Es absurdo seguir a Cristo y no a la Iglesia
Por lo cual se apartan de la verdad divina aquellos que se forjan la Iglesia de tal manera, que no pueda ni tocarse ni verse, siendo solamente un ser neumático, como dicen, en el que muchas comunidades de cristianos, aunque separadas mutuamente en la fe, se junten, sin embargo, por un lazo invisible». (Encíclica Mystici Corporis Christi).
Valiosísimo aporte de Francisco a la integridad de la Fe Católica: no es posible seguir a Cristo verdaderamente si no se pertenece y acepta a la Iglesia Católica.
Por lo cual es conveniente recordar aquí aquello que repitió en su momento el papa Pío XII al hablar de la Iglesia – Cuerpo Místico de Cristo: «Que la Iglesia es un cuerpo lo dice muchas veces el sagrado texto. Cristo -dice el Apóstol- es la cabeza del cuerpo de la Iglesia. Ahora bien si la Iglesia es un cuerpo, necesariamente ha de ser uno e indiviso, según aquello de San Pablo: Muchos formamos en Cristo un solo cuerpo. Y no solamente debe ser uno e indiviso, sino también algo concreto y claramente visible, como en su encíclica Satis cognitum afirma Nuestro predecesor León XIII, de feliz memoria: Por lo mismo que es cuerpo, la Iglesia se ve con los ojos. Por lo cual se apartan de la verdad divina aquellos que se forjan la Iglesia de tal manera, que no pueda ni tocarse ni verse, siendo solamente un ser neumático, como dicen, en el que muchas comunidades de cristianos, aunque separadas mutuamente en la fe, se junten, sin embargo, por un lazo invisible». (Encíclica Mystici Corporis Christi).
Por lo cual, todo intento de concebir a la Iglesia Católica como «parte» de la Iglesia de Cristo, y no identificarla neta y completamente con Ella es falacia y doctrina heterodoxa.
De modo que este aporte de Francisco a la recordación de la Fe católica en la materia parece ir a contrapelo del ecumenismo, donde cultos y sectas que se dicen cristianas niegan la exclusividad de la Iglesia Católica en el atesoramiento de la doctrina de Cristo, y en la administración de su gracia por la vía ordinaria de los sacramentos. Y niegan los dogmas de la Fe que la Iglesia ha custodiado con celo incomparable a lo largo de su historia, y por desgracia parece haber abandonado en los tiempos presentes.
Y más a contrapelo aún con los que no reconocen a Cristo como Dios-Hombre Redentor y lo reducen a la categoría de «profeta», niegan su doctrina o expresamente lo llaman «impostor».
¿Qué dirá Francisco a estos para explicar lo que ha dicho -enhorabuena- sobre la intrínseca relación entre la Fe de Cristo y la Iglesia Católica?

