La fe adúltera
Creerá el lector, tal vez, que nos ha jugado mal el corrector. No, eso es lo que vamos a comentar, la “fe” adúltera y adulterada de los que hablan de la “fe adulta”.
Creerá el lector, tal vez, que nos ha jugado mal el corrector. No, eso es lo que vamos a comentar, la “fe” adúltera y adulterada de los que hablan de la “fe adulta”.
Entre revulsión y curiosidad causa una fábula escrita por el jesuita (por desgracia sacerdote) Juan Masiá Clavel, publicada por Religión Digital. Allí narra un diálogo entre el Arcángel San Gabriel y “Benedicto”, que obviamente es quien parece ser.
En resumen: Benedicto le pide ayuda a Gabriel para redactar la cuestión de la Encarnación por obra del Espíritu Santo, y el arcángel (Masiá Clavel) se burla un poco de la “desmitificación” del buey y del asno. Y le sugiere que continúe en esa línea de trabajo pero pasando a asuntos mayores. El supuesto Benedicto le cuestiona cómo habría de entender la feligresía un tema tan delicado como el de la Concepción por obra del Espíritu Santo, y el Arcángel (Masiá Clavel poniendo en boca del santo arcángel palabras blasfemas) le responde que se anime finalmente a decir las cosas como fueron: que el Espíritu Santo, digamos así, bendijo esa concepción realizada en forma natural.
Objeta Benedicto: a, pero no basta, porque van a preguntar por la concepción y… si les digo, como hay que decir, que la estrella de Oriente no es tema de astronomía, ni la concepción mesiánica es cuestión de biología, lo van a entender mal. Si me descuido, me denuncian a la Inquisición.
Gabriel revela entonces, suprema blasfemia, que él estaba allí a las puertas cuando el Niño Dios fue concebido según la naturaleza. Y el supuesto Benedicto responde:
Ya lo sé, Gabriel, ya lo sé. Pero el pueblo, falto de catequesis adulta, no lo va a entender. Mira la que se armó cuando dije lo del buey y la mula; van a pensar que lo de Mateo y Lucas es cuento de hadas y que no es propio de mí desmitificar tu Anunciación. Tengo que decirles claramente que esas narraciones no son mito, sino historia… si te desmitifico, Gabriel, el pueblo creyente sencillo se desconcertará.
-Y si no lo haces, no pasarán a fe adulta y se quedarán creyendo al pie de la letra, como cuando decían que a los bebés los trae de París una cigüeña.
Naturalmente, a todo católico este tema le resulta escabroso. A todo católico verdadero, que no lo es ni Masiá ni los de Religión Digital ni tantos otros.
¿Por qué este anciano jesuita tiene necesidad de insistir en tan vieja herejía y a tan provecta edad? No le irá bien en el día de su juicio particular. En otros tiempos, los grandes pecadores se salvaban porque a pesar de sus horrorosos crímenes conservaban ese hilo de devoción. Y si me apuran, los de la Camorra y los sicarios del narcotráfico hoy tienen mejor chance de llegar al cielo que este jesuita.
Porque ser criminales sanguinarios es suficiente para hundirse en el infierno. Pero tiene redención. Sin embargo, ser hereje convencido y resuelto a morir proclamando blasfemias contra el dogma, la tradición, la liturgia y la piedad de los católicos de todos los tiempos, eso no se redime tan fácilmente.
Sobre Benedicto, el del cuento, digamos que queda un poco atrapado en su propia red. Masiá no lo quiere y se burla de él. Pero sobre materia en la que él ha dado pie para la burla. Y si no cabe poner en duda la firmeza de su Fe en esta materia, podemos cuestionar seriamente la de su amigo y Prefecto de la Fe, el Card. Molinero, quien por más que se haya desdicho con un gesto de desdén hacia los ignorantes que no saben leer sus textos, no puede convencernos a nosotros, los ignorantes, de que cuando la Iglesia habla de la Perpetua Virginidad de María suena clara y limpia.
Y cuando él habla suena confuso y sucio.
Otro que deberá revisar su “fe adúltera” si no quiere caer bajo la maldición de los que han fornicado con las doctrinas del mundo.
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