Panorama Católico

Dos Misiones Trascendentales

Algunos hombres de Jerusalén pusiéronse a decir: “sabemos – refiriéndose a Jesús – de dónde es Éste, mientras que del Mesías cuando venga, NADIE SABRA DÓNDE ES”, S. Juan, VII, 27. O sea: ni noticias de su lugar de origen y muchísimo menos de sus padres, si es que supuestamente los tuvo.

Algunos hombres de Jerusalén pusiéronse a decir: “sabemos – refiriéndose a Jesús – de dónde es Éste, mientras que del Mesías cuando venga, NADIE SABRA DÓNDE ES”, S. Juan, VII, 27. O sea: ni noticias de su lugar de origen y muchísimo menos de sus padres, si es que supuestamente los tuvo.

Por la revelación sabemos que Dios formó al hombre del polvo de la tierra e insuflándole aliento de vida, vino a ser un alma viviente. Génesis, cap. II.

Obviamente Adán, que no tuvo padres como nosotros, no aprendió de a poco a caminar, ni necesitado estuvo de chupete. Nació pues hombre hecho y derecho de una edad presumible de 25 años, más o menos.

Del mismo modo Dios a Cristo, pudo haberle – como a Adán – conferido la existencia, sin valerse de progenitor alguno. Va de suyo, que para cumplir su misión, no necesitaba nacer y crecer en el seno de una familia. La opinión pues, de los judíos al comienzo citada, es innegablemente razonable.

¿Qué podemos pensar entonces, de LOS HECHOS que realmente sucedieron? Que por designio divino, la MADRE que efectivamente tuvo, estaba predestinada a llevar a cabo dos MISIONES TRASCENDENTALES: la de PARTICIPAR DOLOROSAMENTE en la obra de nuestra redención y además la de COLABORAR maternal y amorosamente, en la obra de nuestra santificación y salvación.

Y esto lo hace con tanta eficacia, que la Iglesia la denomina OMNIPOTENCIA SUPLICANTE, ya que todo, absolutamente todo lo obtiene por su todopoderosa intercesión.

Para “Panorama católico” digital, Diciembre 2012    

 

P/C. A alguien con mentalidad protestante, lo de la participación dolorosa de la Sma. Virgen en nuestra redención, podrá parecer excesiva o escandalosa. Pero en San Lucas, cap. II, 35 leemos que con motivo de la Presentación del Niño Jesús en el templo, el anciano Simeón le anticipó que una ESPADA DE DOLOR traspasaría su alma. Y que este vaticinio muy pronto habría de comenzar a cumplirse, nos lo revela el texto evangélico cap. II, 48 cuando nos enteramos que el mismísimo Jesús nada hizo para ahorrarle dolor alguno a su amada Madre. Nos aclara el texto que con motivo de su permanencia durante tres días en el Templo, al encontrarlo conversando con los doctores, Ella lo reprendió: “Hijo, ¿por qué has hecho así con nosotros? Tu padre y yo te estábamos buscando con angustia”.

 

Es indudable, que por medio de un Ángel pudo haberle avisado que en el Templo estaba, pero no lo hizo. ¿Por qué? Porque CONVENIA QUE ELLA COMPARTIERA MAXIMAMENTE LOS DOLORES DE SU PASIÓN; de manera que fuera así CORREDENTORA nuestra.   

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