Estamos dispuestos…
Estas palabras pertenecen ciertamente a Mons. Fellay. Fueron
prounciadas en “Winona, Minnesota, el 2 de febrero, en ocasión de la
imposición de sotanas en el seminario norteamericano de la FSSPX.
¿Sintetizan, acaso el pensamiento completo del Superior General de la
Fraternidad Sacerdotal San Pío X?
La verdad es que Mons. Fellay no ha hecho nada más que repetir lo había dicho en Ecóne el 8 de diciembre. La Fraternidad no firmará el preámbulo como le fue presentado el 14 de septiembre por la Congregación de la Doctrina de la Fe. Al mismo tiempo, recuerda que el trabajo de Mons. Lefebvre no puede ser concebido como algo separado de la Sede Apostólica: “No somos un grupo independiente. Inclusive si estamos peleando contra Roma, por decirlo así, estamos con Roma.”. Allí encontramos la enteramente la actitud de Mons. Lefebvre, que fue a Roma cada vez que lo llamaron. Sin huir cuando hubo de enfrentar trampas, prefirió discernir las cosas con prudencia, y avanzar, como es evidente, solicitando signos evidentes desde arriba.
Lo que le interesaba al Arzobispo, por un lado, era la proclamación de la Fe, tal como había sido profesada a lo largo de los siglos, y, por otro lado, mantener la relación con la Curia Romana, recordando que la solución habría de venir de Roma. Distinguió con el mismo cuidado la búsqueda de una regularización, un asunto prudencial, de la proclamación de la Fe, materia de principios. En tanto la segunda esté en grave peligro por una regulación canónica, tiene prioridad sobre las cuestiones jurídicas. El día que el Superior juzgue que esta proclamación es posible en el orden legal, entonces sería peligroso descuidar a esas almas que dudan de ir más allá por temor a la censura.
En los últimos días, eminentes cardenales han estudiado, se dice, la respuesta enviada por la Fraternidad San Pío X. Alemanes, franceses o suizos, estos altos prelados no son considerados un Areópago indulgente para con los defensores de la Misa y el Catecismo Tradicionales. De hecho fue a pesar de sus opiniones en contra que Benedicto XVI tomó la decisión de liberar la Misa Tradicional y de revocar las censuras que pesaban sobre los obispos consagrados en 1988. ¿Por qué habría de actuar el Papa repentinamente de un modo distinto?
Citando al arzobispo Lefebvre, el Superior General de la FSSPX meramente indicó su disponibilidad: “si Ud. nos acepta como somos, sin cambios, sin obligarnos a aceptar estas cosas, entonces estamos dispuestos”. La pelota está en el campo romano, donde el Papa tiene poderes que son mucho más amplios que los de Mons. Fellay, porque él puede, simplemente con una firma, conferir la más grandes prerrogativas para trabajar dirigidos por el prelado suizo del Valais. El puede eventualmente reconocer esta tesis que recientemente defendió, en Roma, la de que “la autoridad del magisterio del Vaticano II es la de una homilía en los años 1960”. ¿Acaso no afirmó él mismo que el Concilio “deliberadamente eligió permanecer en un nivel modesto, como un mero concilio pastoral?
- Luc. 23. Se refiere a Herodes y Pilatos durante la Pasión de Nuestro Señor. N. del T.
Fuente: Rorate Caeli.
Traducción Panorama Católico.

