Panorama Católico

Renuncia forzada: desde Roma abren el paraguas

Pero quizás la afirmación más perturbadora del prelado kasajo sea la que cuestiona la libertad con que Benedicto tomó la decisión de renunciar. “Por desgracia, es obvio que el papa Benedicto con frecuencia no ha tenido éxito en esta materia.  Es difícil creer que el Papa Benedicto XVI libremente haya renunciado a su ministerio como sucesor de Pedro.»

La declaración de Mons. Lenga, obispo emérito de Kazajistán, publicada en castellano por Panorama Católico, ha tenido una amplísima repercusión.

En el texto se advierte –dicho en forma muy moderada y protocolar- que el autor siente una enorme preocupación por la situación de la Iglesia que, sin duda, implícitamente, sin mencionar la persona del Papa Francisco, considera fuertemente agravada bajo este reinado.

El obispo no pone en cuestión ni la canonización de Juan Pablo II ni de Juan XXIII, ni la beatificación de Paulo VI, pero desliza una frases que resultan críticas poco compatibles con el buen desempeño de estos papas. El deber de estado de un sumo pontífice es el gobierno de la Iglesia, la conservación incólume de la Fe, la moral, el culto divino y los medios de santificación.  Según la opinión de Mons. Lenga, compartida por muchos, estos papas cumplieron de modo muy pobre estas que son sus obligaciones primordiales. Y en algún caso promovieron medidas claramente contrarias a esos propósitos.

Pero quizás la afirmación más perturbadora del prelado kasajo sea la que cuestiona la libertad con que Benedicto tomó la decisión de renunciar.  “Por desgracia, es obvio que el papa Benedicto con frecuencia no ha tenido éxito en esta materia.  Es difícil creer que el Papa Benedicto XVI libremente haya renunciado a su ministerio como sucesor de Pedro. El papa Benedicto XVI era la cabeza de la Iglesia, su entorno, sin embargo, apenas si traducía sus enseñanzas en una forma de vida, silenciaba o bien obstruía sus iniciativas de una reforma auténtica de la Iglesia, de la liturgia y de la manera de administrar la Sagrada Comunión. En vista del gran secretismo que domina en el Vaticano, para muchos obispos era realmente imposible ayudar al papa en su deber como cabeza y jefe de la Iglesia toda”. (Ver carta completa)

Inmediatamente aparece en el Corriere della Sera de Roma una entrevista al secretario personal del Papa Ratzinger y a la vez Prefecto de la Casa Pontificia bajo Francisco, Arzobispo George Gänswein. Entrevista que, bajo la excusa del aniversario de la renuncia, y usando diversos tópicos distractores tales como detalles de la vida del “Papa Emérito”, su salud, su lucidez, su gusto por la música… menciona en primer lugar los comentarios «absurdos» de quienes insinúan que tal renuncia ha sido por causa de presiones, reiterando que fue voluntaria, ante la declinación de sus fuerzas físicas y con el deseo de entregar el poder a un sucesor más enérgico, a una “mano firme en el timón de la Iglesia”. Dice el arzobispo alemán «No se pueden fundar hipótesis sobre cosas que no son verdaderas, totalmente absurdas. Benedicto mismo ha dicho que ha tomado la decisión de un modo libre, sin presión alguna. Y ha asegurado «reverencia y obediencia» al nuevo papa».

Mons. Gänswein rechaza toda posible injerencia externa a la voluntad del Papa Benedicto. Lo contrario sería un denuncia explosiva de consecuencias impredecibles. Mas lo que importa es la “oportunidad” de la entrevista y su tono. Apenas se difundió por la red con gran repercusión la carta de Mons. Lenga que incluye por primera vez, que yo sepa, el tema de la renuncia como acto dudosa en forma pública y en boca de un prelado de alto rango, se produce la desmentida. Parece hecha a medida. Y si es así, si fuera así, lo que no podemos sino conjeturar, es que la insinuación de Lenga preocupa mucho.

Gänswein dedica algunos párrafos a hablar de la fluida relación entre ambos papas (¡qué raro resulta oír esto!) así como sus intercambios y visitas. Con todo, la proximidad de Benedicto puede ser también una técnica de poder: ¿Qué hacer con un papa que tal vez haya renunciado bajo presión o amenaza de cualquier tipo? Tenerlo cerca, vigilado, mostrarse de vez en cuando para que se sepa que la relación es cordial… Y a la vez demoler su obra paso a paso.

Pero también, habría que considerar que Francisco ha querido mantener a Gänswein a su lado, que es el modo de vigilar a los virtuales enemigos que se practica no solo en la política sino también en el clero. Si tal personaje es de dudosa fidelidad, se piensa, nombrémoslo cerca de nosotros, desde donde lo tengamos vigilado y entretenido en lo que nosotros queremos. Y, por qué no, tal vez lo atraigamos a nuestra órbita de influencia, porque nadie joven y en carrera puede dejar de sentir la tentación de abandonar a su viejo jefe que declina y servir a uno en la plenitud de su poder y fama.

Mons. Lenga, el Card. Burke, y siguen…

La declaración del Arzobispo de Kazajistán ha explotado, junto con la declaración del Card. Burke sobre una “resistencia” inevitable a las medidas que Francisco insiste en tomar contra puntos básicos de moral. La primera es analítica y señala las fuentes de muchos males, en particular el liberalismo y el modernismo, difundidos a través de las estructuras jerárquicas de la Iglesia. La segunda el anuncio de un modo de proceder ante las consecuencias prácticas de esas doctrinas liberales y modernistas señaladas por Lenga.

Ambas se identifican plenamente en su profunda preocupación. Y motivos no les faltan. Si no fuera poco lo actuado, hace horas el Card. Marx de Colonia, Alemania, acaba de volver a defender con un descaro increíble, con su estilo parlero y farragoso que parece busca disimular el sentido más crudo de sus palabras, la comunión a los divorciados, la homosexualidad como una relación que contienen valores cristianos, la cohabitación prematrimonial como un camino a la consolidación del matrimonio. Y, cayendo en una notable contradicción con sus propias tesis, que la “fidelidad” daría el “valor” a esas relaciones perversas o inmorales, afirma que, por circunstancias de la vida, tal fidelidad puede romperse y entonces se produce la necesidad de una segunda oportunidad (o tercera, etc.). ¿Entendimos bien? Parece que sí: dos homosexuales conviven toda su vida, inclusive en la vejez y se ayudan entre sí. ¡Hermoso ejemplo de «fidelidad» que otorga valor a esta relación, dice Marx. Dos esposos casados por la Iglesia se separan y forman nueva pareja: «les debemos una nueva oportunidad» dice Marx. ¿Y la fidelidad tan valiosa en los otros? ¿Hay posible fidelidad ante Dios en una relación contra natura o marcada por el pecado mortal?

Si lo que que valoriza una unión adúltera, una convivencia o una relación homosexual es la estabilidad pero esta, sin embargo, es algo que puede romperse, ¿dónde queda el valor, si tal fuera posible? Y para  peor, el Card. Marx afirma que “No puede decirse a esas personas todo el tiempo que están en pecado”… O sea, hay que ayudarlas a que se condenen… (Ver entrevista completa aquí) Todo parece insano, propio de la locura de estos tiempos.

Bien, pues, así estamos: los bandos se definen y la batalla de octubre será un anticipo de un nuevo tiempo para la Iglesia, quede de ella lo que quede. Aunque después de esta criba, sin duda, volverá a ser un “pequeño rebaño”.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *