Panorama Católico

En Navidad, una niña nos ha sido tomada

Agobiante verano austral. Navidad y calor se asocian
siempre bajo la Cruz del Sur. Este año pasado de 2010 particularmente. En un
lugar suburbano, lindante con lo rural, el domingo primero después de la
Navidad los vecinos padecían el rigor de la media tarde.

El sopor fue violentamente sacudido en la casa de una
médica de niños. Los padres de una niña de 4 meses de edad irrumpieron con el
cuerpo exánime de la misma criatura que la noche anterior habíamos contemplado
durmiendo plácidamente en la Misa del Gallo. Ni doce horas antes. Gozando de aparente plena salud y vigor.

Agobiante verano austral. Navidad y calor se asocian
siempre bajo la Cruz del Sur. Este año pasado de 2010 particularmente. En un
lugar suburbano, lindante con lo rural, el domingo primero después de la
Navidad los vecinos padecían el rigor de la media tarde.

El sopor fue violentamente sacudido en la casa de una
médica de niños. Los padres de una niña de 4 meses de edad irrumpieron con el
cuerpo exánime de la misma criatura que la noche anterior habíamos contemplado
durmiendo plácidamente en la Misa del Gallo. Ni doce horas antes. Gozando de aparente plena salud y vigor.

Llegó exánime, pocos minutos después de haber sido
advertida en su cochecito, sin signos vitales. Sin causa aparente. El corazón
parado. La lividez corporal asomando. Reanimación por masaje cardíaco durante
largos minutos, más de media hora, quizás 40. Suave masaje: uno, dos, tres, cuatro. Y soplo
suave de aire en la boca. Soplo suave por la fragilidad de sus pulmones,
increíblemente pequeños, que una presión excesiva podría haber dañado. Masaje
suave, porque el pequeño tórax recibía el estímulo con la blandura de sus
huesos nuevos.

Padres desigualmente arrasados por la sorpresa y la
mordida del dolor. El varón, arrodillado ante una imagen de la Virgen. La
madre, buscando una vía de acción. La madre, con su vínculo visceral, desgarrado,
porque no había nada más que hacer.

La asistencia llegó para confirmar la muerte. La
propia reanimadora tenía la certeza de la muerte desde hacía muchos minutos.
Buscaba en su cabeza desesperadamente un beato que obrara el milagro,
ofreciéndole el testimonio del prodigio a cambio de la vida de la niña.

La niña ya tenía Vida plena. Cristianamente bautizada
a poco de nacer, voló al cielo en una plácida inocencia.

Los padres lo saben. Los abuelos lo saben. Todos los
amigos lo sabemos, pero… igual desgarra el corazón. Notable incoherencia entre
la Fe y el sentido. O los sentimientos. Ambos. La muerte de un párvulo
desgarra. La muerte de un anciano es un desprendimiento natural, como de fruta
madura.

Al niño-fruto, el árbol se niega a soltarlo: los lazos
son verdes y vigorosos. Al anciano se lo deja ir casi con alivio, sobre todo
cuando sufre. Es fruto en sazón.

Esta niña no sufría, no estaba enferma, no tenía
siquiera molestias. Fue a dormir placenteramente. Y se murió. Muerte súbita,
dicen los médicos. Un nombre que reemplaza pobremente el misterio de la vida y
el destino.

Padres tradicionalistas, rito romano, misa de
párvulos. Capilla ardiente en un convento femenino. Las hermanas colocaron el
cuerpo sobre pétalos y coronaron la cabecita con flores. Lo marca el rito.

Traslado del féretro, tan pequeño que cuatro manos
viriles se molestaban unas a otras. Féretro blanco. Flores en el altar.
Ornamentos blancos, música. Aleluyas. Es una misa festiva. No hay propiciación
por el alma, que está en el cielo. Hay celebración –a veces la Fe es dura
con la sensibilidad- porque la niña es santa.

Sobre padres y deudos parece oírse un marechaliano duelo de ángeles tratando de arrebatar las
almas. No la de la niña santa, sino la de los doloridos.

Choque de aceros: si nos abstraemos de la música y el
canto, es fácil escucharlo. Dios es malo,
es injusto.
Dios es bueno, es
misericordioso, es providente.
Eso argumentan por turnos los ángeles, los
malos para exasperar la sensibilidad de los padres, abuelos, tíos… desgarrados.
Los buenos para consolar y sostener.

No se baten estos ángeles por los hermanitos, cuatro
más, pequeños y ya algunos con uso de razón: para ellos la Fe es fácil, el
adiós como un juego. Pilar está en el cielo. Así se dice como se cree. “Si no os hacéis como niños…”.

La liturgia tiene la fuerza de Dios y la experiencia
de los siglos. Dios la ha revelado y la Iglesia la ha enriquecido. ¡Cuántos
párvulos han muerto! ¡Cuántos han sido honrados con este mismo rito, bello y
aparentemente cruel! Porque celebra mientras todos lloramos.

“Si tuvieseis
Fe como un grano de mostaza”.
¡Qué
fácil se dice, qué duro se vive! La liturgia prosigue, larga y reiteradamente
con sus ritos. Se inciensa el féretro, por respeto al cuerpo, templo que fue
del Espíritu Santo. Algunos dicen que la Iglesia desprecia el cuerpo. ¡No han
asistido a la liturgia de réquiem ni a las misas de párvulos! No saben lo que
dicen.

La liturgia con su insistente invitación a la alegría
nos fastidia primero, nos tranquiliza luego. Finalmente nos pone un bálsamo. La
liturgia también trabaja sobre el sentido, con gran sabiduría multisecular. La
catarsis del dolor se va produciendo. ¡Qué bella muerte! Ya quisiera yo que me
honren con ceremonias fúnebres, cantos y altares así de solemnes en el día de
mi propia muerte.

Muerte y vida. Vida y muerte juegan como conceptos
contrarios y complementarios. Escuchamos las espadas angélicas. El duelo
continúa, pero los aceros que prevalecen son aquellos que defienden la providencia
de Dios. Incomprensible, como Dios mismo. Dios es bueno, es misericordioso.
Esta muerte es un misterioso acto de misericordia divina. Ha tomado a su
pequeña virgen para sí, y ya ningún pecado manchará su vestido nupcial.

Esta Navidad nos ha sido dado un Niño, y nos a sido
arrebatada una niña, que no era nuestra, pero que hicimos nuestra durante 40
minutos tratando de devolverle los latidos al corazón.  Dos navidades, dos nacimientos. Uno, el
de la niña, al cielo. Die natalis.

Nunca había sentido (sentido, sí) el bálsamo de la
liturgia tan a flor de piel como en esta misa de párvulos. La Iglesia es Madre,
y lo demuestra.

Pueden rezarle a Pilar. Recién se estrena en esto de
conceder gracias.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *