El neo-tradi
El neo-tradi es una figura
compleja, que admite, bajo la misma denominación subtipologías muy diversas. No
es hijo de tradi, puede pertenecer a distintas generaciones, desde sexagenarios
a veinteañeros, rondando los 30 – 40 la edad en que el discernimiento del
neo-tradi ha padecido todas las experiencias necesarias como para alistarse en
la filas de los descastados.
Un neo-tradi joven es un disconforme con la marcha de los
negocios eclesiásticos de las últimas generaciones, aunque no siempre lo sabe.
En general tiene la impresión de ser víctima de una estafa espiritual, algo no
le cierra. Puede ser amigo de muchos curas, participa en actividades
parroquiales o movimientistas, o
meramente ir a misa el domingo y fiesta de precepto, pero está siempre en vilo,
disconforme, aunque no sabe bien por qué.
Si es sacerdote, ha venido
sufriendo desde el seminario la impresión de que los curas “están en cualquier
cosa”. Normalmente tiene una abuela tradi-implícita por razones generacionales,
o ha caído en sus manos el misal de su tía segunda, o revisando los armarios de
la sacristía descubrió debajo del polvo un misal tridentino que escapó a la
inquisición posconciliar y lo ha abierto por curiosidad. Después de la primera
impresión de extrañeza, comprende que la Iglesia existía antes de 1960. Y que
era muy distinta de la que él conoce.
El segundo paso del neo-tradi
joven es comunicar su descubrimiento a sus pares o superiores. La respuesta
casi infalible de los interlocutores es más o menos esta: “¡pero vos estás
loco…!” Allí el neo-tradi advierte que la comunidad a la que pertenece no es
tan dialoguista como él creía…
Sin embargo, en neo-tradi
insiste, pensando que quizás no actuó con claridad, prudencia o buenos modos.
Varía los intentos, los interlocutores, etc. La respuesta sigue siendo la
misma, con variantes como “eso era antes”, “vos querés volver a las cavernas” o
redondamente una recomendación de visitar al psiquiatra.
Pero el neo-tradi es insistente.
Si tiene abuela o tía abuela le pregunta cómo era la misa a la que ella iba…
Las abuelas suelen tener una cierta debilidad sentimental por los tiempos de la
juventud, y aunque esto no constituya una fuente de revelación, el anecdotario
normalmente aviva el fuego de la curiosidad. Pero sobre todo, el neo-tradi no
entiende por qué no se puede hablar de la Iglesia de antes de los ’60. Le
parece una actitud similar a la de esas familias que niegan sus orígenes por
considerarlos poco adecuados a los criterios sociales en curso. Aunque lo que
más golpea la sensibilidad de neo-tradi es el odio de algunos a la “Iglesia de
antes”.
El neo-tradi busca y rebusca:
libros, internet, grupos, curas viejos (pocos quedan ya) videos… se entera de
que hay unos tipos que celebran la misa en latín… y poco a poco va llegando,
con sus más y sus menos, al terreno tradi, no sin escandalizar a algún
pariente, amigo o favorecedor, que nunca falta quien haga una cruzada para
evitar que el neo-tradi termine “en las garras del demonio”, recuperado de la
mitología cristiana ad hoc.
Finalmente, pisa los umbrales de
algún recinto tradi, donde puede tener una de dos experiencias: el fascinante
deslumbramiento de la verdad tanto tiempo buscada… o la más común impresión de
que no entendió un pepino… Y a pesar de todo, le gustó.
Claro que los neo-tradis no solo
tienen enemigos a su izquierda: ¿para qué están los tradis de pura cepa sino
para mirar al recién llegado con recelo y decir en tono suficientemente
audible: “Y este quién caracho es?”
Si es una neo-tradi, no faltará
la anciana dama o no tan anciana que le mida el escote o el largo de la
pollera, si acaso no tuvo el infortunio de ir en pantalones. Así y todo podrá
encontrar alguna gente normal, o casi normal, que le dedique un saludo o una
sonrisa. Debe el neo-tradi desconfiar de los demasiado amables, que muy
probablemente estarán tratando de reclutarlo para su capillita personal. Son
personajes pintorescos que dan variedad al paisaje, aunque no se los debe tomar
demasiado en serio. Una misa no se le niega a nadie.
Está el neo-tradi fulminado por
la personalidad del padre X cuando fue por primera vez a misa. Natural empatía
propia de todos los seres humanos. Intentará, tal vez, el neo-tradi elevarlo
por sobre el nivel de los pecadores, y aún iniciarlo un paso o dos en el camino
de los altares. Craso error.
Uno no adhiere a la Fe porque el
cura sea macanudo, o porque hable como a mí me gusta, aunque esto haga la vida
más grata. Si queda en ese nivel la adhesión, el futuro del neo-tradi será casi
sin dudarlo el de un radical enemigo de los tradis, no bien tenga el primer
altercado con el cura en cuestión. O dará su nombre a alguna facción.
Si el neo-tradi es casado/a –
comprometido/a y ha hecho su camino solo/a, tendrá que enfrentar otro desafío:
acercar a su cónyuge/fiancée a la decisión que altera muchos planes, casi
todos: vivir, creer, defender, sufrir, otra Fe… casi podríamos decir en cierto
sentido. En cierto sentido, otra Fe, sin casi.
También encontrará problemas
prácticos como el tener que viajar dos horas y media para ir a misa (o 250
kms), explicar que sigue siendo católico a sus amigos (siendo en realidad mucho
más católico que sus amigos), convencer a la misma abuela que lo alentó en su
momento, de que no ha ingresado a una oscura secta. O que no está excomulgado…
Aunque esto más vale se aplica a los tradis lefes, si bien los otros, con chapa
oficial, tampoco la tienen fácil.
En fin, este
brochazo un poco impresionista de las vicisitudes del neo-tradi debe ser
considerado como toda pintura impresionista: desde cierta distancia emocional.
El paraíso terrenal sigue cerrado al público por dos ángeles con espadas
flamígeras, de modo que no hay ambiente tradi donde estén ausentes los
pecadores ni los pelmazos, por si alguno tiene esa ilusión.

