Panorama Católico

Obispos japoneses resisten a los neocatecumenales

Los obispos del Sol Naciente no quieren «división y caos». El Vaticano trata de mediar y corrige y aprueba los catecismos neocatecumenales. Que sin embargo se mantienen secretos. Y también las misas siguen siendo celebradas separadamente y con modalidades particulares.

En Japón el Camino de Kiko no pasa

Los obispos del Sol Naciente no quieren «división y caos». El Vaticano trata de mediar y corrige y aprueba los catecismos neocatecumenales. Que sin embargo se mantienen secretos. Y también las misas siguen siendo celebradas separadamente y con modalidades particulares

ROMA, 19 de enero del 2011 – En el discurso a miles de entusiastas miembros del Camino Neocatecumenal de hace dos días, reunidos en el aula de las audiencias, Benedicto XVI ha incidido tres veces en sólo veinte líneas sobre la obediencia debida a los obispos.

En efecto, la relación con los obispos es un punto delicado del Camino, fundado y dirigido desde hace cuarenta años por los laicos españoles Francisco José Gómez Argüello, llamado Kiko, y Carmen Hernández, acompañados por el sacerdote italiano Mario Pezzi.

Entre los obispos, el Camino cuenta con muchos que los apoyan en todo el mundo. El próximo 26 de enero 250 de estos, entre los cuales hay 70 de los Estados Unidos, se encontrarán en Israel en la Domus Galilaeae, la residencia ideada y construida por Kiko en las pendientes del Monte Tabor, con magnífica vista al lago, para un periodo de formación en el que el mismo Kiko será el actor principal.

Pero hay también numerosos obispos que se han sentido vivamente irritados por el Camino, después de haberlo visto en acción en sus propios territorios. Por ejemplo los obispos de Japón.

El 15 de diciembre del 2007, en la visita «ad limina» hecha por el Papa, quien entonces era su presidente, el arzobispo de Tokio, Peter Takeo Okada, dijo a Benedicto XVI que «la poderosa actividad desarrollada por los miembros del Camino, similar a una secta, produce agudas y dolorosas divisiones y luchas dentro de la Iglesia».

Los obispos japoneses exigían el cierre del seminario que el Camino había abierto el 1990 en la diócesis de Takamatsu. El Camino se resistía. En el 2008 en dos oportunidades unos obispos japoneses debieron ir a Roma a defender con ardor su causa. El secretario de estado vaticano Tarcisio Bertone estudió la cuestión y dio razón a los obispos. En un año los seminaristas y su rector debieron trasladarse a Roma.

Pero los miembros del Camino presentes en Japón no aceptaron la cosa pacíficamente. El obispo de Takamatsu, Francis Osamu Mizobe, les escribió una carta en la que lamentaba que celebrasen liturgias separadas y pedía que obedecieran a las diócesis y no a sus jefes.

Desde Roma, la congregación para la evangelización de los pueblos envió a Japón un inspector favorable al Camino, Javier Sotil Vaios Espiriceta. La inspección ocurrió entre el 20 y el 25 de marzo del 2009. Pero no tuvo efecto.

Tanto es así que en el 2010 los obispos japoneses, unánimes, decidieron terminar con el asunto. Al inicio del Adviento hicieron pública la decisión que tomaron de suspender por cinco años la presencia del Camino en todo el país.

El Camino hizo un llamado a Roma, a las máximas autoridades de la Iglesia. Y en efecto el pasado 13 de diciembre se desarrolló en el Vaticano una reunión fuera de lo común.

En una parte de la mesa estaban cinco obispos japoneses: el de Osaka, presidente de la conferencia episcopal, Leo Jun Ikenaga, jesuita (en la foto); el de Takamatsu, Mizobe; el de Fukuoka, Dominic Ryoji Miyahara; el de Niigata, Tarcisius Isao Kikuchi; y el emérito de Oita, Peter Takaaki Hirayama.

En la otra parte de la mesa estaban el Papa en persona, el cardenal Bertone, otros cinco cardenales y un arzobispo. En la curia el principal protector de los neocatecumenales es el sustituto secretario de estado Fernando Filoni.

Las autoridades vaticanas ordenaron a los obispos retomar el diálogo con el Camino, con la ayuda de un delegado enviado de Roma y siguiendo las instrucciones de la secretaría de estado y de la congregación para la evangelización de los pueblos.

Los dirigentes de Camino han acogido la decisión vaticana como un éxito para ellos. Pero los obispos japoneses se esfuerzan por tener paciencia. El 12 de enero su presidente, el arzobispo Ikenaga, escribió en el semanario católico japonés «Katorikku Shimbun» que «nosotros los obispos, a la luz de nuestra apostólica responsabilidad pastoral, no podemos ignorar el daño que producen los neocatecumenales».

Y prosiguió:

«En los lugares por donde pasan los del Camino aumentan la confusión, los conflictos, las divisiones, el caos. Esperamos que den una mirada realista a los motivos por los cuales las cosas no funcionan aquí y, por primera vez, nos ayuden a ir a las raíces de los problemas, con el fin de poder llegar a una solución».

El delegado vaticano no ha sido todavía designado. Cuando llegue, el arzobispo Ikenaga ha pedido a los católicos japoneses que han entrado en contacto con el Camino que se reúnan con él y que hablen todo lo que tienen guardado sin reticencias, porque este es el único modo para «que el verdadero estado de las cosas llegue a un lugar tan lejano como Roma».

En la conferencia de prensa tenida en Roma el 17 de enero inmediatamente después de la audiencia con el Papa, Kiko Argüello dijo que el Camino actúa siempre en obediencia a los obispos y por lo tanto no trabaja en las diócesis en las que el obispo no lo permite.

Pero el caso de Japón es la prueba de que las cosas no se desarrollan de modo tan lineal. Donde el Camino ha puesto el pie es difícil que retroceda, independientemente de qué cosa piensen los obispos.

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En la misma audiencia del 17 de enero, Benedicto XVI ha tocado otro punto difícil del Camino, el de sus textos de catecismo.

Estos textos – trece volúmenes transcritos de las enseñanzas orales de Kiko y Carmen, hoy resumidos bajo el título de «Directorio catequético del Camino neocatecumenal» – siempre han sido secretos. En 1997 el entonces cardenal Joseph Ratzinger ordenó que fueran entregados a la congregación para la doctrina de la fe, para ser sometidos a un examen de sus contenidos doctrinales.

El examen se prolongó hasta el 2003. La congregación, que entonces tenía a Bertone como secretario, le hizo correcciones e introdujo cerca de 2000 referencias a pasajes paralelos del catecismo oficial de la Iglesia católica.

Sin embargo, sólo a finales del 2010 los trece volúmenes de la obra han obtenido la aprobación oficial, comunicada por Benedicto XVI en la audiencia de hace dos días.

¿Por qué este largo purgatorio? Según lo que dijo Kiko en la conferencia de prensa del 17 de enero, el motivo era que mientras tanto habían otras dos cuestiones que arreglar: la aprobación definitiva del estatuto del Camino y la aprobación del modo con que en las comunidades neocatecumenales se celebra la misa y otros sacramentos.

El estatuto ha sido aprobado el 11 de mayo del 2008 – un año después de que había vencido el anterior estatuto provisorio – y en el mismo han sido fijadas también las reglas litúrgicas a las cuales el Camino debe atenerse.

Estas dos metas se alcanzaron con gran esfuerzo y en medio de fuertes discusiones, especialmente en campo litúrgico, como www.chiesa ha documentado oportunamente.

Y todavía los comportamientos de las comunidades neocatecumenales no obedecen siempre y en todo a las normas. Las misas siguen siendo celebradas en gran parte de los casos separadamente, grupo por grupo, a puertas semi-cerradas, con largo espacio a la creatividad, es decir, a las modalidades rituales y habladas consideradas útiles para los fines del camino de iniciación de cada grupo.

Para los catecismos el criterio parece ser el mismo. «También ahora que han sido aprobados – ha dicho Kiko en la conferencia del 17 de enero – hay un camino de iniciación que debe ser respetado. No está bien que uno pueda ver inmediatamente todo el recorrido antes de iniciarlo. Si la Iglesia nos lo ordenase lo pondremos a la venta. Pero preferimos que no».

*

En la audiencia del 17 de enero Benedicto XVI ha enviado en misión 230 familias neocatecumenales, que se han sumado a otras 600 ya en misión en diferentes países del mundo.

Aparte de estas, ha enviado «ad gentes» también a 13 sacerdotes acompañados cada uno de tres o cuatro familias, con la tarea de implantar un núcleo de Iglesia en lugares en los que el cristianismo ha desaparecido o no ha llegado nunca.

En la audiencia estaban presentes también los 2000 seminaristas de los 78 seminarios «Redeptoris Mater» que el Camino tiene en todo el mundo, de los cuales han salido en veinte años 1600 sacerdotes.

Las últimas cifras dan al Camino presente en más de 1320 diócesis de 110 países en los cinco continentes, con 20.000 comunidades en cerca de 6.000 parroquias.

De estas 20.000 comunidades, 500 están en Roma – definida «la diócesis del mundo en la que el Camino se ha desarrollado más» – y 300 en Madrid, su lugar de origen.

Si a cada comunidad se asignase una media de 15 miembros, el total de los neocatecumenales adultos en el mundo sería de 300.000.

«Pero con los niños y los jóvenes pasamos el millón», dicen. Las familias neocatecumenales, en efecto, son muy prolíficas. Entre las enviadas en misión la media es de 4 hijos por pareja.

Fuente: Chiesa




Comentario Druídico:












Significativo el caso el de Kiko Argüello y su pitonisa, Carmen Hernández. Significativo de estos tiempos post-conciliares en los que los laicos tienden a reemplazar al clero y el clero, jerárquicamente superior en el orden espiritual, se somete a la «predicación» de los laicas.






Kiko adopta actitudes de iluminado. Predica, báculo en mano (cruz procesional a modo de zarendeado báculo) y se toma la insólita libertad de convocar a 250 obispos a una instrucción ¡dirigida por él, un laico! ¡Qué confusión!



78 seminarios… increíble número. ¿Tantos profesores capacitados tienen los neocatecumenales para sostener 78 seminarios? ¿Quién supervisa la formación de esos futuros sacerdotes, de los que ya se han ordenado 1600?



Envío de familias a misionar: contemplemos con sentido común las implicancias de estas «misiones». Familias, es decir núcleos que se desarraigan, no siempre con el común acuerdo del matrimonio, lo que ha causado múltiples conflictos y hasta rupturas matrimoniales. ¿Es función de la familia misionar?



«Actúan como secta» dicen los obispos japoneses. Y esto es verdad, claro que en distintos grados, según los casos. En algunos se llega al fanatismo. Pero siempre la invitación a participar en el Camino es selectiva, iniciática, sus ceremonias semi-secretas (no puede asistir cualquier fiel) Inclusive la misa. En especial a la misa.



Por cierto, el papel de Kiko como gran liturgo es una anomalía intolerable. Él ha recreado la liturgia de los sacramentos según su criterio y defiende estas ceremonias, en las que el papel del sacerdote queda relegado a un segundo plano y el de la confesión sacramental prácticamente reemplazado por la confesión pública, por citar alguna de las anomalías. Todas viejas herejías que, bien en el sentido de las tendencias post-conciliares, se justifican bajo capa de una pretendida recuperación de la «pureza» inicial de la litúrgica.






Catecúmenos for ever






Es obvio que la tarea de profundización de la doctrina es permanente y acaba con la muerte del fiel. Pero también es evidente que el catecúmeno (persona que se instruye para ser bautizado) no lo es eternamente, ni de por vida. También lo es que las verdades del catecismo alcanzan a la mayoría para la salvación, y que no es necesario ningún camino iniciático interminable ni semi secreto. Más parece este procedimiento una terapia psicoanalítica que una instrucción doctrinal, la cual, por cierto, se basa en la recopilación de las «predicas» de Kiko Argüello, cuanto menos un profeta. ¿Y la jerarquía eclesiástica? ¿Y la misión del clero, para la cual tiene gracias de estado que no tienen los laicos?



Tal vez los obispos japoneses resistan a los neocatecumenales por malas razones, pero esgrimen razones razonables. «Por donde ellos pasan, aumenta el caos y la división». Basta abrir los ojos para comprobarlo.

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