Panorama Católico

¿Rigor o rigidez intelectual?

Con motivo de la nota que publiqué bajo mi nombre sobre la muerte de una persona hace pocos días, he recibido varios comentarios con objeciones. Naturalmente no fueron habilitados porque no es el caso convertir esa recordación en una polémica.

Con motivo de la nota que publiqué bajo mi nombre sobre la muerte de una persona hace pocos días, he recibido varios comentarios con objeciones. Naturalmente no fueron habilitados porque no es el caso convertir esa recordación en una polémica.

Pero por fuera de dicha recordación quisiera traerlos a consideración pública. Porque en ellos se señala la existencia de errores teológicos aparentemente graves. Primero, lo que tales comentarios dicen textualmente:

“El la necrológica de esta virtuosa mujer no hay ni una sola solicitud de oración en sufragio por su alma. La certeza moral de que se encuentra en la gloria no pertenece a la sólida piedad cristiana tradicional que sabe que la salvación es siempre don, al comienzo y al final, y nunca mérito. Al fin va a tener parcial razón Francisco cuando los acusa de pelagianos, aunque no del todo, pero sí semipelagianos. Con respecto a los niños sin uso de razón el sano cristianismo nunca los ha canonizado, fuera de los Santos Inocentes cuya figura es bien distinta, porque su gloria depende de la de la Iglesia y no de virtudes heroicas. Es otra desviación, bien frecuente en los católicos modernistas que ya no hablan de muerte sino de pascua de los que fallecen. Un verdadero panegírico apuntaría que Dios tendrá misericordia de su servidora (sin certeza moral sino con esperanza teologal) y la tendrá en su santa gloria, pero no orando mediante su intercesión, en arriesgada osadía, sino orando en su sufragio, en caritativa y obligada acción de comunión”.

Otro:

“Los católicos no lefebvristas podemos adherir fácilmente a su comentario. Pero no deja de llamarnos la atención que los integristas o tradicionales sean aquí partidarios del santo súbito y no incluyan ningún Dies Irae. O será que la verdad defendida por la iglesia también posconciliar se impone sobre los rigores del tradicionalismo cuando las papas queman. De lo que no cabe duda es del destino de salvación de esas almas”. (Subrayados míos)

Aclaro que es muy común la aparición de este tipo de comentarios, que algunas veces tienen “trampa” en lo temas que plantean, o dan el grito en un lado y ponen el huevo en otro. Por ejemplo, se hacen pasar por “posconciliares”, aunque posiblemente sean originados en personas que han asumido una batalla verbal contra cierta imaginaria “neofraternidad”.  No sé si esto viene de ese lado, pero creo que revela un problema de rigidez (no de rigor) intelectual.

Para empezar, se olvida el género literario al que pertenece la nota criticada. Que no es un ensayo sobre temas teológicos, sino la semblanza de una persona muerta, cuyas virtudes nos han impresionado. Naturalmente, al calor de la emoción y la amistad podemos tender a hacer un juicio menos objetivo que el que requeriría una “canonización”. Pero ninguna persona –no digo inteligente, porque la inteligencia a veces convive con la más flagrante falta de sentido común- ninguna persona sensata, pues, podría decir que esa recordación tiene la intención de “canonizar” a la persona recordada. Decía Belloc de Chesterton “Está en el cielo”. Sin intención de canonizarlo ni de inaugurar la costumbre del “santo subito”. El estaba moralmente seguro, no importa el valor que eso pueda tener. Era su opinión.

La certeza moral sobre las virtudes de una persona no pertenece ni deja de pertenecer a ninguna piedad tradicional. Es un juicio personal sobre lo que por las obras de una persona se puede presumir es su interior. “El árbol se conoce por los frutos”. Es más, usé la expresión “certeza moral” separándola de la “certeza teológica” que tenemos de la salvación de la niña de cuatro meses, cuya semblanza también hiciera en su ocasión, y que parangoné con esta. En el primer caso, el de la niña, sabemos que está en el cielo, y no necesita de oraciones porque murió con su inmaculada veste bautismal. No me meto a discernir cuestiones (muy legítimas por cierto) sobre méritos y gracias. La niña está en el cielo, se salvó, eso es seguro. Luego se le pueden pedir gracias, porque es un alma bienaventurada.

En el caso segundo, el de la virtuosa mamá, no tengo la certeza teológica (para eso sí debería mediar una causa de canonización) pero sí moral, es un juicio personal. No pretendo que lo asuma la comunidad católica, es un testimonio que muchos comparten porque conocían a la persona recordada. Se recrimina que no se hayan pedido oraciones. Es una decisión, digamos así, estética. Van de suyo, y de hecho la persona fallecida tuvo su misa de réquiem. Con el Dies irae incluido. Bellísima liturgia, por cierto. En la cual, al final se canta el himno In paradisum… Esto es liturgia de la Iglesia, no recordatorio ni nota personal de un particular.

 

 

Además, no todo es misericordia, también hay mérito en la salvación de un alma. Lo que afirma el comentarista sí debería ser revisado teológicamente.

Los pelagianos no creían en el pecado original. La niña en cuestión estaba bautizada, de modo que ya tenía su alma libre del pecado original. No veo en qué podría tener razón Francisco, supuesto que su acusación de “semipelagianismo” quiera decir algo… La esperanza teologal va de suyo, no es necesario mencionarla, porque si creo que la niña está en el cielo es porque creo en las promesas de Cristo, en lo cual consiste la “esperanza” sobrenatural. En el caso de la mamá muerta, aún sin certeza moral (como me ocurre en muchos otros casos de personas muertas a las que no he dedicado una semblanza) tengo siempre esperanza en la misericordia divina, aún cuando hayan muerto aparentemente en pecado grave. Porque dada la confusión que pesa sobre los pobres pecadores (que somos todos) pero sobre algunos más que sobre otros, el pecado mortal objetivo no siempre resulta ser falta grave subjetiva. Claro que eso no es objeto de mi certeza moral sino tan solo de mi confianza en la misericordia divina.

La frase ¿O será que la verdad defendida por la iglesia también posconciliar se impone sobre los rigores del tradicionalismo cuando las papas queman? De lo que no cabe duda es del destino de salvación de esas almas”, me resulta oscura y contradictoria. ¿Qué doctrina se abandona cuando las papas queman? La de que una persona que vive y muere virtuosamente tiene grandes probabilidades de estar en el cielo o en sus umbrales, expresión que el lector cauto entenderá como “en el purgatorio”. Cauta interpretación de una formulación más cauta aún. Porque la persona recordada podría estar en el purgatorio, sí, aunque el primer viernes saldrá de él según la promesa de Nuestra Señora del Carmen habiendo muerto con el bendito escapulario. Pero aún en el purgatorio es un ánima bendita a la que se puede encargar que, por caridad ruegue por nosotros ante Dios, a quien no puede ver aún pero ama intensamente. Que lo haga, al menos cuando pase a la visión beatífica, con nuestra ayuda, por la comunión de los santos.

En fin, por no darle más importancia de la que tienen estos comentarios, huelgan más consideraciones. La nota no tiene errores teológicos -ni se aleja de la espiritualidad tradicional- más bien los tienen los comentarios citados. Lo que se reclama como faltante está implícito. Y si –como dice el segundo- no cabe duda del destino de salvación de esas almas, ¿para qué cuerno escribe un comentario tan fuera de lugar como odioso?

Rigidez mental, bajo capa de rigor, es lo que anima a estos comentaristas. Por eso los sospecho del lado de donde no parecen venir.

 

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