El Magisterio Supremo de la Iglesia y el Idealismo Hegeliano
Un. lector le dirigió hace poco una carta, en la que critica mi artículo “HEGEL Y LA INMUTABILIDAD DEL DOGMA”, de lo que de alegro porque me da la oportunidad de exponer algunos puntos de la doctrina católica, DEFINIDA por el Magisterio Romano y desmentir lo que EXTRAÑAMENTE afirma que “la Iglesia Católica, NUNCA CONDENO A HEGEL, ni podía hacerlo”!!. Antes de entrar en materia, no está demás avertir y/o recordar a los lectores, que las enseñanzas de los Pontífices OBLIGAN EN CONCIENCIA, tal como lo expresa el CATOLICO PIO XII en “HUMANI GENERIS”
Sr. Director de “Panorama Católico Digital”:
un. lector le dirigió hace poco una carta, en la que critica mi artículo “HEGEL Y LA INMUTABILIDAD DEL DOGMA”, de lo que de alegro porque me da la oportunidad de exponer algunos puntos de la doctrina católica, DEFINIDA por el Magisterio Romano y desmentir lo que EXTRAÑAMENTE afirma que “la Iglesia Católica, NUNCA CONDENO A HEGEL, ni podía hacerlo”!!. Antes de entrar en materia, no está demás avertir y/o recordar a los lectores, que las enseñanzas de los Pontífices OBLIGAN EN CONCIENCIA, tal como lo expresa el CATOLICO PIO XII en “HUMANI GENERIS”: “…el deber que tienen los fieles, de APARTARSE DE AQUELLOS ERRORES que se acercan más. o menos a la HEREJIA, y por tanto de OBEDECER incluso las Constituciones y Decretos, por las que tales desviadas opiniones son por la Santa Sede, PROSCRITAS Y PROHIBIDAS.”
‘Ni hay que creer -continua Pío XII- que las enseñanzas NO EXIJAN DE POR SÍ EL ASENTIMIENTO, bajo pretexto de que en ellas no ejercen los Papas el poder de su Magisterio Supremo. Porque enseñan estas cosas por el Magisterio Ordinario acerca del cual tiene también valor aquello de que “Quien a vosotros oye, a MI me oye”, Lucas, 10, l6. y las más de las veces, cuanto viene propuesto en las Encíclicas, pertenece ya por otras razones, al PATRIMONIO DE LA DOCTRINA CATOLICA. Por lo cual… mandamos. para no faltar a nuestro sagrado deber, a los Obispos y a los Superiores de religiosos, CARGANDO GRAVISIMAMENTE SU CONCIENCIA, que procuren con la mejor diligencia que ni en las clases ni en los escritos de ningún género, SE EXPONGAN TALES OPINIONES”.
De lo hasta aquí expuesto, se advierte que se trata de un asunto serio y grave y que nuestra DESOBEDIENCIA DEBEREMOS DAR ESTRICTA CUENTA EL DIA DE NUESTRA MUERTE
A continuación transcribo algunos textos claves de la Encíclica de Pío XII, con algunos comentarios míos entre paréntesis.
“La verdad y su total expresión filosófica NO PUEDE IR CAMBIANDO CON EL TIEMPO (como en el imaginado devenir dialéctico de Hegel) en especial cuando se trata de los principios que se apoyan tanto en la sabiduría de los siglos, como en el fundamento de la Divina Revelación. Cualquier verdad que, pueda descubrir la mente humana, no puede CONTRADECIR A LA VERDAD YA CONOCIDA, porque Dios, suprema Verdad ha creado el entendimiento humano, no de modo que OPONGA CADA DIA VERDALES NUEVAS”. (Aquí impugna el Papa la falsa filosofía hegeliana, para la que todo concepto es imperfecto, que se resuelve dialécticamente en su opuesto!)
“Por cuya razón el filósofo o teólogo (se refiere al verdaderamente católico y no a los actuales modernistas) no abrace PRECIPITADA y ligeramente COSA NUEVA (o disparatada) que se HAYA INVENTADO en el transcurso del tiempo (como por ejemplo las arbitrariamente INVENTADAS por el filósofo germano).
Continúa el Papa: “El método y sistema de Santo Tomás sobresale por su singular valor…y su doctrina SE ARMONIZA CON LA DIVINA REVELACION”. (No así el de Hegel, que no coincide ni con las enseñanzas del magisterio católico, ni con la Divina Revelación). “Por esto es muy de lamentar que esta filosofía (la CATOLICA desde ya) sea hoy DESPRECIADA POR ALGUNOS que sostienen que las cosas, sobre todo las trascendentes, no pueden ser expresadas de modo más apto que por medio de DOCTRINAS DIVERGENTES QUE MUTUAMENTE SE COMPLETAN, aunque en cierto sentido SEAN OPUESTAS ENTRE SI” (que es lo que descabelladamente propone la falsa filosofía del dialéctico devenir).
“Por lo cual conceden (entre otros los modernistas igualmente condenados por la Iglesia) que la filosofía tomista es PERFECTAMENTE ADAPTADA A LA MENTALIDAD DE LOS HOMBRES DE LA EDAD MEDIA, (segurísimamente atrasados, oscurantistas y primitivos) pero no ofrece un método filosófico que responda a las necesidades de hoy” (por supuesto: el hombre moderno, adulto, evolucionado y progresista abreva en filosofías más profundas, como las del idealismo de Fichte, Schelling y Hegel).
Sigue magistralmente Pío XII (Papa NO modernista):”objetan finalmente que -la de Santo Tomás- es una filosofía (qué horror) de las ESENCIAS INMUTABLES, mientras que la mente actual, necesita considerar la “existencia” de los seres singulares y la vida en SU CONTINUA FLUENCIA” (objeción esta, de todos los seguidores del imaginativo FILOSOFO dialéctico).
Finalizamos citando el lapidario texto en el que Pío XII condena la falsa filosofía del idealismo alemán, sea el de Fichte, Schelling y/o el de HEGEL: “Y al tiempo que DESPRECIAN esta filosofía católica, EXALTAN OTRAS de modo que parecen insinuar que CUALQUIER FILOSOFIA (como la hegeliana por supuesto) PUEDE CONCILIARSE CON EL DOGMA CATOLICO, lo cual ES ABSOLUTAMENTE FALSO, en especial cuando se trata de AQUELLOS FALSOS SISTEMAS, llarnados “inmanentismo” o “IDEALISMO”… etc.
¿Y como hay entonces tantos como es el caso del profesor que me critica que auspician el diálogo y el entendimiento con estos FALSOS SISTEMAS de pensamiento? Porque estarnos en los tiempos, en los que, como vaticinó San Pablo, en su segunda Carta a Timoteo, LAS GENTES APARTARAN SU OIDO DE LA VERDAD, y SE VOLVERAN A LAS FABULAS”.
A.G. del Castillo
Febrero 2012
Posdata aclaratoria: el prof. reprocha a “Panorama Digital” haber publicado un artículo —el mío— carente de “rigor y objetividad analítica” que no está “a la altura del filósofo criticado”.
Esta crítica que a Ud., estimado Director se le hace, estaría plenamente justificada, si yo, que carezco de toda autoridad académica, hubiera expuesto MIS OPINIONES PERSONALES. Pero eso es lo que nunca hago. Así mi crítica al idealismo Hegeliano está totalmente avalada, por la VERDAD expuesta por el Magisterio CATOLICO ROMANO; en este caso en la “HUMANI GENERIS” de PÍO XII, que además de Papa, fue uno de los hombres más sabios del siglo pasado.
Anexo I: Articulo original de Alberto del Castillo
Anexo 2: Encíclica Humani Generis in rebus
Anexo 3: Respuesta de un lector. Carta que dio motivo a la respuesta del Sr. del Castillo
Se trata del Prof. Anselmo González, y su correo electrónico es anselmogonzalez@gmail.com
Sr, Director,
Me dirijo a usted en relación al artículo titulado “Hegel y la inmutabilidad del dogma” del señor Alberto G. del Castillo, presentado hace ya algunos días en su sitio de internet. Al respecto me he permitido respetuosamente hacer algunas observaciones al mismo apelando a su sabia consideración.
En el sistema tomista la “aseidad” es el constitutivo metafísico de la esencia divina, es decir, aquello que diferencia de manera radical el ser de Dios del resto de las criaturas; la trascendencia absoluta del Creador de la inmanencia originaria de lo creado. La diferencia ontológica es infranqueable y únicamente puede ser vertida al lenguaje en términos de analogía.
El axioma del cual parte el pensamiento hegeliano es la no-trascendencia de Dios, la consustancial y asintótica dialéctica de lo finito y lo infinito, de lo eterno y lo temporal, de la identidad absoluta entre lo real y lo racional y su paradójica viceversa.
Si bien podemos afirmar que la Iglesia, apoyada en la metafísica tomista ha desarrollado a través de un proceso evolutivo y homogéneo como diría Fray Marín Solá, la sustentación de su doctrina dogmática, esto no deslegitima la construcción de sistemas filosóficos, a la sazón el hegeliano, opuestos diametralmente a la concepción teológica por ella defendida.
El planteo filosófico hegeliano en relación con la doctrina cristiana no se circunscribe a la metodología dialéctica plasmada en la Fenomenología, sino que debe abarcar el amplio espectro de los escritos teológicos de juventud de Hegel incluyendo su tan poco leído “Jesús”, obra primeriza y de fuerte impronta kantiana aún pero de fundamental importancia para apreciar en su justa medida el esfuerzo de acercamiento y la consideración del cristianismo como la religión absoluta y consumación de su posterior sistema filosófico.
Está en lo correcto el Sr. del Castillo al percibir la manifiesta asimetría entre ambas concepciones metafísicas, pero de ahí a colegir de un florilegio de expresiones hegelianas descontextualizadas la invalidez de las mismas en un marco de filosofía aristotélico-tomista es cometer una flagrante y anacrónica injusticia con el pensador alemán.
La larga serie de documentos eclesiales decimonónicos condenatorios de doctrinas profundamente arraigadas en ciertos ambientes teológicos, más allá de su precisa formulación teorética, estaban enfocadas hacia la práxis: enseñanza en los seminarios, universidades y conventos donde la exposición a desviaciones filosóficas era realmente notable. Sin embargo, a nivel científico se desarrolló un auténtico diálogo del cristianismo con el sistema hegeliano. Baste recordar los insignes teólogos católicos Sebastian Drey, J.Evangelist von Kuhn , Johann Adam Möhler y otros más pertenecientes a la escuela Teólogica de Tubingia que supieron establecer una vía de entendimiento con la filosofía hegeliana, no con afán de” bautizarla” sino de interpelarla sin prejuicios y alejada de la estrechez de miras del neoescolasticismo decadente que imperaba en medios oficiales.
No hay duda que el egregio pensador de Stuttgart llevará su idealismo panenteísta (no panteísta) a la apoteosis con sus “conceptos” y la autoconciencia del “yo” que tanto caricaturiza el señor del Castillo, juntamente con ese constante devenir triadíco que osará aplicar a la Trinidad y su “Viernes Santo especulativo.” Su Estética, su Filosofía del Derecho y su Lógica tal vez lo enmarquen en lo aporético de un raciocinio que subsume su dialéctica en la nervadura más profunda de una metafísica que implacablemente construye un sistema que se acepta o se rechaza pero que no admite acomodamientos de ningún tipo. El reduccionismo epistemólogíco convierte todas las ciencias, incluída la teología, a una filosofía de la religión que reinará absoluta y necesariamente sobre todas.
La Iglesia Católica nunca condenó a Hegel ni podía hecerlo. No era católico y no cometió ninguna “herejía”. Si condenó con severidad a Georg Hermes y sobre todo a Anton Günther por mantener sistemas semirracionalistas embebidos de su pensamiento y que trataron de sentar reales en la teología católica decimonónica. Sin embargo, resurgió ya adentrado el siglo veinte en numerosas sistemáticas teológicas tanto católicas como protestantes, donde la gran mayoría de sus autores niega haberse visto influenciado por él de palabra aunque puede claramente inferirse del carácter conclusivo de sus obras la huella silenciosa pero aún latente del “maestro del devenir dialéctico”.
Entiendo que «Panorama Cátólico Internacional”, el cual considero un verdadero baluarte de la auténtica tradición católica, no necesitaba denostar gratuitamente a un pensador de la talla de Hegel, y de hacerlo merecía al menos un rigor y objetividad analítica más a la altura del “criticado”, sobre todo teniendo en cuenta la compleja formulación de un pensamiento cuya audacia intelectiva lo hacía rebasar los convencionalimos filosóficos y teológicos de su época y aún muchos de la nuestra.
Atentamente,

