La «presidenta» de Islandia «se casó» con otra mujer…
La mandataria, Johanna Sigurdardottir, se casó con la mujer que venía siendo su pareja en los últimos años, por lo que se convirtió en el primer jefe del Gobierno del mundo en casarse con una persona de su mismo sexo.
Sigurdardottir, de 67 años, se casó con la escritora Jonina Leosdottir el mismo día en que entró en vigor la nueva ley que define el matrimonio como una unión entre dos adultos independientemente de su sexo.
La mandataria, Johanna Sigurdardottir, se casó con la mujer que venía siendo su pareja en los últimos años, por lo que se convirtió en el primer jefe del Gobierno del mundo en casarse con una persona de su mismo sexo.
Sigurdardottir, de 67 años, se casó con la escritora Jonina Leosdottir el mismo día en que entró en vigor la nueva ley que define el matrimonio como una unión entre dos adultos independientemente de su sexo.
Desde hacía varios años la premier y la reconocida escritora convivían como pareja de hecho y con la ceremonia de ayer transformaron esa unión en matrimonio. La ceremonia coincidió igualmente con el Día Internacional del Orgullo Gay.
«Hoy me beneficié de esta nueva legislación», declaró la primera ministra, quien tiene hijos de un anterior matrimonio con un hombre, informó la agencia de noticias Europa Press.
No obstante, miembros de la Iglesia Estatal Luterana se mostraron reticentes a los cambios aprobados, en tanto el obispo de Islandia instó a los curas a no acatar la ley.
Comentario Druídico: En fin, ya se ve como van imponiendo las malas costumbres. Los reyes hacen las modas, siempre ha sido así. Los gobernantes imponen las costumbres, o al menos influyen fuertemente en ellas.
Esto es lo que saldrá de la discusión sobre el «matrimonio homosexual» como está planteada. O bien un avance notable de la simpatía (o al menos la baja de las defensas morales) contra esta perversión, o, hasta en un caso no improbable, una votación adversa al orden natural.
No debe ponerse en discusión el orden natural. Se lo debe defender, no someter a votación. En el mejor de los casos, la votación probaría el rechazo de una importante parte del pueblo a esta aberración… pero sería interpretada como un acto de «inmadurez» de nuestra sociedad, que en un xx % ya ha entendido el rumbo de los tiempos… etc.
En una votación, ellos tienen todo por ganar, nosotros todo por perder.

