Panorama Católico

¿Resultados del Ecumenismo? Estos.

Cada vez que tratamos de encontrar algún resultado del empeño ecuménico de la Iglesia Católica, nacido al calor del Concilio Vaticano II, nos encontramos con lo mismo: reuniones costosas e inútiles, confusión en los fieles y en el clero. Degradación de la doctrina, cada vez más vaga, cuando no francamente herética. 

Cada vez que tratamos de encontrar algún resultado del empeño ecuménico de la Iglesia Católica, nacido al calor del Concilio Vaticano II, nos encontramos con lo mismo: reuniones costosas e inútiles, confusión en los fieles y en el clero. Degradación de la doctrina, cada vez más vaga, cuando no francamente herética.

Por supuesto, hay estructuras burocráticas fuertemente financiadas de las que viven los «ecumenistas profesionales», donde están incluidos curas y laicos. Estos lucran en contante y sonante, así como en «prestigio», viajes, carrera, y todas las prebendas que se han montado sobre este delirio moderno.

Como contraparte vemos otros resultados, bien concretos, sobre los católicos de a pie. Las sectas de todo tipo succionan fieles a la Iglesia, y los vuelven particularmente hostiles contra ella. Es común ver destrozos en imágenes religiosas católicas que la piedad popular venera en caminos o ermitas barriales. (Aquí habría que hacer un alto para denunciar el otro negocio, el de la «religiosidad popular», explotado por el clero, donde lo mismo da una supuesta aparición de la Virgen que un malandrín devenido en santo, como el Gaucho Gil). En otros tiempos reinaba la simonía y la predicación grotesta de las indulgencias como negocio de algunos; hoy es el acomodo de los amigos y la venta de supersticiones «bautizadas» por el clero modernista bajo el pretexto de la «religiosidad». 

La «religiosidad», recordemos, es una disposición natural a adorar a un ser divino, pero que se orienta en cualquier sentido, hasta en el peor, hacia el ídolo o el mismo demonio, si no está guiada por la Fe. La Fe Católica no es «natural», el sobrenatural. El término religiosidad no define nada más que una inclinación, la cual tenderá siempre a sacudirse todo precepto moral y claridad en la doctrina, reemplazándolas por el sentimentalismo, superador de todo mandamiento divino, y un marcado sentido de lo mágico o milagrero. Este es el panorama que ofrecen los «fieles» inclusive en muchas de las peregrinaciones a santuarios de la Virgen. Son ovejas sin pastor, o con lobos disfrazados de pastores.

Pero lo que nunca falta, y tengo la experiencia personal bien acendrada, son los ex católicos trabajando para convertirnos en protestantes, de la secta o grupo que cada uno prefiera, hay para hacer dulce. Y por más cara de buenos que pongan a la hora de darnos la charla mecánica de sus razones, basta cuestionarlos un poco para que emerja el odio que se les inculcó a todo lo católico. Ellos no creen en el ecumenismo. Odian las verdades firmes de la Fe católica. Entre otras, la Sagrada Eucaristía, la Maternidad Divina de la Santísima Virgen, y la institución divina de la  Iglesia y del Papado. 

Los católicos, por el contrario, adoramos a la primera, veneramos a la segunda y somos hijos fieles de la tercera y del Vicario de Cristo.

Por eso nos indigna que la jerarquía, e inclusive algunos vicarios de Cristo, fomenten esta aberración, cegados por la ilusión de un indiferentismo irenista que, a la vez que lo promueven en los hechos, paradójicamente advierten contra él en los dichos, cada tanto. Basta recorrer los textos de Juan Pablo II, del propio Benedicto y de Francisco para ver a cada momento que se alientan acciones que invitan a errores graves, mientras se condenan esos mismos errores. Esta condena cada vez  menos entusiasta, digamos al pasar.

Reflexiones que nos vienen a la mente al ver la imagen en la que una publicación protestante hace burla de la Eucaristía, la Santísima Virgen y del Papado.

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