Bergoglio, el general que quiere vencer sin combatir
«Jamás he comprendido la expresión valores no negociables», dijo en su última entrevista. Y en un libro, su más estrecho colaborador explica por qué el papa Francisco evita meticulosamente el enfrentamiento frontal con la cultura dominante.
«Jamás he comprendido la expresión valores no negociables», dijo en su última entrevista. Y en un libro, su más estrecho colaborador explica por qué el papa Francisco evita meticulosamente el enfrentamiento frontal con la cultura dominante.
ROMA, 10 de marzo de 2014 – Víctor Manuel Fernández es el primer argentino nombrado obispo por Jorge Mario Bergoglio, dos meses después de su elevación al papado.
Era y sigue siendo rector de la Universidad Católica Argentina, impuesto en este cargo por el entonces arzobispo de Buenos Aires, venciendo la hostilidad de una aguerrida fila de opositores dentro y fuera de la Iglesia.
Pero es también desde hace años el más fiel colaborador de Bergoglio en la redacción de sus textos capitales, desde el documento de Aparecida (2007) hasta la «Evangelii gaudium» del 2013, la carta programática del actual pontificado.
El libro-entrevista «La Iglesia del papa Francisco» – publicado en estos días en Italia y en Argentina –, en el que Fernández explica y comenta el programa papal, es entonces una buena guía para comprenderlo más a fondo.
Hay un pasaje del libro, en el que Fernández hace mención a la metamorfosis que se produjo en Bergoglio antes y después de su encumbramiento como Papa:
«Cuando él era Arzobispo ya se estaba retirando, y prefería no aparecer mucho. Además, había demasiadas persecuciones de parte de sectores muy conservadores de la Iglesia, y creo que eso lo tenía muy preocupado. Ahora, con el papado y el nuevo don del Espíritu Santo sobre su persona, ha dejado liberar sin temores lo mejor de sí mismo. Eso ha renovado sus energías y su entusiasmo».
En otro pasaje, Fernández explica así la discreción del entonces arzobispo de Buenos Aires:
«Hubo sectores que pusieron un fuerte acento en la seguridad doctrinal, en el honor de la Iglesia y en su auto preservación, que se sentían representados por algunas autoridades eclesiales. A decir verdad, los sectores que tenían un proyecto algo diferente, como el Cardenal Bergoglio y tantos otros, fueron muy respetuosos de esas opciones o al menos las acompañaron silenciosamente».
Fernández no dice más. Pero para saber más sobre ese período atormentado de la vida de Bergoglio hay otro libro, publicado hace pocos meses en Argentina y en Italia, escrito por la vaticanista Elisabetta Piqué, quien es la biógrafa más informada y digna de atención del actual Papa: «Francisco. Vida y revolución».
En el frente adverso a Bergoglio se destacaban los cardenales Angelo Sodano y Leonardo Sandri, éste último de nacionalidad argentina. Mientras que en Buenos Aires atraía la fila de los opositores el nuncio Adriano Bernardini, en el cargo desde el 2003 al 2011, con los numerosos obispos que él hizo nombrar, casi siempre en discordancia con las indicaciones y las expectativas del entonces cardenal de Buenos Aires.
El 22 de febrero del 2011, fiesta de la Cátedra de san Pedro, Bernardini pronunció una homilía que fue interpretada por casi todos como una arenga en defensa de Benedicto XVI, pero que en realidad era un durísimo ataque a Bergoglio.
El nuncio puso bajo acusación a esos sacerdotes, a esos religiosos y sobre todo a esos obispos que teniendo un “perfil bajo” dejaban solo al Papa en la batalla pública en defensa de la verdad.
«Debemos reconocer – dijo – que ha aumentado año tras año, entre los teólogos y los religiosos, entre las monjas y los obispos, el grupo de los que están convencidos que la pertenencia a la Iglesia no comporta el reconocimiento y la adhesión a una doctrina objetiva».
Era exactamente ésta la culpa que se le imputaba a Bergoglio: no enfrentar la ofensiva laicista, no defender la doctrina de la Iglesia sobre los principios “no negociables”.
En alguna medida era verdaderamente así. El entonces arzobispo de Buenos Aires no soportaba la “rigidez obsesiva” de ciertos eclesiásticos sobre las cuestiones de moral sexual. “Estaba convencido – escribe Elisabetta Piqué – que lo peor sería insistir y buscar la confrontación en estas temáticas».
Hubo un episodio que ejemplifica la línea de Bergoglio:
«En el 2010, en medio de la batalla del episcopado para impedir la legalización del matrimonio entre personas del mismo sexo en Argentina, nace la idea de hacer una vigilia de oración [frente al Parlamento]. Esteban Pittaro, de la Universidad Austral (del Opus Dei), manda entonces un correo electrónico al arzobispado de Buenos Aires, informando sobre el tema. Al día siguiente encuentra una llamada sin respuesta y se da cuenta que es un número de la arquidiócesis. Esteban llama y le responde Bergoglio en persona. ‘Me parece muy hermoso que recen. Pero el hecho que quieran permanecer toda la noche en la plaza… ¡Hará frío, vayan a casa, recen en casa, en familia!’, le dice el cardenal. Apoyaba la marcha, pero tenía razón al desaconsejar la vigilia, porque al día siguiente hubo manifestaciones a favor del matrimonio homosexual. Y él quería evitar la confrontación’, cuenta Pittaro».
Si éstos son los antecedentes, entonces no sorprende que Bergoglio, convertido en Papa, dicte esta misma línea de conducta a toda la Iglesia.
Es la línea de conducta que la «Evangelii gaudium» ha expuesto al mundo. Y que en el libro-entrevista del obispo Fernández explicita todavía más, con la ostentada seguridad de quien muestra conocer a fondo el pensamiento del Papa.
Van como ejemplo los siguientes puntos:
PRINCIPIOS «NO NEGOCIABLES»
El Papa Francisco no es ingenuo. Nos propone situarnos en el contexto de la cultura actual de un modo muy realista. Invita a reconocer que la velocidad de las comunicaciones y la selección de contenidos que realizan los medios, nos ponen frente a un nuevo desafío. […] Cuando la Iglesia habla excesivamente de cuestiones filosóficas o de ley natural, eso supuestamente se hace para poder dialogar sobre temas morales con el mundo incrédulo. Pero al hacerlo por un lado no convencemos a nadie con los argumentos filosóficos, y nos perdemos la oportunidad de anunciar a Jesucristo, de hacer “arder los corazones”. En cambio, si uno hace arder los corazones, o al menos logra mostrar el atractivo del Evangelio, entonces sí las personas se disponen a conversar sobre una respuesta moral. […]
Por ejemplo, no sirve de mucho hablar en contra del matrimonio homosexual, porque la gente tiende a vernos como seres resentidos, crueles, poco comprensivos e incluso exagerados. Otra cosa es cuando hablamos de la belleza del matrimonio y de la armonía en la diferencia que resulta de la alianza entre un varón y una mujer, y en ese contexto positivo brota casi sin necesidad de decirlo lo inadecuado de utilizar la misma denominación y llamar “matrimonio” a la unión de dos homosexuales. […]
El Papa nos pide que no hablemos “siempre” y “solamente” de algunos principios morales por dos razones: para no cansar a los demás obteniendo un efecto de saturación y rechazo, pero sobre todo para no desfigurar la armonía de nuestro mensaje.
CELIBATO DEL CLERO
Nosotros insistimos en que hay muchas personas casadas que son pedófilas. Pero por más que intentemos explicarlo, en la sociedad no nos creen. Hay una convicción muy generalizada de que el celibato obligatorio y los ambientes sacerdotales formados sólo por varones facilitan el desarrollo de inclinaciones no sólo homosexuales sino también abusivas. Por eso, más allá de que nos convenza o no ese razonamiento, creo que tenemos que escuchar más al Pueblo de Dios y que posiblemente sea conveniente que al menos abramos un amplio debate sobre celibato obligatorio. […]
En realidad creo que pesa más la costumbre que las convicciones, porque usted sabe que el celibato no es inseparable del sacerdocio y que hay sacerdotes católicos en Oriente que están felizmente casados. Pero con respecto a eso el Papa ha dicho algo muy interesante y desestabilizador, que vale la pena recordar: “En su constante discernimiento, la Iglesia también puede llegar a reconocer costumbres propias no directamente ligadas al núcleo del Evangelio, algunas muy arraigadas a lo largo de la historia, que hoy ya no son interpretadas de la misma manera y cuyo mensaje ya no suele ser percibido adecuadamente. Pueden ser bellas, pero ahora no prestan el mismo servicio en orden a la transmisión del Evangelio. No tengamos miedo de revisarlas”. […] Hay que preguntarse si los motivos que hubo en Oriente para admitir sacerdotes casados no valen también hoy para el Occidente.
COMUNIÓN A LOS DIVORCIADOS QUE SE HAN VUELTO A CASAR
Será un tema que se debatirá en los próximos Sínodos, y el Papa escuchará las diversas opiniones. […] Sin embargo, en Evangelii Gaudium nos ha dado una orientación importante para la reflexión, que no podremos ignorar: llega a decir que “tampoco las puertas de los sacramentos deberían cerrarse por una razón cualquiera” y que la Eucaristía “no es un premio para los perfectos sino un generoso remedio y alimento para los débiles”. Recomiendo no dejar de leer las palabras de San Ambrosio y de San Cirilo que coloca en la cita 51, porque invitan a no ser rigoristas en la admisión a la Eucaristía. Tampoco podemos ignorar que al hablar de este tema pide prudencia, pero también “audacia”, y reclama que no nos comportemos como “controladores de la gracia”.
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En la nota 51 de la «Evangelii gaudium» están las frases de los dos Padres de la Iglesia que el papa Francisco aplica a la comunión para los divorciados que se han vuelto a casar:
San Ambrosio, en «De Sacramentis»: «Tengo que recibirle siempre, para que siempre perdone mis pecados. Si peco continuamente, he de tener siempre un remedio». Y también: «El que comió el maná murió; el que coma de este cuerpo obtendrá el perdón de sus pecados».
San Cirilo de Alejandría, en el Comentario al Evangelio según san Juan: «Me he examinado y me he reconocido indigno. A los que así hablan les digo: ¿Y cuándo seréis dignos? ¿Cuándo os presentaréis entonces ante Cristo? Y si vuestros pecados os impiden acercaros y si nunca vais a dejar de caer – ¿quién conoce sus delitos?, dice el salmo –, ¿os quedaréis sin participar de la santificación que vivifica para la eternidad?».
Fuente: Chiesa
Comentario Druídico: Magister es el vaticanista que habla con más claridad sobre la situación de la Iglesia bajo Francisco. No tan claro como de Mattei, Gnochi o Palmaro, que estrictamente no lo son, sino más bien historiadores, doctrinarios o apologistas. Pero Magister tiene al hábito periodístico y distingue muy bien entre dichos y hechos, y sabe leer antecedentes.
Por otra parte, así todo este confuso tema de la nueva «pastoral» que se anuncia sin renegar de la «doctrina», ya debidamente analizado en estas páginas, diera como resultado unas conclusiones sinodales muy vagas, mucho menos explícitamente «progresistas» de lo que esperan los obispos del norte de Europa, la labor destructiva se habrá consumado. Porque el «magisterio» hoy y desde el Vaticano II in crescendo lo ejercen los medios. Los católicos se nutren de los titulares, o tal vez, en el mejor de los casos, de los artículos de «opinión» para «esclarecerse» sobre lo que la Iglesia manda. Francisco bendice con entrevistas a diarios, revistas y periodistas bien alejados de la ortodoxia doctrinal. Agregado a esto el lenguaje delibaradamente confuso de los documentos formalmente «magisteriales», el resultado no puede ser otro.
Sorprendería que el Papa, insisto, «formalmente», afirme algo en abierta contraposición con la doctrina moral. Pero sí lo hace en abierta y flagrante confusión. El trabajo ya está hecho.

