Más leña en la hoguera de la confusión
Cuando los cardenales eligieron a Francisco, escribí «El Horror». Produjo algunos dolores de cabeza, pero el concepto estaba largamente meditado y yo convencido de que solo podría resultar algo así salvo un cambio milagroso que muchos se apuraron a anunciar. «¡Bergoglio ha muerto…!», gritaron. No parece. En seis meses, que más se viven como seis años, solo hemos visto a multitudes y medios exacerbados en el sentimentalismo y la papolatría más penosa. Y a un papa que no cesa de enviar señales de confusión.
Cuando los cardenales eligieron a Francisco, escribí «El Horror». Produjo algunos dolores de cabeza, pero el concepto estaba largamente meditado y yo convencido de que solo podría resultar algo así salvo un cambio milagroso que muchos se apuraron a anunciar. «¡Bergoglio ha muerto…!», gritaron. No parece. En seis meses, que más se viven como seis años, solo hemos visto a multitudes y medios exacerbados en el sentimentalismo y la papolatría más penosa. Y a un papa que no cesa de enviar señales de confusión.
Ahora anuncia «algo» para favorecer a los divorciados y parejas de hecho. Para favorecerlas en la consideración social, porque la doctrina en la materia no tiene vuelta, y segundo matrimonio sacramental tras divorcio es pecado mortal. Y eso significa estar fuera de la Iglesia y con el alma en riesgo de ir al infierno. Las palabras del papa ¿no contribuyen acaso a endurecer a estas personas en su pecado, dándoles falsas esperanzas de una inocencia inexistente, y que solo pueden recobrar por la confesión seguida de la enmienda de sus vidas? Es duro de decir. Tan duro como que hemos de morir todos. O que el Infierno existe y es para siempre. Pero a riesgo de negar el Evangelio, hay que decirlo.
¿Qué puede ofrecerles el papa? Él no puede cambiar la doctrina. Acelerar las nulidades, pase. Si son reales. ¿Y cuando no lo son? ¿Falsear las sentencias para hacer vivir la fantasía de que nunca se han casado? ¿Crear una oficina de nulidades express que acepte cualquier motivo ignorando la doctrina y el derecho canónico en la materia?
Y a las parejas de hecho, (suponemos que se refiere a personas con aptitud nupcial que han decidido no casarse, sabe Dios porqué) ¿qué se les puede ofrecer sino una exhortación a recibir el sacramento del matrimonio y bendecir su unión llevándola a tan alto rango como ha querido Nuestro Señor Jesucristo? Si se los «acoge» y se les da la «bienvenida», ¿tendrá este gesto otro sentido que invitarlos a dejar el concubinato y fundar un matrimonio fecundo? Si los párrocos, obispos, etc. hicieran esto sería una novedad y una revolución respecto a lo que ha venido ocurriendo en los últimos años. Pero no va por ahí la cosa.
Seamos serios: no es ésto lo que quiere decir el papa. Sugiere otra cosa, y no sabemos qué podrá ser dada la estrechez de alternativas. ¿Juega con las personas o cree que hay una vía teológica no descubierta hasta ahora? Ocuparse de estas personas significa, en términos católicos, subir la cuesta penosa de decirles la verdad y buscar la salvación de sus almas. Pero eso no reditúa fama ni popularidad.
Gracias a Dios, yo tengo mi matrimonio bien fundado y con esa misma gracia espero mantenerlo así. Pero si estuviera en la situación de las personas que están afectadas por estas noticias, realmente me indignaría muchísimo. Como cuando los políticos me prometen cosas que sé positivamente no pueden hacer. La demagogia es siempre aborrecible, pero más aún cuando juega con las cosas más íntimas.
Y si el demagogo cree que podrá cumplir, temamos más aún.
. . .
Este comentario merece una posdata: los anuncios se hicieron frente a seminaristas. El demonio de la confusión no ha cesado de celebrar.

