir e interpretar la propia religiosidad, independientemente del hecho de pertenecer o no a grupos de Iglesia».
Y agrega: «Es un dato que corresponde a su mayor madurez general. Las jóvenes son más activas que sus coetáneos masculinos, tienen mejor resultado en la escuela, son más decididas a construir un propio futuro. Mientras que, por lo contrario, los varones parecen más confundidos, desorientados, lejos todavía de elaborar una propia identidad de género, después de decenios de terremoto entre los sexos».
Resta el hecho de que aun entre las mujeres con fuerte sentimiento religioso la tradición cristiana se revela ampliamente desgastada. «Evidentemente es el catecismo que a la hora de la religión ha fallado», comenta Pollo. «Pero el verdadero punto débil se encuentra en la familia. Los progenitores no transmiten más la fe a sus propios hijos. Como máximo, cumplen una función de intermediarios, mandan los chicos a la parroquia. E in casa? Niente di niente«.


