Panorama Católico

Buen año, mal año, que Dios esté presente

Esto es, no vivamos ni como mundanos ni como ermitaños, salvo gracia especial. Pienso que desear vivir como ermitaños no es vuestra tentación en general. Pero cuidado con el espíritu del mundo, eso sí, cuidado. En el pesebre, no había ni celulares, ni tele, ni la última computadora, ni lujo, ni comodidades; sólo reinaba la pobreza.

 

En el Nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

Queridos hermanos,

Hoy, según la costumbre, se desea un feliz año nuevo, como, por ejemplo, en mi tierra: “Bonne et sainte année” o “Bon an, mal an, Dieu soit céans”, “Buen año o año malo, que Dios esté presente”.

Hoy la Santa Iglesia también, por la boca de San Pablo, hace votos por todos nosotros: “Vivan en este siglo sobria, justa y piadosamente”.

Estas 3 palabras – sobria, justa, piadosamente – resumen muy bien nuestros deberes con Dios, con el prójimo y con nosotros.

–         Con Dios: PIEDAD. Tener un espíritu de adoración y de amor filial. Dios es el Ser infinito y nosotros no somos nada, y también Dios quiere ser invocado como Padre nuestro. Es el equilibrio católico entre el progresismo (Dios es un colega) y el jansenismo (Dios es despiadado).

–         Con nuestro prójimo: JUSTICIA. Por lo menos tratémoslo como nosotros mismos queremos ser tratados. ¡Cuidado con la lengua! Tomemos la resolución firmísima de sólo hablar bien de nuestro prójimo ausente. Ya será bastante.

–         Con nosotros mismo: SOBRIEDAD. Esto es, no vivamos ni como mundanos ni como ermitaños, salvo gracia especial. Pienso que desear vivir como ermitaños no es vuestra tentación en general. Pero cuidado con el espíritu del mundo, eso sí, cuidado. En el pesebre, no había ni celulares, ni tele, ni la última computadora, ni lujo, ni comodidades; sólo reinaba la pobreza. Y por eso mismo, reinaba una Paz profunda. Porque no había la inquietud de poseer. Si poseemos algo legítimamente, queridos hermanos, usémoslo como si no fuera nuestro, dice San Pablo. Tengamos, por lo menos, un corazón libre.

En Belén, con la presencia del Niño Jesús, no había impiedad, ni injusticia ni lujo. ¿Por qué? Porque el mismo Niño Jesús es el ejemplo vivo y perfecto de la Piedad, de la Justicia y de la Sobriedad:

–         Piedad: Por obediencia a su Padre, el Verbo se hizo hombre; por obediencia y Amor a su Padre, se dejará crucificar. 

–         Justicia: Jesús viene destruir el  pecado y salvar nuestras almas si no rechazamos su gracia.

–         Sobriedad: La pobreza de Jesús es evidente; además es el fruto que pedimos en el tercer misterio del Rosario.

Pero, no basta la Encarnación para que vivamos sobria, justa y piadosamente. Muchos conocieron la Encarnación y, sin embargo, están en el infierno. Es necesario, en primer lugar creer en ella, es necesaria la FE. “Quien crea será salvo”, “quien no crea será condenado”.

En Belén, había varios modos y grados de conocimiento de Jesús.

–         Muchos, como las tinieblas, no Lo comprendieron, y los suyos no Lo recibieron. Hoy tampoco.

–         El buey y el burro veían a Jesús, cierto, pero veían la forma, el color, el movimiento, nada más; era un conocimiento animal meramente sensible, no muy inferior al conocimiento de los paganos modernos.

–         Hubo personas que pasaron por ahí; también vieron al Niño Jesús. Quizás se quedaron maravillados con la belleza del Niño, o se lamentaron de su indigencia, pero no tenían la fe, y sus sentimientos naturales se transformaron en indiferencia. ¡Tantos hombres festejan Navidad del mismo modo, con sentimentalismo y con más atención a su panza que al pesebre! No creen en Jesucristo y no se someten a Él.

–         Están también los que recibieron a Jesús con un corazón sencillo y sobre todo con la fe en su Divinidad. Entonces Lo adoraron, esperaron en Él y Lo amaron. Son los pastores, los Reyes, San José, y de un modo más profundo aún, la Santísima Virgen, la Madre de Jesús: su ciencia de la Encarnación supera todo lo que se puede concebir.

Pidamos a María su fe, sin la cual no puede haber verdadera adoración, esperanza y caridad; porque adoramos a Alguien, esperamos en Alguien, amamos a Alguien, y este Alguien es Jesucristo, cuya divinidad es dogma de fe. Vivamos de la fe.

“Niño Jesús, Salvador mío, creo en tu Divinidad y en tu amor infinito, adoro, espero y te amo; te pido perdón por los que no creen, no adoran, no esperan y no te aman”.

Que la estrella de la fe ilumine y crezca en vuestros corazones durante todo este año nuevo.                                      

Ave María Purísima – En el Nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

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