Panorama Católico

A propósito del P. Panaro y sus defensores

Advierto una campaña de defensa del P. Panaro. El decir campaña no significa que atribuya a esta palabra una mala intención, sino solo un trabajo sistemático de defensa que consiste en, este caso, en insistir hasta el cansancio en que las acusaciones sobre él vertidas son calumniosas y que quienes lo defienden dan su testimonio en favor. 

Advierto una campaña de defensa del P. Panaro. El decir campaña no significa que atribuya a esta palabra una mala intención, sino solo un trabajo sistemático de defensa que consiste en, este caso, en insistir hasta el cansancio en que las acusaciones sobre él vertidas son calumniosas y que quienes lo defienden dan su testimonio en favor. 
Yo he preguntado que hay de verdad en esto de la causa judicial eclesiástica que se le sigue al sacerdote en cuestión y por vía privada alguno de sus defensores me responde que dicha causa no tiene que ver con lo discutido aquí, a saber, el cierre de la Capilla del Sagrado Corazón y sus circunstancias.
Es muy posible. Por las informaciones que obran en mi poder, el P. Panaro ha tenido problemas con los caudales parroquiales en varios destinos, a veces con complicidad de laicos. Tal vez interesados hoy en lavar el nombre del procesado.
Yo creo que las cosas sí tienen que ver. Por ejemplo, bajo la siguiente conjetura: la causa del P. Panaro está cajoneada en los tribunales arzobispales, a canje de lo cual el P. Panaro, hombre de temperamento muy acorde a esta misión, se dedique a ejecutar la voluntad de sus superiores sin mayores miramientos. 
Creo que un sacerdote que es sujeto a esta forma de presión puede llegar a actuar con la brutalidad y la falta de decoro religioso que relatan los ex feligreses de la Capilla del Sagrado Corazón. Es muy probable.
Respecto a otras inclinaciones que se le atribuyen, nos vamos a abstener de momento, no sin lamentar la imprudencia de ciertas monjas capitalinas que avalaron sin más resguardos la rectitud moral de un clérigo demasiado cuestionado.  Esperemos que no deban arrepentirse de haber obrado por ingenuidad.
De todos modos, el mal olor de este asunto ya ha llegado a Roma y tal vez se pueda tener alguna esperanza. En tanto muchos buenos sacerdotes sufren persecución por el simple hecho de cumplir con sus deberes sacerdotales. Y se los persigue bajo la consigna: que no se les permita hacer nada, y si algo están haciendo, neutralícenlos. Por vías directas o indirectas, la Arquidiócesis se ha convertido en un inmenso coto personal donde quienes caen en desgracia son aplastados sin miramientos.
Pero a los serviciales se les perdona todo, en tanto no se vuelvan demasiado ruidosos. Por lo cual no apostaría mucho por el futuro del P. Panaro…

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