Panorama Católico

¿Dónde estamos?

En relación al Sínodo Extraordinario y sus consecuencias, en el contexto del pontificado de Francisco y en el más amplio (si cabe decirlo así) de la situación mundial, quizás prematuramente, en todo caso provisoriamente, podemos intentar respondernos dónde estamos.

En relación al Sínodo Extraordinario y sus consecuencias, en el contexto del pontificado de Francisco y en el más amplio (si cabe decirlo así) de la situación mundial, quizás prematuramente, en todo caso provisoriamente, podemos intentar respondernos dónde estamos.

La primera duda que tiene el observador es si este Sínodo fortaleció o debilitó la posición de Francisco.

La propagandista oficial del papa, Elisabetta Piqué afirma, junto con su contraparte clerical, Mons. Tucho Fernández, que los números finales de la votación demuestran una amplia tendencia de apoyo a sus reformas. Aunque los párrafos más cuestionados no hayan recibido la mayoría necesaria de dos tercios para su aprobación.

Nuestro amigo New Catholic, de Rorate Caeli, acompaña la posición del Prof. De Mattei en este sentido: el peso de la figura papal es determinante sobre los votos de los padres sinodales (o conciliares en su momento). Y si se compara la resistencia que Paulo VI recibió de parte de los padres conciliares tradicionales, en particular en los documentos más cuestionados, porcentualmente, los votos contrarios a las posiciones ultraliberales presuntamente sostenidas por Francisco son muchísimos más en el Sínodo que lo fueron en el Concilio.

2308 contra 70 para la aprobación de la Dignitatis humanae; 2221 contra 88 para la Nostra Aetate. Además, agrega el editor norteamericano, el Concilio Ecuménico incluye a todos los obispos, superiores religiosos, patriarcas, etc. Mientras que el Sínodo es una muestra mucho más pequeña y manipulable (de hecho manipulada) donde el papa tiene la posibilidad de excluir a sectores significativos. Por lo tanto 104 contra 74, o 118 contra 62 son números mucho más auspiciosos para la Resistencia, comparados con aquellos del Vaticano II.

Este análisis no es anecdótico, refleja un estado de malestar profundo en un sector que puede ser minoritario (habrá que esperar los acontecimientos para comprobarlo), pero para nada insignificante.

El papel de la prensa católica fiel

El periodista Michael Voris, de Church Militant TV, en un especial desde Roma contó detalles valiosos sobre la presencia de la prensa católica fiel al Magisterio de la Iglesia en las salas de prensa vaticanas.

Mientras suelen ser habitualmente terreno conquistado por los medios laicos y las publicaciones católicas dependientes de la estructura formal de la Iglesia, y por lo tanto oficiosas, en este caso tuvieron acceso muchos representantes de organizaciones pro familia y algunos medios católicos independientes, que lograron una inesperada acreditación oficial. Esto motivó el disgusto de los periodistas “profesionales”, molestó por la aparición de preguntas “incorrectas” donde predomina la corrección política.
¿Cómo se lograron estas acreditaciones? Sin duda los obispos y cardenales que preveían un Sínodo manipulado abrieron las puertas a la prensa fiel a la Iglesia, que hoy se multiplica en innumerables blogs, radios, o canales de TV online, gracias al acceso a la tecnología de las redes que no impone costos imposibles para pequeñas organizaciones.

Emprendimientos tan escasos de medios y tan lejanos al lugar como el nuestro han hecho su aporte, en otro tiempo imposible. Los católicos ya no tienen excusas para estar “en Babia” sobre lo que pasa en la Iglesia. Este elemento fue una sorpresa para los progresistas y los golpeó fuerte. Debemos ser conscientes de esto y aprovecharlo al máximo. El apagón informativo que dominó el Vaticano II ya no es posible.

Pero las voces que hablan de una resistencia no se limitan solo a la prensa militante tradicional. Omitimos entrar en detalles, por demasiado conocidos, de figuras como Sandro Magister, Marco Tosatti,  Antonio Socci, Alessandro Gnocchi, o diarios como Il Foglio, que dan lugar a figuras críticas muy relevantes, como el valiente Prof. de Mattei.

Un periodista liberal como Jean-Marie Guenois, vaticanista de Le Figaró, hombre que simpatiza con Francisco, ha hecho declaraciones notables:  existe en la Iglesia, dice, un cisma silencioso. “Hay ya en la Iglesia cismas de hecho entre muchos sacerdotes y fieles que no aceptan ya la fe católica sobre la Virgen María, la Eucaristía, por ejemplo, y que se llaman católicos cuando son, más que cristianos, auténticos, protestantes. (…) El Sínodo abre una crisis en la Iglesia en el sentido antiguo de la palabra, esto es, el imponer una elección o decisión. (…) El shock del Sínodo puede ser abra los ojos de algunos. Este nuevo papa no es solo eso, representa una nueva orientación”.

En otro lado afirma, con notable honestidad,  que el Papa Francisco, pese a su fraseología habitual de diálogo, escucha, etc. adopta procedimientos autoritarios. Hay otros ejemplos. La prensa laica ya muestra fisuras sobre el hasta ahora aclamado universalmente Papa Francisco.

El clero de la resistencia

Parece obvio destacar que personalidades como el Card. Burke, que se ha empleado a fondo para frenar los disparates del Sínodo, está en jaque, y su expulsión de la curia, sumada a su prestigio personal, lo constituye, digamos así, en el jefe de la oposición y en un futuro gran elector de papa. Al liberarlo del peso del Dicasterio, Francisco le libera también las manos para actuar y le quita la mordaza que todo curial romano se pone al aceptar el cargo. Es decir, en el próximo cónclave, ya hay un jefe de partido que oponer al “vicepapa” y probable candidato de Francisco, el Card. Rodríguez Maradiaga.

Pero no olvidemos el peso de las figuras que acompañaron a Burke: Müller, prefecto de la Fe; Pell, prefecto de la economía (y ya son tres cabezas de dicasterio). Mons. Gadecki, presidente de la Conferencia Episcopal Polaca, quien ha dicho: “Si no hubiera hablado, el Sínodo hubiera sido mucho peor”. El card. Ruini, el Card. Cafarra, el Card. de Paolis, y otros cuyas cabezas no asomaron tanto, pero sin duda respaldan estas posiciones y comparten estas preocupaciones. Sumemos una cantidad de obispos africanos y de todo el mundo. Hasta en la Argentina, hoy un desierto episcopal, un obispo cuyo nombre naturalmente debo reservar, ha comentado que el “cisma es inminente”.

Su propia dinámica “se lo lleva puesto”

Sabrán disculpar los lectores esta expresión demasiado coloquial, pero tan significativa de la jerga rioplatense. “Se lo lleva puesto como una echarpe”, se lo carga, dirían los españoles. Francisco, actualmente, huye hacia delante como alguien corrido por un aluvión de nieve que él mismo provocó a fuerza de jugar con materias peligrosas en lugares peligrosos.

Ya lo hemos observado en otra parte: está atado a una dinámica que lo empuja a alta velocidad contra un muro: la doctrina. Por ahora, a pesar de los horrores dichos en el Sínodo, él ha mantenido silencio sobre su postura, aunque sus hechos sean elocuentes. Sin embargo, en un momento deberá firmar y aprobar un documento de rango papal. Ahí está el muro.

Si busca una componenda, será repudiado por los liberales extremos que son su sostén. No parece tener vuelta atrás sobre posiciones tradicionales después de semejante Sínodo, promovido y alentado por él. Pero aún en tal supuesto, muy difícilmente ganaría la confianza de los prelados y fieles que han visto con espanto lo que se preparó y ejecutó con astucia de político maquiavélico para imponer sobre las mayorías unos temas y un tratamiento que ha sido muy resistido, si tenemos en cuenta que hay otra Iglesia en África, en Medio Oriente, en Europa Oriental, en Asia y aún en bolsones de resistencia europeos y americanos, al menos en esta materia tan sensible que no se ha podido expresar.

Un amigo cercano de Bergolio y confidente papal, el diputado Gustavo Vera, presidente de la Fundación Alameda, ha dicho en un programa de TV, a poco de la elección, que Francisco le había confesado: mi poder se limita a tener la plaza llena. Vera es un personaje pintoresco que se caracteriza por la franqueza con que habla. Tal vez no le haya hecho un favor a Francisco, pero sí a nosotros. Nos reveló cuál es su debilidad y cómo Francisco la conoce.  

Nuestra impresión, por si algo vale, es que Francisco ha quedado debilitado. Se ha jugado todo a octubre de 2015, y allí todos irán preparados para la guerra, si no estalla antes.  Si acaso no ha estallado ya.

No tiene freno, la inercia lo lleva a velocidad incontrolada y creciente contra un obstáculo imposible de remover para un papa, esto es, permanecer en la doctrina de Cristo. “Motus in fine velocior”.

Y, claro, no debemos olvidar que Dios puede decir “basta” en cualquier momento.

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