Panorama Católico

Ser tradi hoy, (V)


 



Me siento tentado de pensar que la serie anunciada sobre los Filo-lefebvrianos  del Padre José Ma. Iraburu es una respuesta a “Ser tradi-hoy”. El P. Iraburu, a quien tengo el gusto de conocer personalmente y haber entrevistado para Panorama Católico Internacional, representa lo que en algún tiempo se llamó, al menos en la Argentina, la “línea media” y creo yo es más fácil de definir como el sector de los católicos incoherentes.


 

Me siento tentado de pensar que la serie anunciada sobre los Filo-lefebvrianos  del Padre José Ma. Iraburu es una respuesta a “Ser tradi-hoy”. El P. Iraburu, a quien tengo el gusto de conocer personalmente y haber entrevistado para Panorama Católico Internacional, representa lo que en algún tiempo se llamó, al menos en la Argentina, la “línea media” y creo yo es más fácil de definir como el sector de los católicos incoherentes.


Advierto que la denominación “incoherente” vale como descripción, no como juicio personal o descalificación. Y sobre la incoherencia de sus juicios en esta materia daremos cuenta en este breve comentario.


Recordemos algunos de los párrafos de su extenso artículo:



—Los filo-lefebvrianos comparten en mayor o menor medida las posiciones de los lefebvrianos



. De ellos quiero tratar ahora con mayor amplitud. Por supuesto, vale para los lefebvrianos 


a fortiori

 

la crítica que haré de los filo-lefebvrianos. Éstos son con frecuencia buenos y fieles cristianos, pero su filo-lefebvrismo, más o menos pronunciado, 


les daña

 

mucho y 


escandaliza


a no pocos católicos, sobre todo a los menos formados, suscitando en ellos confusión, desconfianza en el Papa, aversión al Concilio Vaticano II y a la liturgia actual de la Iglesia.


Buenos y fieles cristianos, dice el autor. No es poco. Es mucho más de lo que se le reconoce al tradi hoy en la Argentina.



Los filo-lefebvrianos obstaculizan en gran medida el regreso de la FSSPX


 

a la plena comunión con la Iglesia católica. Aunque pueda parecer una paradoja, es así. Ellos, sin ser lefebvrianos, 


asumen

 

gran parte de sus tesis principales, 


comprenden

 

o incluso 


justifican

 

la ordenación de los cuatro Obispos, consideran algunos documentos del Concilio inconciliables con el Magisterio anterior, ven con aversión la Misa de forma ordinaria –llegando algunos a negar su validez–, condenan de forma implacable algunos gestos de Juan Pablo II y de la Iglesia en el postconcilio, y 


de este modo, aunque no lo pretendan, están dando la razón a los lefebvrianos


, les fortalecen en sus posiciones, y por eso, sin duda, están dificultando gravemente su reincorporación a la plena comunión de la Iglesia católica. Consiguen de hecho justamente lo contrario de lo que pretenden.

Lo que el Padre no comprende es que se puede ser tradi sin ser lefebvriano o lefbvrista. Que la fidelidad a la Tradición antecede a toda forma de organización jurídico-canónica, y que el Código de derecho eclesiástico, relativamente moderno en su compilación pero antiquísimo en sus leyes, está al servicio de la salvación de las almas, que es la ley suprema de la Iglesia. De modo que juzgar descaminados a católicos buenos y fieles porque en un estado de crisis gravísima de la Iglesia adhieren a una medida que logró asegurar la continuidad de la Misa Tradicional y del Sacerdocio Tradicional, porque no cumplió con el requisito del mandato pontificio… es ver las cosas con anteojeras legalistas.

consideran algunos documentos del Concilio inconciliables con el Magisterio anterior. Bueno, hasta la Santa Sede ha admitido que es necesaria una hermenéutica de la continuidad, lo cual no dice muy bien de la claridad magisterial de dichos documentos, los cuales, normalmente, hacen tantas afirmaciones ortodoxas como otras vagas e interpretables de diversos modos, o simplemente imposibles de entender (circiterismos, los llama Amerio en su formidable Iota Unum). A esto debemos sumarle las criticas al Concilio de hombres que vienen del riñón de las universidades romanas y de la propia curia, como es el caso de Mons. Brunero Gherardini.  El movimiento de crítica al Concilio Vaticano II está en pleno crecimiento y a él se suman personas insospechadas de filo-lefebvrismo.

Finalmente, si el Magisterio no es claro, estamos en problemas y en algunos pocos pero esenciales casos, lo afirmado por el Concilio es francamente contrario a lo definido por el Magisterio anterior.

ven con aversión la Misa de forma ordinaria. Vuelvo a argumentar al estimado P. Iraburu con palabras del propio Papa Benedicto y su proyectada Reforma de la Reforma. ¿Cuál es el problema de ver con aversión una reforma litúrgica hecha con espíritu protestantizante, cuyo principal mentor era masón (Mons. Bugnini) y cuyos resultados han sido el colapso del culto público y una cantidad tal de abusos que sin lugar a dudas y gracias a Dios muchas de estas supuestas misas (que ya no las llaman así tampoco) son verdaderamente inválidas? Esto es ver la realidad de las cosas.

Condenan en forma implacable algunos gestos de Juan Pablo II. Asís, pedido de perdón, visita a las sinagogas y mezquitas, someterse a rituales paganos, abandonar el gobierno de la Iglesia en manos de una mafia enquistada en la Curia Romana, plagada de masones, homosexuales y satanistas. Bueno, no es fácil aprobar 
estos “gestos”
, sin comprometer el sentido común del fiel, el sensus fidei, .

están dando razón a los lefebvrianos. Será porque están de acuerdo en el juicio que merecen los sucesos de las últimas décadas en Iglesia. ¿O la consigna que el P. Iraburu es no darles la razón ni aunque la tengan? 



He descrito ya someramente la fisonomía de los católicos filo-lefebvrianos

. Pero ya se comprende que su identidad no puede ser definida con exactitud, pues se realiza en innumerables grados. Hay casos en que el filo-lefebvrismo no pasa apenas de ser una valoración grande, pero no del todo bien entendida, de la Tradición católica. Pero en otros casos, hay católicos próximos al lefebvrismo que casi se identifican con los lefebvrianos, sobre todo cuando admiten como legítimas las causas que ocasionaron «el acto cismático» de la ordenación de los Obispos de la FSSPX.

Aquí es donde creo que el P. Iraburu se inspira en mi columna “Ser tradi hoy”. Le preocupa que un grupo creciente de católicos, que el considera “buenos y fieles cristianos” adviertan que hay fundamentos en las protestas de la FSSPX y aun sin adherir a ella o con reservas de cualquier tipo, sin embargo compartan estos fundamentos. Son los que yo llamo, neo-tradis, que pueden ser tradis emergentes de la perplejidad o bien otros que como Nicodemo no se habían mostrado aún a la luz del día.

Lo del acto cismático es un punto, a esta altura del campeonato, un poco demodé. El estado de necesidad es cada día más obvio a quien lo mire con cierto discernimiento y sin prejuicios. Fíjense, si no, en el caso Thieberville y el P. Michel, que tan prolijamente ha seguido Pagina Católica. Ni el derecho canónico, ni el motu proprio pontificio, ni la Signatura apostólica han servido para impedir una evidente persecución del buen párroco por su obispo, que lo detesta por ser tradicional. ¿Qué tienen que hacer el P. Michel y sus 6000 feligreses para que los dejen en paz? Pues lo mismo que ha hecho la FSSPX, resistir, y dar los pasos necesarios para garantizar su subsistencia y la atención pastoral de los fieles unidos a él.

¡Cisma, ilegitimidad, irregularidad canónica! Ya basta de cuentos: esto es una guerra intestina en la Iglesia y los que tienen los cargos directivos son en gran parte el enemigo, o cómplices del enemigo, o acomodaticios que mantienen su cargo a costillas de una neutralidad a la que no tienen derecho.




Los filo-lefebvrianos, por supuesto, no reconocen en modo alguno su condición


, como tampoco los semipelagianos admitían su semipelagianismo, ni los jansenistas reconocían serlo. Si les reprochamos algunas de sus actitudes, señalándoles, por ejemplo, algunas palabras publicadas que nos parecen inconciliables con la plena fidelidad al Papa, al Vaticano II y a la Iglesia, es casi seguro que justificarán cerradamente su posición, con prolijidad de datos y argumentos, demostrándonos de modo indiscutible que 

ellos no son lefebvrianos.


Pero no nos demuestran que no sean filo-lefebvrianos
, que es lo que convendría que demostraran, respondiendo a las objeciones que les ponemos.

Llamativo: los filo-lefebvrianos, es decir, los tradis, resultan ahora comparables a herejes vitandos, cuando párrafos atrás se los denominó “buenos y fieles cristianos”. No puede decirse tal cosa de ningún pelagiano, semipelagiano o jansenista. Por otra parte, ¿Por qué no vamos a creerles cuando dicen que no son filo-lefebvrianos ni lefebvrianos encubiertos? ¡O es que no se puede ser católico, es decir, tradicional, sin adherir a la FSSPX?

Decídase, padre, con todo respeto se lo digo:
o buenos y fieles cristianos o herejes
. Por otro lado, ¿por qué se toma la libertad de invertir la carga de la prueba? ¿Deben ellos demostrar que no son lefebvrianos? Demuestre Ud. que lo son, y en todo caso, deje de considerarlos buenos y fieles cristianos, si es que los lefebvrianos no lo son. O extienda, a fortiori, su juicio de buenos y fieles cristianos también a los lefebrianos…

La cuestión canónica está muy lejos de ser el tema de fondo: es necesario despojarse de prejuicios, escapar de las trampas de la falsa obediencia y pedir a las autoridades romanas una explicación de los cuestionamientos que se hacen al CVII, y a los “gestos” del Papa Juan Pablo II.  Pero resulta muy difícil negar los argumentos que los para el autor. filo-lefebvrianos y lefebvrianos convictos postulan para sostener su resistencia. Ahí está el qui de la cuestión y lo que el P. Iraburu no hace.

Puedo entender sus razones para callar. No puedo entender sus razones para atacar a los que han decidido no callar.

   N.B. Puedo entender sus razones para callar. Entender y no compartir. Hay muchos que creen su deber mantener una postura pública «oficialista» por temor al escándalo, la confusión de los fieles, etc. Creo que el escándalo ya se ha producido y la confusión de los fieles no puede ser mayor. Y no han sido los tradicionalistas los causantes.

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