Panorama Católico

2017, un año auspicioso

Aunque varios de los hechos que nos permiten prever esta perspectiva sobre el año que acaba de comenzar sucedieron antes del 1º de enero, y probablemente tengan sus consecuencias más trascendentes después del 31, los signos que marcan ya a 2017 son extraordinarios.

Aunque varios de los hechos que nos permiten prever esta perspectiva sobre el año que acaba de comenzar sucedieron antes del 1º de enero, y probablemente tengan sus consecuencias más trascendentes después del 31, los signos que marcan ya a 2017 son extraordinarios.

La historia humana tiene como centro a Cristo, y necesariamente a la Iglesia, su cuerpo místico. Su esplendor o su decadencia afectan directamente la marcha de las cosas del mundo. Cristo hace valer su reinado social por presencia y también por ausencia. Porque, aún cuando la Iglesia es perseguida y humillada, o prácticamente reducida a la nada, la fidelidad o infidelidad de los católicos es la clave de los sucesos mundiales, por pocos o impotentes que parezcan. Comenzando por la fidelidad o infidelidad de la jerarquía, con repercusión directa en la vida civil de cada nación y en la paz entre las naciones.

Cuando Pío XI, el Cardenal Ratti, fue electo Sumo Pontífice a principio de los años ’20 los fieles no podían imaginar los inmensos errores políticos con que su reinado sellaría el destino del siglo. Su política de modus vivendi con la dictadura bolchevique, la mediación solicitada y aceptada por la Santa Sede de los políticos franceses, masones en su gran mayoría, en esta “ospolitik” suicida y la negación de todo apoyo al resurgimiento de Portugal, de ayuda a España bajo agresión comunista; la inconcebible desmovilización de los cristeros, que ganaban milagrosamente una guerra heroica contra la dictadura anticristiana de México, y finalmente, el pago de favores al gobierno de Francia, con la condena de L’Action Française, marcaron el siglo.

Pío XI tuvo en sus manos el gran secreto de Fátma (primera y segunda partes) y el pedido de Sor Lucía de consagrar a Rusia al Corazón Inmaculado. Vio la “luz extraña” que dejó perplejo al mundo en la noche del 27 al 28 de enero de 1938, el anuncio del gran castigo por medio de la guerra y sabía lo que eso significaba. Sólo debía autorizar la devoción de los cinco primeros sábados y hacer la consagración de Rusia bajo los términos pedidos por la Virgen. Prefirió el silencio. Su estrategia humana se impuso al mandato del cielo. Solo al final, amargado por sus fracasos y bajo la influencia del Card. Pacelli se avino a condenar el comunismo, 20 años después de la revolución bolchevique.

El siglo ya quedaba marcado. Los esfuerzos de Pío XII para continuar la política de San Pío X, enemiga del “sillonismo”, fue neutralizada por traiciones internas y por la protección y el apoyo que recibió la URSS antes, durante y después de la guerra de las “democracias occidentales”. Esto limitó su margen de acción a una lucha casi personal en el nivel de la doctrina y el testimonio, reducido su poder por una jerarquía muy infiltrada por las ideas liberales democratistas. De allí obtuvo su éxito el renacimiento del neomodernismo, con fuerza suficiente como para secuestrar el Concilio Vaticano II, deponer a las autoridades, cambiar los esquemas y dar un impulso revolucionario en la doctrina católica en el más alto nivel, con el aval lamentable de Paulo VI, otro hijo de la democracia cristiana y la ilusión de la “nueva Cristiandad” alentadas en su momento por Pío XI.

De Juan XXIII llegamos a gran velocidad hasta Francisco. Los altibajos, los intentos de corrección de algunos desastres posconciliares, las buenas intenciones no fueron sino accidentes en la decadencia pronunciada, y ahora abismal, del clero y la feligresía. Y con ellos del mundo en general.

¿Por qué 2017 abre esperanzas?

En primer lugar se abren expectativas porque se concentran en él, por causa de la velocidad impresa por Francisco a esta crisis, los momentos terminales:

– inminente «canonización» de Lutero,

– brutal ofensiva para imponer Amoris Laetitia (que acaba de costar la cabeza del Gran Maestre de la Orden de Malta junto con otras víctimas que día a día van apareciendo).

– manifestación cada vez más clara del cisma que divide a los episcopados sobre este tema.

– extrema tensión en la Santa Sede a la espera del desenlace de la cuestión de las ya célebres “dubia”.

Como signos opuestos, la resistencia a Amoris Laetitia, que fue objetada por 30 cardenales antes de su publicación, hace esperar una reacción más difícil de avasallar de lo que podría parecer a simple vista, con las posibles y casi inéditas consecuencias jurídicas de una “corrección fraterna”. Los cambios en la política internacional propician un apoyo del poder civil, o al menos una neutralidad. Signos alentadores:

– un gobierno en los EE.UU. que en pocos días tomó medidas radicales contra el aborto, desfinanciándolo en el exterior y a punto de hacer lo propio en el ámbito doméstico.

– una extraordinaria novedad: el pedido de un grupo de dirigentes católicos estadounidenses a Trump para que investigue qué intervención tuvieron los servicios exteriores en la renuncia de Benedicto y luego en la promoción de Francisco. Hay indicios muy sólidos sobre esta maniobra que pueden llegar a cambiar completamente la situación de la Iglesia, si hubiera voluntad política de develar la información.

El rol de Rusia, que asume el papel de potencia protectora de los cristianos, no solo contribuyendo de un modo eficaz y determinante a aniquilar el salvajismo de ISIS y sus colaterales, sino comprometiéndose a reconstruir las iglesias dañadas y destruidas en Siria. El régimen de Putin ya ha hecho un enorme trabajo en Rusia misma restaurando miles de iglesias, tanto ortodoxas como católicas.

Las consagraciones de varias naciones al Sagrado Corazón y a la Santísima Virgen, acompañadas de otras medidas como la poco advertida persecución de las ONG’s de George Soros en Hungría, organizaciones que son herramientas de destrucción social, ya anunciada por el Premier húngaro. En Rusia, de hecho, ya fueron puestas fuera de la ley y sus fondos bloqueados.

Por primera vez hay una reacción antimundialista, contra ese Nuevo Orden Mundial anticatólico e inhumano, que es la quintaescencia de los principios revolucionarios, reacción en la cual participan por primera vez en muchas décadas diversas naciones, de un modo más o menos comprometido.

Es tarde para impedir que Rusia (bolchevique) difunda sus errores por el mundo, martirice a millones, haga desaparecer varias naciones, etc., como había profetizado Nuestra Señora en Fátima. Pero hay indicios de que eso que falta, su conversión, podría llegar a ocurrir en un hipotético escenario mundial nada improbable.

Es tarde para evitar el Vaticano II. En 1929, Nuestro Señor se quejó ante la Hermana Lucía de que la jerarquía católica no cumplía sus deseos y profetizó que ella sufriría -como los reyes de Francia- el castigo de esa indiferencia. Aquello ocurrió exactamente 100 años después de haberlos formulado Santa Margarita María: la Masonería y el Iluminismo minaron las cabezas de Francia, el rey mismo colaboró con la revolución masónica de los EE.UU. y permitió la influencia de esta organización libremente. Ese mismo rey, que murió mártir, socavó su propio poder y en él, en la realeza y en millones de católicos se materializó el castigo.

Pero, dijo el Sagrado Corazón a Lucía, que la Consagración se hará, aunque sea tarde. Y la Virgen, prometió su triunfo y que le será dado al mundo “un tiempo de paz”. Más costoso en sangre y sufrimientos de lo que hubiera sido a pocos años de las apariciones. Devastador para la Iglesia… pero a la vez más cercano a nosotros

Fátima se ha cumplido con extraordinaria exactitud. ¿Por qué deberíamos dudar de que esta parte también se cumplirá?

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