Panorama Católico

Un Jano Bifronte en Doctrina de la Fe

Es el nuevo prefecto Müller. Obstaculizado en su patria, Alemania, por demasiado conservador. Y criticado en los círculos tradicionalistas de Roma y del mundo por demasiado «liberal». Pero predilecto del papa 

Un Jano bifronte en el Santo Oficio

Es el nuevo prefecto Müller. Obstaculizado en su patria, Alemania, por demasiado conservador. Y criticado en los círculos tradicionalistas de Roma y del mundo por demasiado «liberal». Pero predilecto del papa

CIUDAD DEL VATICANO, 13 de julio de 2012 –  Antes de trasladarse al sugestivo marco de las villas pontificias de Castel Gandolfo para el habitual periodo de estancia estival, Benedicto XVI ha dado inicio a una pequeña, pero significativa, sesión de nombramientos en la curia romana.

El movimiento principal atañe al cambio en el vértice de la congregación para la doctrina de la fe.

El Papa Joseph Ratzinger ha elegido como su segundo sucesor, después del americano William J. Levada, al obispo bávaro Gerhard Ludwig Müller, que cumplirá 65 años el próximo 31 de diciembre y es, desde 2002, obispo de Ratisbona.

El nuevo responsable de lo que se llamaba Santo Oficio tiene fama de Jano bifronte.

Por un lado, sobre todo en su patria, se le considera uno de los prelados más conservadores en el campo; no es extraño, entonces, que el teólogo y sacerdote suizo alemán Hans Küng haya definido esta elección como «catastrófica».

En 2005, por ejemplo, Müller reformó «a pesar del viento contrario suscitado por los medios de difusión» el sistema de los consejos pastorales en su diócesis, suscitando numerosas críticas entre los progresistas, los cuales lamentaban una reducción del papel de los laicos y provocando un recurso canónico contra la decisión que, sin embargo, fue ganado por él de manera definitiva con un decreto de la signatura apostólica del 2007.

En una entrevista al «Mittelbayerische Zeitung» del 6 de julio, Müller ha confirmado la línea oficial de la Iglesia sobre la pastoral de los divorciados, sin aventurarse en hipotéticos cambios. Ha explicado que «el cargo de obispo implica también conflictividad». Y ha indicado que «el comprensible deseo humano de ser reconocido por todos como el tío bueno no es la mejor base para un buen nombramiento» episcopal.

En resumen, no se puede decir que Müller esté entre los obispos que buscan el aplauso fácil. Y esto vale para la izquierda, pero también para la derecha del cuerpo eclesial.

Por la otra parte, efectivamente, sobre todo en círculos de la curia romana y en el mundo tradicionalista, se miran con suma sospecha algunas afirmaciones teológicas de Müller y, sobre todo, su amistad ultra-decenal, jamás renegada, con el padre noble de la teología de la liberación, el peruano Gustavo Gutiérrez (que ingresó en el orden dominico en la provincia de Francia con sede en París – más progresista que la de Toulouse – en 2001 con 73 años, después que en la archidiócesis de Lima, donde estaba incardinado desde 1959, había sido nombrado en 1999 como arzobispo Juan Luis Cipriani Thorne, del Opus Dei).

A las acusaciones de ser un teólogo “liberal”, suscitadas también por el hecho de haber tenido como relator en sus grados académicos a Karl Lehmann, Müller respondió – de nuevo al «Mittelbayerische» – declarándose como tal, pero en el sentido que daba a la palabra Santo Tomás de Aquino cuando escribía que “Deus maxime liberalis est”.

A las críticas por parte tradicionalista ha replicado, en defensa de Müller, don Nicola Bux, consultor de la congregación para la doctrina de la fe, el cual, desde luego, no puede ser tachado de simpatías progresistas.

En una entrevista a «Vatican Insider», Bux ha contextualizado las afirmaciones sobre la transustanciación y sobre la virginidad de María que están en el punto de mira de los críticos de Müller, sin convencerles demasiado, vista la perduración de las acusaciones.

En todo caso, Benedicto XVI no se ha dejado condicionar por las criticas y ha optado por el obispo de Ratisbona, del cual ciertamente aprecia la elección como lema episcopal de las palabras “Dominus Iesus”, las mismas que titulan la declaración de la congregación para la doctrina de la fe del 2000 sobre la unicidad salvífica de Cristo, uno de los documentos más increíblemente contrarrestados dentro de la Iglesia católica, colegio cardenalicio incluido.

El papa ha concedido a Müller el privilegio de habitar en Roma en su precedente apartamento cardenalicio de la plaza de la Ciudad Leonina, donde aún se encuentra parte de su biblioteca. A esta elección, de gran valor simbólico y afectivo, quizá no es ajeno el hecho que Müller sea el editor de la publicación de la Opera Omnia de Ratzinger.

Más allá de las reacciones y de los comentarios, será interesante ver cuál será la impronta de Müller sobre dos cuestiones delicadas a las que deberá enfrentarse enseguida.

Las dos cuestiones son el diálogo con el mundo lefebvriano y la controversia con una parte de las religiosas americanas.


Aquí se podrá verificar de forma concreta el grado de continuidad o menos de Müller respecto a Levada el cual, hay que recordarlo, cuando fue llamado en 2005 a la congregación para la doctrina de la fe, también estaba considerado demasiado «liberal» para algunos círculos conservadores y demasiado de derechas para los ambientes más progresistas.
Fuente: Chiesa
Comentario Druídico: Está claro que Müller no es un hombre querido por los ultraliberales. Y está claro, también, que sus posturas teológicas son en muchos casos heterodoxas, y en materias en las que no cabe ni resquicio de duda.

Haremos un seguimiento de las declaraciones de Müller. Por lo pronto, en entrevista a una agencia norteamericana, asegura haber sido informado de su nombramiento el 15 de mayo… Si esto es verdad, ya estaba tomada la decisión de designarlo, hubiese o no posibilidad de reconocimiento canónico. Tal nombramiento después de una eventual firma hubiese puesto a Mons. Fellay en una situación muy difícil. Cada día resulta más complejo aún de discernir el juego de Benedicto. Parece una maniobra de concesiones para frenar o pilotear los ataques de los sectores más desbocados, juego en el cual la posición «conservadora» se corre más a la izquierda, en medio de un intento de reivindicar a un sector que la gran mayoría del clero considera de «ultraderecha».

Nuevamente, la confusión es lo único claro en la cabeza de la jerarquía.

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