Por qué sigo yendo a Roma
Al Abbé de Nantes, que reclamaba: “Es necesario que un obispo (…), colega del Obispo de Roma (…), rompa su comunión con él mientras no dé pruebas de su fidelidad a los cargos de su supremo pontificado”, Monseñor Lefebvre le respondió: “Sepa usted que si hay un Obispo que rompe con Roma, ése no seré yo”.
Al Abbé de Nantes, que reclamaba: “Es necesario que un
obispo (…), colega del Obispo de Roma (…), rompa su comunión con él mientras no
dé pruebas de su fidelidad a los cargos de su supremo pontificado”, Monseñor
Lefebvre le respondió:
“Sepa usted que si hay un Obispo que rompe con Roma,
ése no seré yo”. Romper con el Papa, ¿no es romper con Roma? Pero Georges de Nantes prosiguió sus ataques y
le reprochó a Monseñor Lefebvre que hubiera fundado, para salvar a la Iglesia,
una Iglesia paralela, una “Iglesia de suplencia.” No se trataba de eso –
explicaba Monseñor Lefebvre –, sino de instituciones de suplencia.
“y deseo que algún día todos nuestros Seminarios
puedan ponerse en manos del Santo Padre (…) Nuestro más profundo deseo es
entrar en comunión perfecta con él, pero en la unidad de la fe católica y no en
un ecumenismo liberal.”
Mientras tanto, decía el Arzobispo,
“quiero mantener una atmósfera psicológica que permita
las buenas relaciones; jamás podrá acusarme de haber tenido una actitud
insolente para con el Santo Padre. ¿Qué hacer ante las personas que ocupan
actualmente los cargos? ¿Debemos quedarnos encerrados en nuestra resistencia
como en una torre de marfil, o tratar de convencer a las autoridades romanas?
No creo que romper el diálogo con Roma sea lo correcto.”
Tras su carta a los amigos y benefactores nº 16, el Prelado observaba:
“Circulan panfletos en mi contra. Soy un traidor y un
Pilatos porque discuto con Roma y le pido al Papa: “¡Deje que la Tradición
continúe!” No pienso haberlos traicionado a ustedes por el momento –
aseguraba a sus seminaristas –; el único fin de mis visitas a Roma es
tratar de romper la cortina de hierro que nos encierra y lograr que miles de
almas se salven por medio de la gracia de la verdadera Misa, de los verdaderos
Sacramentos, del verdadero catecismo y de la Verdadera Biblia. Por eso voy a
Roma y no dudo en hacerlo cuantas veces me lo pidan. Debemos tratar, en la
medida de lo posible, de convertir a los liberales. El solo hecho de que nos
tolerasen ya sería una ventaja considerable; muchos sacerdotes volverían a la
Misa y muchos fieles se unirían a la Tradición.”
“Por eso no puedo aceptar en la Fraternidad que haya
gente que se niegue a rezar por el Santo Padre y, por lo tanto, a reconocer que
tenemos un Papa: eso sería meterse en un callejón sin salida. No quiero
conducirlos a ustedes a un callejón sin salida ni ponerlos en una situación
imposible.”
Mons. Marcel Lefebvre, La Biografía, de Bernard Tissier de Mallerais. Ediciones Río Reconquista
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