Huelga Sacerdotal
En tren de imaginar, imaginemos una huelga sacerdotal. Un mal día, por razones que no puedo ensayar aquí, pero todos pueden imaginar, los sacerdotes de mundo deciden no celebrar más la misa. ¿Qué pasaría?
En tren de imaginar, imaginemos una huelga sacerdotal.
Un mal día, por razones que no puedo ensayar aquí, pero todos pueden imaginar, los sacerdotes de mundo deciden no celebrar más la misa. ¿Qué pasaría?
– No pasaría nada, tiende a decir el católico promedio (promedio de aplazo, por cierto) de estos tiempos.
Solidariamente unidos, religiosos y religiosas (con perdón de quien corresponda) dejan de rezar. No más oración. Por tiempo indeterminado.
Insisto en no buscar causas posibles para una determinación que parece imposible. Esto no puede suceder, piensa el católico con Fe anémica. Es absurdo. No puede suceder.
Pero estamos acostumbrados a imaginar todo tipo de catástrofes: el calentamiento global… -ojo que se viene la jornada de oración-. La extinción del oso panda y la ballena. El tigre de Bengala y el león Elvis, Clarence o como se llame el difunto. ¿Por qué no podemos pensar en una peripecia global de características inimaginables… vinculada con el cese del Sacrificio.
Se corta el ofrecimiento del Santo Sacrificio, se suspende la oración personal, y como consecuencia se suspende la administración de los sacramentos. Mientras tanto, sacerdotes, religiosos y fieles dedican su tiempo a asistir a los desposeídos, porque algo hay que hacer, y asistir a los desposeídos es algo noble. Para qué están los sacerdotes, ¿no es así?
¿Qué pasaría?
– No pasaría nada. Dios estará contento de que se ocupen de los pobres. ¿O la Iglesia no se ha instituido para servir a los pobres?
La Iglesia ¿se ha instituido para servir a los pobres? ¿No será que se instituyó para servir a Dios y por amor a Dios se realizan todas las obras de misericordia que este amor inspira y purifica con la gracia de una recta intención? Porque “ayudar a los pobres” es una fórmula muy simpática que no define nada, nada bueno al menos, si no está inspirada en la caridad.
– De ninguna manera. El objetivo de la Iglesia es acabar con la pobreza. Menos rezo y más incursión en las periferias.
“A los pobres siempre los tendréis entre vosotros, pero a Mí no siempre me tendréis”, dice Jesús (Mt. 26-11). Entonces, o bien la Iglesia no puede cumplir su objetivo, o bien, si lo cumpliera debería ser abolida por innecesaria… ¿Para qué tanta infraestructura si los pobres se acabasen gracias a una meticulosa redistribución de la riqueza. (Cualquiera sea el sentido de esta frase, hasta ahora el resultado ha sido una meticulosa redistribución de las miserias de todo orden a todo el mundo).
¿No sufriríamos una hecatombe planetaria, o cósmica, si se dejase de celebrar el Santo Sacrificio? Más aun, algún texto de la Revelación advierte que en cierto momento cesará el sacrificio… y lo asocia a la abominación desoladora. Que, sea lo que sea, no suena muy bien.
“Y el pueblo de un príncipe que habrá de venir destruirá la ciudad y el Santuario, más su fin será una inundación: y hasta el fin habrá guerra y las devastaciones decretadas. Él confirmará el pacto con muchos durante una semana, y a la mitad de la semana hará cesar el sacrificio y la oblación: y sobre el Santuario vendrá una abominación desoladora, hasta que la consumación decretada se derrame sobre el devastador.” (Daniel IX, 26-27).
Para no meterme en aguas profundas, vuelvo a mi hipótesis: ¿Qué pasaría si un buen día se decide una huelga sacerdotal, al que adhieren religiosos, religiosas y fieles con suspensión de oración por tiempo indeterminado?
Para entender qué pasaría hay que tener Fe. Para tener o mantener la Fe hay que tener o mantener contacto con el Santo Sacrificio, al menos de deseo. Desde hace tiempo el Santo Sacrificio se ha eclipsado. No solo el Novus Ordo se aleja de un modo impresionante del concepto de la Misa que se ha definido en Trento, sino que la praxis cotidiana del Novus Ordo se aleja de un modo impresionante del Novus Ordo de Paulo VI, para peor. ¿Subsiste el sacrificio?
Seguramente entre ruinas, poco, en algunos que mantienen la Fe a pesar del Novus Ordo. Cada vez menos, indudablemente si juzgamos por la marcha del mundo y las apostasías masivas.
La noticia es esta: la huelga no es una hipótesis, ya está en marcha desde hace décadas y es progresivo… hacia el abismo. Con él, el cese de la oración.
Las consecuencias cósmicas ya se ven con claridad a los ojos de la Fe. A los ojos de los de poca Fe o ninguna también, pero no aciertan a entender. Porque la Fe nos permite entender.
Mi propuesta: romper la huelga y adherir al gremio de los carneros de Misa Tradicional.

