Panorama Católico

El Papa en vela

La falta de comprensión radical de la Roma Conciliar acerca de lo que es verdaderamente el movimiento Católico Tradicionalista fue ilustrada una vez más en Paris el miércoles pasado cuando el Cardenal Kasper, cabeza del departamento del Vaticano para las relaciones con otras iglesias Cristianas y con los Judíos, dictó una rueda de prensa. Del informe de Reuters permítanme citar, tan fielmente como me sea posible, lo que el Cardenal piensa, resumido en cinco propuestas, para posteriormente comentarlo.

La falta de comprensión radical de la Roma Conciliar acerca de lo que es verdaderamente el movimiento Católico Tradicionalista fue ilustrada una vez más en Paris el miércoles pasado cuando el Cardenal Kasper, cabeza del departamento del Vaticano para las relaciones con otras iglesias Cristianas y con los Judíos, dictó una rueda de prensa. Del informe de Reuters permítanme citar, tan fielmente como me sea posible, lo que el Cardenal piensa, resumido en cinco propuestas, para posteriormente comentarlo.

1) Las discusiones doctrinales que actualmente se están llevando a cabo cada dos meses entre cuatro teólogos de Roma y por otro lado un obispo y tres sacerdotes de la Fraternidad Sacerdotal de San Pio X, no resultan fáciles. 2) El principal problema es el concepto de tradición. «¿Queremos una tradición viviente o una tradición petrificada?», preguntó el Cardenal. 3) El dijo que está de acuerdo con este diálogo con la FSSPX, pero que tiene que darse bajo las condiciones de Roma y no bajo aquellas de la FSSPX. 4) Si hay que llegar a un arreglo, la FSSPX deberá hacer concesiones y deberá de aceptar las reformas Conciliares. 5) Sin un arreglo, la FSSPX no tendrá un estatus oficial, sus sacerdotes no serán reconocidos como sacerdotes Católicos, ni se les permitirá ejercer su ministerio. 

  1. Claro que no está siendo fácil el poder reconciliar el que 2+2=4 (La Tradición y la FSSPX) con el 2+2=4 ó 5 (Vaticano II y la Roma Conciliar). Estamos en presencia de dos conceptos de la aritmética profundamente diferentes, como de dos concepciones aun más diferentes de lo que es la Verdad Católica.
  2. El que 2+2 e igual a 4 es verdad, no cambiante e inmutable, por lo tanto»tradicional». El que 2+2= 4 ó 5 es una manera completamente nueva de hacer aritmética, manera tan «viviente» como a uno le gusta, pero completamente irreal, y por lo tanto para nada tradicional.
  3. Si uno está discutiendo aritmética verdadera, será bajo las condiciones de la verdadera aritmética y no bajo las de cualquiera de las partes que conforman la discusión, aún cuando una de estas tome partido de estas verdaderas condiciones.
  4. ¿Quién quiere, o necesita, llegar a un arreglo en el que 2+2=4 ó 5 (El Vaticano II)? ¡Únicamente aquellos comerciantes de fantasía a quienes ya no les importa la aritmética verdadera!
  5. Si el «estatus oficial», «reconocimiento como sacerdotes» y el «tener permiso para ejercer el ministerio» todo depende de aceptar que 2+2 puede ser 4 ó 5, entonces ese «estatus», ese «reconocimiento» y ese «permiso» están siendo comprados al precio de la Verdad. Pero si vendo la Verdad, ¿cómo puedo aún poseerla para predicarla? Y si ya no puedo predicar la Verdad, ¿qué clase de sacerdote puedo ser?, ¿con qué clase de ministerio?

Por lo tanto, en conclusión, no es solamente la «tradición» sino la misma naturaleza de la verdad que separa a estos Romanos y a la FSSPX. Cambiando la verdad, estos Romanos han perdido la Verdad; de hecho, hablando por lo menos objetivamente, están asesinándola, como Macbeth «asesina al sueño» (II,2). De hecho, en el mismo artículo de Reuters el Papa es citado por haber dicho que el problema de la FSSPX «le roba el sueño». Santo Padre, crea que la Verdad está mucho más arriba que la FSSPX, quien no es más que una de sus diminutas defensoras momentáneas. Cada uno de nosotros en la FSSPX le desea a Ud. toda clase de bien, especialmente un buen sueño. No es la FSSPX, sino la Verdad asesinada, la que le mantiene a Ud. en vela por las noches.                                                                                                                              

Kyrie eleison.

Comentarios

Anónimo
16/05/2010 a las 10:29 pm

Si bien Mons. Williamson
Si bien Mons. Williamson continúa con el tonito alto («Roma Conciliar», «los Romanos», etc), parece un poco más conciliador que antes. Al menos lo llama Santo Padre, cosa que no todos en la FSSPX lo hacen. Por suerte, los que no lo hacen, se están yendo.
Concuerdo en que Kasper y muchos más dicen que 2+2= 4 ó 5, pero no todos en Roma piensan eso. Hay varios que se nota que buscan borrar ese 5 de la suma.
Veo fantástico que la FSSPX no ceda ante la doctrina, pero en algunos casos debe entender que un cambio de formulación no es cambio de doctrina, por más que pueda parecerlo: decir que 2+2=4 y que dos más dos es igual a cuatro, son sinónimos.



    Anónimo
    17/05/2010 a las 5:49 pm

    pero no todos?
    pero no todos en Roma piensan eso. Hay varios que se nota que buscan borrar ese 5 de la suma.

    ¿CÓMO SABE?

    Ese argumento del ENTORNO, lo vimos en muchas peílculas en la política argentina. «No es Perón, es el «entorno».

    ILOGISMO se califica ese tipo de razonamiento irrazonable.



      Anónimo
      17/05/2010 a las 6:35 pm

      Sé porque le sacan el cuero a
      Sé porque le sacan el cuero a la reforma litúrgica, porque condenan abiertamente los encuentros interreligiosos, en fin… Sino fíjese, a modo de ejemplo, entrevistas a Mons. Ranjith, Brunero Gherardini, al card. Giacomo Biffi, etc. Hay varios.



        Moderador
        17/05/2010 a las 7:09 pm

        Perdone que me meta…
        Pero a la reforma litúrgica no le «sacamos el cuero». Publicamos críticas muy enjundiosas. Y luego las comentamos nosotros, los aficionados. Los que Ud. menciona más otros muchos son especialistas reconocidos en el tema…



          Anónimo
          17/05/2010 a las 11:37 pm

          No se meta
          No se meta, González, que la discusión no era con usted. Con respecto a «las sacadas de cuero», me refería a ciertos personajes conocidos EN COMUNIÓN CON ROMA, no con allegados a la FSSPX. Además, el término fue un criollismo, no hace falta aclarar que atacan la reforma con altura intelectual.



          Moderador
          18/05/2010 a las 12:16 am

          La verdad, no entiendo
          Pero si Ud. lo dice…



          Anónimo
          18/05/2010 a las 3:38 am

          ¿Qué no entiende?
          A ver, González. No es tan difícil: me cuestionaron:

          pero no todos en Roma piensan eso. Hay varios que se nota que buscan borrar ese 5 de la suma.

          ¿CÓMO SABE?

          La respuesta fue: Sé porque le sacan el cuero a la reforma litúrgica, porque condenan abiertamente los encuentros interreligiosos, en fin… Sino fíjese, a modo de ejemplo, entrevistas a Mons. Ranjith, Brunero Gherardini, al card. Giacomo Biffi, etc. Hay varios.

          ¿Se entiende? Nada tiene que ver usted ni la FSSPX en mi respuesta.



          Moderador
          18/05/2010 a las 11:03 am

          Si, ahora entiendo
          Le agradezco su amable aclaración.



          Anónimo
          18/05/2010 a las 1:01 pm

          Camouflage
          apariencias engañosas
          que no dejan ver las cosas
          como son en realidad.

          Artimañas
          que al nacer ya nacen muertas,
          porque quedan descubiertas
          con la luz de la verdad.

          http://www.todotango.com/english/las_obras/letra.aspx?idletra=1977

          ¿Y porqué no se unen a quienes HOY son los únicos que representan CONCRETAMENTE a la Tradición Católica?

          Hacen hermenéutica al verre. Y le pregunto ya que sabe, ¿cual es la REGLA DE LA HERMENÉUTICA?



Anónimo
17/05/2010 a las 12:54 pm

LABERINTO
ATRAPADOS SIN SALIDA

Del laberinto SE SALE POR ARRIBA.

Del «ecumenismo con la Tradición» (dixit Mons.Degallareta) se sale con un SI,SI.NO. NO. como mandó LA CABEZA DE LA IGLESIA que NO TRANZÓ CON LA RELIGIÓN CORROMPIDA, y aceptar HUMILDEMENTE el rechazo de la «sinagoga».

Todo lo demás viene del DEMONIO que «ha entrado por algún AGUJERO en la Iglesia» (Paulo VI).

Gracias a Dios por Mons.Williamson, EL MÁS ESCLARECIDO de la FSSPX. El MÁS FIEL (en concreto) a la obra de Mons.Lefebvre.

Sedeocupantista (por las dudas)



Anónimo
17/05/2010 a las 3:06 pm

LO SEPARAO ES APARTE
Mons Willamson se apresura cuando se pone del lado del 2+2=4 y le asigna a «estos romanos» el resultado masomenístico. ¿Y si ponemos los términos al revés? No simplifiquemos algo tan complejo. Las discusiones doctrinarias son necesarias, son buenas, rezo mucho para que de ellas salgan buenos frutos. Pero los católicos tenemos una sólo Magisterio, un sólo Pastor Universal y lo que defina -finalmente y como última palabra- la Cátedra de Pedro, eso es lo que acataremos y seguiremos nosotros los católicos de a pie, los amigos de la FSSPX y el mismo Kasper, si es que queremos permanecer católicos. La Verdad católica la define Pedro, así de simple. Cualquier «protestante» puede decir que el Papa se aparta de la Verdad y proponer su camino a la «fidelidad»… pero eso no fué lo que Nuestro Señor dispuso. Si la última palabra sobre la ortodoxia católica la va a decir alguien de la FSSPX o un consenso entre la línea dura y la línea dialoguista de la FSSPX, o lo que fuere, pues estamos… en el horno. Me alegro de que Panorama nos de la posibilidad de expresar esta desaveniencia con Mons Willamson, a quien sigo semanalmente en sus «Eleyson Comments» donde enseña cosas extraodinariamente buenas (los artículos sobre la monja esperanzada y la monja preocupada son de antología, los padres de familia necesitamos que los pastores nos digan estas cosas!). Pero lo separao es aparte. ROQUE GONZÁLEZ DE SC



    Moderador
    17/05/2010 a las 3:22 pm

    Estimado Roque,

    Ahí está el punto. Tenemos UN SOLO MAGISTERIO. No dos ni tres. Y de ahí viene el problema, si Ud. bien se fija. De que, desde hace unos 50 años pareciera haber más de un Magisterio. O, dicho de otro modo, más de una doctrina. Una doctrina que «fue» y otra que es la que vale «ahora».

    Todos estamos de acuerdo en que la heterodoxia clara y distinta (hermenéutica de la ruptura) no es católica. 

    Pero no queda clara la otra hermenéutica: La propia expresión es la búsqueda de un consenso en donde no solo puede sino que debe haber DEFINICIÓN CLARA: SI SI, NO NO. 

    Esto no se soluciona haciendo como que es lo mismo… (hermenéutica de la continuidad) sino SIENDO lo mismo. Y LO QUE SE ESTA DISCUTIENDO ES AQUELLO QUE NO ES LO MISMO por más buena voluntad que se le ponga. 

    Por eso no se discute el Concilio, ni el 5% del Concilio. Apenas el 1% del Concilio, es decir, ahí donde NO DICE LO MISMO SINO LO CONTRARIO. 

    Y todas las consecuencias prácticas, por ejemplo, la peor de todas: la reforma litúrgica.



      Anónimo
      17/05/2010 a las 4:41 pm

      ESTIMADO MARCELO
      Justamente, una de las cosas que más me gustan de las conversaciones doctrinarias es la posibilidad de obtener definiciones: de acuerdo con Vd. No considero, en cambio, que la hermenéutica de la continuidad pueda ser caracterizada como un «hacer como que es lo mismo», aunqie cponcedo que puede ser una tendencia. Creo que el contenido de ésta es la interpretación desde la ortodoxia del CVII, la corrección puntual allí donde yerra en sus directivas pastorales (o la corrección clara y tajante de sus malas interpretaciones en base a la ambiguedad de ciertos textos). Por eso creo que las conversaciones están inspiradas por el Espíritu Santo, porque de allí debe salir claramente las líneas directrices de la hermenútica de la continuidad y que las cosas se van a superar mediante la «reforma de la reforma». Por eso quiero a mis hermanos de la FSSPX peleándola desde adentro, con parroquias personales en todo el mundo. Tengan confianza: y SIENDO QUE SOMOS CATÓLICOS… si de todos modos el MAGISTERIO es INFALIBLE, ¿por qué demorar la REGULARIZACIÓN CANÓNICA? ROQUE.



        Moderador
        17/05/2010 a las 6:22 pm

        ¿Todo el Magisterio es infalible?
        Amigo Roque,

        Hemos tenido una larga discusión sobre este tema. Creo que lo que ha quedado en claro es que NO todo el Magisterio es infalible y que el Vaticano II no lo es…

        http://panoramacatolico.info/foros/magisterio/magisterio-conciliar

        Cordiales saludos



          Anónimo
          18/05/2010 a las 1:57 pm

          TA BIEN… PERO
          Amigo Marcelo: me viene a la memoria la frase del Califa Omar antes de mandar reducir a cenizas la Biblioteca de Alejandría: “Si los libros contienen la misma doctrina del Corán, no sirven para nada porque repiten; si los libros no están de acuerdo con la doctrina del Corán, no tiene caso conservarlos”. Si el CVII es pastoral, por lo tanto al no formular -en comunión con el Papa- definiciones atinentes a la fe y a la moral, no es necesariamente infalible, tampoco puede -al menos directamente- afectar cuestiones fundamentales de fe y moral, porque no las ha tratado. De acuerdo: al mutarse (post Concilio, mons Bugnini et allia) la lex orandi, en la forma en que se hizo, se afectó la lex credendi y con los modernistas agazapados entramos en un mar de ambiguedades, deletéreas. Transcurrido el tiempo se dan, a Dios gracias, las conversaciones doctrinarias con la FSSPX y de allí saldrán de la Cátedra de Pedro definiciones tendientes a preservar la esencia de la Fe COMO NO PUEDE SER DE OTRO MODO. Y allí es el terreno donde el Magisterio es infalible. Y antes o después se tiene que dar la «plena comunión con el Papa», que yo lo concretizo en la idea de «regularidad canónica de donde surja la licitud eclesial del ministerio de los sacerdotres de la FSSPX» (lo que considero como un gran bien para la Iglesia). Entonces, volviendo al argumento omariano: Ubi Petrus Ibbi Ecclesia es el equivelente lógico al Corán. Entonces «si el Magisterio (EL QUE NO PUEDE -POR DOGMA- DEFINIRSE EN CONTRA DE LA FE)se define en lo atinente a la Fé, no tiene caso para la FSSPX permanecer en una situación irregular, SI EL MAGISTERIO AÚN NO SE HA DEFINIDO, TAMPOCO TIENE CASO MANTENERSE EN UNA SITUACIÓN IRREGULAR. Entonces, ¿por qué no ANTES? ¿por qué no un gesto de filial confianza en el Santo Padre? ¡Hombre! sobre todo si se dan todas las posibilidades de volver al redil!. ¿No será que el Papa no puede dormir porque se encuentra con gente obcecada y que ello puede tener -sub specie aeternitatis- consecuencias mortales para muchas almas? ¿Por qué no nos dan a muchos -y al Papa- una alegría y ayudan humildemente y en plena comunión a instaurar todo en Cristo? Sepa Marcelo que lo considero un hombre de honestidad intelectual y no busco chicanear sino decir lo que creo y quizás a les choque a algunos, pero con gran afecto por todos. ROQUE GONZÁLEZ DE SC



          Moderador
          18/05/2010 a las 2:55 pm

          A su ejemplo opondría
          el siguiente argumento: el CVII puede ser pastoral, pero en la práctica es tenido (o ha sido tenido) no solo como dogmático sino como «superconcilio»… O dígame qué otros documentos son citados por los obispos y párrocos desde hace 50 años sino los conciliares y sus sucedáneos. De aquellos polvos, estos lodos.

          Si las conversaciones doctrinales logran que la Santa Sede ponga claridad en los puntos que se han convertido en dogmas de hecho (no olvidemos el reinado Social de N.S.J. relegado ante el nuevo «sano laicismo» y el enfoque del diálogo interreligioso y ecuménico, que no ha variado mucho), bueno, tal vez la brevas lleguen a punto de maduración.

          Un cordial saludo, amigo Roque.



          Anónimo
          19/05/2010 a las 3:11 pm

          Estimado Sr. González,
          Si mal no recuerdo, lo único que quedó en claro (si claro podemos decir) es que no se pudo determinar si el CVII es o no es un Concilio Ecuménico (que por definición es infalible, como quedó explicado en esa larga discusión).
          Desde esta respuesta tan sencilla como esencial se fabricará el edificio que vino después, para arriba o para abajo. Ahora bien, veo en Ud. la tendencia de fabricar un edificio a mitad, y a mi entender, esto traerá otros muchos y más graves problemas de los que ya tenemos, con diferentes teorías nuevas e innovadoras… ¿no le parece?

          Su amigo in Xto., fr.ercoli



      Anónimo
      17/05/2010 a las 6:31 pm

      Me despierta mucha curiosidad
      Me despierta mucha curiosidad lo que usted considera, González, que no dice lo mismo sino lo contrario. Al hablar de un 1% parece que lo que le molesta es sólo un par de oraciones de tal o cual documento conciliar. Si es tan poco, háganos el favor de escribir esos pasajes.



        Moderador
        17/05/2010 a las 7:05 pm

        Mire que los textos del concilio son largos
        No vaya a creer que son dos frasecitas…

        Déjeme dormir la siesta que vengo averiado.



Anónimo
18/05/2010 a las 11:39 am

Con todo respeto, y teniendo
Con todo respeto, y teniendo bien en claro que no soy nada más que un simple fiel católico, no me banco más el tonito de Mons. Williamson: «La Roma Conciliar», «esos Romanos», etc. Seguramente esa forma de referirse a la cabeza de la Iglesia Católica (que no es Econe) y los obispos y cardenales que allí están incluyendo al Santo Padre se debe a que Mons. Williamson tiene una exquisita caridad … que no se nota para nada. ¿No fue eso justamente de lo que trato el «ultimatum» de junio de hace unos años «Muchachos dejense de insultar al Papa, bajen el tonito» y Mons. Fellay bajo los deciveles.

Está claro que la FSSPX no arregla su status canónico porque no quiere. Y no vengan con que si arreglan los van a hacer callar. Precisamente el comentario del anónimo no entendido por Marcelo, nombra varios casos de gente «romana» que está hablando muy abiertamente en contra del Concilio Vaticano II y la reforma litúrgica postconciliar. Incluiría allí a Mons. Nicola Bux, y a los que prologaron su libro sobre la liturgia, Vittorio Messori y el Card. Cañizares. Dicen allí cosas que hace 6 años eran impensables en boca de «romanos».

Podrán decir que es una cuestión prudencial, que así les permiten hablar de lo importante que es lo doctrinal. Puede ser. Pero lo cortés no quita lo valiente.

Yo también creo que «desde adentro» pueden hacer mucho bien. Aunque escuchando a Mons. Williamson me pregunto si realmente será así, si tantos años de contínuo rechazo a la «Roma conciliar» no les ha confundido el entendimiento y terminen rechazando a «Roma».

Fernando



    Anónimo
    18/05/2010 a las 7:03 pm

    LOS TONITOS
    No son creación ni sarcasmos ni ironías de Mons.Williamson, pertenecen a una REALIDAD que Ud se empecina en NO ACEPTAR.

    Y le voy a recordar otros:
    .La IGLESIA CONCILIAR (Mons.Benelli, coautor del desastre)
    .La Tradición EXCOMULGADA (Mons.Lefebvre)
    .La ROMA APÓSTATA
    .la SECTA MODERNISTA
    .la IGLESIA NUEVA(Mons.Lefebvre)
    .Una REVOLUCIÓN con TIARA Y CAPA.
    .»la Roma de TENDENCIA NEOMODERNISTA Y NEOPROTESTANTE» (Mons.Lefebvre,Declaracion 21/nov./1974)

    ¿Quiere más? Vaya al Vaticano y pida los ARCHIVOS de la FSSPX, que no se resisten y congratúlese de haber conocido TODOS LOS TONITOS que a Ud le disuenan, pero que como toda disonancia debe RESOLVERSE EN CONSONANCIA.Y el Concilio ha producido LA DISCORDIA.

    Herr Nando.



      Anónimo
      18/05/2010 a las 9:35 pm

      La prueba del 9
      Querido amigo que remeda mi nombre

      Su respuesta confirma mi postura.

      La caridad es lo más católico que hay, y en sus «tonitos» no se nota. Es eso exactamente lo que le estoy diciendo. Nunca dije que no tengan razón. Si quiere, tienen toda la razón del mundo. Igual Roma sigue siendo Roma y el Papa sigue siendo el Papa, fundamento visible de la unidad de la Iglesia. Por respeto a su investidura, por lo menos, no se lo debería tratar como se lo trata. ¿No será aplicable también a la FSSPX lo que dijo Benedicto XVI de los «ataques de los enemigos de adentro»? Ojo al piojo.

      Ya lo señalé en su momento, y no porque yo sea una luminaria: la Fraternidad ha sembrado vientos contra Roma y el Papa durante muchos años y mal que les pese Roma y no Econe es la cabeza de la Iglesia. Muchas veces me pregunto si Roma le concediera todo lo que Fraternidad pide, si «todos» sus fieles estarían de acuerdo. Tengo mis dudas. Hay que tener cuidado con el mensaje que se transmite. Muchas veces uno cree que transmite el mensaje completo y sólo transmite una partecita, generalmente la más negativa. Es decir, cuando en la FSSPX hablan del «Papa modernista» y de la «Roma Conciliar», ¿entienden que aún así Roma es Roma y el Papa es el Papa?

      Fernando
      (no tengo nada de alemán por las dudas, salvo el origen de mi nombre; desciendo de libaneses y españoles a mucha honra)



        Anónimo
        21/05/2010 a las 1:06 pm

        Ni Roma ni Econe,NI NADIE.
        LA CABEZA DE LA IGLESIA ES J E S U C R I S T O.

        ¿Se le quemaron los manuales?

        La PAPOLATRÍA y la ROMALATRÍA no son DOCTRINA CATÓLICA.

        Herr Nando.



          Moderador
          21/05/2010 a las 6:31 pm

          Oiga Nando,

          La Cabeza de la Iglesia es Jesucristo, pero el Papa es su Vicario en la Tierra. Y su sede es Roma. Y aunque no es nota esencial, lo es accidental el hecho de ser la Iglesia «romana», pero se trata de un accidente claramente querido por Dios y defendido con la sangre de los mártires… La Sangre de Pedro se derramó en Roma, no en Bristol…



          Anónimo
          21/05/2010 a las 8:47 pm

          No tiene caso
          Herr Nando

          Con eso de la «papolatría» y la «Romalatría» suena como los protestantes que dicen que adoramos a la Virgen María y a los santos, y encima, somos tan tontos, que adoramos imágenes de yeso. Déjese de embromar. Argumente en serio. Si Ud. es sedevacantista, allá Ud.

          No vale la pena. A buen entendedor, pocas palabras. Si cada vez que escribo algo, va a salir con semejantes tonterías, allá Ud. Resulta que ahora si uno defiende la investidura papal entonces incurre en papolatría.

          Y si no le gusta la investidura, la caridad debería moverlo al respeto, pero aparentemente no le cae la ficha.

          En fin, que Dios lo bendiga y lo guíe por el buen camino.

          En Cristo y María Santísima, Causa de nuestra alegría.

          Fernando



    Anónimo
    19/05/2010 a las 3:14 pm

    Estimado Fernando,
    Me llamó un poco la atención su modo argumentar. Veo que Ud. tiene bastante lógica y buena ortodoxia, quizás sean fruto del “sensus fidei” o simplemente del sentido común, que tanta falta nos hace hoy.
    No sé cuales sean sus conclusiones pero, a mi modesto entender, el método es el correcto. Keep going!!!
    Un saludo grande in Xto.,

    fr.ercoli



      Anónimo
      20/05/2010 a las 7:15 pm

      Mmmmmmmmmmmmm… mire quien aprueba su método
      Y revíselo. Por lo que p… pudiera, ¿vio? Cuando un sedevacantista le dice «keep going» no galope: dijuro que hay aujeros.



    Moderador
    19/05/2010 a las 7:16 pm

    La FSSPX no arregla su estatus canónico porque no quiere

    No, no quiere. No quiere arreglar su estatus canónico. No quiere ser otra Fraternidad San Pedro. Quiere resistir las novedades doctrinales… Eso es claro. Se puede disentir sobre si el criterio es bueno o no, pero es claro. Quizás no resulte claro para algunos afiebrados, pero a la mayoría le queda claro.



      Anónimo
      20/05/2010 a las 1:13 pm

      Me extraña, dijo la araña
      Estimado Marcelo

      Me extraña que no me entienda. Seguramente yo no me expresé claramente.

      La FSSPX no quiere arreglar su estatus canónico porque no quiere ser otra Fraternidad San Pedro. Si no entiendo mal, esto significa que no quieren quedarse con la Misa Tradicional a cambio del silencio sobre las cuestiones doctrinales. Pero, estimado, justamente lo que le digo es que ya están hablando de las cuestiones doctrinales un montón de personajes que nada tienen que ver con la Fraternidad, que tienen «estatus canónico en regla» y que son de reconocida autoridad. Es decir, no hace falta negociar el silencio. Roma no está haciendo callar a nadie. Es más, yo creo que el Papa los está mandando a hablar (pero eso lo pienso yo, nomás).

      Entonces, ¿para qué demorar el arreglo canónico?. Ya sé, se puede disentir sobre si el criterio es bueno o no. Ya le dije yo también, que es una cuestión prudencial. Pero ¿no oyen a muchos católicos que no son de la Fraternidad que les dicen «muchachos, ya está, vengan adentro a ayudarnos desde adentro porque llevamos muchos años de soledad, ustedes allá `afuera´ y nosotros acá `adentro´? Unamos fuerzas en bien de la Santa Madre Iglesia»

      Disculpe mi ignorancia, pero es lo que pienso.

      Fernando



        Moderador
        20/05/2010 a las 4:02 pm

        Estimado Fernando,

        Enhorabuena que muchos hablen de las cuestiones doctrinales, pero las mínimas correcciones razonables no se han hecho. 

        Le pongo unos ejemplos: 

        1) Se sigue ignorando la realeza social de Cristo, considerándola algo «cultural» de otros tiempos pero inaplicable y además no deseable hoy. Se la reemplaza por el «sano laicismo»… Modelo de esta sociedad: EE.UU.

        2) Se sigue insistiendo en que todas las religiones adoran al mismo Dios, al que, en el mejor de los casos, conocen imperfectamente. De modo que NO hay ya una única y verdadera religión revelada y otras falsas.

        3) Se le admite a los judíos una especie de «estatus especial» ante la salvación. Ellos tienen su «revelación» y la Iglesia otra, ambas válidas… Como si la Fe de Abraham no fuese la Fe de la Iglesia sino algo propio y exclusivo de los judíos que nosotros «tomamos» de ellos. Es decir, no se acepta que -con la Redención- no hay otra vía de salvación que la Iglesia.

        4) Inclusive quienes valoran la liturgia tradicional hacen críticas (públicas al menos) a veces muy limitadas a la reforma litúrgica. La centralidad del sagrario y del crucifijo, el respeto a las rúbricas, el sentido del misterio… todo bien, pero detrás de la nueva liturgia hay una nueva teología heterodoxa. Y esto al menos hay que reconocerlo, aunque solucionarlo sea mucho más complicado.

        Bueno, yo creo que la FSSPX está dando la pelea en eso y no por una reivindicación canónica que ya tendría si hubiese querido. 



          Anónimo
          20/05/2010 a las 4:57 pm

          No mentir
          1) Dígame en qué documento magisterial del mismo rango que la «Quas Primas» se dice que la doctrina de Cristo rey de las naciones «se considera algo ‘cultural’ de otros tiempos pero inaplicable y además no deseable hoy» (sic).

          2) Idem donde se diga que «NO hay ya una única y verdadera religión revelada y otras falsas» (sic).

          3) Lo escribe Vd. de una forma muy confusa. Le recomienda que relea la doctrina unánime de los Padres de la Iglesia al respecto, especialmente como la ha formulado San Justino Mártir en su «Diálogo con el Judío Trifón». Además, me diga en qué documento magisterial se dice que «no se acepta que -con la Redención- no hay otra vía de salvación [ordinaria] que la Iglesia». Pero, ojo, porque quizá Vd. es el hereje, cf. decreto del Santo Oficio del 8 de agosto de 1949.

          4) Este es un argumento demasiado vago. A lo largo de la historia de la Iglesia, numerosísimos herejes asistieron durante años (décadas) a la Misa vieja. Ahora yo le repregunto, ¿hay algún texto de la rúbrica del Misal romano según la forma ordinaria que sea heterodoxo?

          Si Vd. no responde fundadamente a estas preguntas que objeto a sus argumentaciones, Vd. es un mentiroso. Y tanto en la calle Venezuela como en San Pedro en el Vaticano, mentir es pecado.



          Anónimo
          20/05/2010 a las 11:07 pm

          Calma
          Anónimo el Jue, 05/20/2010 – 13:57:

          Cálmese un poco, trate de no acorralar a su interlocutor y ponerle el mote de mentiroso. Puede decir cosas inexactas o no, puede equivocarse o no, pero creo que a lo largo de su vida ha dado muestras de ser una persona bien dispuesta, que busca la verdad con rectitud.

          Respecto de lo que Vd. pregunta, no es posible una respuesta simple, porque los circiterismos de algunos textos magisteriales hacen que las interpretaciones dominantes, en ámbitos académicos, episcopales y hasta en la Curia Romana, se parezcan mucho a lo que dice Marcelo. Para encontrar interpretaciones un poco más sensatas, hay que pasar meses de estudio en bibliotecas romanas, trabajar en equipos y consultar las interminables Actas del Vaticano II, para que luego de décadas, la CDF emita un documento interpretativo que nadie acata. Y créame que hablo con algún conocimiento de causa, aunque no pueda dar más datos por un medio público.

          Tome, por ejemplo, la Dominus Iesus, y compárela con los manuales de los principales profesores de «teología ecuménica», «filosofía de la religión», etc., de muy importantes universidades pontificias, y notará que a ellos les importa un bledo lo que dice Dominus Iesus, y que siguen enseñando un venenoso y muy sutil relativismo teológico, en el que se inspiran para realizar las más extravagantes ceremonias ecumaníacas. Y lo hacen no sólo por la tolerancia de la autoridades romanas, sino porque la ambigüedad de algunos textos del Vaticano II les sirven de cobertura.

          Las conversaciones doctrinales con la Fraternidad San Pío X, a mi modo de ver, implican el triunfo dos batallas importantes para la Tradición, aunque no sean toda la guerra. La primer batalla, es desmontar el mito de Vaticano II como el «superdogma» indiscutible. Y esa ya está ganada (o al menos el Papa lo entiende). La segunda, creo yo que podría consistir en una serie de clarificaciones y enmiendas «hermenéuticas», que también suman. Claro que, en mi modesta opinión, quedará una tercer batalla, las más larga y difícil, que puede llevar 50 años o más, y que yo espero la FSSPX quiera dar ya regularizada su situación canónica.

          Lo saluda cordialmente,

          PRCN.



          Moderador
          21/05/2010 a las 1:59 am

          Vea, no plantee así las cosas porque así no funcionan

          Desde que empezó el problema conciliar (Vat II) hay mucha gente que cree haber resuelto las cuestiones argumentando como Ud. Yo le voy a responder sobre estos temas pero en un artículo, que ya le debo a otra persona. 

          Las cuestiones atingentes a la vida de la Iglesia no se resuelven solamente con tecnicismos, aunque estos tengan su importancia. Se resuelven o al menos empiezan a comprenderse, cuando uno ve las consecuencias del uso de documentos que no tienen un rango superior a los del Magisterio tradicional, pero son los que hoy casi todos usan para justificarse. Y de declaraciones -muchas veces pontificias- de rango inferior, pero que marcan la línea interpretativa de los fieles y del clero en general, y dan margen muy amplio a los heterodoxos para hacer de las suyas.

          El problema de base es la «hermenéutica». Como bien dice Romano Amerio, lo que el Magisterio necesita es comprensión, no hermeneútica. Cuando se empieza a hablar de hermenéutica (o diversas «lecturas») ya tenemos un problema grave con ese «magisterio». 

          Cuando se habla de «hermenéutica de la continuidad» se está confesando indirectamente que el C.V.II es ambigüo y de lo puede hacer de chicle… Y además que este procedimiento ha sido tolerado por muchos años y por altos personajes de la jerarquía…

          Pero le prometo una respuesta más amplia a modo de artículo.

          Y por cierto, no me llame mentiroso, porque eso es un agravio personal, aunque le concedo que haya sido un abuso retórico y por eso no me ofendo… esta vez.



          Anónimo
          21/05/2010 a las 11:54 am

          A ver
          Entonces lo que Ud. plantea es un problema de ortopraxis y no de ortodoxia. Revea su comentario original.

          Ud. hace acusaciones muy graves y no las fundamenta como es debido. Ud. agravió primero a la memoria de cuatro pontífices y al Magisterio de los últimos 40 años.

          Si Ud. sostiene por entero lo que ha escrito antes, debe fundamentarlo. O sino, cuidar sus palabras. Especialmente en un medio público, no sea cosa que en el último momento Ud. sea juzgado por escandalizar a los pequeños (que no se trata sólo de los niños, cf. Catena Aurea).

          Concedo que ha habido muchísimos errores de ortopraxis desde los mismos Pontífices hasta el último de los curitas. Los mismos Papas lo han reconocido en numerosas oportunidades. Pero, entonces, el problema hay que plantearlo en ese marco específico que es muy distinto al de acusar de heterodoxia (enseñar mala doctrina).

          Usemos las palabras con precisión, especialmente en materia tan grave como ésta. Especialmente en estos momentos donde más pronto de lo que creemos deberemos dar testimonio (ser «martyr») de nuestra Fe.



          Moderador
          21/05/2010 a las 6:03 pm

          Amigo,

          La palabra «ortopraxis» no está aceptada por el diccionario de la RAE y por lo tanto no tiene definición en la lengua. En cambio sí la tiene la palabra ortodoxia:

          1. f. Conformidad con doctrinas o prácticas generalmente admitidas.

          2. f. Conformidad con el dogma de una religión.

          3. f. Entre católicos, conformidad con el dogma católico.

          Como puede ver, la ortodoxia supone no solo el sostenimiento de la doctrina sino también su práctica. No se puede separar una cosa de otra. Quien proclama la doctrina ortodoxa pero a la vez practica una doctrina heterodoxa, no es ortodoxo en su doctrina tampoco. Además de que los actos magisteriales ordinarios forman parte del Magisterio, más allá de que deroguen o no documentos de más alto rango.

          El problema, y con esto le contesto al Fr.Ercoli también, es que ese «magisterio» no es Magisterio en la medida en que no es fiel al Magisterio. Son actos privados, opinión personal bajo capa de sentencia magisterial en la medida en que no se refieren a la doctrina con precisión y razonable claridad, o el menos de modo que puedan ser entendidos de un modo ortodoxo… aunque ya tropezamos con un magisterio que necesita «hermenéutica…».

          No se enrede en neologismos que no solucionan nada. Le cito otro para que vea la sutileza del error modernista: ahora se dice que los progres confunden el sacerdocio ministerial con el sacerdocio común de los fieles… Pues, voilá, que no hay ningún sacerdocio común de los fieles… Esta distinción supuestamente ortodoxa se enreda en una supuesto concepto católico que es en realidad protestante y se ha colado sutilmente en las creencias católicas de las últimas décadas. Es un mero abuso interpretativo de ciertas expresiones.

          El concilio de Trento lo ha definido categórica y dogmáticamente el sacerdocio y solo es sacerdote quien recibe el orden sagrado. 

          El equivocado es Ud. al distinguir la «ortopraxis» de la «heterodoxia». Ortopraxis, si bien entiendo lo que parece querer decir, es heterodoxia.

           



          Anónimo
          21/05/2010 a las 2:31 pm

          Al pan pan y al vino… tinto?
          Estimado Moderador,

          Sigo viendo un su modo de argumentar esa tendencia de construir una casa a mitad, y como ya dije, trae más problemas de los que se intentan resolver. Inclusive veo ahora que le entra agua por todos lados…

          En efecto, ¿cree Ud. que el CVII es todavía ambiguo? ¿Qué el Magisterio post-conciliar, único organismo auténtico para pronunciarse al respecto, no haya indicado aún el modo de interpretarlo y ponerlo en práctica después de 45 años? ¿Existe acaso alguna diferencia esencial entre el Magisterio de hoy y el CVII?, y si así lo fuera, ¿quién nos deberá señalar el camino a seguir en esas supuestas “ambigüedades” sino el Papa, y que en esto no se cansa de citar e insistir que la doctrina conciliar NO ES NEGOCIABLE? ¿Quién es en la Iglesia el jefe de la Ortodoxia y la Regla de la fe de la cual NO ES LÍCITO DISENTIR? ¿Puede acaso esa regla infalible enseñar e imponer a toda la Iglesia algo contrario a la fe?

          Ahora bien, desde su posición, o al menos en sus argumentaciones, no se ve claro como un católico pueda resistir a un Concilio Ecuménico, o al Magisterio y Autoridad del Papa… Uno puede bien protestar o criticar ciertas cosas en la Iglesia, pero nunca contradecir un Concilio Ecuménico o el Papa, y es justamente eso lo que veo en esa actitud “negociadora”.

          Dicho esto, si el CVII es católico, No se puede contradecir, No se puede desobedecer, No se puede interpretar o comprender ignorando el Magisterio Auténtico. Esto no es católico. Si por el contrario, Ud. piensa o insinúa que el CVII no es católico, ahora la cosa cambia, y entonces tendrá que demostrarlo y atenerse a las consecuencias lógicas y doctrinales que ello implica.

          Terminando, amigo Moderador, cuando hablamos de cuestiones doctrinales (y en esto gravita toda la presente problemática), algo es católico o no lo es. No existe el vino rosado en esta bodega. Créame, con la fe no es posible un cierto porcentaje o compromiso: 100% ó 0%…, una ecuación que quizás apruebe el óptimo y elocuente matemático pero pésimo teólogo Mons. Williamson (¡lástima!) que felizmente en paz descansa.

          Le pongo fácil la pregunta del millón: El CVII: ¿ES o NO ES CATÓLICO?

          Arrivederci.

          fr.ercoli



          Moderador
          21/05/2010 a las 6:18 pm

          La pregunta del millón

          El Concilio Vaticano II es católico «secundum quid». Si hace un gran esfuerzo hermenéutico puede salvar la mayoría de sus proposiciones, claro que con mucha buena voluntad. Otras son escurridizas, pero claramente orientadas a dejar libertad para futuras «hermenéuticas». 

          Más que cuestionar su catolicismo, yo cuestionaría su carácter de Magisterio. No puede ser Magisterio sino en la medida que expresa claramente la doctrina de la Fe. Si no la expresa claramente, digamos que es un Magisterio muy poco eficaz y más vale de carácter antimagisterial… Y hay algunos puntillos que no se digieren ni con Alka Zelzer.

          Pareciera como que es necesario que el Santo Padre haga efectiva la acción de la Comisión de interpretación de los textos conciliares, que nunca operó y se tome la ciclópea tarea de decir: donde se expresa «……» quiere decir «…..» como en cierto modo hizo con la Dominus Iesus, pero a medias…

          Luego debería, me parece, explicar qué hace posible que el Novus Ordo ya no sea obstáculo para los protestantes… (hablo del Novus Ordo tal como salió de fábrica, sin abusos, traducciones, etc. Así nomás, edición típica en latín). Porque los protestantes rechazaban el Ordo Missae, pero no rechazan el Novus Ordo, y, por ejemplo el Hermano Max Thurian de Taizé y otros han expresado que en él (Novus Ordo) desaparecieron de la misa católica las expresiones que marcaban inequívocamente el carácter sacrificial y por lo tanto ya no se opone a la Cena del Señor (protestante). Humm. Temamos. 

          A esto sí le respondo que es posible el vino rosado. Porque la corrección de los desatres litúrgicos llevará tiempo y un paso gradual, ya que humanamente no se puede hacer de otro modo. Y no será la primera vez en la historia de la Iglesia que se tolera, con unas mínimas garantías esenciales, situaciones no deseables mientras se corrigen. 



          Anónimo
          21/05/2010 a las 9:51 pm

          Perdón que me meta
          Estimado Marcelo

          Que los protestantes digan lo que quieran. Lo importante es saber si objetivamente «ha desaparecido» el carácter sacrificial de la Misa en el Novus Ordo.

          A mí me parece más bien que, siguiendo las ideas gramscianas, lo que hay es un cambio de acentuación. Por ejemplo, no se niega que el primer mandamiento sea amar a Dios sobre todas las cosas, pero no se habla nunca o casi nunca de él, y se habla siempre de «amar al prójimo». Y de ahí pasamos a cambiar también la acentuación de qué significa amar al prójimo. ¿Se entiende? Yo no le creo a los protestantes, pero si advierto un cambio de acentuación.

          Si me puede aclarar más la cuestión se lo agradecería.

          Pippin
          Pequeño hobbit ignorante



          Anónimo
          22/05/2010 a las 4:16 am

          Mire, amigo Moderador moderado,
          Veo que su casa a mitad está también sobre arena movediza, es decir, mientras más intenta salvarla, más la entierra. Veamos.

          1. Para Ud. el CVII es católico “secundum quid”, es decir y en buena lógica: no es católico “simpliciter” ¿entendí bien? Esto es sumamente grave.

          2. Puede salvar la mayoría de sus proposiciones… con mucha buena voluntad. Bravo, Mons. Lefebvre no pudo, le faltó efectivamente buena voluntad. Mons. Fellay tiene más buena voluntad y llegó al 95% ¿Ud. que porcentaje aceptaría? En materias de fe, y esto va en serio, NO HAY PORCENTAJES, o es católico o no lo es; sería como creer y aceptar la presencia real un 98.5%… Esto es gravísimo.

          3. No puede ser Magisterio sino en la medida que expresa claramente la doctrina de la Fe. O sea, si no se expresa claramente, ya no es Magisterio… y más vale de carácter antimagisterial. Así pues llegamos a un Magisterio antimagisterial (¡sic!) Esto es absurdo e inaudito. En que quedamos, ¿es o no es Magisterio?¿Cómo podría alguien decir al Magisterio que ya no es Magisterio porque contradice la tradición, por ejemplo, cuando es justamente El Magisterio mismo el encargado de decirme con autoridad exactamente qué pertenece a la tradición y qué no?
          Ahora bien: veo que su “Magisterio”: puede ser cuestionado, revisado, hermeneuticado, sea continuado (lea forzado) o rupturado. Puede contradecirse porque de hecho puede corregirse. Puede “no enseñar”, en el caso que no sea claro… Estimado Marcelo, veo que su idea de Magisterio no tiene nada que ver con la doctrina católica. Repito, nada que ver.

          4. Es necesario que el Santo Padre haga efectiva la acción de la Comisión de interpretación de los textos conciliares. Amigo, los papas postconciliares (y más que nadie el actual, puesto que no sólo fue, junto con Karl Rahner, uno de los más radicales influyentes en el CVII, sino que era también la mano derecha de JP II en materia doctrinal) no dejan pasar ocasión de defender, interpretar y aplicar el CVII unánimemente en el mismo sentido; es decir que, después de 45 años de interpretación autentica, constante y universal (todos los obispos que siguen al papa), ¿cuáles son sus dudas? o mejor dicho ¿cuáles son las dudas acerca de esta nueva religión modernista? ¿Acaso alguien le puede decir al Papa, como pretenden los de la FSSPX (sorry por la flechita), como se deba interpretar un Concilio Ecuménico? ¿De que Comisión me habla? ¡Escuche al Santo Padre, amigo! no haga como Williamson que pública y olímpicamente (pero con elocuencia) le toma el pelo… Como consecuencia, veo que su idea de Santo Padre es muy pobre, por no decir protestante.

          5. Luego debería explicar qué hace posible que el Novus Ordo ya no sea obstáculo para los protestantes. Amigo, ¿como va a ser un obstáculo si fue hecha por Bugnini y seis pastores protestantes?

          6. A esto sí le respondo que es posible el vino rosado. Me parece que esa reforma no es vino sino vinagre, y es un fruto lógico del CVII. En efecto, después de promulgado el ecumenismo, se necesitaba una Misa ecuménica, es decir, no un sacrificio del calvario considerado una blasfemia por los protestantes, como si Dios tuviera que morir todos los días para salvarnos, sino una Cena, y esto pasó a ser el Rito Ordinario de la Santa Misa católica… Esto ya no es sólo grave, es el colmo.

          Amigo Moderador, sin ánimo de polemizar, ¿porqué no volvemos al pan pan y al vino tinto? Es decir, si el CVII es católico, ¿porqué no aceptarlo todo? Y si no es católico, ¿porqué no rechazarlo todo? No me venga, le ruego, con un católico “secundum quid” (de alguna manera) que estamos hablando de la fe, de la doctrina, de la salvación eterna. Créame amigo, su ‘casa a mitad’ se le está verdaderamente hundiendo en picada…

          Suyo in Xto., fr.ercoli



          Anónimo
          22/05/2010 a las 1:57 pm

          CVII
          El Concilio Vaticano II “…como pastoral, más que a decidir cuestiones disputadas y difíciles doctrinal y teóricamente, se dirige a hacer accesible y asimilable a todos la buena doctrina mediante la instrucción catequética, la exposición homilética, la explicación exegética, la exhortación o amonestación parenética y otras formas propias de la función pastoral. De ésta índole parece ser la finalidad pastoral que se propuso el Concilio…” (Joaquín Salaverri, SI). Visto con perspectiva histórica, la finalidad pastoral no se ha logrado.



          Anónimo
          23/05/2010 a las 8:48 pm

          AL QUE PREGUNTA SI LA UNAM SANCTAM DEBE OBEDECERSE
          Claro que sí; pero la obediencia en la Iglesia no es ciega sino mediada por la interpretación eclesial, que en cada caso elabora, a la luz de la Tradición, de la Fe y de sus valores, así como del ambiente histórico del que proviene cada definición magisterial, la aplicación a cada caso concreto.

          En el caso de Bonifacio VIII, le copio noticias de Internet para darle idea de la definición magisterial y del ambiente histórico de donde proviene esa definición en vigencia. Primero, la Bula, y luego, la noticia:

          BULA UNAM SANCTAM

          «Por apremio de la fe, estamos obligados a creer y mantener que hay una sola y Santa Iglesia Católica y la misma Apostólica,

          y nosotros firmemente lo creemos y simplemente lo confesamos, y fuera de ella no hay salvación ni perdón de los pecados,

          como quiera que el Esposo clama en los cantares:

          Una sola es mi paloma, una sola es mi perfecta.
          Unica es ella de su madre,
          la preferida de la que la dio a luz [Cant. 6,8].

          Ella representa un solo cuerpo místico, cuya cabeza es Cristo, y la cabeza de Cristo, Dios.

          En ella hay un solo Señor, una sola fe, un solo bautismo [Ef. 4,5].

          Una sola, en efecto, fue el arca de Noé en tiempo del diluvio, la cual prefiguraba a la única Iglesia, y, con el techo en pendiente de un codo de altura, llevaba un solo rector y gobernador, Noé, y fuera de ella leemos haber sido borrado cuanto existía sobre la tierra.

          Mas a la Iglesia la veneramos también como única, pues dice el señor en el Profeta:

          Arranca de la espada, oh Dios, a mi alma y del poder de los canes a mi única [Sal. 21,21]. .

          Oró, en efecto, juntamente por su alma, es decir, por sí mismo, que es la cabeza, y por su cuerpo,
          y a este cuerpo llamó su única Iglesia, por razón de la unidad del esposo, la fe, los sacramentos y la caridad de la Iglesia.

          Esta es aquella túnica del Señor, inconsútil [Jn. 19,23], que no fue rasgada, sino que se echó a suertes.

          La Iglesia, pues que es una y única, tiene un solo cuerpo, una sola cabeza, no dos, como un monstruo,
          es decir, Cristo y el vicario de Cristo, Pedro, y su sucesor,
          puesto que dice el señor al mismo Pedro:

          Apacienta a mis ovejas [Jn. 21,17].

          Mis ovejas, dijo, y de modo general, no éstas o aquéllas en particular; por lo que se entiende que se las encomendó a todas.

          Si, pues, los griegos u otros dicen no haber sido encomendados a Pedro y a sus sucesores, menester es que confiesen no ser de la ovejas de Cristo, puesto que dice el Señor en Juan que hay un solo rebaño y un solo pastor [Jn. 10,16].

          Por las palabras del Evangelio somos instruidos de que, en ésta y en su potestad, hay dos espadas: la espiritual y la temporal…

          Una y otra espada, pues, están en la potestad de la Iglesia, la espiritual y la material.

          Mas ésta ha de esgrimirse en favor de la Iglesia; aquella por la Iglesia misma.

          Una por mano del sacerdote, otra por mano del rey y de los soldados, si bien a indicación y consentimiento del sacerdote.

          Pero es menester que la espada esté bajo la espada y que la autoridad temporal se someta a la espiritual…

          Que la potestad espiritual aventaje en dignidad y nobleza a cualquier potestad terrena, hemos de confesarlo con tanta más claridad, cuanto aventaja lo espiritual a lo temporal…

          Porque, según atestigua la Verdad, la potestad espiritual tiene que instituir a la temporal, y juzgarla si no fuere buena…

          Luego si la potestad terrena se desvía, será juzgada por la potestad espiritual;
          si se desvía la espiritual menor, por su superior; mas si la suprema, por Dios solo, no por el hombre podrá ser juzgada.

          Pues atestigua el Apóstol:

          El hombre espiritual lo juzga todo, pero él por nadie es juzgado [I Cor. 2,15].

          Ahora bien, esta potestad, aunque se ha dado a un hombre y se ejerce por un hombre, no es humana, sino antes bien divina,
          por boca divina dada a Pedro, y a él y a sus sucesores confirmada en Aquel mismo a quien confesó, y por ello fue piedra,
          cuando dijo el Señor al mismo Pedro:

          Cuanto ligares etc. [Mt. 16,19].

          Quienquiera, pues, resista a este poder así ordenado por Dios, a la ordenación de Dios resiste [Rom. 13,2]
          a no ser que, como Maniqueo, imagine que hay dos principios, cosa que juzgamos falsa y herética,
          pues atestigua Moisés no que «en los principios», sin en el principio creó Dios el cielo y la tierra [Gn. 1,1].

          Ahora bien, declaramos, decimos, definimos y pronunciamos que someterse al Romano Pontífice
          es de toda necesidad para la salvación de toda humana criatura.»

          *********************************

          Brincando como un zorro sobre el trono

          En el año 1292, al fallecer el Papa Nicolás IV, tuvo lugar un cónclave en Perusa a los efectos de elegir un sucesor. Once eran los electores, que divididos en dos bandos -el de los Colonna y el de los Orsini- prolongaron infructuosamente la polémica durante meses. Benedicto Gaetani se mantenía al margen, confiando en que tal vez fuese elegido como candidato de compromiso. Transcurrieron así dos años sin que se llegara a una solución. Gaetani pretendió entonces haber recibido una «misiva inflamada» de un anciano eremita llamado Pedro Morone suplicando a los cardenales que cesaran las disputas y diesen un Papa a la Iglesia acéfala. El deán, con buen criterio, en lugar de proponer a Gaetani decidió postular al mismo Morone que poseía fama de santidad.

          En el verano de 1294 un grupo de partidarios del Papa encabezado por el cardenal Pedro Colonna salió de Perusa, recorrió doscientos cincuenta kilómetros y, tras ascender varios cientos de metros, encontraron al nuevo pontífice. Este macilento, descarnado y sucio, atisbaba tras las estacas de la morada que él mismo había construido. Cuando el grupo se hincó de rodillas frente a «su santidad», Pedro Morone comprendió que no se trataba de una broma ni de la ilusión de un viejo y dio su consentimiento. Tomó el nombre de Celestino V.

          El nuevo Papa desaprobó el comportamiento licencioso de Roma, por lo que insistió en establecer su sede en Nápoles. Para ganarse la confianza de Morone, Gaetani le hizo construir en una de las inmensas habitaciones del Castello Nuovo una celda de madera.

          Pronto los cardenales contemplaron azorados como Celestino entregaba las posesiones de la Iglesia a los monjes pobres y rehuía los banquetes prefiriendo roer un mendrugo de pan y beber agua en soledad . Un día vació las cuadras y desde entonces viajó a lomos de un asno como Jesús.

          Los cardenales, aterrados ante el inusitado comportamiento de Celestino, debían hacer algo antes de que el nuevo Papa los llevara a la quiebra junto con la Iglesia. Y fue Benedicto Gaetani quien decidió llevarlo a cabo. Un día, Gaetani perforó el muro de la celda del Papa y colocó un tubo que sirviese de altavoz. A medianoche susurró a través del tubo las siguientes palabras: «Celestino, Celestino, renuncia al puesto. Es una carga demasiado pesada para ti» . Repitió el procedimiento durante varias noches, hasta que el eremita, convencido de haber escuchado la voz del Espíritu Santo, decidió abdicar.

          Sólo quince semanas después de su elección, Celestino convocó a los cardenales y les rogó con poca esperanza de éxito, que mandasen a sus amantes a un convento de monjas y que viviesen en la pobreza como Jesús. Cambió sus atavíos pontificales por su áspero sayo de eremita, abdicó y se fue.

          Gaetani reclamó el solio pontificio y fue elegido Papa en diciembre de 1294. Tomó el nombre de Bonifacio VIII. Trasladó nuevamente la sede a Roma y, temiendo que Morone pudiera reaparecer apoyado por los fanáticos espirituales(0), tomó la precaución de encerrarlo en el castillo de Fumone, en donde el anciano eremita falleció pocos meses después de desnutrición y falta de cuidados.

          La familia de los Colonna tenía conocimiento de la forma en la cual Gaetani había forzado a Morone a abandonar el cargo y lo emplearía para impugnar su legitimidad. Así, pese a su gran poder, Bonifacio VIII nunca pudo sentirse seguro en su solio pontificio.

          Reinando como un león.

          Bonifacio VIII era un hombre calvo, de estatura elevada y corpulento; se distinguía por la frialdad de su mirada. Un cardenal de la curia llamado Llanduff dijo de él: «Todo él es lengua y ojos, lo restante es todo carroña». Cuando hablaba, escupía las palabras y la saliva a través de un hueco dejado por dos dientes en el maxilar superior. Despreciaba y se burlaba de la gente por su aspecto físico. Sus atuendos, procedentes de Inglaterra y de Oriente, eran fastuosos y se colmaba de pieles y joyas. Celebraba la misa con fervor y derramando lágrimas, como si se hallara ante el Calvario viendo a Jesús crucificado. Concluida la misa, no era nada extraño que recriminase a algún arzobispo porque le disgustaban las cenizas de la penitencia. Su antecesor, Celestino V, había dicho de él: » Brincáis como un zorro sobre el trono, reinaréis como un león, moriréis como un perro». En el Jubileo del año 1300, se lo vio sentado sobre el trono portando la corona de Constantino, sosteniendo una espada y cantando: «Soy pontífice, soy emperador».

          Durante cierto tiempo mantuvo como concubinas a una mujer casada y a su hija, pero cuando fue envejeciendo su única afición, aparte de amasar dinero, era crearse enemigos. El médico español que le salvó la vida se convertiría en la segunda persona más odiada de Roma. Pocos papas enriquecieron a su familia como Bonifacio. Al respecto un diplomático español comentó: «A este Papa sólo le preocupan tres cosas: una vida duradera, una existencia opulenta y una familia enriquecida a su alrededor». Según Dante, convirtió el sepulcro de Pedro en un albañal.

          Los Colonna, que descendían de los condes de Tusculum, acusaron a Bonifacio de haber usurpado el trono y también de sustraer sus tierras cercanas a Roma para darlas a miembros de su familia y emboscaron un convoy papal cargado de oro. El Papa lanzó contra ellos una cruzada, concediendo indulgencias y no tuvieron más remedio que escabullirse de Roma. Luego Bonifacio los acusó de conjurarse con los franceses para derribarlo y envió varias columnas militares para que destruyeran las ciudadelas Colonna en las alturas circundantes de Roma, matando campesinos o vendiéndolos como esclavos. Los dos cardenales Colonna no tuvieron más remedio que solicitar piedad al Papa, corrieron a Rieti, en donde el Papa había fijado su residencia, y con sogas en sus cuellos y vistiendo los negros ropajes de penitencia se postraron ante él. Bonifacio les perdonó la vida pero los expulsó del colegio cardenalicio. Pronto sólo los muros de Palestrina pudieron ofrecer protección a los Colonna.

          Palestrina, uno de los siete pilares de la Iglesia Romana, se asestaba sobre un alcor, circundado de olivares y laureles, e inspiró a Horacio uno de sus mas hermosos Carmina. Bonifacio no escatimó medios para atacar a Palestrina. Llegaron noticias de matanzas con más de seis mil muertos. Palacios, antiguos y gloriosos mosaicos, e incluso la morada de Julio Cesar, fueron destruidos. Solamente la catedral fue dispensada. La tierra fue arada y se esparció sal en sus surcos para que la desolación fuese más completa. Por esta monstruosa acción, en la primavera de 1299, Dante sepultó a Bonifacio VIII en el octavo círculo del infierno, cabeza abajo en las grietas de una roca.(1)

          Unam Sanctam

          Tres años más tarde, a mediados de noviembre de 1302, Bonifacio se hallaba de regreso en Anagni. Se sentía contrariado. Su disputa con el rey de Francia, Felipe el Hermoso, no parecía tener fin. El rey, furioso con el pontífice porque este no había cumplido con su promesa de designarlo emperador, había efectuado una recaudación de tributos entre el clero para financiar sus campañas militares. Bonifacio se había vengado seis años antes con la bula Clericis Laicos, y había lanzado excomuniones contra cualquier clérigo que pagase la más mínima cantidad a un laico, fuera Rey o Emperador. Pero Felipe, en respuesta, había prohibido la exportación de oro y plata y también había encarcelado a un obispo. Entonces Bonifacio redactó una nueva bula: Unam Sanctam. En ella el Papa afirmó la absoluta supremacía del poder espiritual sobre el poder secular, y terminó por definir que es de absoluta necesidad para la salvación el estar sometido al Pontífice Romano.

          En Francia la reacción fue desfavorable. Un ayudante del rey comentó: «La espada del Papa está hecha simplemente de palabras; la de mi señor de acero «. Felipe declaró: «Bonifacio es un tirano, un hereje roído por el vicio». Luego difundió el rumor de que Bonifacio había forzado a su antecesor a renunciar para luego encarcelarlo y asesinarlo. Obligado a actuar rápidamente antes de ser excomulgado, convocó a su canciller Guillaume de Nogaret y le ordenó organizar una partida de hombres armados con el objeto de secuestrar al Papa y traerlo a Francia. Una vez allí, sería sometido a un juicio ante un concilio general que, sin la menor duda, lo depondría. Al poco tiempo, el Papa tuvo una buena noticia: Felipe había sido derrotado por las fuerzas flamencas en los campos de batalla de Courtrai. Pero los Colonna habían huido de la ciudad e ignoraba completamente su paradero. Muy pronto lo sabría.

          Muriendo como un perro

          Después de un año Bonifacio se encontraba en su retiro favorito de Anagni dando los últimos retoques a una bula que excomulgaba a Felipe y lo despojaba del trono. Mientras Nogaret, por su parte, estaba juntando sus fuerzas con las de Sciarra Colonna, un joven cruel y obstinado que era sobrino y hermano de los dos cardenales depuestos. Sciarra había estado en Rieti, ataviado con los ropajes de penitencia, cuando los sellos de sus dos parientes habían sido rotos, echando la vergüenza sobre el clan Colonna. Sciarra no podría olvidar nunca su sentencia de excomunión y su consecuente proscripción de la comunidad cristiana, que lo forzaba a un exilio perpetuo. Había pasado cuatro años en las galeras hasta que un miembro de su clan lo había rescatado.

          Tiempo atrás, Bonifacio había obsequiado con un león macho adulto a la ciudad de Florencia . Los florentinos habían encerrado al león en una cortile del centro de la ciudad. Un día un asno se dirigió hacia ese patio y de una coz causó la muerte del león. Los florentinos vieron ese hecho como el presagio del fin de Bonifacio VIII.

          El sábado 7 de octubre al amanecer, las puertas de Anagni fueron abiertas por un capitán traidor de la guardia pontificia. Ingresaron seiscientos caballeros y mil soldados a caballo. Las campanas de alarma resonaron. Los invasores rápidamente se libraron de la firmes barreras introduciéndose en los palacios de los cardenales partidarios del Papa. El palacio del Papa se hallaba en la cima de la colina y estaba bien fortificado y defendido por los Gaetani. Desde allí, a las seis de la mañana Bonifacio envió un mensajero solicitando una tregua. Luego, en secreto, solicitó al jefe de los ciudadanos que viniera en su ayuda, prometiéndole a cambio riquezas incalculables. Lo abandonaron. A la hora le comunicaron las condiciones de la tregua. Debía reintegrar a los dos cardenales Colonna al colegio cardenalicio, renunciar al solio pontificio y rendirse incondicionalmente a Sciarra Colonna. Para Bonifacio tales condiciones eran inaceptables.

          Los invasores comenzaron a incendiar los portones principales de la catedral para abrirse paso hacia el palacio que se hallaba detrás, mientras los clérigos huían. Seguidamente, avanzaron por el interior del palacio papal. La escolta pontificia superada en número se rindió, ofreciéndose para servir de guía por las cámaras y pasadizos del edificio. Sciarra abrió la puerta de la inmensa sala de audiencias y se encontró con Bonifacio revestido con todos sus atuendos pontificios: la tiara, un símbolo de que era señor del mundo; en sus dedos, además de un magnifico y reluciente zafiro ovalado, llevaba la alianza del pescador. La última fuente de su poder la sostenía en la mano: una cruz de oro.

          Sciarra se dirigió lentamente hacia el pontífice con la espada desenvainada. Bonifacio besó la cruz con arrogancia. Sciarra lo abofeteó con tal fuerza que la sala de audiencias devolvió su eco. Renuncia- exigió. Bonifacio volvió a besar la cruz. Antes morir-susurró. Luego con estridente tono de voz, dijo: » Ec le col, ec le cape» ( «He aquí mi cuello, he aquí mi cabeza»). Cuando Sciarra alzó la espada, irrumpió Nogaret gritando que el rey de Francia deseaba que el Papa fuese conducido a Lyon para ser depuesto ante un concilio ecuménico. Sciarra envainó la espada, pero para satisfacer en parte su vendetta, comenzó a despojar a Bonifacio de su dignidad. Le hizo saltar a golpes la tiara, dejando a la vista la calvicie ovalada de su cráneo; después se divirtió arrancándole, a veces con su puñal, los valiosos ornamentos pontificios uno tras otro. Sus hombres aliviados por no haber tenido que participar en el homicidio de un Papa, se dedicaron al pillaje de las estancias palaciegas. Quedaron asombrados de que incluso un Papa, en su prolongada existencia de ochenta y seis años, hubiera podido acumular tales tesoros.

          Bonifacio, una vez de pie, no dejaba de repetir con monotonía el lamento de Job: «Dominus dedit, Dominus abstulit» (Dios me lo dio, Dios me lo quitó). Al final tuvo que permanecer en aquel antro cavernoso, prácticamente desnudo. Su cuerpo, de un color amarillo, torturado y arrugado por la piedra, se llenó de piojos. El cronista nos informa fríamente: «El pontífice pasó una mala noche».

          Muchos hombres de Sciarra eran mercenarios y habían huido con el botín. Los habitantes de Anagni temiendo que la población fuera excomulgada o arrasada como Palestrina, tres días más tarde se armaron, forzando al enemigo a abandonar la ciudad, y liberaron al Papa de su mazmorra.

          Era otro hombre. Las noches de soledad en las tinieblas mientras las ratas se paseaban por su cuerpo, el hambre y la sed, y la proximidad de la muerte habían contribuido para desquiciarlo. «Gracias», lloriqueó una y otra vez. La senilidad se había apoderado de él, comenzó a gimotear, las lágrimas se deslizaron por sus mejillas tiznadas. Una escolta armada lo condujo nuevamente a Roma. Allí permaneció encerrado en su habitación del Palacio de Letrán durante treinta y cinco días. Según se rumoreó, probablemente fantasías, se golpeaba la cabeza contra la pared y roía sin cesar uno de sus brazos como un perro que se inquietase por un hueso. A solas, sin ser amado por nadie -Morieris ut canis, como expresara la profecía de Celestino- murió.

          Durante sus exequias se desató una borrasca colosal, por lo que fue enterrado con el mínimo de fastos en una inmensa tumba que se había preparado en la antigua San Pedro. En 1605, cuando se concluía el nuevo edificio de San Pedro, y hubo que trasladar su sepulcro, este se resquebrajó, abriéndose. Para consternación de todos y después de tres siglos, el cuerpo del pontífice estaba incorrupto. Sólo la nariz y los labios se hallaban ligeramente descompuestos. Le tomaron las medidas: un metro ochenta y siete centímetros; seguía ostentando su zafiro ovalado en el dedo. Su aspecto era sereno. Por cortesía de Nogaret la Iglesia pudo evitar la indignidad de tener que honrarle como San Bonifacio, Papa y mártir.

          (0) Entre estos fanáticos espirituales se encontraba Jacopone da Todi, el poeta franciscano autor del famoso himno Stabat Mater. De hecho este poema fue escrito luego de un prolongado cautiverio que le fuera impuesto por Gaetani. Jacopone se había adherido abiertamente a la protesta redactada por los cardenales Colonna, y permaneció encerrado en un calabozo desde el año 1294 hasta el advenimiento de Benedicto XI en el año1303, a pesar de que Jacopone había pedido perdón.

          (1)

          ¡Oh Simón Mago! Oh míseros secuaces

          que las cosas de Dios, que de los buenos

          esposas deben ser, como rapaces

          por el oro y la plata adulteráis!

          sonar debe la trompa por vosotros,

          puesto que estáis en la tercera bolsa.

          Ya estábamos en la siguiente tumba,

          subidos en la parte del escollo

          que cae justo en el medio de aquel foso.

          ¡Suma sabiduría! ¡Qué arte muestras

          en el cielo, en la tierra y el mal mundo,

          cuán justamente tu virtud repartes!

          Yo vi, por las orillas y en el fondo,

          llena la piedra lívida de hoyos,

          todos redondos y de igual tamaño.

          No los vi menos amplios ni mayores

          que esos que hay en mi bello San Juan,

          y son el sitio para los bautismos;

          uno de los que no hace aún mucho tiempo

          yo rompí porque en él uno se ahogaba:

          sea esto seña que a todos convenza.

          A todos les salían por la boca

          de un pecador los pies, y de las piernas

          hasta el muslo, y el resto estaba dentro.

          Ambas plantas a todos les ardían;

          y tan fuerte agitaban las coyundas,

          que habrían destrozado soga y cuerdas.

          Cual suele el llamear en cosas grasas

          moverse por la extrema superficie,

          así era allí del talón a la punta.

          «Quién es, maestro, aquel que se enfurece

          pataleando más que sus consortes

          -dije- y a quien más roja llama quema?»

          Y él me dijo: «Si quieres que te lleve

          allí por la pendiente que desciende,

          él te hablará de sí y de sus pecados.»

          Y yo: «Lo que tú quieras será bueno,

          eres tú mi señor y no me aparto

          de tu querer: y lo que callo sabes.»

          Caminábamos pues el cuarto margen:

          volvimos y bajamos a la izquierda

          al fondo estrecho y agujereado.

          Entonces el maestro de su lado

          no me apartó, hasta vernos junto al hoyo

          de aquel que se dolía con las zancas.

          «Oh tú que tienes lo de arriba abajo,

          alma triste clavada cual madero,

          -le dije yo-, contéstame si puedes.»

          Yo estaba como el fraile que confiesa

          al pérfido asesino, que, ya hincado,

          por retrasar su muerte le reclama.

          Y él me gritó: «¿Ya estás aquí plantado?,

          ¿ya estás aquí plantado, Bonifacio?

          En pocos años me mintió lo escrito.

          ¿Ya te cansaste de aquellas riquezas

          por las que hacer engaño no temiste,

          y atormentar después a tu Señora?»

          Me quedé como aquellos que se encuentran,

          por no entender lo que alguien les responde,

          confundidos, y contestar no saben.

          Dijo entonces Virgilio: «Dile pronto:

          “No soy aquel, no soy aquel que piensas.”»

          Yo respondí como me fue indicado.

          Torció los pies entonces el espíritu,

          luego gimiendo y con voces llorosas,

          me dijo: «¿Entonces, para qué me buscas?

          si te interesa tanto el conocerme,

          que has recorrido así toda la roca,

          sabe que fui investido del gran manto,

          y en verdad fui retoño de la Osa,

          y tan ansioso de engordar oseznos,

          que allí el caudal, aquí yo, me he embolsado.

          Y bajo mi cabeza están los otros

          que a mí, por simonía, precedieron,

          y que lo estrecho de la piedra aplasta.

          Allí habré yo de hundirme también cuando

          venga aquel que creía que tú fueses,

          al hacerte la súbita pregunta.

          Pero mis pies se abrasan ya más tiempo

          y más estoy yo puesto boca abajo,

          del que estarán plantados sus pies rojos,

          pues vendrá luego de él, aún más manchado,

          desde el poniente, un pastor sin entrañas,

          tal que conviene que a los dos recubra.

          Nuevo Jasón será, como nos muestra

          MACABEOS, y como a aquel fue blando

          su rey, así ha de hacer quien Francia rige.»

          No sé si fui yo loco en demasía,

          pues que le respondí con tales versos:

          «Ah, dime ahora, qué tesoros quiso

          Nuestro Señor antes de que a San Pedro

          le pusiese las llaves a su cargo?

          Únicamente dijo: “Ven conmigo”;

          ni Pedro ni los otros de Matías

          oro ni plata, cuando sortearon

          el puesto que perdió el alma traidora.

          Quédate ahí, que estás bien castigado,

          y guarda las riquezas mal cogidas,

          que atrevido te hicieron contra Carlos.

          Y si no fuera porque me lo veda

          el respeto a las llaves soberanas

          que fueron tuyas en la alegre vida,

          usaría palabras aún más duras;

          porque vuestra avaricia daña al mundo,

          hundiendo al bueno y ensalzando al malo.

          Pastores, os citó el evangelista,

          cuando aquella que asienta sobre el agua

          él vio prostituida con los reyes:

          aquella que nació con siete testas,

          y tuvo autoridad con sus diez cuernos,

          mientras que su virtud plació al marido.

          Os habéis hecho un Dios de oro y de plata:

          y qué os separa ya de los idólatras,

          sino que a ciento honráis y ellos a uno?

          Constantino, ¡de cuánto mal fue madre,

          no que te convirtieses, mas la dote

          que por ti enriqueció al primer patriarca!»

          Y mientras yo cantaba tales notas,

          mordido por la ira o la conciencia,

          con fuerza las dos piernas sacudía.

          Yo creo que a mi guía le gustaba,

          pues con rostro contento había escuchado

          mis palabras sinceramente dichas.

          Entonces me cogió con los dos brazos;

          y luego de subirme hasta su pecho,

          volvió a ascender la senda que bajamos.

          No se cansó llevándome agarrado,

          hasta ponerme en la cima del puente

          que del cuarto hasta el quinto margen cruza.

          Con suavidad aquí dejó la carga,

          suave, en el escollo áspero y pino

          que a las cabras sería mala trocha.

          Desde ese sitio descubrí otro valle.



          Anónimo
          24/05/2010 a las 6:43 am

          Anécdota
          Veo los grandes esfuerzos argumentativos de muchos en toda la iglesia y me lleva a recordar
          lo que escuché de uno de los últimos sobrevivientes de un campo de prisioneros alemán:
          «El noviciado destruye el entendimiento y el estudio de la teología la fé»(Hay una tercera
          variante que tal vez algún lector conozca…) Son las bromas que se hacen dentro
          de la iglesia que en grandeza encontró lugar para reir sobre si misma y también para reconocer sus faltas.
          Esta formulación y mi práctica religiosa me lleva a concluir que es el fundamentalismo,
          tan presente fuera de la iglesia de Roma, es el que destructor del entendimiento.

          Fraternalmente

          Pablo E.



          Anónimo
          25/05/2010 a las 2:21 am

          ¿Todo es igual, nada es mejor, entonces? ¡Maravillosa propuesta!
          ¿Me propone que agarremos una filosofía light en vez de una verdad por la cual vivir y morir? ¡Ah, me quiere explotar, ya veo! Novedosa su estrategia, Pablo E.; o tal vez… ¡Oooooohhhhhhhh! ¡Ya lo veo!

          Me emociona, me conmueve: usted… usted ¡quiere hacernos un bien con su comentario!

          Debo agradecerle con toda el alma; déjeme ayudarlo en la vida reconociéndole que usted es un genio. ¡Y aún joven! Es maravilloso su descubrimiento, Pablo E.; acabo de reflexionar sobre lo que nos dice, y me parece increíble que usted haya sido capaz de cambiarme así la vida, con un solo señalamiento brillantísimo, tan breve cuanto crucial, y que yo nunca me haya dado cuenta de eso por mí mismo, antes de leerlo. ¡Qué intelecto el suyo, joven Pablo E.! ¡Cuánto podrá dar usted al mundo en las décadas por venir! El mundo entero lo reconocerá como aquí yo lo hago. El mundo se percatará de la grandeza de su alma muy pronto, y al igual que este agradecido servidor muy pronto usted nos tendrá a todos a sus pies. ¿Podrá acaso demorar su triunfo global más de cinco años, diez años, tres lustros? ¡Claro que no! Jamás podría yo poseer ese cacumen.

          Supongo que no hay nada que hacer, Pablo E., que son los genes; seguro que usted es judío; deberé resignarme y contar con que usted quiera volvernos a escribir… Lo envidio mucho.

          O más: estoy verde. Me muero de envidia, Pablo E.; debo confesarlo. Pero nunca alcanzaré su altura; eso me inspira sentimientos tortuosos y mezquinos, pero usted no me preste atención y siga creciendo y volando alto, muy alto, volando por sobre todos los demás, ya que usted puede y todos nosotros no. ¡Quien podrá seguir a un genio, a un águila del espíritu como Vd.! ¿Quién, Pablo? Tal vez un David, un Einstein, un Moisés, un Spinoza, un Bill Gates, un Ben Gurion… no nosotros. Menos, yo.

          Yo soy simplemente un experto en globos aerostáticos, nada puedo pensar por mí mismo salvo contemplar su intelecto y envidiarlo; perdóneme, no tengo opción, soy un humilde sapo de laguna, usted un águila, plena luz, una estrella. ¡Y tan joven! Sepa que también, con todo agradecimiento, le deseo la mayor felicidad… vuele, vuele, semper plus ultra… le deseo lo mejor, por eso lo reconozco y le contesto tan enfervorizado.
          Á.



          Anónimo
          25/05/2010 a las 8:16 pm

          Estimado Sr. Á
          Sin duda que si escribimos aquí, queremos transmitir algo, y nos mueve la búsqueda del bien.
          La genialidad la dejo reservada para Usted, por todo lo que dedujo de la anécdota.
          En ella pretendo transmitir: a) una referencia a un valiente humor incluso sobre realidades propias.
          b) A una actitud de humildad que siempre es importante en los que estudian las cosas.
          c) Una referencia al nocivo fundamentalismo, que también a mí me costó algunas canas blancas.

          El único judío que me preocupa es el que me redimió.

          Fraternalmente

          Pablo E.



          Anónimo
          26/05/2010 a las 12:20 am

          ¿ A Vd. lo redimió otro judío ? ¡Obra ‘e misericordia, Mendieta!
          Parbleu, debe haber Vd. caído preso de los sarracenos, Pablo E. (¿Eskenazi?)

          A su redentor judío le habrá costado menos redimirlo si Vd. ya peinaba «canas blancas», precisión suya justificable porque Clairol (R) permite pintarlas en variopintos tonillos; y poniendoselas coloradas se habrá podido resarcir aquel judío exhibiéndole entre fiósofos. Porque, vea Vd., su propuesta antifundamentalista ha prendido entre ellos, aunque por espurios motivos.

          Espetarnos aquí «nocivo fundamentalismo» es simplemente abogar por la filosofía liviana, la «insoportable levedad» de lo Ser, la Fe peso pluma y la antropología light.

          Que suelen afirmarse acompañadas de un pretenso «valiente humor» para disimular que sus abogados no pueden abrazar en serio ninguna idea … por cobardes, porque no tienen atributos para reconocer en alguna idea la Verdad y en consecuencia honrarla hasta sacrificar la propia vida.

          Y porque cayeron en la trampa de la explotación global, del «nonchalance», del «no calentarse por nada» como modelo actitudinal, del entregarse al «spleen» que mienta el tango y del aburrirse cuando Quien nos redimió –no qua judío sino en tanto Dios-Amor– nos ordena «Id y enseñad» y nos propone llevar un sólo manto…

          ¿»Actitud de humildad» afirmar que todo es mentira, que nada es Amor? Soberbia, jovencito platinado, necia soberbia. Y traición porque, echándoselas de «humilde» (= no puedo conocer la Verdad) y alardeando de «valiente humor» (= me río de todos los esfuerzos y fundamentalistas compromisos), Vd. nos viene a propagandear el giro lingüístico, la caída de los grandes relatos, el obsoleto postmodernismo, le tournement sémantique.

          Ah, ya me estoy indignando… y me hace bulla el cojón como la garganta al sapo…

          Piedra libre, chichipío. ¿Querés verte en el espejo? Aquí te dejo videos de tres intelectuales como vos querés ponernos de modelo, adversarios como vos del «nocivo fundamentalismo». Miralos bien y fijate en tu corazón si te impresionan como modelos para seguir – y no confundas aquel «Sígueme» con el «Siganmén» de Carloncho o Carta Abierta:

          Sobre qué es ser persona:
          http://www.youtube.com/watch?v=URsYj-TVFjc

          Sobre materialismo y teología:
          http://www.youtube.com/watch?v=G9S3vvPe9IM

          Sobre populismo contra fundamentalismo (y «hacer lo que los crisianos hicieron con la Cruz», en perspectiva kirchnerista/Carta Abierta):
          http://www.youtube.com/watch?v=I3U6D7lWP20

          Veo que no civilista: olvidó negar que fuese judío. Pero permítame que lo tenga por tal, total con una filosofía liviana hemos de sostener que los relatos sólo han de ser pequeñas ficciones casuales.
          Con recíproca fraternalidad salutatoria,
          Á



          Anónimo
          22/05/2010 a las 2:03 pm

          …¿CREE UD. QUE EL CVII ES…AMBIGUO?
          ESTIMADO FR:
          AL RESPECTO LE SUGIERO VEA UD. CON SUMA ATENCION EL TOMO I DEL LIBRO: EN LAS AGUAS TURBIAS DEL CVII. DE ATILA SINCKE GUIMARAES .-
          OBRA DE DIEZ TOMOS EL PRIMERO ESTA DEDICADO–Y CON ENORME DOCUMENTACION PROBATORIA– A LA AMBIGUEDAD PROPIA DE LA PRAXIS MODERNISTA CONDENADA DESDE PASCENDI.
          EDITADO EN ESPAÑOL NO LES SERA DIFICIL ENCONTRARLO EN LA WEB:»WWW.AGUASTURBIAS.COM».

          SI DESPUES DE LEERLO AUN SE SIGUE DISCUTIENDO LO HARTO PROBADO…BUENO…DOS POSIBILIDADES:
          -O PATOLOGICO
          -O CULPABLE COMPLICIDIDAD

          SINCERAMENTE ENCONTRARAN EN ESE PRIMER TOMO EDITADO EN CASTELLANO UN ACERCAMIENTO A LA VERDAD SIN «ORILLARLA».
          DEFINITIVO.
          Asi lo estimo y asi os lo dejo.Ahora vosotros.
          Atanasio aun desde el exilio



          Anónimo
          22/05/2010 a las 5:42 pm

          No conozco ese libro pero lo
          No conozco ese libro pero lo buscaré. Gracias por el dato.
          Para mí, amigo Atanasio, el CVII no es ambiguo, al menos no después de 45 años de praxis conciliar en toda la Iglesia (papa, obispos, fieles)… ¿se imagina que toda la Iglesia se hubiese equivocado en interpretar el Concilio de Trento por medio siglo? Si eso fuera posible, Atanasio, la Iglesia Católica no sería divina, y ahí sí caeríamos en la perpetua ambigüedad necesitando una eterna hermenéutica que se la pase por los siglos de los siglos hermeneuticando…
          Vuelva, Atanasio, que lo necesitamos…
          fr.ercoli



          Anónimo
          22/05/2010 a las 6:54 pm

          Alguien sabe si…
          ¿La bula Unam Sanctam, de Bonifacio VIII, es en todo su contenido Magisterio católico y debe obedecerse?
          ¿La carta de Alejandro VI amenazando a su concubina con la excomunión si no volvía ad vomitum es Magisterio católico y debe obedecerse?
          ¿El Decreto sobre los Sacramentos (para los armenios) del Concilio de Florencia en lo referente a la materia del Orden sagradao, es Magisterio católico y debe obedecerse?



          Anónimo
          23/05/2010 a las 8:14 pm

          Sí, Sí, Sí – Cualquiera puede decírselo, y agregarle por qué …
          Le contesto a los tres puntos, mi buen amigo; lamento anticiparle que su desafío estuvo mal dirigido, tiene fuentes panfletarias, e incurrió en error. En fin, tal vez algo bueno salga de ello, Deo juvante.

          El Concilio Ecuménico de Ferrara – Florencia, celebrada entre 1438 y 1442 bajo el SS el Papa Eugenio IV, tuvo por objetivo y por fruto la reconciliación de muchos griegos y latinos.

          Se celebró en Roma los dos últimos años. Estudio la Reforma de la Iglesia y un nuevo intento de reconciliación con los griegos de Constantinopla. Estos entraron en efecto en el seno de la Iglesia con los armenios, los jacobitas, los mesopotamios, los caldeos y los maronitas.

          Este concilio fue en varias etapas y sedes diferentes lo que ocasionó situaciones tirantes. Fundamentalmente trató de la unión con Roma de diferentes Iglesias Orientales Autónomas y para unificar criterios.

          Sus elementos esenciales fueron las Declaraciones sobre la procesión del Espíritu Santo que procede del Padre y del Hijo, la Eucaristía y los Novísimos (para los griegos);Decreto sobre los Sacramentos (para los armenios); – Sobre la Trinidad y la Encarnación (para los jacobitas).

          Le contesto: Magisterio del C.E. de Florencia, XVII ecuménico (unión con los griegos, armenios y jacobitas): Decreto para los armenios

          Tomado de la Bula Exultate Deo, de 22 de noviembre de 1439:

          Para la más fácil doctrina de los mismos armenios, tanto presentes como por venir, reducimos a esta brevísima fórmula la verdad sobre los sacramentos de la Iglesia. Siete son los sacramentos de la Nueva Ley, a saber, bautismo, confirmación, Eucaristía, penitencia, extremaunción, orden y matrimonio, que mucho difieren de los sacramentos de la Antigua Ley. Éstos, en efecto, no producían la gracia, sino que sólo figuraban la que había de darse por medio de la pasión de Cristo; pero los nuestros no sólo contienen la gracia, sino que la confieren a los que dignamente los reciben. De éstos, los cinco primeros están ordenados a la perfección espiritual de cada hombre en si mismo, y los dos últimos al régimen y multiplicación de toda la Iglesia. Por el bautismo, en efecto, se renace espiritualmente; por la confirmación aumentamos en gracia y somos fortalecidos en la fe; y, una vez nacidos y fortalecidos, somos alimentados por el manjar divino de la Eucaristía. Y si por el pecado contraemos una enfermedad del alma, por la penitencia somos espiritualmente sanados; y espiritualmente también y corporalmente, según conviene al alma, por medio de la extremaunción. Por el orden, empero, la Iglesia se gobierna y multiplica espiritualmente, y por el matrimonio se aumenta corporalmente. Todos estos sacramentos se realizan por tres elementos: de las cosas, como materia; de las palabras, como forma, y de la persona del ministro que confiere el sacramento con intención de hacer lo que hace la Iglesia. Si uno de ellos falta, no se realiza el sacramento. Entre estos sacramentos, hay tres: bautismo, confirmación y orden, que imprimen carácter en el alma, esto es, cierta señal indeleble que la distingue de las demás. De ahí que no se repiten en la misma persona. Mas los cuatro restantes no imprimen carácter y admiten la reiteración.

          El primer lugar entre los sacramentos lo ocupa el santo bautismo, que es la puerta de la vida espiritual, pues por él nos hacemos miembros de Cristo y del cuerpo de la Iglesia. Y habiendo por el primer hombre entrado la muerte en todos, si no renacemos por el agua y el Espíritu, como dice la Verdad, no podemos entrar en el reino de los cielos [cf. Ioh. 3, 5]. La materia de este sacramento es el agua verdadera y natural, y lo mismo da que sea caliente o fría. Y la forma es: Yo te bautizo en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. No negamos, sin embargo, que también se realiza verdadero bautismo por las palabras: Es bautizado este siervo de Cristo en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo; o: Es bautizado por mis manos fulano en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Porque, siendo la santa Trinidad la causa principal por la que tiene virtud el bautismo, y la instrumental el ministro que da externamente el sacramento, si se expresa el acto que se ejerce por el mismo ministro, con la invocación de la santa Trinidad, se realiza el sacramento. El ministro de este sacramento es el sacerdote, a quien de oficio compete bautizar. Pero, en caso de necesidad, no sólo puede bautizar el sacerdote o el diácono, sino también un laico y una mujer y hasta un pagano y hereje, con tal de que guarde la forma de la Iglesia y tenga intención de hacer lo que hace la Iglesia. El efecto de este sacramento es la remisión de toda culpa original y actual, y también de toda la pena que por la culpa misma se debe. Por eso no ha de imponerse a los bautizados satisfacción alguna por los pecados pasados, sino que, si mueren antes de cometer alguna culpa, llegan inmediatamente al reino de los cielos y a la visión de Dios.

          El segundo sacramento es la confirmación, cuya materia es el crisma, compuesto de aceite que significa el brillo de la conciencia, y de bálsamo, que significa el buen olor de la buena fama, bendecido por el obispo. La forma es.: Te signo con el signo de la cruz y confirmo con el crisma de la salud, en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. El ministro ordinario es el obispo. Y aunque el simple sacerdote puede administrar las demás unciones, ésta no debe conferirla más que el obispo, porque sólo de los Apóstoles cuyas veces hacen los obisposse lee que daban el Espíritu Santo por la imposición de las manos, como lo pone de manifiesto el pasaje de los Hechos de los Apóstoles: Como oyeran dicelos Apóstoles, que estaban en Jerusalén, que Samaria había recibido la palabra de Dios, enviaron allá a Pedro y a Juan. Llegados que fueron, oraron por ellos, para que recibieran el Espíritu Santo, pues todavía no había venido sobre ninguno de ellos, sino que estaban sólo bautizados en el nombre del Señor Jesús. Entonces imponían las manos sobre ellos y recibían el Espíritu Santo [Act. 8, 14 ss]. Ahora bien, en lugar de aquella imposición de las manos, se da en la Iglesia la confirmación. Sin embargo, se lee que alguna vez, por dispensa de la Sede Apostólica, con causa razonable y muy urgente, un simple sacerdote ha administrado este sacramento de la confirmación con crisma consagrado por el obispo. El efecto de este sacramento es que en él se da el Espíritu Santo para fortalecer, como les fue dado a los Apóstoles el día de Pentecostés, para que el cristiano confiese valerosamente el nombre de Cristo. Por eso, el confirmando es ungido en la frente, donde está el asiento de la vergüenza, para que no se avergüence de confesar el nombre de Cristo y señaladamente su cruz que es escándalo para los judíos y necedad para los gentiles [cf. 1 Cor. 1, 23], según el Apóstol; por eso es señalado con la señal de la cruz.

          El tercer sacramento es el de la Eucaristía, cuya materia es el pan de trigo y el vino de vid, al que antes de la consagración debe añadirse una cantidad muy módica de agua. Ahora bien, el agua se mezcla porque, según los testimonios de los Padres y Doctores de la Iglesia, aducidos antes en la disputación, se cree que el Señor mismo instituyó este sacramento en vino mezclado de agua; luego, porque así conviene para la representación de la pasión del Señor. Dice, en efecto, el bienaventurado Papa Alejandro, quinto sucesor del bienaventurado Pedro: «En las oblaciones de los misterios que se ofrecen al Señor dentro de la celebración de la Misa deben ofrecerse en sacrificio solamente pan y vino mezclado con agua. Porque no debe ofrecerse para el cáliz del Señor, ni vino solo ni agua sola, sino uno y otra mezclados, puesto que uno y otra, esto es, sangre y agua, se lee haber brotado del costado de Cristo». Ya también, porque conviene para significar el efecto de este sacramento, que es la unión del pueblo cristiano con Cristo. El agua, efectivamente, significa al pueblo, según el paso del Apocalipsis: Las aguas muchas… son los pueblos muchos [Apoc. 17, 15].

          Y el Papa Julio, segundo después del bienaventurado Silvestre, dice: «El cáliz del Señor, según precepto de los cánones, ha de ofrecerse con mezcla de vino y agua, porque vemos que en el agua se entiende el pueblo y en el vino se manifiesta la sangre de Cristo. Luego cuándo en el cáliz se mezcla el agua y el vino, el pueblo se une con Cristo y la plebe de los creyentes se junta y estrecha con Aquel en quien cree». Como quiera, pues, que tanto la Santa Iglesia Romana, que fue enseñada por los beatísimos Apóstoles Pedro y Pablo, como las demás Iglesias de latinos y griegos en que brillaron todas las lumbreras de la santidad y la doctrina, así lo han observado desde el principio de la Iglesia naciente y todavía la guardan, muy inconveniente parece que cualquier región discrepe de esta universal y razonable observancia. Decretamos, pues, que también los mismos armenios se conformen con todo el orbe cristiano y que sus sacerdotes, en la oblación del cáliz, mezclen al vino, como se ha dicho, un poquito de agua. La forma de este sacramento son las palabras con que el Salvador consagró este sacramento, pues el sacerdote consagra este sacramento hablando en persona de Cristo. Porque en virtud de las mismas palabras, se convierten la sustancia del pan en el cuerpo y la sustancia del vino en la sangre de Cristo; de modo, sin embargo, que todo Cristo se contiene bajo la especie de pan y todo bajo la especie de vino. También bajo cualquier parte de la hostia consagrada y del vino consagrado, hecha la separación, está Cristo entero. El efecto que este sacramento obra en el alma del que dignamente lo recibe, es la unión del hombre con Cristo. Y como por la gracia se incorpora el hombre a Cristo y se une a sus miembros, es consiguiente que por este sacramento se aumente la gracia en los que dignamente lo reciben; y todo el efecto que la comida y bebida material obran en cuanto a la vida corporal, sustentando, aumentando, reparando y deleitando, este sacramento lo obra en cuanto a la vida espiritual: En él, como dice el Papa Urbano, recordamos agradecidos la memoria de nuestro Salvador, somos retraidos de lo malo, confortados en lo bueno, y aprovechamos en el crecimiento de las virtudes y de las gracias.

          El cuarto sacramento es la penitencia, cuya cuasi-materia son los actos del penitente, que se distinguen en tres partes. La primera es la contrición del corazón, a la que toca dolerse del pecado cometido con propósito de no pecar en adelante. La segunda es la confesión oral, a la que pertenece que el pecador confiese a su sacerdote íntegramente todos los pecados de que tuviere memoria. La tercera es la satisfacción por los pecados, según el arbitrio del sacerdote; satisfacción que se hace principalmente por medio de la oración, el ayuno y la limosna. La forma de este sacramento son las palabras de la absolución que profiere el sacerdote cuando dice: Yo te absuelvo, etc.; y el ministro de este sacramento es el sacerdote que tiene autoridad de absolver, ordinaria o por comisión de su superior. El efecto de este sacramento es la absolución de los pecados.

          El quinto sacramento es la extremaunción, cuya materia es el aceite de oliva, bendecido por el obispo. Este sacramento no debe darse más que al enfermo, de cuya muerte se teme, y ha de ser ungido en estos lugares: en los ojos, a causa de la vista; en las orejas, por el oído; en las narices, por el olfato; en la boca, por el gusto o la locución; en la manos, por el tacto; en los pies por el paso; en los riñones, por la delectación que allí reside. La forma de este sacramento es ésta: Por esta santa unción y por su piadosísima misericordia, el Señor te perdone cuanto por la vista, etc. Y de modo semejante en los demás miembros. El ministro de este sacramento es el sacerdote. El efecto es la salud del alma y, en cuanto convenga, también la del mismo cuerpo. De este sacramento dice el bienaventurado Santiago Apóstol: ¿Está enfermo alguien entre vosotros? Llame a los presbíteros de la Iglesia, para que oren sobre él, ungiéndole con óleo en el nombre del Señor; y la oración de la fe salvará al enfermo, y el Señor le aliviará y, si estuviere en pecados, se le perdonarán [Iac. 5, 14].

          El sexto sacramento es el del orden, cuya materia es aquello por cuya entrega se confiere el orden: así el presbiterado se da por la entrega del cáliz con vino y de la patena con pan; el diaconado por la entrega del libro de los Evangelios; el subdiaconado por la entrega del cáliz vacío y de la patena vacía sobrepuesta, y semejantemente de las otras órdenes por la asignación de las cosas pertenecientes a su ministerio. La forma del sacerdocio es: «Recibe la potestad de ofrecer el sacrificio en la Iglesia, por los vivos y por los difuntos, en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo». Y así de las formas de las otras órdenes, tal como se contiene ampliamente en el Pontifical romano. El ministro ordinario de este sacramento es el obispo. El efecto es el aumento de la gracia, para que sea ministro idóneo.

          El séptimo sacramento es el del matrimonio, que es signo de la unión de Cristo y la Iglesia, según el Apóstol que dice: Este sacramento es grande; pero entendido en Cristo y en la Iglesia [Eph. 5, 82]. La causa eficiente del matrimonio regularmente es el mutuo consentimiento expresado por palabras de presente. Ahora bien, triple bien se asigna al matrimonio. El primero es la prole que ha de recibirse y educarse para el culto de Dios. El segundo es la fidelidad que cada cónyuge ha de guardar al otro. El tercero es la indivisibilidad del matrimonio, porque significa la ir divisible unión de Cristo y la Iglesia. Y aunque por motivo de fornicación sea licito hacer separación del lecho; no lo es, sin embargo, contraer otro matrimonio, como quiera que el vinculo del matrimonio legítimamente contraído, es perpetuo.»

          ¿Puede Vd. decirnos, ínclito comentarista, qué cazzo tiene de inobedecible este Magisterio?

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          Pasando a su punto medio, ¿puede mostrarnos el original de ese celebérrimo fraude, la «carta de Alejandro VI amenazando a su concubina con la excomunión si no volvía ad vomitum es Magisterio católico y debe obedecerse»? Mire que si no puede, mi buen amigo, le daré por la zabiola con el modus tollendo tollens… y sacado del «Gamut» de EUdeBA, si lo prefiere antes que citarle algún lógico escolástico que para Vd. tal vez fuera ignoto…
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          En cuanto a la Bula Unam Sanctam, del papa a quien Dante Alighieri sepultó en el octavo círculo del infierno y a quien se dice que Celestino fulminó con el apóstrofe, «Intrabis ut vulpes, regnabis ut leo et morieris ut canis», tampoco le irá bien con su pretensión. Lea historiadores, no novelistas.

          Esta Bula, es la bula acerca de la supremacía papal, publicada el 18 de noviembre de 1302 por el ya próximo a fallecer Bonifacio VIII (Benedetto Caetani, nacido c. 1235 – 11 de Octubre de 1303; papa desde 1294, exhumado en 1606, resepultado en la Grutas) durante su acerba disputa con Felipe el Hermoso, rey de Francia. Se la llama así a causa de sus palabras iniciales o incipiten latín:«Unam sanctam Ecclesiam catholicam et ipsam apostolicam urgente fide credere cogimur et tenere, nosque hanc firmiter credimus et simpliciter confitemur, extra quam nec salus est, nec remissio peccatorum…»» («Estamos obligados, nuestra Fe nos urge a creer que sostener -y creemos firmemente y confesamos con humildad- que hay sólo una Iglesia Católica y Apostólica, fuera de la cual no hay salvación ni remisión de los pecados…») La bula fue promulgada en relación con el Concilio Romano de octubre de 1302, en el que fue analizada y discutida. No es improbable que el mismo Bonifacio VIII la haya revisado. Pero también parece que el texto sufrió influencia del arzobispo de Bourges, Egidio Colonna, quien había viajado al concilio de Roma a pesar de una prohibición real. Sobre esto lea el estudio de mi buen amigo el medievalista (y ex heideggeriano) de la UBA F. Bertelloni, “Sobre las fuentes de la bula Unam Sanctam (Bonifacio VIII y el De ecclesiastica potestate de Egidio Romano)”, Pensiero Politico Medievale II: 89–122, 2004. (Ah, por más señas lo cita la Stanford Encycl. of Philosophy en su art. sobre Gil de Roma; como fuente, Bertelloni no es ningún Foucault, ¿sabe?)

          Ya no existe el original de la bula; el texto más antiguo se encuentra en los registros de Bonifacio VIII en los archivos vaticanos [“Reg. Vatic.”, L, fol. 387]. También fue incorporada al “Corpus juris canonici” (“Extravag. Comm.”, I, VIII, 1; ed. Friedberg, II, 1245). Pero la autenticidad de la bula ha sido establecida definitivamente al incluírsele en los registros oficiales de los breves papales y por su incorporación en el derecho canónico. Las objeciones respecto a su autenticidad presentadas por estudiosos como Damberger, Mury y Verlaque quedaron totalmente respondidas por ese testimonio externo (posteriormente, Mury retiró su objeción).

          La bula establece ciertas posiciones dogmáticas acerca de la unidad de la Iglesia, la necesidad de pertenecer a ella para lograr la salvación eterna, y la obligación que de ahí se deriva de someterse al Papa para pertenecer a la Iglesia y así alcanzar la salvación. El Papa ahonda además en la supremacía de lo espiritual en comparación con el orden secular. Y a partir de ahí llega a conclusiones sobre la relación entre el poder espiritual de la Iglesia y la autoridad secular.

          Las principales proposiciones de la bula son las siguientes: Primero, a partir de varios pasajes bíblicos y referencias al arca del diluvio universal y a la túnica sin costura de Cristo se declara y establece la unidad de la Iglesia y su necesidad para la salvación. Enseguida afirma el Papa que la unidad de la cabeza de la Iglesia, establecida en Pedro y sus sucesores, es idéntica a la unidad del cuerpo de la Iglesia. Consecuentemente, todo quien desee pertenecer al rebaño de Cristo queda bajo el dominio de Pedro y sus sucesores. De modo que cuando los griegos y otros afirman que no están sujetos a la autoridad de Pedro ni a la de sus sucesores, con ello están afirmando no pertenecer al rebaño de Cristo.

          Enseguida aparecen algunos principios y conclusiones referentes al poder espiritual y secular:

          Hay dos espadas en poder de la Iglesia- expresión conectada con la teoría medieval de las dos espadas-: la espiritual y la secular. Ello se apoya en la acostumbrada referencia a las espadas de los apóstoles durante el arresto de Cristo (LC. 22,38: MT. 26,52).

          Ambas espadas están en poder de la Iglesia. La espiritual es utilizada por la Iglesia a través de la mano del clero; la Iglesia emplea la secular a través de la mano de la autoridad civil, bajo la dirección del poder espiritual.

          Una espada debe estar subordinada a la otra: el poder terrenal debe someterse a la autoridad espiritual, pues ésta tiene precedencia sobre aquél a causa de su grandeza y sublimidad; la autoridad espiritual tiene derecho a establecer y conducir a la secular, e incluso a juzgarla cuando no actúa correctamente. El poder terrenal es juzgado por el espiritual cuando se desvía; un poder espiritual inferior es juzgado por uno superior, y éste es juzgado por Dios.

          Tal autoridad, aunque se le otorga al ser humano y es ejercida por él, no constituye una autoridad humana. Es una autoridad divina, otorgada a Pedro por decisión divina y, así mismo, confirmada en él y en sus sucesores. Quienquiera que se oponga a esta autoridad ordenada por Dios se opone a la ley de Dios y, al igual que los maniqueos, parece aceptar dos principios.

          “Así pues, declaramos, afirmamos, determinamos y proclamamos que es necesario a toda creatura para su salvación sujetarse a la autoridad del pontífice romano” (Porro subesse Romano Pontifici omni humanae creaturae declaramus, dicimus, definimus, et pronuntiamus omnino esse de necessitate salutis).

          La bula tiene carácter universal. Su contenido hace una distinción cuidadosa entre los principios fundamentales relativos a la primacía romana y las declaraciones sobre la forma en que se deben aplicar al poder secular y a sus representantes. En el margen del texto de la bula se establece la última frase como su definición verdadera: “Declaratio quod subesse Romano Pontifici est omni humanae creaturae de necessitate salutis” (se declara, por tanto, que es necesario para la salvación que cada creatura humana se someta a la autoridad del pontífice romano). Esta definición, cuyo significado e importancia son evidentes por su conexión con la parte primera, relativa a la necesidad de la única iglesia, expresa la necesidad, para quien desee lograr la salvación, de pertenecer a la Iglesia y, por tanto, de someterse a la autoridad papal en cualquier asunto religioso. Esto ha sido una enseñanza constante de la Iglesia, y así fue declarado por el V Concilio Ecuménico de Letrán, en 1516: «De necessitate esse salutis omnes Christi fideles Romano Pontifici subesse» (Es necesario para la salvación de todos los fieles cristianos el estar sometidos al pontífice romano). La traducción de Berchtold de la expresión humanae creaturae como “autoridades temporales” es absolutamente incorrecta. La bula también declara que la sujeción del poder secular al espiritual constituye una sujeción a un poder superior y de ello concluye que los representantes del poder espiritual pueden instalar en sus puestos a los poseedores del poder secular y juzgar su desempeño, si éste fuese contrario a la ley de Cristo.

          Eso constituye un principio fundamental que ha nacido del desenvolvimiento integral de la centralidad del papado para la familia cristiana nacional de la Europa Occidental de la Edad Media. Ya había sido expresado en el siglo XI por teólogos como Bernardo de Claraval y Juan de Salisbury, y por papas como Nicolás II y León IX. Bonifacio VIII le dio una expresión precisa al oponerse al proceder del rey de Francia. Sus principales conclusiones se sacan de los escritos de San Bernardo, Hugo de San Víctor, Santo Tomás de Aquino, y de cartas de Inocencio III. Tanto de esas autoridades como de declaraciones hechas por el mismo Bonifacio VIII está claro que la jurisdicción del poder espiritual sobre el secular se basa en el concepto de la Iglesia como guardiana de la ley moral cristiana, y de ahí su jurisdicción se extiende hasta donde alcanza esa ley. Por ello, cuando el rey Felipe protestó, Clemente V fue capaz, en su breve “Meruit”, del 1 de febrero de 1306, de declarar que ni el rey francés ni Francia sufrirían daño alguno como consecuencia de la bula “Unam Sanctam”, y que la publicación de esa bula no los había hecho súbditos de la autoridad romana en forma distinta de cómo ya eran antes. De ese modo Clemente V pudo dar a Francia y a su gobernante una garantía en contra de perjuicios políticos y eclesiásticos derivados de la opiniones manifestadas en la bula, sin que la decisión dogmática contenida en ella sufriera tampoco demérito alguno. En las luchas del partido galicano en contra de la autoridad de la Sede Romana, y en los escritos de autores no católicos en contra de la definición de la infalibilidad papal, se utilizó in apropiadamente porque su contenido no da pie para ello- la bula “Unam Sanctam” en contra de Bonifacio VIII y de la supremacía papal. Las afirmaciones relativas a los poderes espiritual y secular tienen un carácter meramente histórico, en cuanto que no se refieren a la naturaleza del poder espiritual y se basan en las condiciones medievales de Europa Occidental.

          Analicemos. La bula culmina en la frase: «Declaramos y definimos que a todo hombre es necesario para la salvación estar sometido (subesse) al papa».

          Huelga decir que esta sentencia, rectamente entendida, no hace sino formular la tradicional doctrina, desde siempre y aún hoy firmemente mantenida por la Iglesia, de que el papa es el representante de Cristo y, por consiguiente, todos los cristianos le deben subordinación, aunque sean príncipes. Pero en aquel momento, y formulada en términos tan tajantes, podía hacer pensar que el papa reclamaba una directa potestad de gobierno sobre la nación francesa. Es magisterio aun hoy.

          Pero Felipe sacó partido de la imprudencia del papa para presentarse como la parte injustamente atacada. Propuso que el papa fuera depuesto, y apeló a un concilio ecuménico y al pontífice siguiente. Para preparar mejor los espíritus, en el parlamento de París formuló las más descabelladas acusaciones contra Bonifacio: era un simoníaco y un hereje; negaba que los franceses tuvieran un alma inmortal, pues se le había oído decir que antes que francés hubiera preferido ser perro; era culpable de la muerte de Celestino V; se ocupaba de hechicería y tenía a su lado un demonio familiar. Decía, además, que era sodomita, y en el juicio post mortem que se le inició durante la cautividad en territorio francés (Avignon) se le imputó esta perversión, pero dicho juicio debió absolverlo.

          Naturalmente que no todo el mundo daba fe a tales monstruosidades, ni siquiera en Francia; pero Bonifacio había conseguido crearse enemigos en todas partes, y esto era lo que hacía particularmente peligrosa semejante campaña de calumnias.

          En el año 1296 Bonifacio había excomulgado al rey Federico III, hijo y sucesor de Pedro III de Aragón y Sicilia, atrayéndose así el odio de los gibelinos italianos, que consideraban a los aragoneses como herederos de los Staufer. Con los «espirituales» franciscanos, la ruptura había sido, desde un principio, total.

          Pertenecía a este partido la poderosa familia de los Colonna, que entonces tenía dos cardenales, Jacobo y Pedro. El cardenal Jacobo Colonna era un hombre piadoso de inclinaciones místicas; una de sus hermanas había sido la beata Margarita Colonna, fallecida en 1280 como religiosa clarisa. En 1297, en un audaz golpe de mano, Esteban Colonna se apoderó de la caja papal.

          En la caja había oro. Oro, digo ¿vio, óptimo comentarista? Y era una caja grandota.

          Bonifacio emplazó ante su tribunal a la familia entera, incluso a los dos cardenales, e hizo predicar una cruzada contra los Colonna: a tal extremo había descendido el ideal de las cruzadas. Palestrina, la principal fortaleza de los Colonna, fue conquistada y destruida, y se confiscaron los bienes que la familia poseía en el Lacio. Otra enorme imprudencia de Bonifacio VIII consistió en distribuir estos bienes entre sus propios sobrinos, los Gaetani. Los Colonna huyeron a Francia e hicieron causa común con Felipe el Hermoso.

          ¿Va entendiendo, amigo? Ya sé, es largo, pero no me venga a decir que es difícil de entender. Volvamos ahora a la Bula.

          La Bula Unam Sanctam del papa Bonifacio VIII es, tal vez, la expresión más radical de la hierocracia papal. Apoyándose en la interpretación medieval de varias figuras bíblicas (la esposa del Cantar de los cantares, la túnica de Cristo, el «hombre espiritual» del que habla san Pablo en I Cor. 2,15, etc.) el papa afirma la absoluta supremacía del poder espiritual sobre el poder secular, y termina por definir que es de absoluta necesidad para la salvación el estar sometido al Romano Pontífice (2).

          Repare, please, que son dos cosas distintas.

          ¿Lo ve? Son dos cosas distintas.

          Este documento debe interpretarse a la luz de la violenta controversia citada, que el papa llevaba adelante con el rey Felipe IV de Francia. Su publicación se debió al conflicto entre el papa y Felipe IV de Francia en que cada uno procuraba evitar el cobro de impuestos por parte del otro. El conflicto comenzó en 1296 cuando Bonifacio recordó la prohibición que pesaba sobre los príncipes cristianos de imponer tasas sobre los bienes eclesiásticos (cosa que estaba haciendo el rey para poder llevar adelante la guerra con Francia); Felipe, por su parte, respondió prohibiendo la salida de oro y plata del reino al exterior y la permanencia de extranjeros en Francia (lo que perjudicaba a las finanzas pontificias y los beneficiarios italianos que vivían en Francia. La relación fue enrareciéndose cada vez más hasta que en el sínodo del 1302 el papa decidió excomulgar a todos los que impidiesen la comunicación con el papa y emana la Unam Sanctam(3).

          Texto de la Bula

          «Por apremio de la fe, estamos obligados a creer y mantener que hay una sola y Santa Iglesia Católica y la misma Apostólica, y nosotros firmemente lo creemos y simplemente lo confesamos, y fuera de ella no hay salvación ni perdón de los pecados, como quiera que el Esposo clama en los cantares: Una sola es mi paloma, una sola es mi perfecta. Unica es ella de su madre, la preferida de la que la dio a luz [Cant. 6,8]. Ella representa un solo cuerpo místico, cuya cabeza es Cristo, y la cabeza de Cristo, Dios. En ella hay un solo Señor, una sola fe, un solo bautismo [Ef. 4,5]. Una sola, en efecto, fue el arca de Noé en tiempo del diluvio, la cual prefiguraba a la única Iglesia, y, con el techo en pendiente de un codo de altura, llevaba un solo rector y gobernador, Noé, y fuera de ella leemos haber sido borrado cuanto existía sobre la tierra. Mas a la Iglesia la veneramos también como única, pues dice el señor en el Profeta: Arranca de la espada, oh Dios, a mi alma y del poder de los canes a mi única [Sal. 21,21]. Oró, en efecto, juntamente por su alma, es decir, por sí mismo, que es la cabeza, y por su cuerpo, y a este cuerpo llamó su única Iglesia, por razón de la unidad del esposo, la fe, los sacramentos y la caridad de la Iglesia. Esta es aquella túnica del Señor, inconsútil [Jn. 19,23], que no fue rasgada, sino que se echó a suertes. La Iglesia, pues que es una y única, tiene un solo cuerpo, una sola cabeza, no dos, como un monstruo, es decir, Cristo y el vicario de Cristo, Pedro, y su sucesor, puesto que dice el señor al mismo Pedro: Apacienta a mis ovejas [Jn. 21,17]. Mis ovejas, dijo, y de modo general, no éstas o aquéllas en particular; por lo que se entiende que se las encomendó a todas. Si, pues, los griegos u otros dicen no haber sido encomendados a Pedro y a sus sucesores, menester es que confiesen no ser de la ovejas de Cristo, puesto que dice el Señor en Juan que hay un solo rebaño y un solo pastor [Jn. 10,16].

          Por las palabras del Evangelio somos instruidos de que, en ésta y en su potestad, hay dos espadas: la espiritual y la temporal…Una y otra espada, pues, están en la potestad de la Iglesia, la espiritual y la material. Mas ésta ha de esgrimirse en favor de la Iglesia; aquella por la Iglesia misma. Una por mano del sacerdote, otra por mano del rey y de los soldados, si bien a indicación y consentimiento del sacerdote. Pero es menester que la espada esté bajo la espada y que la autoridad temporal se someta a la espiritual… Que la potestad espiritual aventaje en dignidad y nobleza a cualquier potestad terrena, hemos de confesarlo con tanta más claridad, cuanto aventaja lo espiritual a lo temporal… Porque, según atestigua la Verdad, la potestad espiritual tiene que instituir a la temporal, y juzgarla si no fuere buena… Luego si la potestad terrena se desvía, será juzgada por la potestad espiritual; si se desvía la espiritual menor, por su superior; mas si la suprema, por Dios solo, no por el hombre podrá ser juzgada. Pues atestigua el Apóstol: El hombre espiritual lo juzga todo, pero él por nadie es juzgado [I Cor. 2,15]. Ahora bien, esta potestad, aunque se ha dado a un hombre y se ejerce por un hombre, no es humana, sino antes bien divina, por boca divina dada a Pedro, y a él y a sus sucesores confirmada en Aquel mismo a quien confesó, y por ello fue piedra, cuando dijo el Señor al mismo Pedro: Cuanto ligares etc. [Mt. 16,19]. Quienquiera, pues, resista a este poder así ordenado por Dios, a la ordenación de Dios resiste [Rom. 13,2], a no ser que, como Maniqueo, imagine que hay dos principios, cosa que juzgamos falsa y herética, pues atestigua Moisés no que «en los principios», sin en el principio creó Dios el cielo y la tierra [Gn. 1,1]. Ahora bien, declaramos, decimos, definimos y pronunciamos que someterse (subesse) al Romano Pontífice es de toda necesidad para la salvación de toda humana criatura.»

          Primero, no dice que la salvación de los extraterrestres racionales exige someterse al Romano Pontífice.

          Esto es ya un punto valioso para la apreciación modernosa de este magisterio (y a mí como biólogo me complace destacárselo).

          Segundo, el magisterio obra en contexto. Su hermeneusis no es libre (para eso están las instituciones sacras) pero usted no puede aplicarlo, no sólo a extraterrestres, sino fuera de su horizonte de inteligibilidad.

          ¿Cuál es este? Repito, a riesgo de cansar (pero creo que la cuestión mantiene al lector interesado): la bula proclamaba que «fuera de la Iglesia no hay ni salvación ni remisión de pecados»3 Esto constituye una forma extrema del concepto conocido como «plenitudo potestatis» o plenitud del poder, que declara que aquellos que resistan al pontífice romano están resistiendo el ordenamiento divino.4

          La bula también declaraba que la Iglesia debía permanecer unida, que el papa era su único y absoluta cabeza: «Por tanto, de la unidad y unicidad de la Iglesia, sólo hay una cabeza y un cuerpo, no dos cabezas como en un monstruo».La bula continuaba diciendo: «Estamos informados por los textos de los Evangelios que en esta Iglesia y en su poder hay dos espadas: el poder temporal y el espiritual». Las espadas son una referencia tradicional a las empuñadas por los apóstoles en el arresto de Cristo, que se dice fueron enterradas junto al apóstol Pedro.2 Los primeros teólogos creían que si había dos espadas, una tenía que estar subordinada a la otra. Esto evolucionó luego en una jerarquía de liderazgo, lo espiritual juzga lo secular, «considerando su grandeza y carácter sublime»2 mientras que el bajo poder espiritual es juzgado por el alto poder espiritual,etc.4

          Así, se concluye que el poder temporal debe subordinarse al poder espiritual, no sólo en temas concernientes a la doctrina o moralidad: «Con la verdad como testigo, corresponde al poder espiritual establecer el poder terrenal, y juzgarlo si no ha sido bueno». Y ese es el magisterio, no lo dude.

          La bula concluye estableciendo: «Además, declaramos, proclamamos y definimos que es absolutamente necesario para la salvación que cada criatura humana esté sujeta al romano pontífice».

          No se trata de sujeción temporal, insigne coforista. No es que Vd. deba pedirle permiso al papa antes de ir al baño, como tantos psicoanalistas hacen ad mentem con Freud. Se trata de la adhesión al dogma universal (katolikós), la «otra cosa» que le decía antes. Y la adhesión es, extrínsecamente, materia de grado: depende de cuanto conozca cada uno del dogma al que debe adherir, de la humildad y la voluntad de someterse en cuanto ignora a quien debe proveer la hermeneusis, etc. No se confunda; NO es cuestión de pagar impuestos como en la AFIP. Tema largo, que podemos seguir otro día.

          Bonifacio estableció así oficialmente lo que venían declarando los papas desde la época de Gregorio VII.5
          Mucho de lo expresado puede verse en los escritos de Bernardo de Claraval, Hugo de San Víctor y Tomás de Aquino.6 La bula contiene también escritos de las cartas del papa Inocencio III, que reafirman el poder espiritual y la idea de plenitudo potestatis en relación al papado.5 Una voz fuertemente representada en la bula es la de Egidio Romano, que algunos piensan puede haber sido el verdadero autor de la bula. (Vea Bertelloni, y 7, abajo). En su escrito «Sobre el poder eclesiástico», Egidius proclama la supremacía del romano pontífice sobre el mundo material. Su línea de argumentación establece que dado que el cuerpo es gobernado por el alma, y el alma es gobernada por las reglas espirituales, el pontífice de Roma es entonces el gobernante de alma y cuerpo.

          De acuerdo con la Enciclopedia Católica en los archivos, sobre el margen del texto la última sentencia se lee: «Declaratio quod subesse Romano Pontifici est omni humanae creaturae de necessitate salutis»2 ,por lo que la frase, como en muchas escrituras canónicas, puede haber sido trasladada de la glosa al texto principal, donde fue aceptada como parte integrante de la bula.

          Algunos piensan que esta es la única definición dogmática del documento, porque el resto se basa «en declaraciones papales del siglo XIII».4

          Siguiendo la costumbre medieval las premisas no están basadas en el razonamiento lógico, sino en interpretaciones alegóricas tomadas de la biblia hebrea así como del Nuevo Testamento.

          Pero recordemos el contexto político, querido amigo. La furiosa reacción de Felipe y su ministro no puede entenderse fuera del contexto del conflicto iniciado a partir del creciente poder de los gobiernos seculares en Francia e Inglaterra, que había llegado a la vía de los hechos con los intentos para imponer tributo al clero para sostener la guerra, no muy diferente a las cruzadas autorizadas durante el siglo XIII -por ejemplo contra el rey de Aragón – salvo que las guerras actuales no habían sido autorizadas por el papa y los impuestos pretendían ser cargados también contra el clero. Conocido por su muy impulsiva interferencia en los asuntos internacionales, la reacción de Bonifacio fue la potente bula Clericis laicos de 1296.

          En Inglaterra Eduardo I retiró la protección del derecho anglosajón sobre el clero, una estrategia de aterradoras psobilidades. Los ministros de Felipe reaccionaron con sus propios típicos métodos: expulsaron a todos los banqueros no franceses de Francia, y prohibieron la exportación de oro sin excepción. El flujo de dinero francés a la curia romana se secó completamente. Los ministros reales y sus aliados hicieron circular cartas estableciendo la soberanía del rey sobre su reino y el deber de la iglesia en ayudar a la defensa de la patria.

          Bonifacio cometió el error táctico de ceder alguna de sus posiciones. En setiembre de 1296 envió una indignada protesta a Felipe titulada Ineffabilis Amor, declarando que estaba dispuesto a morir antes de resignar cualquier justa prerrogativa de la Iglesia, pero al mismo tiempo explicaba en términos conciliadores que su reciente bula se entendía aplicable a algunos de los acostumbrados impuestos feudales correspondientes al rey por las tierras de la iglesia.

          Luego vino el jubileo de 1300, que llenó Roma de fervientes masas de peregrinos, que llevaron oro de Francia a Roma. Al año siguiente los ministros de Felipe excedieron sus límites. Bernard Saisset, obispo de Pamiers en Foix, en la frontera mas lejana de Languedoc resultó difícil y recalcitrante. No había aprecio entre el sur, que había sufrido recientemente con la cruzada albigense y el norte franco. Pamiers fue uno de los últimos bastiones de los cátaros.

          Saisset no ocultó su ausencia de respeto por el rey de Francia. Los ministros de Felipe decidieron hacer un ejemplo del obispo, que fue traído ante el rey y su corte el 24 de octubre de 1301, donde el canciller Pierre Flotte, le acusó de alta traición. El obispo fue puesto bajo la custodia del arzobispo de Narbona, su metropolitano. Antes de poder juzgarlo en las cortes, el ministro real necesitaba que el Papa lo removiera de su sede y le quitara sus fueros canónicos. Felipe intentó obtener el desafuero por parte del papa, pero Bonifacio, en la bula Ausculta Fili (Escucha, hijo) reprueba al rey francés por no haber tomado en cuenta otra bula, la Clericis laicos sobre los impuestos a los clérigos, y por no obedecer al obispo de Roma. En Francia, la bula fue quemada; por disposición real se extrajeron algunos textos falseando su sentido: luego fueron difundidos bajo forma de una bula llamada Deum time. Así se suscitó una reacción de apoyo al rey y de rechazo al Papa que aparecía como quien intentaba -en términos nada conciliatorios- someter al rey en asuntos temporales:

          «No deje que nadie lo convenza sobre que tiene Ud. superioridad o está libre de sujeción a la cabeza de la jerarquía eclesiástica, ya que sólo un tonto podría pensar así.» Bonifacio VIII, Ausculta Fili

          Al mismo tiempo, Bonifacio emitió una bula mas general, Salvator mundi, que reiteraba fuertemente los conceptos básicos de Clericis laicos.

          Luego, a fin del año, Bonifacio, con su acostumbrada falta de tacto criticó a Felipe por su comportamiento personal y la inescrupulosidad de sus ministros (crítica con la que muchos historiadores contemporáneos coincidirían), llamando a un concilio de obispos franceses para noviembre de 1302 en Roma , que tendría el objetivo de reformar varios asuntos en relación a la iglesia de Francia. Felipe prohibió asistir a Saisset y a cualquier otro obispo, y respondió al papa organizando una contra-asamblea en Paris, en abril de 1302.

          Nobles, burgueses y clero asistieron para denunciar al papa y criticar un documento falsamente atribuido a Bonifacio titulado Deum Time (Temor de Dios) , donde supuestamente éste se autotitulaba señor de toda Francia. El clero francés protestó educadamente contra las «inauditas declaraciones»: Bonifacio negó su autoría pero recordó que los papas habían depuesto a tres reyes de Francia.

          Esta fue la atmnósfera en que se promulgó la bula Unam sanctam unas semanas después, ínclito coforista. Leyendo la referencia a las dos espadas en la bula, uno de los ministros de Felipe se dice que comentó: «La espada de mi Señor es de acero, la del Papa está hecha de palabras.»

          Y tengamos también en cuenta la respuesta a Unam sanctam. La reputación de Bonifacio en tratar siempre de incrementar el poder papal hizo difícil la aceptación de una declaración tan extrema. Su aseveración sobre el poder temporal fue vista como vacía y desubicada, y se dijo que el documento no fue tomado como obligatorio porque el cuerpo de la fe no lo aceptaba.4 5

          En respuesta a la bula, Felipe hizo que el dominico Jean Quidort emitiera una refutación. El papa reaccionó excomulgando al rey. Felipe llamó entonces a una samblea donde se hicieron 29 acusaciones contra el papa, incluyendo infidelidad, herejía, simonía, gran e innatural inmoralidad, idolatría, magia, pérdida de Tierra Santa, y asesinato de Celestino IV. Cinco arzobispos y veintinueve obispos apoyaron al rey.

          Bonifacio VIII sólo podía responder denunciando los cargos, pero ya era muy tarde para él: el 7 de setiembre de 1303 el asesor del rey, Guillaume de Nogaret encabezó una partida de doscientos mercenarios a caballo y a pié, que junto a soldados locales atacaron los palacios del papa y su sobrino en la residencia de Anagni, hecho que pasó a la historia como el ultraje de Anagni. Los empleados del papa y su sobrino Francisco huyeron prontamente: sólo el cardenal español Pedro Rodríguez permaneció a su lado.

          El palacio fue arrasado y Bonifacio casi asesinado, aunque Nogaret había prevenido a sus tropas acerca de respetar la vida del papa. Se lo tomó prisionero y se lo mantuvo en una celda sin agua ni comida durante tres días. Finalmente los pobladores lograron expulsar a los invasores, y Bonifacio perdonó a aquellos capturados, retornando a Roma el 13 de setiembre de 1303.

          A pesar de su estoicismo, Bonifacio quedó claramente golpeado por el incidente. Desarrolló una violenta fiebre y murió el 11 de octubre de 1303. En su libro A Distant Mirror: The Calamitous Fourteenth Century8 Barbara Tuchman asegura que sus colaboradores más cercanos aseveraron luego que el papa murió de un «profundo disgusto».

          El sucesor de Bonifacio VII, Benedicto XI duró sólo nueve meses antes de morir en el exilio. El cónclave para elegir sucesor cayó en punto muerto por once meses, antes de elegir papa a Clemente V, quien en un esfuerzo por congraciarse con el rey de Francia mudó el papado a Aviñón. Desde ese momento hasta 1378 el papado quedó bajo la órbita e influencia directa de la monarquía de Felipe. Se dice que Felipe mantuvo su venganza contra el papado de Roma hasta su muerte.5

          No sólo el rey y el clero de Francia desaprobaron la bula de Bonifacio. Hubo varios textos circulando por Europa atacando la bula y la proclamacion del poder del papado sobre lo temporal. Uno de los mas notables escritores opuestos a Bonifacio y sus crencias fue el poeta florentino Dante Alighieri, quien expresó su inclinación por la reposición de un Sacro Emperador Romano. Su tratado Monarchia intentó refutar las pretensiones del papado sobre la primacía de la espada espiritual sobre la temporal.9

          Dante señaló que el Papa y el emperador eran humanos, y ningún par tenía poder sobre otro par. Sólo un poder superior podría juzgar la «igualdad de las espadas», ya que cada una fue entregada por el poder de Dios para gobernar sus dominios respectivos.

          ¿Ve Vd., perínclito coforista, que no puede echárselas de piola repitiéndonos añejas superficialidades anticatólicas? Sí, Sí, Sí – Cualquiera puede decirlo que todo esto es magisterio católico y debe obedecerse, y agregarle por qué y dentro de qué límites, y cómo debe interpretarse. No estamos charlando en la cola de la verdulería, ¿vio?

          Un cordial abrazo, y encomendándole en mis oraciones,
          ——-

          Notas

          1. Bonifacio VIII PP, Bula Unam Sanctam, 18 de nov. de 1302. Texto tomado de Enrique Denzinger, El magisterio de la Iglesia. Manual de los símbolos, definiciones y declaraciones de la Iglesia en materia de fe y costumbres, Barcelona 1963, 170-171.

          2. No queda claro que alcance deba dársele a esta definición pontificia; ¿constituye una definición dogmática en toda forma?, ¿qué pretende definir el papa?, ¿podría hablarse de una sumisión implícita al Romano Pontífice, tal como se habla de una fe implícita o una pertenencia a la Iglesia no consciente? En este tema son más las preguntas que las respuestas que pueden aportarse. Cf. Giacomo Martina, La Iglesia de Lutero a nuestros días, I, Madrid 1974, 45 s.

          3. Cf.Jedin, Hubert, Manual de historia de la Iglesia, IV, Barcelona 1986, 453-470.

          4. http://www.mondimedievali.net/pre-testi/chiapella.htm

          5. a b c d Catholic Encyclopedia

          6. Búsquese en Internet, Extra Ecclesiam Nulla Salus.

          7. a b c d Collins, Paul (2000). Upon this Rock: the Popes and Their Changing Role. Melbourne UP, pp. 150–154.

          8. a b c d Duffy, Eamon (2002). Saints and Sinners: a History of the Popes. Yale UP, pp. 158–166.
          Catholic Encyclopedia

          9. Romanus, Egidius (2004). Columbia UP (ed.). On Ecclesiastical Power.

          10. A Distant Mirror: The Calamitous Fourteenth Century: «Un espejo distante, el calamitoso siglo catorce»

          11. Alighieri, Dante (1998). Monarchia. Pontifical Institute of Mediaeval Studies.



          Anónimo
          22/05/2010 a las 11:54 pm

          ..el CVII «NO ES AMBIGUO»…después de 45 años de PRAXIS CONCILI
          NO ME IMAGINO QUE «TODA» LA IGLESIA SE EQUIVOQUE.
          SOLO LA «JERARQUIA MODERNISTA».
          ENCARAMADA Y AL SERVICIO DEL «ECUMENISMO» POS CONCILIAR ESTE IGUALMENTE MODERNISTA QUE NO CATOLICO.

          «LA IGLESIA CATOLICA NO SERIA DIVINA» VA POR SU CUENTA.
          PROPIAMENTE AMBIGUA.
          ¡CUIDADO CON TRENTO! ¡CON SAN PIO V!
          UNA COSA ES UNA COSA Y OTRA COSA ES OTRA COSA.
          SIN AMBIGUEDADES…

          PERO NO CONFRONTEMOS SIN RECURRIR A LAS FUENTES DOCUMENTALES DEL CITADO LIBRO Y SUS PLANTEAMIENTOS QUE CONSIDERO TAN RECTOS COMO FUNDAMENTADOS EN LA FE Y EN LA TRADICION.

          ESPERO QUE UD. LEA Y SE INFORME ASI COMO ESPERO UNA RECAPITULACION A PARTIR DE ALLI.
          LEALMENTE COMO CORRESPONDE.
          SIN CONFUSIONES NI AMBIGUEDADES.
          QUE DE ESTO SE TRATA EN DEFINITIVA.

          AH! …Y MAS NOS NECESITA A AMBOS EL CAMINO—SIN AMBIGUEDADES–QUE NOS LLEVA A LA VERDAD.
          CON ELLA «NO OFENDO NI TEMO».
          Por el dato: un solo «que»: que le sirva.
          desde el exilio a pesar de Honorio
          Atanasio humildemente.



          Anónimo
          23/05/2010 a las 2:02 pm

          12179
          El CVII consta de 12179 líneas de texto. A Ercoli le basta con proponer una (1) pregunta y una (1) respuesta. ¡Qué sutileza teológica!



          Anónimo
          24/05/2010 a las 4:07 am

          Bueno, se trata de la
          Bueno, se trata de la pregunta del millón…
          A propósito, ¿a Ud. cuantas líneas le llevaría para responder si el CONCILIO VATICANO II: ES o NO ES CATOLICO? Forza, tiene un 50% para llevárselo. No se admiten “secundum quid”…, si no necesitaremos una hermenéutica que se la pase hermeneuticando hasta el infinito. ¿No cree?

          fr.ercoli



          Anónimo
          25/05/2010 a las 1:00 pm

          Exorcista…?
          Ercoli pretende exorcizar un demonio que él ha pintado previamente en la pared. No podría hacer otra cosa, si quiere permanecer en su ideología hegeliana.



Anónimo
23/05/2010 a las 2:05 am

Mons.Lefebvre a Fernando y Cía.
«Tal vez alguien me diga:¡»Ud exagera! Cada vez hay más obispos buenos que rezan, que tienen fe,que son edificantes…» Aunque fuesen santos, desde el momento en que aceptan la falsa libertad religiosa, y por consiguiente el Estado laico, el falso ecumentismo (y con ello la existencia de varias vías de salvación), la reforma litúrgica (y con ello la negación práctica del sacrificio de la Misa), los nuevos catecismos con todos sus errores y herejías, CONTRIBUYEN OFICIALMENTE A LA REVOLUCIÓN EN LA IGLESIA Y A SU DESTRUCCIÓN».

(Seminario Internacional Ntra.Sra Corredentora.Itinerario espiritual siguiendo a Sto Tomás de Aquino en su Summa Teológica,( Para uso de los seminaristas y sacerdotes de la Fraternidad) 1989. Fiesta de la Inmaculada Concepción.)

¿Lo calificarían de sedevacantista?



    Anónimo
    26/05/2010 a las 11:37 am

    Y?
    ¿Y con esto qué? Mons. Lefebvre habrá sido un obispo santo, si Ud. quiere, no pongo ni objeción ni duda. ¿Y con eso qué? ¿Eso significa que Roma no es Roma y que el Papa no es el Papa, que la Iglesia ha defeccionado y sólo permanece impoluta en Econe? Mmmm… perdoneme, pero a mí no me agrega nada con eso y además no estoy de acuerdo. La hipotesis de que Dios haya permitido esta defección dejando indefensos a todos los fieles católicos alrededor del mundo, perdón, a todos no, a los que están fuera o lejos de la FSSPX, por lo tanto me incluye a mí, que tengo la capilla más cercana de la FSSPX a algunos cientos de kilómetros; digo, esa hipótesis aunque probable, no ha sido probada. Si Ud. me prueba que es así, entonces, yo que he nacido en la década del 70, debo concluir que no soy católico, que he vivido engañado toda mi vida, que debo acercarme a la FSSPX y bautizarme para poder entrar a la Iglesia Católica Apostólica «Econiana», pues la Romana ya no existe. Si Ud. me lo prueba, yo lo hago. Mientras tanto…

    Fernando



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