Mutatis mutandis, cambio del relato francisquista
Hasta hace unos días, Benedicto XVI era un desgraciado interregno entre papas conciliares brillantes, cuyo epítome, sin lugar a dudas, estaba encarnado por Francisco – Bergoglio. Esta era la versión oficial del “relato” sostenido por la prensa mundial.
Hasta hace unos días, Benedicto XVI era un desgraciado interregno entre papas conciliares brillantes, cuyo epítome, sin lugar a dudas, estaba encarnado por Francisco – Bergoglio. Esta era la versión oficial del “relato” sostenido por la prensa mundial: la enemiga de la Iglesia, la laica, la católica oficialista, etc. No tanto la conservadora, que pese a su disgusto hace toda clase de piruetas pero ha permanecido leal al papa Ratzinger. Mucho menos por la tradicionalista, que en muchos casos, pese a las reservas sobre puntos doctrinales varios y muchos, tiene una mirada de agradecimiento y hasta de cariño al papa alemán.
Pero el relato ha sido cambiado en estos días, como habrá observado el lector atento. Veamos como ha sucedido esto a grandes rasgos.
Hasta hace un tiempo, Benedicto era una desgraciada equivocación de los cardenales en un cónclave donde el Espíritu Santo estaba de licencia por razones psiquiátricas. No hay reporte católico o laico sobre la Iglesia que, al aludir al papa Ratzinger, deje de recordar sus torpezas: la conferencia de Ratisbona, la liberación de la misa, el perdón a los lefebvristas, en especial al obispo “negacionista”, su deseo de volver al pasado litúrgico, y el gran papelón, los Vatileaks, donde tuvo protagonismo inesperado el mayordomo pontificio, que se rió en la cara del este pontífice viejo y un poco lelo.
Nadie recuerda que la “torpeza” de Ratisbona fue una anticipación de la realidad que hoy vive Europa: millones de refugiados corridos por los simpáticos muchachos del Estado Islámico y sus aliados.
Sobre la liberación de la misa, estos declarados enemigos de lo católico solo ven males, sin reparar en que no solo crece el regreso de los fieles al rito tradicional, sino que además son los fieles más fieles, producto de la misa fiel.
Obviando la cuestión lefebvrista, que tiene vida propia con o sin perdón vaticano, el tema más enrostrado a Benedicto fue siempre el de los Vatileaks, o sea, las filtraciones de documentación secreta de la oficina papal o de altos organismos de la Santa Sede.
Pero un día ocurrió lo que muchos previmos, con perdón. Ocurrió en parte, porque puede haber mucho más no salido a la luz todavía. La vestal Francesca Chaouquí, conocida por sus fotos en cueros y su papel como traficante de influencias, nombrada especialmente por Francisco en un cargo con acceso a información de delicadísima naturaleza, apareció presa y engrillada en los escasos calabozos del Vaticano, donde el “cuervo” anterior, el mayordomo papal, dio con sus huesos, pagando la culpa de sabe Dios cuantos otros. Benedicto lo indultó a poco de cumplir condena, recordemos al pasar; tenía la certeza de que era más bien un “perejil”, como se dice en la jerga policial argentina. Un individuo de poca importancia en la trama, uno que iba a pagar por otros.
Pero la Chaouquí no es una perejila. Es una profesional del tráfico ilegal de información. Y sin juicio ni condena ya salió, si es que entró en algún momento realmente, de la celda de la gendarmería vaticana. “Por su amplia colaboración”. O sea, mandó presos a otros, probablemente sí perejiles, empezando por el monseñor del Opus al cual puede haber seducido con algunos euros y miradas lánguidas.
Por eso ahora, el papa Benedicto ya no es un torpe alemanote incapaz. ¿Cómo iba a serlo si anticipadamente fue víctima de la traición de sus más allegados, lo mismo que Francisco ahora? Si le pasó a Francisco, le puede pasar a cualquiera, ya no es desdoro.
Primer cambio mentiroso del relato mentiroso.
Segundo: a Francisco lo traicionaron porque está “realizando reformas”… Como si las que realizó Benedicto en materia de persecución de curas inmorales no hubiese sido tan dura y radical que cuando renunció la cosa ya estaba prácticamente hecha en cuanto a la investigación. Y había terminado otro proceso de averiguación, el del clero “gay” o del “lobby homosexual eclesiástico”, cuyo informe entregó ostentosamente a Francisco y de allí nunca más se supo.
Segunda mentira del relato. Las reformas de costumbres se iniciaron en el papado anterior y una de ellas fue la causa de su expulsión del trono pontificio. Cosa que Francisco, “el gran reformador” volvió atrás, no solo olvidando todo lo actuado e investigado, sino poniendo en cargos de alta influencia a reconocidos homosexuales. No olvidemos este nombre: Mons. Ricca. Aunque la lista es muy larga y llega hasta la pontificia universidad de nuestros pagos.
Tercera mentira del relato francisquista: la participación de “cardenales”, obviamente neopelagianos, farisaicos, entronizados en la cátedra de Moisés, etc. Negado por el P. Lombardi, lenguaraz oficial de la Santa Sede, pero dicho para que genere efecto. Operación de prensa le dicen. Traducido: esto ha sido motivado por los conservadores que se niegan la misericordia hacia los divorciados recasados por civil que quieren comulgar, a los “homoafectivos”, como dice tan tiernamente Leonardo Boff, y a otros ex pecadores, ahora meramente “excluidos”. Recordemos que la gracia de Dios es “inclusiva”.
La mentira del relato cobra niveles alarmantes. ¿No fueron altos prelados los que presionaron la renuncia de Benedicto? No discuto si debió o no renunciar, pero lo que sí es evidente es la campaña, en parte descrita aquí, para desprestigiarlo y obligarlo a una “renuncia inducida” bajo sabe Dios qué amenazas, que, creo, no serían sobre su persona sino sobre la Iglesia.
Pero no, la para el relato siempre libre y necesaria renuncia de Benedicto fue presionada por una banda de obispos y cardenales que luego fueron los portadores del voto de Bergoglio y los inspiradores de la neoteología moral que signa los últimos dos sínodos, la teología de rodillas. Para el relato estos nunca hicieron algo tan malo como empujar a un papa fuera de su cargo. Hoy sí lo hacen los de la Cátedra de Moisés. Esta es la implicancia de la que se hace eco la prensa en general y los grupos ex católicos que reivindican a Francisco, y que son el verdadero lumpenaje de la Iglesia, de los que Boff es una de las cabezas más reconocidas, mientras que otros, menos afamados pero tanto o más peligrosos, reciben los homenajes y cargos de Francisco en la Santa Sede, besos, abrazos y manitas tomadas incluidas (ver fotos).
O sea, acomodan las cosas para que parezcan lo que quieren que parezcan: es el lema del pontificado en curso. Mutatis mutandis… cambiando lo que haya que cambiar para que sea creíble a la multitud, poco dada a la reflexión y careciente del “sentido de la Fe” desde hace décadas. Hoy, más que el “sensum fidei” tienen el “sensum mediae”. El primero es de origen divino. El segundo más bien preternatural…
Bergoglio ¿es católico?
Con todo, muchos observadores se preguntan si Bergoglio es católico. Una pregunta que no carece de razones para ser formulada, no como oxímoron festivo, sino como realidad teológica.
Un signo de que un papa puede dejar de serlo, dicen los que dicen saber de estos temas, es que realice un acto de apostasía. Todo en un acto mismo es muy claro. De a poco puede ser menos claro pero en algún momento tan real como lo anterior.
Sin ese acto claro de apostasía (nada claro saldrá nunca de su boca o de su gestualidad) no podremos tener la evidencia, reitero, clara, de su abandono de la condición de pontífice. Deberemos esperar a su muerte, que probablemente no esté lejana. Luego el cisma, ya existente se hará explícito en el Cónclave, uno presume. Y de algún lado saldrá un papa católico que juzgue con certeza si este demoledor llegó a perder su condición de Vicario de Cristo. O si la llegó a tener.
Por ahora, velar (por eso este artículo) y orar, para no caer en la tentación… ni en la confusión.

