Methol Ferré, Francisco y la razón de ciertas cosas
Nos llega un comentario de Sandro Magister que desentona con la línea que ha mantenido desde el advenimiento de Francisco al Solio Pontificio. A propósito del libro (Alberto Methol Ferré y Alver Metalli) “El Papa y el Filósofo”, el comentario de Magister no solo desentona, sorprende por la debilidad del análisis.
Nos llega un comentario de Sandro Magister que desentona con la línea que ha mantenido desde el advenimiento de Francisco al Solio Pontificio. A propósito del libro (Alberto Methol Ferré y Alver Metalli) “El Papa y el Filósofo”, el comentario de Magister no solo desentona, sorprende por la debilidad del análisis.
El post, que puede leerse completo aquí, afirma que en la base del pensamiento bergogliano (nada original, dice Magister) hay influencias diversas, entre las que destaca Alberto Methol Ferré, filósofo uruguayo muerto en 2009, como referencia del desconcertante estilo de Francisco. No solo eso, agregamos nosotros: Bergoglio fue amigo personal y mecenas del autor mencionado.
La relación entre sus referencias al demonio, al pecado y la corrupcción, al “pensamiento único” que pretende subyugar a la humanidad, al poder del dinero, etc., -con que Francisco suele matizar sus cotidianas homilías- y su praxis pastoral y diplomática resulta inexplicable para quien no conoce la historia del personaje. Con buena intuición, Magister en su momento la describió así: las “censuras” de Francisco son aseveraciones abstractas, nunca dirigidas en tiempo y forma a los censurados con ocasión de los hechos que las motivan. O sea, es un modo de proceder que consiste en hablar de un enemigo más bien abstracto y callar cuando el enemigo concreto actúa de un modo concreto.
Esta sí es una buena descripción de la forma de proceder de Bergoglio, aunque no alcanza como explicación y da lugar a presunciones inquietantes. Lo más razonable, nos parece, después de observar su modo de proceder a lo largo de los años es la explicación de muchos en Buenos Aires: Bergoglio tiene una asombrosa habilidad para decirle a cada uno lo que cada uno quiere oír. Sin que esto, por cierto, lo haga sentir comprometido con lo que cada uno ha creído percibir era su profunda convicción. Su «crítica» a los poderes del mundo debe evaluarse a la luz de su cordial relación con los representantes de esos poderes.
No obstante lo cual, Magister da esta explicación:
«Jorge Mario Bergoglio no ama la confrontación directa y pública con los poderosos del mundo. Deja actuar a los episcopados locales. Pero no le hace sombra al propio disenso y tiende a señalar su propio distanciamiento. En la foto de los encuentros oficiales se pone en pose con el rostro rígido, a pesar de las exageradas sonrisas del socio de turno, en este caso el jefe de la máxima potencia mundial.
No podría obrar de otro modo, dado el juicio radicalmente crítico que el papa Francisco alimenta dentro de sí, respecto a los actuales poderes mundanos.
Es un juicio que él jamás ha explicitado en forma completa. Pero lo ha hecho fulgurar muchas veces, por ejemplo, con su frecuente referencia al diablo como gran adversario de la presencia cristiana en el mundo, al que ve obrando detrás de la pantalla de los poderes políticos y económicos. O bien cuando se lanza – como en la homilía del 18 de noviembre de 2013 – contra el “pensamiento único” que quiere subyugar a toda la humanidad, también al precio de “sacrificios humanos”, con numerosas “leyes que lo protegen”.

Para colmo, Magister elige como prueba de su argumento una fotografía en la que Francisco aparece serio al lado de Obama. En tanto hay decenas de otras tomadas en la misma ocasión que muestran lo contrario: gestos de gran cordialidad y amplias sonrisas de Bergoglio dedicadas a su visitante. Flojito, nos parece.
Confiamos en que no sea el prolegómeno de un cambio en su línea editorial, tan lúcida hasta aquí.
* * *
No obstante lo cual, el punto más importante de la argumentación es otro: Methol Ferré, el «filósofo» que guía el pensamiento bergogliano, se declara enemigo del mundialismo ateo reformulado a modo de «ateísmo libertino», dice Magister, refiriendo su impresión sobre el libro. Y cita palabras del entonces Card. Bergoglio en la presentación del mismo, reeditado recientemente en Buenos Aires, aunque, intuimos, es el mismo que en 2005, también en Buenos Aires, bajo el título «La América Latina del Siglo XXI» dio ocasión a nuestro comentario. O al menos, más de lo mismo.
De la presentación de Bergoglio cita Magister este párrafo:
«El ateísmo hedonista, junto a sus ‘complementos del alma’ neognósticos, se ha transformado en vigencia cultural dominante, con proyección y difusión globales, convertido en atmósfera del tiempo que vivimos, en nuevo ‘opio del pueblo’. El ‘pensamiento único’, además de ser social y políticamente totalitario, tiene estructura gnóstica: no es humano; reedita las variadas formas de racionalismo absolutista con que culturalmente se expresa el hedonismo nihilista al que se refiere Methol Ferré. Campea el ‘teísmo spray’, un teísmo difuso, sin encarnación histórica; a lo más creador del ecumenismo masónico».
Lo cual, para el destacado vaticanista italiano, es antecedente de la estrategia papal: ni la confrontación ni la exposición doctrinal inarticulada, sino «su insistencia en una Iglesia capaz de “hacer arder el corazón”, de curar todo tipo de enfermedad y de herida, de retribuir felicidad».
La “confrontación” no la hemos visto nunca, salvo bajo forma de fraseología muy abstracta, o indescifrable, como la del citado texto. El «juicio radicalmente crítico que Francisco alimenta dentro de sí» es un poco difícil de evaluar sin el don de la omnisciencia. La exposición articulada de la doctrina (remedio razonable de una exposición inarticulada) también brilla por su ausencia. En concreto, esta terminología abstrusa no ilumina las mentes en nada, aunque sugiera mucho de lo que luego nunca vemos puesto en acción, sino más bien lo contrario.
Sin embargo Magister acierta al relacionar el modo de actuar del papa Francisco con el pensamiento de Methol Ferré. Pero no tanto en la comprensión del pensamiento de Methol Ferré, que claramente, a pesar de sus condenas, alza la bandera de las causas que se propone condenar. Ferré es un modernista, no le pidamos integridad lógica. Tampoco a Francisco.
Para probar lo cual nos interesa reproducir unas declaraciones de Ferré a La Nación con motivo de la presentación del libro en Buenos Aires. La nota fue titulada: “No es tiempo de un papa latinoamericano” (abril de 2005, bajo sede vacante, entre la muerte de Juan Pablo II y la elección de Benedicto XVI). Allí dice entre muchas cosas:
«-P: Se ha dicho que el futuro papa no tendrá que luchar contra estructuras políticas o ideológicas demasiado visibles, pero sí tendrá que confrontar con transformaciones culturales cada vez más desafiantes. ¿Coincide?
-Methol Ferré: Yo creo que éste es un instante de gran perplejidad, de acumulación de problemas. Cuando se juntan los cristianos para ver los problemas del mundo no logran articular una visión de la coyuntura en su conjunto.
-P: ¿Usted cree que hay temas que inevitablemente habrá que encarar?
Methol Ferré: Sí… la sociedad contemporánea hace inevitable una reflexión muy profunda sobre temas hasta ahora no abordados, probablemente porque en el repertorio de los desafíos de la Iglesia eran nuevos y de segundo orden. Pero hoy resultan mucho más ostensibles. Hace apenas diez años el asunto de la unión de homosexuales no se planteaba, o si se planteaba era en algún núcleo ínfimo, pero no era una ola, como lo es hoy. Para mí, resulta obvio que la unión civil de los homosexuales no es un matrimonio, porque el matrimonio implica la reproducción, pero eso no significa que la Iglesia, ante situaciones especiales, pueda llegar a aceptar la unión civil de estas personas. Entonces aunque no se le ponga el mismo rango que el matrimonio, ya que está justamente en las antípodas de lo que significa el matrimonio, de algún modo ese mal puede encerrar un bien. Estas son cosas que se tienen que empezar a discutir en la Iglesia con un análisis que no sea juridicista y abstracto. La sociedad no tiene por qué legislar como si todos sus miembros fueran religiosos y católicos.
-P: Proyectos como la educación sexual en las escuelas, la despenalización del aborto, el uso de profilácticos para prevenir el sida y otras cuestiones prometen encrespar más las aguas entre la Iglesia y los gobiernos civiles de la región. ¿Cómo prevé que evolucionará la relación en estos aspectos?
Methol Ferré: Yo soy partidario, en general, de que haya educación sexual a las edades que corresponda. Me parece obvio. Ahora, por supuesto, esa educación puede ser de múltiples contenidos y múltiples significados. Yo soy partidario de que se enseñen bien los aspectos físicos, psíquicos, espirituales, porque si no, ponemos a los chiquilines a ver cine XXX y listo, ¿no le parece? En cuanto a otros temas, como el uso del preservativo, la Iglesia se recuesta en la intimidad del confesionario. La diferencia entre Calvino y la Iglesia Católica es que para Calvino todo pecado era mortal. La Iglesia distinguió siempre entre pecado mortal y venial. Para mí, el preservativo es un asunto venial, pero necesario, porque si no el matrimonio se expone a tener veinte hijos, y eso es imposible. Lógicamente, la Iglesia no puede decir urbi et orbi «Usen preservativo», pero lo contempla, caso por caso.
-P: Pero la Iglesia no dice que eso queda librado al confesionario…
-Methol Ferré: Yo digo que ésa es, un poco, la realidad.
-P: ¿No es un doble discurso?
–Methol Ferré: No; es aconsejar ante cada caso concreto. Es no herir la esencia del asunto desde el principio, es tratar de que las heridas sean menores. La Iglesia no lo recomienda, pero es consciente de que una buena educación sexual evitaría muchos abortos y es mejor usar un preservativo que exponerse a un aborto. ¡Por Dios! El aborto es una cosa muy grave. Para la Iglesia, desde que un óvulo es fecundado hay un ser humano, y punto. Ahí sí que no hay matiz posible. Por eso yo digo que era mucho más fácil ser monje en el siglo XI? Hoy vivimos en un mundo erotizado y en una cultura que no tiene parangón en la historia mundial, que plantea todos estos problemas.
P: -Y usted, ¿qué piensa?
-Pienso que el enemigo principal es lo que yo llamo el ateísmo libertino, que está en el corazón de la sociedad opulenta euronorteamericana y que consiste en la gratificación de todos los deseos. La gente tiene como valor fundamental la satisfacción de sus deseos. Esa es la propaganda que irradia el capitalismo y que está ligada a las nuevas formas de comunicación y, por supuesto, al deseo fundamental, que es Eros. El ateísmo mesiánico se transformó en una rueda de placer del poder y de poder del placer. Esa es la rueda que empieza a hacer girar la sociedad de consumo del mundo capitalista actual, como no había ocurrido nunca antes. El capitalismo nos ofrece millones de cosas buenas, pero -sobre todo en los países pobres- también se multiplican los problemas de los paraísos artificiales, como la corrupción, la droga, la pedofilia. Un mundo donde todo es posible.
De donde, la notable coincidencia entre Bergoglio con su praxis y Methol Ferré con su teoría resulta evidente, pero más completa y explícita en estas declaraciones, y no tan sorpresivamente esperanzadora como en el post del prestigioso Sandro Magister que comentamos.
Para ambos, papa y filósofo, parece, la Iglesia debe reconciliarse en la praxis o «pastoral» con las posturas de ese “teísmo spray” o del “materialismo hedonista”, cuya influencia en la sociedad actual sobrepuja toda fuerza humana y divina. Toda «exposición de doctrina» será per se «desarticulada», por eso no se practica ninguna. Solo estas difusas exhortaciones a un «amor» que «hace arder el corazón» y «cura heridas» procurando «la felicidad». Aunque más no sea por la fuerza de las circunstancias y para minimizar los daños colaterales. Ya que resultan tendencias demasiado fuertes como para confrontarlas, por perversas que sean…
Y esto sí da cuenta clara de la forma de actuar de Bergoglio antes y después de ser papa. Es un pragmatismo crudo que se supone justificado porque actúa -supuestamente- en el plano pastoral «sin tocar la doctrina». Es el argumento de Kasper. Es la explicación del «¿quién soy yo para juzgar?». Y a la hora del pragmatismo, lo que conviene es una aceitada relación con los poderosos siempre libres de culpa, y los que molestan son los «doctrinarios», siempre necesariamente hipócritas encerrados en la Iglesia, sin horizontes de «confines» tan necesarios para sobrevivir en estos tiempos.
Nota: Resulta interesantísimo leer hoy completa la entrevista a Methol Ferré en ocasión de la elección papal en curso en ese momento. Ya se ve el programa trazado por … sabe Dios quien, que se cumplió a la perfección.

