Engatusar, su deporte preferido
Ayer fue un día paradójicamente claro en materia de confusión.
Ayer fue un día paradójicamente claro en materia de confusión.
Francisco realizó un acto litúrgico-filopanteístico en la Basílica de San Pedro. Recibió también al obispo Gaillot, defenestrado por Juan Pablo II por sus opiniones heterodoxas en materia de moral (homosexualidad, aborto, etc.) y el prelado dio a entender que se trataba de una reivindicación, lo que el Sumo Pontífice se encargó de no negar…
Se reiteró algo ya anunciado, pero esta vez con gran repercusión periodística: la extensión del poder de absolver los pecados de las personas involucradas en abortos, algo penado con excomunión y reservado hasta ahora al obispo en nombre del Sumo Pontífice.
Y a la vez se conocieron elogios de Francisco a la FSSPX y la disposición según la cual, durante el Año Santo de la Misericordia (dic. de 2015 – Nov. de 2016) los sacerdotes de dicha congregación tendrán la facultad de confesar válida y lícitamente reconocida por el Papa.
Sobre lo primero haremos un comentario más extenso, pero no podemos omitir aquí la enorme confusión que causa esta “liturgia de la palabra” en la que se mezcla la alabanza de Dios con la de la creación (y se los mezcla al modo del panteísmo). Mientras se eleva a categoría de “revelación” un texto pontificio, incluido entre las lecturas litúrgicas, tomado de Laudato Si, último documento seudo-magisterial emitido por Francisco. Digo “seudo” sencillamente porque no trata temas magisteriales.
El recibir con honores a un clérigo pro-homosexual se ha convertido en hábito en el Vaticano. Lo mismo que a a transexuales o enviar bendiciones a promotoras de estas prácticas.
Sobre extender la potestad para absolver los delitos de aborto a los penitentes sin que tengan que solicitar dicho perdón al obispo ordinario, es facultad del papa. Claro que se puede muy razonablemente cuestionar la preparación doctrinal y la seguridad moral de los clérigos para que les sea conferida tan grande responsabilidad. Y se puede discutir todavía con más fundamente el modo en que la prensa mundial interpretaría este gesto: “ahora el aborto no es pecado”. Más o menos es lo que se está diciendo.
La cereza del postre: las alabanzas de la FSSPX y el curioso reconocimiento de los poderes jurisdiccionales para confesar (solo para confesar) por tiempo determinado. Poderes a plazo fijo, por ahora.
Más que medidas de gobierno, Francisco gobierna con gestos, como los políticos modernos, cuyas artes maneja consumadamente. Y como ellos busca estar en el rango adecuado de indefinición y hasta diríamos, de contradicción en el que tiene gran libertad de maniobra para ir en un sentido o en el contrario. O en ambos a la vez.
Ayer fue un día particularmente claro en lo que se refiere a ese estilo de confusión generada con toda deliberación y cálculo. Ayer fue elogiado por ecologistas, abortistas, disidentes y hasta por (de hecho no, pero obligó a una declaración de “agradecimiento”) los tradicionalistas. En unos casos entusiastas, en otros reticentes, porque tampoco a izquierda le tienen confianza. Y en el caso de la FSSPX, incómoda.
En mi modesta cuenta de Twitter hubo hoy una discusión en la que yo casi no participé, con muchos intercambios a causa de esta medida, lo que es un pequeño eco de la que produjo seguramente a nivel mundial. Muchos poniendo en duda la firmeza doctrinal de quienes conducen la obra de Mons. Lefebvre. Se repite la historia: ¿qué se puede decir cuando se le da a uno la razón? Y quien se la da es la autoridad legítima para hacerlo.
Desconfiar… Sin duda. Pero sin incurrir en contradicciones o confusiones: si se reconoce a Francisco como papa, cuando toma una medida legítima, ¿por qué se lo habría de cuestionar? ¿En razón de qué?
La medida produce confusión, es inevitable. No hay que caer en ella. Es una más. Uno más de sus calculados movimientos políticos cuyo fin probablemente sea mantenerse flotando en el poder, jugando al deporte que más le gusta: engatusar.

