Panorama Católico

Carta de Pablo Apóstol al Editor y Responsable

Me sorprendo en esta actividad de escribir epístolas, después de tantos siglos desde que me retiré. Hubo un tiempo en que alternaba los viajes apostólicos con la predicación, las cartas. Y el trabajo, porque yo me ganaba la vida como tejedor para no ser gravoso a la comunidad. Veo que tú te dedicas a manguear, con escaso éxito últimamente. Bueno, tampoco está mal. Al verte barriendo las plumas de los pollos me he sentido solidario contigo. Pelo de camello, plumas de pollo, tenemos algo en común.

Desde este lugar, a tantos y tantos de la eternidad,

29 de junio de 2013, Fiesta de San Pedro y un servidor.

Caro hijo,

Me sorprendo en esta actividad de escribir epístolas, después de tantos siglos desde que me retiré. Hubo un tiempo en que alternaba los viajes apostólicos con la predicación, las cartas. Y el trabajo, porque yo me ganaba la vida como tejedor para no ser gravoso a la comunidad. Veo que tú te dedicas a manguear, con escaso éxito últimamente. Bueno, tampoco está mal. Al verte barriendo las plumas de los pollos me he sentido solidario contigo. Pelo de camello, plumas de pollo, tenemos algo en común.

Yo ya no tengo que hilar en estas latitudes celestiales, pero son experiencias que nunca se olvidan. Tú te las arreglas como puedes con los plumíferos, para poder servir en esta actividad de plumífero y eso me parece bien. Por eso, y solo por eso, rompo mi apostólico silencio de estos últimos 20 siglos.

Es cierto, escribí muchas cartas en mi vida terrena. Ora para congratularme de las buenas nuevas de mis hijos espirituales, ora para pedir que me mandaran un poncho que me había dejado olvidado. Y también, principalmente, para adoctrinar y reprender. Estos primeros cristianos necesitaban, como Uds., una buena cepillada de lomo cada tanto. Se convertían rápidamente, en pocos meses hacía buena cosecha de almas, pero apenas me iba de la ciudad que empezaban a romperse los cuernos, con perdón. En Tarso de Silicia, donde nací, dicen eso cuando la gente se pelea.

Todos me dieron dolores de cabeza, pero los que me pusieron verdes fueron los corintios, muy flojos de cincha en cuestiones de 6° y 9° mandamiento. Y los efesios…¡Dios mío! (Perdón, Señor, fue un modo de decir). Sabrás que de allí viene la palabra “adefesio”: las cosas que tuve que decirles a estos mamarrachos, unos verdaderos adefesios.

Bueno, basta de críticas, que la época de las quejas pasó. Ya les dije lo que tenía que decir y a muchos les aprovechó. Lo que pasa es que la gracia supone la naturaleza y mi naturaleza es colérica. La sangre me hierve rápidamente.

Por eso es que mi caridad es tan extraordinaria (lo digo sin presunción porque es por la gracia de Dios). Aguantar a estos tipos sin perder la calma es tarea por encima de todo esfuerzo humano. Solo se alcanza con la ayudad de la gracia. Lo digo para que nadie me llame pelagiano, porque nunca se sabe… y más de una vez, detrás de la cruz está el diablo. Estos primeros cristianos eran una pesadilla, peores que los tradicionalistas, con eso te digo todo.

Bueno, peores comparativamente, teniendo en cuenta que ellos trataban con nosotros, los apóstoles, y Uds. se las tienen que ver con un atajo de apóstatas, salvando a los que haya que salvar, que Dios sabe, y solo El.

Sí, te entiendo. No pretendo hacer comparaciones odiosas, porque quedarías tan disminuido que no tendrías ni ganas de terminar de leer esta carta. Por eso digo, salvando los abismos… te entiendo.

Estos tradis son capaces de pelearse por cualquier cosa. Y tienen una lengüita que te voglio dire…Tu sabrás ponerte el sayo que te quepa, y no digo más.

Pero no todo es culpa de ustedes. En mi época, profesar la Fe te costaba la vida. Ahora, a lo sumo, te echan de algún lado, y para eso hay que armar la de San Quintín. No era lo mismo poner la cara ante el Procurador, ni hablar ante el Emperador, o un simple centurión mufado, que te podía costar cárcel, azotes, apaleamientos y con frecuencia que te sirvieran a los leones. No era lo mismo que poner un blog y opinar, cuantas veces anónimamente, cuatro frescas, por más que muchas veces tengan razón. Pero, el desastre que hay ahí abajo es tan negro que si no fuera que yo lo profeticé, estaría asustado. Los entiendo. Pero si quieren que la cosa cambie y salvar el pellejo (alma) más vale que recen más, y se sacrifiquen más, y dejen de darle a la tarajuela de boquita y de tecladito.

La Fe se confiesa con la sangre, literal o simbólicamente. Si no hay sangre, sacrificio, todo es bla-bla y vanidad propia. Ojo, no me opongo a que se haga apostolado por Internet, Dios me libre. Hay que ser creativo. Yo hice lo mío, te acordarás, cuando me presenté ante la asamblea de los atenienses y les anuncié al Dios desconocido. No me fue muy bien, es cierto. Pero yo echaba mano de lo que había para difundir el Evangelio.

Uno de los problemas que tuvimos los apóstoles en nuestro tiempo fue luchar contra la libertad religiosa del Imperio Romano.  No, no me equivoqué. CONTRA la libertad religiosa, que era lo mismo que ahora: la única religión perseguida era la verdadera… Veo que en tu tiempo a un montón de católicos les da por rezar las letanías de aquello a causa de lo cual nos mataron a nosotros. La verdad, ni entiendo ni jota.

Pero vamos a lo nuestr:  me preguntas sobre como juzgar a los tradis y me veo en la obligación de responderte. Nada novedoso, porque ya lo he dicho más de una vez, y además la Iglesia lo ha incorporado al Canon de las letras inspiradas, de modo que se ha venido repitiendo a lo largo de los siglos. Sería bueno que lo tomen en serio. Te lo detallo abajo para mejor comprensión:

  1. Primero, Caritas Christi urget nos. Sin esta “urgencia” de la caridad, todo lo que se haga a favor de la Tradición será al cuete, como bocina de aeroplano. Por más que hablen todas las lenguas, incluidas las clásicas, tengan el don de profecía o entreguen su cuerpo a las llamas (eso lo quisiera ver…) sin caridad es todo inútil.
  2. También les dije que hay que hacer la caridad en la verdad. De modo que sin la Fe tampoco pueden tener caridad verdadera y sobrenatural. Pero ese no es el peligro de los tradis. No, ese es el peligro de los progres, que, si quieres y el Altísmo me deja, porque me está mirando de reojo, un día te escribo sobre el tema.

La cosa es más simple de decir que de hacer: la Fe ilumina la inteligencia. La Esperanza nos hace anhelar lo que es el objeto de la Fe, que es lo que yo estoy contemplando ahora, inclusive te diré que tuve un adelanto en vida terrenal. La Caridad nos hace amar a Dios, objeto de la Fe, y por sobreabundancia a todos por amor a El. Capisci?

Por eso está bien que los tradis sean celosos de la doctrina, de la liturgia, de la tradición. Eso está muy bien. Porque si yo mismo o un ángel del cielo les predicara otro evangelio que el que les he predicado, ténganlo por algo malo y del diablo.

Pero este celo debe ser un celo dulce de caridad, de amor a Dios. Amar la Verdad (Revelada, ojo, toda esa monserga de los “dueños de la verdad” que se la crean los estultos que la repiten), amar el culto apostólico que yo aprendí y enseñé; amar lo recibido de nuestras venerables manos apostólicas, asi como nosotros de Cristo mismo, eso es algo muy bueno y solo puede perfeccionarse con un mayor amor y un mayor deseo de ser perfectos como aquel a quien amamos.

Hay que ser mansos y humildes, bien-pensantes y siempre dispuestos a compartir el bien con todos. Incluso con los enemigos. Incluso con monseñor… bueno, dejemos eso.

La verdad es que cada vez que me asomo a tus tiempos termino mufado, dicho esto analógicamente. Porque me tienen lleno con eso de la opción por los pobres. Nosotros optamos por las almas, si bien las de los más pobres nos conmueven por sus miserias materiales, más nos conmueven las miserias morales. Y al hacer las obras de misericordia contribuimos a sacarlos de ambas. Todo está en seguir el orden que Jesucristo mismo nos enseñó. Primero el Reino de Dios y su justicia (o sea, la santidad, propia y ajena) y el resto viene como añadidura. Es fácil, che, córtenla con toda la teología esa de los pobres. Eso ni yo ni mis colegas apóstoles lo hemos predicado nunca. Y a mí no me la van a dar cambiada.

 Ningún sufrimiento nos es ajeno: el de los pobres, el de los ricos, el de la clase media, el de los buenos, el de los malos, el de los amigos y el de los enemigos. “Yo os digo: amad a vuestros enemigos”.  Más de un tradi lengüita filosa debería tomar esto en serio. Y los otros, también. Porque si los tradis fueran los malos (no digo que no lo sean, hay que ver en cada uno) ellos deberían amarlos si se quieren llamar discípulos nuestros. Pero yo me entero de que cada vez que un curita quiere decir la misa tradicional le calientan el trasero a patadas. ¡Lindo amor! Por eso me parece que cuando a veces se les va la lengua a Uds. los tradis, que han sido muy cascoteados, algo de justificación tienen. Hasta por ahí.

En cuanto a ti, mi estimado plumífero, te sugiero que te embronques menos. Más humildad y estudiosidad de mi doctrina (que es la del Señor) y menos hacerse el gallito. Es preferible morderse la lengua hasta que sangre antes que hablar al cuete. (Te mando, con esta, adjunto, una caja de curitas).

Con mi bendición apostólica de primera mano, te doy como penitencia la lectura de una de mis epístolas por semana.

Saludos ad efesios (es chiste).

Pablo, apóstol.

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