¡Qué buen vasallo si hobiese buen señor!
Alrededor de 200.000 manifestantes se opusieron ayer, 13 de julio, a la presunta ley de “matrimonio homosexual” que pretende aprobar el gobierno de los Kirchner. Pese a todo, a la ausencia del clero jerárquico, a las consignas sosas impuestas sin el menor espíritu combativo, al poco tiempo para organizarse… pese a la sospecha de que por detrás se negocia una ley de “unión civil” con el consenso tácito de muchos obispos, aún así y a pesar de todo, la manifestación golpeó duramente las aspiraciones de quienes pretenden disolver la sociedad desde sus raíces.
Alrededor de 200.000 manifestantes se opusieron ayer, 13 de julio, a la presunta ley de “matrimonio homosexual” que pretende aprobar el gobierno de los Kirchner. Pese a todo, a la ausencia del clero jerárquico, a las consignas sosas impuestas sin el menor espíritu combativo, al poco tiempo para organizarse… pese a la sospecha de que por detrás se negocia una ley de “unión civil” con el consenso tácito de muchos obispos, aún así y a pesar de todo, la manifestación golpeó duramente las aspiraciones de quienes pretenden disolver la sociedad desde sus raíces.
Huelga mencional al vacío de los medios audiovisuales. Los diarios han sido algo más “amplios” en la cobertura, no sin caer en el ridículo de minimizar los números de los asistentes a cifras absurdas, o de querer aparejarlas con una runfla de 300 murgueros que hicieron la “contramanifestación” en las cercanías del Obelisco.
Esto que se vio es mucho menos de lo que la Iglesia puede dar como presencia política para contribuir a la restauración del reinado social de Cristo. Con consignas conbativas y objetivos claros, no solo podemos frenar esta aberración, sino impedir muchas otras. Pero para ello hace falta la voluntad de los dirigentes…
Para muchos obispos un hecho “no deseado”, la aplastante respuesta de los fieles los deja en muy mala posición. Ahora solo les queda ponerse a la cabeza (recordemos que ningún obispo se hizo presente en la manifestación, ningún sacerdote en carácter oficial, todo se le cargó a los “laicos”). Ponerse a la cabeza o traicionar. Sabemos que hay una negociación por debajo de la mesa, una salida elegante bajo el nombre de “unión”, que retire la palabra “matrimonio”, como si esta fuese todo el problema.
Es fundamental que los católicos no caigan en la trampa. Tenemos fuerza para desafiar y derrotar a los lobbies de pervertidos, abortistas, etc. Lo que nos falta es convicción y militancia. Nos falta claridad de ideas y voluntad de acción. Hay que apoyar al clero que lucha y denostar a los que ponen trabas en el camino.
Es el momento de poner más presión sobre los obispos. Que cumplan su deber o renuncien. No queremos figuras decorativas, queremos pastores. Es el momento de informar a Roma quién es quién, y también de demostrar quién es quién.
Sres. Obispos: la alternativa que se les presenta hoy es asumir sus responsabilidades hasta las últimas consecuencias o traicionar. Podrán hacer esto último con elegancia y bonitas palabras, pero será igualmente una traición.
Todavía tenemos esperanzas de que un Macabeo aparezca entre sus filas. Por ello rezamos. El pueblo fiel ya ha demostrado su buena disposición.
Fotografías: La Nación, Clarín, Perfil, EFE

