Intenciones de Francisco: ahora por la paritaria rural
Se puede decir, con cierta razón, que esta vez es menos dañino que cuando igualaba las religiones y hasta una no-religión con la Iglesia de Cristo. Evidentemente. Pero no menos mentiroso.
Se puede decir, con cierta razón, que esta vez es menos dañino que cuando igualaba las religiones y hasta una no-religión con la Iglesia de Cristo. Evidentemente. Pero no menos mentiroso.
El tema ahora es agradecer a los «campesinos», categoría sociológica muy de tufillo marxista. El «campesino», en este sentido, es siempre el dependiente, empleado o peón rural. Para quien se pide una justa retribución… ¿a quién? ¿A los empleadores? ¿O tal vez, ya que es una intención de oración, que Dios haga el milagro de que los empleadores paguen con justicia a sus empleados… rurales?
Todo es muy poéticamente confuso. Las imágenes, que dicen más al público general que los textos, muestran a personas laborando la tierra con instrumentos muy básicos, sembrando a voleo, removiendo con azada, roturando con arado de mancera… un tractor por allí y apenas cierta tecnología de riego. Y por contraposición la bolsa de Nueva York, donde se trafica con el fruto del sudor de los pobres.
Hay que decir que muchos de los que aparecen en las imágenes seguramente son propietarios, no peones, y que su mayor contribución es mantener su forma tradicional de vida. Esto hay que agradecerlo y más bien pedir a Dios que bendiga sus cosechas, para lo cual la Iglesia tienen numerosos rituales. Un tema olvidado en el mensaje.
Y también hay que recordar que un cercano amigo de Francisco, un tal Guillermo Moreno, a quien, parece, le prologará un libro a presentarse en la Argentina, persona que fue funcionario del gobierno de los Kirchner, tuvo bajo su poder por métodos mafiosos el Mercado Central de Buenos Aires. El lugar donde se acopia la producción agrícola de buena parte del país y que forma precios. Este señor Moreno manejó como tirano el lugar donde los «campesinos» argentinos (la mayoría pequeños propietarios) son expoliados. Y allí es donde les pagan 1 lo que revenden a 20, proporción que no es simbólica. Es decir, que no solo hay que pedir paguen lo justo a los productores del campo, y a sus empleados, sino que no expolien a los consumidores de esos productos. Algo que no se fija en la bolsa de Nueva York.
¿Se lo habrá dicho Francisco a su amigo Guillermo Moreno, asiduo visitante del Vaticano y durante un tiempo residente en Roma? Humm…
Si alguien quiere ver algunas imágenes de Moreno en acción en el Mercado Central, donde fijan los precios que le pagan a los «campesinos» de la Argentina, puede clicar aquí… o en muchos otros sitios, gugleando.

