Panorama Católico

Las Malas Intenciones de Francisco

Claro que no podemos juzgar el fuero íntimo, y por lo tanto las intenciones ocultas de nadie. Pero sí podemos juzgar objetivamente la moralidad de los actos. O prever, con bastante claridad, adónde apuntan.

Claro que no podemos juzgar el fuero íntimo, y por lo tanto las intenciones ocultas de nadie. Pero sí podemos juzgar objetivamente la moralidad de los actos. O prever, con bastante claridad, adónde apuntan. Por eso no es temerario decir que esta serie de intenciones que Francisco ha lanzado a través de unos vídeos insulsos, totalmente purgados de doctrina católica y plenos de lemas e ideales masónicos, son malas intenciones

En el primero, unir a la humanidad en una supra-religión del «amor», sin que lo que el mensaje evangélico (la Verdad Revelada) ni el Magisterio de la Iglesia ha dicho y definido aparezcan ni como telón de fondo. Ahora un tema casi municipal. No «contaminar». O sea, no arrojar basura o elementos tóxicos, en los lugares públicos. En la «casa común», el planeta… Vean, si no lo han hecho ya, el vídeo.

 

 

¿Alguien puede reconocer la doctrina católica detrás de estas exhortaciones? Claro, el uso racional de las cosas es conforme a la doctrina católica. Pero ¿es un tema de fe o moral? Tal vez sí, pero en tal caso, se propone a la inversa.

Detrás de esta clara adhesión de Francisco a la corriente medioambientalista maltusiana, hay temas de fe y moral. De fe, porque se da por supuesto que el hombre tiene su destino final en la tierra, no se apela a ninguna forma de trascendencia sino, a lo sumo, a la más cruda reducción del hombre a la «naturaleza», que podemos identificar en el panteísmo, en cualquiera de sus formas. ¿Se lo afirma? Sí, aunque sin decirlo explícitamente. Se lo afirma con toda claridad. Es naturalismo con aires panteistas, como lo que creen los budistas.

¿Donde está la «esperanza» de Francisco? En una «conversión». ¿Del hombre a la fe y a las virtudes cristianas con el auxilio de la gracia? No, a la consciencia colectiva sobre la necesidad de «cuidad la casa común». Mantengamos limpio el barrio, para vivir mejor esta vida (que es la única que tenemos, queda implícito) y que dejaremos a nuestros hijos.

En tanto nuestros hijos, cuando fuere prudente tenerlos, porque contaminan, quedan librados a las perversiones de los tiempos sin que la voz del Pastor Supremo diga casi palabra alguna sobre estos temas.

El pecado es el «consumismo». Ninguna definición. Tampoco un llamado al ascetismo católico, al espíritu de pobreza, nada que huela a sobrenatural… Solo imaginen un mundo mejor… 

Quisiéramos que el lector vea este otro vídeo. Es muy conocido, pero hoy, a la luz de los dos llamados de Francisco en sus «intenciones» del mes queda más en evidencia la conexión y quienes están detrás de estas ideas que el papa ha oficializado y a las que adhiere sin o casi sin ninguna reserva

 

 

Escuchen la letra y lean el sentido. ¿No es una síntesis de lo que Francisco viene proponiendo y continuará haciéndo, si Dios no lo remedia, en los meses por venir? Un mundo de amor, sin religión, sin fronteras, sin castigo por los pecados, sin hambre, todos «convertidos», en virtud de una «toma de conciencia» a… un mundo de amor, sin fronteras, sin castigo por los pecados, sin hambre… en virtud de la conversión de los hombres (por obra y gracia del carisma de Francisco y la publicidad) en un mundo de amor… etc. La utopía masónica reciclada y repetida.

A título informativo, recordamos que la Iglesia ha sostenido siempre un conjunto de pedidos dirigidos a Dios bajo el rótulo de «intenciones del Sumo Pontífice».  Esto viene de antiguo y pese a cierta variedad en la formulación, se resumen en los conceptos siguientes:

1) La exaltación de la Iglesia Católica

2) La extirpación de las herejías.

3) La propagación de la Fe.

4) La conversión de los pecadores.

5) La paz y concordia de los príncipes (gobernantes) cristianos.

No parecen estar ni remotamente aludidas en las actuales «intenciones». 

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