La Hora de los Inútiles
Nuevamente, Sandro Magister, el único vaticanista que parece haber conservado cierto sentido común ante las actuales circunstancias en la Santa Sede, pone foco en hechos reales silenciados por la prensa.
Nuevamente, Sandro Magister, el único vaticanista que parece haber conservado cierto sentido común ante las actuales circunstancias en la Santa Sede, pone foco en hechos reales silenciados por la prensa.
Aunque en este caso señala algo que la prensa, o más bien los escribas papales, no han dejado pasar en virtud de la debida justicia a los agraviados: la deuda pendiente de la Congregación para la Educación Católica con el Card. Bergoglio. Deuda que señala Elisabetta Piqué en su “libro” sobre Francisco y una tal revolución. Tan “libro” como el del rabino Bergman, si se me permite, o sea, una colección de textos laudatorios escritos a las apuradas.
Pero la buena de Elisabetta tiene un mandato. Hay que pasar la cuenta a Zenón Grocholewski, el actual prefecto de la Educación, que en virtud y usos de la “romanitá” no ha sido expelido del cargo todavía, ya que en menos de un año deberá renunciar por razones de edad. Lo que se ha hecho es renovar –léase, remover a los que rodean al Prefecto- en el porcentaje necesario como para que pase a ser figura decorativa hasta su merecido retiro.
Nos quedó por apuntar que Elisabetta recuerda con detalles la odisea personal de “Tucho” Fernández (@Tuchofernandez), hoy Monseñor Tucho, para lograr su confirmación como Rector Magnífico de la Pontificia Universidad Católica Argentina, UCA. Ni con cartas del Cardenal de Buenos Aires le daban audiencia para presentar su caso, algo controvertido, o si se la daban, llegado el momento, dicha audiencia era revocada. Señal más que clara de que la opinión del Dicasterio, al menos de su titular, no se inclinaba a confirmar a la persona en el cargo solicitado.
Sin pelos, en la lengua al menos
Victor Manuel Fernández tenía méritos de sobra para asumir tal cargo, a juicio del Card. Bergoglio. Fue el ghost writer del famoso documento de Aparecida, donde tanto mérito ganó la figura del actual papa, y tal vez de otros documentos que figuran como de la mano del cardenal, previos y posteriores. Pero el más notable de todos es la Exhortación Apostólica Evangelii Gaudium, en donde la sospecha se confirma: Tucho resulta insólitamente citado como autor de un texto digno de un documento pontificio. Toda una señal de la seriedad con que se escriben los textos magisteriales bajo la presente administración.
Fernández, en su artículo “Bergoglio a secas”, que citamos en este sitio otrora para señalar ciertos casticismos del neoarzobispo (“No jodamos… Bergoglio no cagó a nadie” sic), vuelve a tener interés a la luz de los cambios en el mentado dicasterio romano, como bien señala Magister. No solo Elisabetta sino también el estoico protagonista, Tucho, recuerda cómo su candidatura fue rechazada in limine, por medios que en el uso curial resultan habituales para invitar al aspirante a desistir de sus pretensiones, en especial si es apadrinado por algún prelado a quien un NO directo resultaría poco amable. Fernández, sin embargo, no se arredró, menos aún cuando el propio Card. Bergoglio lo sostuvo todo el tiempo moral y políticamente. Aquí su propio relato.
Una triste experiencia personal
Cuando, después de un tiempo de “prueba” que acordamos, el cardenal Bergoglio envió el pedido a Roma para que yo jurara formalmente como rector de la Universidad Católica, descubrimos que desde Argentina habían enviado algunos artículos míos porque los consideraban poco ortodoxos. Para mostrar lo burdo del asunto, destaco que uno de estos escritos era una brevísima nota periodística que yo había publicado muchos años atrás, por pedido de mi obispo, en un diario de Río Cuarto. En esa nota completamente ortodoxa, yo decía en pocas palabras que la Iglesia no condena a los individuos, pero se opone al matrimonio homosexual porque quiere sostener una determinada concepción del matrimonio. Aunque esa nota podría haber sido escrita por San Josemaría, me objetaban que allí yo no ofrecía todos los argumentos filosóficos que requiere un tratamiento completo contra el matrimonio homosexual. ¿Quién, entonces, podría atreverse a escribir una nota periodística, un artículo de divulgación, o intentar algún diálogo con la cultura?
(Sería interesante conocer los otros escritos enviados como prueba de heterodoxia, discretamente omitidos aquí. Comentario subrepticio del Druída)
Por otra parte, llama la atención que esos escritos no habían sido cuestionados anteriormente, ni para mi designación como profesor ordinario, ni como invitado a Aparecida, ni como decano de la facultad de Teología, tres instancias que requerían una aprobación de la Santa Sede. ¿Qué extraños intereses había en la Universidad Católica que aparecían aquellos textos en ese momento (uno de ellos de veinte años atrás)? (…)
(Veamos, los artículos ¿eran o no heterodoxos?, porque la antigüedad cambia poco la cuestión, salvo que haya habido una rectificación, que en este caso no parece existir. Comentario subrepticio del Druída).
En aquella ocasión yo tenía previsto un viaje a Roma. Tenía temor de que no me atendieran, pero el Cardenal mandó una carta a una Congregación vaticana rogando que me escucharan. Recibí un e-mail que me confirmaba una fecha y hora en que me iban a recibir. Viajé con una copia de la carta de Bergoglio en la mano. Pero ya estando allá, un día antes me avisaron que no me iban a recibir. Llamé al Cardenal, quien lamentó profundamente el episodio (mejor no reproduzco las palabras que dijo), y me pidió paternalmente que tuviera paciencia y no me dejara vencer. Me dijo que si yo bajaba los brazos estaría confirmando que esas metodologías antievangélicas podían lograr su cometido. Como objetivamente estas acusaciones no podían sostenerse, Bergoglio aguantaba aplicando uno de los principios de Juan Manuel de Rosas que él siempre cita: “el tiempo prevalece sobre el espacio”.
(¡Viva la Santa Federación, canejo! Yo sabía que entre Bergoglio y yo había algo en común. Comentario subrepticio del Druída).
El año pasado pedí nuevamente audiencia a esa misma Congregación, que me la concedió. Cuando llegué allí me dijeron que no estaba registrado. Insistí y finalmente me atendieron sólo unos pocos minutos. En noviembre pasado, me anticipé a pedir audiencia para abril de este año. No me respondieron. Insistí en diciembre para poder organizarme. Tampoco tuve respuesta. El 4 de febrero pedí al Nuncio que reiterara mi pedido, pero tampoco él tuvo respuesta.
(Da la impresión de que en el Dicasterio no lo querían mucho al Tucho, ídem).
La semana pasada, después de la elección de Francisco, el Nuncio volvió a insistir, e inmediatamente obtuve la audiencia solicitada en la que espero hablar con absoluta sinceridad. Debo decir que esa Congregación suele recibir a cualquier sacerdote, e incluso a algunos que van sin haber pedido audiencia.
(Papa mata cardenal. Tucho triunfa en la adversidad. Idem).
Cualquiera que me conozca sabe que no soy un santo ni un mártir. Pero me parece que hasta la peor escoria humana merece un poco más de respeto. No juzgo las intenciones que pueda haber detrás de estos maltratos, pero sin duda indican un estilo que no es el de Bergoglio, quien solía devolver un llamado o escribir un cariñoso saludo aun a la vieja más sencilla que le hiciera llegar alguna inquietud”. dice Tucho sin resentimientos y con delicadeza hacia las ancianas.
Otro punto que sugiere el amanuense papal y sería interesantísimo conocer son las palabras textuales del entonces cardenal de Buenos Aires que él no se atreve a transcribir. Conociendo su cristiana mansedumbre, no habrá pasado de algún “recórcholis” seguido de una piadosa persignación.
Pero lo anecdótico no debe desviarnos de lo central. Así como Tucho llegó no solo a Rector Magnífico, sino a Arzobispo, después de haber sido cuestionado por el entonces Nuncio Bernardini y por el Dicasterio que entiende en la cuestión, así también pasó por lo suyo el actual arzobispo Alfredo Zecca, que fue tirado a menos en la terna por la sede de San Luis tras su meritorio paso por la UCA, para recalar finalmente en la más tradicional sede del Tucumán, Argentina.
Zecca fue también Rector Magnífico, aunque las malas lenguas que nunca faltan le atribuyeron siempre ausencia de méritos intelectuales y académicos, e inclusive ausencia a secas (o a Zeccas). Viajó mucho y administró sin fortuna los bienes de la UCA -que no son pocos- con un cierto detrimento patrimonial. De hecho la Universidad está en crisis financiera grave y ha conformado una comisión de notables para ponerla de pie nuevamente. Entre otras figuras, colabora Michel Camdessus, ex director-gerente del Fondo Monetario Internacional, lo cual pone cierta duda sobre el éxito de la misión.
Se dice, aunque no poseemos las pruebas, que durante la gestión del actual Mons. Zecca, además de evaporarse unos 20 millones de dólares del patrimonio de la UCA, se siguió una política de expulsión de los profesores de línea más tradicional. Reemplazados en general por otros de línea opuesta. Tarea que el Rector Zecca cumplió entre viajes y almuerzos, con notable eficacia.
Nos resta hablar de otro reputado inútil, Mons. Ricca, cuyas aventuras en los bares de homosexuales de Montevideo son consideradas “pecados de juventud” por el actual pontífice, que no es nadie para juzgar a un gay. Se sabe, y el propio Magister ha puesto a la luz con notable valentía, que Ricca convivía en la dicha nunciatura montevideana donde revistaba como diplomático, con un coronel de la Guardia Suiza retirado… retirado de la Guardia Suiza, pero activo en otros aspectos. Situación algo incómoda para el Nuncio, quien a pesar de sus reclamos no logró que se llevaran a ninguno de los dos hasta que lo pidió la propia cancillería del Uruguay, país liberal pero de buen gusto.
Ricca ahora forma parte del círculo aúlico de Francisco. A la vez que continúa teniendo bajo su patrocinio los alojamientos de la Santa Sede, inclusive la Domus Sanctae Martae. En esos variados lugares de residencia viven jóvenes seminaristas y noveles sacerdotes. No falta quien asegure que Ricca usa de tal influencia para llevar adelante su propia depredación, digamos así, moral…
Por razones de tiempo y elegancia no hablaremos de Francesca Inmacolatta Caouquí, la asesora pontificia en cueros. Ella entiende en cuestiones de prensa e imagen. Y la verdad es que tiene una muy buena imagen, hay que reconocerlo.
En fin, es la hora de los inútiles servidores, siervos inútiles que dice el evangelio. Al menos inútiles a los fines evangélicos, porque para la política, la rosca, la manipulación de fondos y otros menesteres parecen ser utilísimos.

