Panorama Católico

San Martín: ¿liberal y masón?

Es común leer dos afirmaciones referidas al General José de San Martín: que integró la masonería, y que fue liberal. Con motivo de celebrarse, el 17 de febrero, el 230º aniversario del nacimiento del prócer máximo de la Argentina, nos parece conveniente enfatizar, categóricamente, que San Martín no tuvo jamás ningún vínculo con la masonería, ni profesó la ideología liberal.

Es común leer dos afirmaciones referidas al General José de San Martín: que integró la masonería, y que fue liberal. Con motivo de celebrarse, el 17 de febrero, el 230º aniversario del nacimiento del prócer máximo de la Argentina, nos parece conveniente enfatizar, categóricamente, que San Martín no tuvo jamás ningún vínculo con la masonería, ni profesó la ideología liberal.

Como las autoridades masónicas efectuaron, en plena Catedral de Buenos Aires («por primera vez en la historia»), un homenaje a quien denominan «el Más Ilustre Iniciado», es oportuno recordar que la masonería argentina adoptó una actitud desdeñosa hacia San Martín, hasta 30 años después de su muerte. Cuando llegan a Buenos Aires los restos mortales del Libertador, la masonería no participa en los homenajes, pues no lo consideraba uno de los suyos. La primera ocasión en que se sostiene que el general era masón y no católico, fue el 22-6-1883, con motivo del debate por la enseñanza primaria, por boca del diputado Emilio Civit. A partir de entonces, comenzará la leyenda urdida por la masonería argentina, sosteniendo, también, que la Logia Lautaro era una sociedad masónica, contradiciendo a dos Grandes Maestres: Mitre y Sarmiento, que afirmaron lo contrario.

Consideramos que no se ha destacado suficientemente el aporte extraordinario que realizó Patricio Maguire para terminar, definitivamente, con las dudas sobre este tema(1). Dicho investigador consultó directamente a las autoridades de las Grandes Logias de Inglaterra, Irlanda y Escocia. Recibió respuesta por escrito de las tres, que coincidieron en que la logia Lautaro nunca estuvo registrada en dichas instituciones, y que San Martín no figura en los archivos como miembro. Maguire recibió las comunicaciones respectivas en 1979 y 1980, publicándolas de inmediato. Curiosamente, el Dr. Terragno también conoció esa información, en la misma época, por una nota del Bibliotecario y Curador de la Gran Logia Unida de Inglaterra, que afirma poseer, agregando, «que si alguien no figura en esos registros es porque nunca fue miembro de la masonería inglesa». Lamentablemente, dio a conocer ese valioso dato, 19 años después de haberlo obtenido.

Es preciso difundir estas pruebas documentales de que el Libertador no fue masón, pues no se trata de una cuestión baladí, dado que la religiosidad del prócer ha sido demostrada, y que es incompatible la pertenencia a la masonería con el catolicismo; de lo contrario, como alertaba Aragón hubiera sido «infiel al uno o a la otra», quedando en duda su honorabilidad.

Ideología liberal

Como también se afirma a menudo que San Martín era liberal, es necesario esclarecer este otro infundio. Según parece, el vocablo liberalismo, fue usado por primera vez en lengua castellana hacia 1810 y fue adoptado en España por los partidarios de la Constitución de Cádiz, adversos al absolutismo de Fernando VII, sin ninguna manifestación de oposición al cristianismo. Explica el P. Castellani: «Lo que había de bueno en el liberalismo de antaño, de 1820 a 1860, consistía en una especie de ímpetu juvenil contra un montón de cosas que tenían que morir; a saber, el absolutismo de los reyes, inventado por los reyes protestantes; el despotismo demasiado cerrado de los Gremios y Corporaciones medievales y una decadencia de la Religión, que originó en Inglaterra el deísmo y en Francia el filosofismo. Así que toda la juventud europea a principios del siglo pasado [XIX] se conmovía con ese grito de Libertad, y sabía lo que significaba esa palabra ambigua, que no lo era para ellos; lo que no sabían era lo que estaba detrás. Se sentían apretados, estrechos y cansados y al decir ¡Libertad! decían queremos salir de esto.» Esto, eran las miserias de la Corte borbónica, que Napoleón resumía así: la madre era adúltera, el padre consentido, el hijo traidor.

Incluso el vocablo liberal, según el diccionario de la Real Academia Española, define a quien obra con liberalidad, virtud moral que consiste en distribuir uno generosamente sus bienes sin esperar recompensa. En cambio, el mismo diccionario, define al liberalismo como «sistema político-religioso que proclama la absoluta independencia del Estado, en sus organizaciones y funciones, de todas las religiones positivas».

Estas acotaciones semánticas, sirven para distinguir entre aquella persona que, por distintos motivos, reivindica el nombre de liberal, simplemente, de quien adhiere explícitamente a la ideología liberal, con conocimiento pleno de su contenido. Nada en la actuación pública de San Martín, ni en su vida privada, permite sostener que profesara la ideología liberal; por el contrario, se expresó negativamente sobre ella, en varias de sus cartas.

La ideología liberal, tal como ha sido definida por sus autores principales – Locke, Montesquieu, Rousseau, Stuart Mill- es incompatible con el cristianismo. Así lo aclara el Papa Pablo VI, en la Octogesima adveniens: «Tampoco apoya el cristiano la ideología liberal, que cree exaltar la libertad individual sustrayéndola a toda limitación, estimulándola con la búsqueda exclusiva del interés y del poder….» (26). Esta posición se mantiene invariable en la Iglesia, desde hace dos siglos.

El Papa León XIII (Enc. Libertas, l888) analizó tres grados posibles de liberalismo, y los consideró igualmente condenables. Explica el Prof. Caturelli: «Tanto el liberalismo extremo (ateo), como el liberalismo moderado (deísta), como el liberalismo muy moderado («cristiano»), admiten una zona (el orden temporal) de autosuficiencia del hombre: el primero porque niega la existencia de un orden trascendente al temporal: el segundo porque lo ignora y el tercero porque lo separa. En el orden práctico, viene a resultar lo mismo.»

Esta aclaración es necesaria, porque algunos autores sostienen que San Martín fue un católico liberal; así lo hace el Dr. Cuccorese, académico sanmartiniano, quien considera que no incurrió en contradicción, pues el liberalismo recién fue condenado por la Enc. Quanta Cura, en l864, l4 años después de la muerte del Libertador.

Debemos discrepar, puesto que los Papas comenzaron a cuestionar las ideas liberales, incluso antes de la Revolución Francesa. Por ejemplo, en la Alocución de Pío VI, el 9 de marzo de l789, y en la Carta del mismo Papa, de l79l, a los obispos de la Asamblea Nacional. Pero con respecto al liberalismo católico, recordemos que esta actitud ya se advierte cuando Talleyrand, Obispo de Autun, celebra misa en el campo de Marte, con trescientos sacerdotes adornados con la escarapela tricolor. La primera expresión teórica respectiva, aparece cuarenta años después con Lamennais -sacerdote apóstata- y su periódico L’Avenir, que defienden precisamente el liberalismo católico, siendo esta posición condenada por Gregorio XVI, en la Enc. Mirari vos, promulgada en l832, mientras San Martín vivía en París, y l8 años antes de su fallecimiento. No está demás recordar, que el Papa Pío IX, aquel que conoció a San Martín, afirmó que «los llamados católicos liberales… son más peligrosos y funestos que los enemigos declarados…».

En conclusión, puede afirmarse, con seguridad, que San Martín no fue masón ni liberal.

Fuentes:

– Aragón, Raúl Roque. «La Política de San Martín»; Córdoba, Universidad Nacional de Entre Rios, 1982, pág. 19.
– Bruno, P. Cayetano. «La religiosidad del General San Martín»; Buenos Aires, Ediciones Don Bosco, 1978, p32 págs.
– Castellani, Leonardo. «Esencia del liberalismo»; Buenos Aires, Huemul, 1971, pgs. 24/25.
– Caturelli, Alberto. «Examen critico del liberalismo como concepción del mundo»; Gladius, Nº 2, 1985, pg. 38
– Cuccorese, Horacio Juan. «San Martín; catolicismo y masonería»; Buenos Aires, Instituto Nacional Sanmartiniano-Fundación Mater Dei; 1993, pg. 145
-Episcopado Argentino. «Declaración»; 20-2-1959.
-Revista SÍMBOLO net, publicación de la Gran Logia de la Argentina de Libres y Aceptados Masones, Nº 69, diciembre de 2007, versión digital.
-Revista «Masonería y otras sociedades secretas»; Buenos Aires, Nº 2, noviembre de 1981, págs. 20/25; Nº 3, diciembre de 1981, págs. 15/20; Nº 5, febrero de 1982, págs. 30/35.
-Terragno, Rodolfo. «San Martín & Maitland»; Buenos Aires, Universidad Nacional de Quilmes, 1999, pág. 181: Librarian and Curator, United Gran Lodge of England, comunicación personal, 14-11-1980.

(1) La documentación respectiva puede leerse en «San Martín no fue masón», en: http://forosanmartiniano.blogspot.com/
Miércoles, 13 de Febrero de 2008 11:22

Comentarios

Anónimo
09/04/2010 a las 6:33 pm

Revoluciones del siglo XXI: neoliberalismo maquillado
Revoluciones del siglo XXI: neoliberalismo maquillado
Por Jose Rafael Lopez Padrino

El siglo XXI emerge con el surgimiento de una camada de falsos críticos del neoliberalismo (Chávez, Evo, Correa y Ortega), quienes cuestionan discursivamente al capitalismo tradicionalmente entendido y plantean su sustitución por un capitalismo de Estado, tan asfixiante y explotador, como el capitalismo tradicional.

La consolidación del proyecto neoliberal se caracterizó por un aumento exponencial de la explotación social, el saqueo de los recursos nacionales, y la derrota de la clase trabajadora y de los sectores populares. Ello obviamente llevó a una profundización en las relaciones de dependencia, subordinación y explotación de los países Latinoamericanos a las metrópolis imperialistas. Igualmente, permitió una apertura indiscriminada y sin protección alguna de las economías nacionales de la Región a los centros de poder, lo cual fue ejecutado a través de un plan de políticas económicas que fueron elaboradas por los organismos financieros internacionales. Este perverso plan fue conocido como el “Consenso de Washington” (1989).

Este tenebroso panorama significó la derrota de la clase trabajadora, la recolonización económica y política de la Región, así como un crecimiento de la desigualdad, la pobreza y la desocupación. Todo en beneficio de la transferencia de las ganancias hacia los centros desarrollados, empresa donde las burguesías locales participaron como cómplices necesarios del proceso. Este retroceso social y político, junto con un reforzamiento de la dependencia económica, diplomática y militar de nuestras sociedades al imperialismo, fueron las marcas de este período referido como la década pérdida (privatizaciones, flexibilización laboral, desregulación, apertura comercial, y liquidación del Estado social). Durante la misma se amplió la brecha entre los más desposeídos y los ricos en los países subdesarrollados.

El siglo XXI emerge con el surgimiento de una camada de falsos críticos del neoliberalismo (Chávez, Evo, Correa y Ortega), quienes cuestionan discursivamente al capitalismo tradicionalmente entendido y plantean su sustitución por un capitalismo de Estado, tan asfixiante y explotador, como el capitalismo tradicional. Estos renegados ideológicos, auspician esquemas keynesianos para erigir gobiernos de bienestar social, en la periferia de los centros de poder. Promueven programas minimalistas de subsistencia y contra la pobreza, que si bien palean las necesidades sociales coyunturales, los mismos están lejos de atacar a la pobreza desde un perspectiva estructural. Constituyen proyectos fantoches que han confiscado la palabra revolución en nombre de populismos despóticos, son verdaderos fraudes a las aspiraciones legítimas de quienes sufren la opresión y la explotación.

Por razones de oportunismo ideológico, estas farsas sociales se han maquillado con un lenguaje revolucionario, y antiimperialista. En el caso venezolano, el proyecto ha sido bautizado con el rimbombante nombre de “Socialismo del Siglo XXI”. Obviamente, no se ha construido ningún socialismo, ni poder popular autónomo, ni democracia protagónica, en el sentido de su definición originaria. La estructura económica venezolana sigue siendo capitalista subdesarrollada y dependiente. Además, no existe la más mínima muestra de que la economía venezolana marcha hacia un proceso de socialización real, lo que no debe confundirse con las estatizaciones compulsivas llevadas a cabo por el régimen como parte de su Estadolatría fascista que promueve desde su inicio (Todo dentro del Estado, nada contra el Estado, nada fuera del Estado – Benito Mussolini).

Nuestra América, no disfruta de ninguna “alborada emancipadora”, ni vive “tiempos de revolución”, ni se han modificado los lazos de dependencia como perversamente se afirma desde el poder. Estos proyectos “antioneoliberales de pacotilla” carecen de ideas críticas y de propuestas audaces que constituyan verdaderas alternativas frente al imperialismo y al orden capitalista. Los mismos siguen abierta o solapadamente las políticas fiscales, monetarias y presupuestarias del FMI al aplicar impuestos regresivos y medidas laborales contrarias a los intereses de los trabajadores, al continuar con endeudamientos externos e internos irresponsables, al seguir cancelando una deuda externa ilegalmente contraída, al privilegiar al capital transnacional, profundizando la dependencia de nuestras economías a los mercados internacionales. Todo esto ha conducido a un aumento de los sectores de la población que se sumergen en la pobreza y el desempleo estructural, con todo su cortejo de degradación social. Insistimos, son ensayos neoliberales, pero con nuevos libretos y rostros, a fin de renovar malintencionadamente las esperanzas entre los más necesitados y desposeídos de nuestras sociedades, ahora más sometidos y reprimidos que nunca en nuestra historia

En conclusión, los teatrales proyectos populistas de estos felones no representan una opción libertaria para nuestra América que permita romper con el nefasto capitalismo y su legado de destrucción económica, social y humana.



    Anónimo
    11/04/2010 a las 4:25 am

    LA LEYENDA NEGRA. UN ATAQUE A NUESTRA IDENTIDAD
    Escrito por Federico Gastón Addisi
    *
    Puede decirse, sin temor a exagerar, que la leyenda negra consiste en un juicio negativo e «inexorable», aceptado sin indagar su origen ni veracidad, según el cual España habría conquistado y gobernado América durante más de tres siglos, haciendo alarde de una sangrienta crueldad y una opresión sin medida, que no encontraría comparación en la historia occidental moderna. La fábula anti-española sostiene que la empresa del Descubrimiento se llevó a cabo por una insaciable codicia y avaricia, cuyo objetivo no sería otro que la sed de oro que tenía el imperio español; para lo cual no se dudó en perpetrar un «genocidio» sobre las poblaciones indígenas, causando 50 millones de muertos.
    *
    El disparate que acabo de citar encuentra su origen en la figura del padre fray Bartolomé de Las Casas, un fraile dominico nacido en Sevilla en el año 1474. Este clérigo estuvo por vez primera en América acompañando a Ovando, en el 1502. Hacia 1522, Las Casas acentúa una campaña a favor de un mejor trato a los indígenas por parte de los españoles, en quienes pesaba la misión de evangelizar y civilizar en las tierras recientemente descubiertas. La obra de Las Casas pasa del alegato y de la prédica, al sermón escandaloso y panfletario. A este tenor pertenece su «Brevísima relación de la destrucción de las Indias»; escrita en 1542. Dicha obra fue tomada; sacada de contexto y exagerada por los enemigos de la Hispanidad, que la utilizaron como medio para desprestigiar al Imperio.
    *
    Así, los países protestantes adversarios de España actuaron en combinación contra ella; principalmente Holanda e Inglaterra, aunque también participaron del infundio Francia y Alemania. Es de esta manera que se comenzó a hablar de España como una nación oscura y decadente, atribuyendo las mencionadas características a la identidad católica de sus monarcas y su cultura. Los países nombrados anteriormente disputaban el predominio marítimo y comercial con España, que era la potencia de la época (en el siglo XVI y parte del XVII); y la guerra propagandística y difamatoria que encararon les servía para ganar terreno en Europa (y varios siglos después en el mundo entero).
    *
    Retomando el tema de la obra del fraile dominico; la misma no resiste el menor análisis historiográfico o científico (el relato es vago e impreciso; no dice ni cuándo ni dónde se consumaron los horrores de los que habla, ni precisa nombres ni lugares); y es útil recordar (y he aquí una de las innumerables contradicciones de los anti-hispanistas), que su autor era español, obispo católico y asesor de la monarquía. Para ser ecuánime, corresponde reconocer que lo que Las Casas proclamaba como justo, efectivamente lo era. La Conquista de América no podía consumarse negando en los hechos los preceptos que la Iglesia consideraba sustanciales. Era necesario extremar el cuidado en el tratamiento con los indígenas. Pero lo malo del asunto era que Las Casas no se detuvo ante nada y arremetió contra todo, sin reparar en el medio al que echaba mano, y citando a Rómulo D. Carbia: «Los excesos [de Las Casas] llegaron a ser tantos que hubo un momento en que algunos hombres cuerdos tuvieron dudas sobre la autenticidad de los escritos que circulaban como suyos. La explicación de ello puede estar, a mi juicio, en el hecho de que Las Casas, presa de sus desenfrenos de celo, no paró mientes ni en la gravedad del falso testimonio». En efecto, como se ha dicho, cuando el dominico echó a rodar su libro, éste fue utilizado vilmente por los enemigos del trono y de la causa que éste y el mismo Las Casas representaban.
    *
    Actualmente, la tan repetida leyenda sigue igual o más vigente que en los tiempos de su creación. Liberales y marxistas la utilizan como medio para justificar separatismos en las naciones, basándose en un falaz e ideologizado etnocentrismo. Desde ya que lo que aún hoy se sigue persiguiendo como objetivo, es el ataque a la cristiandad; que junto a los mencionados estados-nación, constituye el último bastión de resistencia frente a las pretensiones hegemónicas del Nuevo Orden Mundial.
    *
    Los marxistas modernos; reciclados inteligentemente en el gramscismo, buscan azuzar el culto anti-católico y anti-hispano enfrentando dialécticamente dicha cultura con la precolombina, de donde surgiría una nueva conciencia de los «pueblos oprimidos» dispuestos a encarar la rebelión. Pero lo que resulta más irónico es que estos aprendices de izquierdistas ni siquiera leen a sus propios intelectuales. Como muestra de ello, basta citar la opinión de Juan José Hernández Arregui sobre la conquista española: «[…] El nacimiento de la nacionalidad no puede segregarse del período hispánico. Desligar a estos pueblos de su largo pasado, ha sido una de las graves desfiguraciones históricas de la oligarquía mitrista que se aquilató en el poder en 1853 […] El menosprecio hacia España arranca de los siglos XVII y XVIII como parte de la política nacional de Inglaterra. Es un desprestigio de origen extranjero que se inicia con la traducción al inglés, muy difundida en la Europa de entonces, del libro de Bartolomé de las Casas, . El título lo dice todo. Un libelo. Con relación a esta publicación J. C. J Metford, recuerda que, en la dedicatoria se invoca a Cromwell .
    *
    La leyenda negra fue difundida por los ingleses como arbitrio político, en una época en que los Habsburgos mandaban sobre Europa y amenazaban a Inglaterra, entonces una potencia de segundo orden […] En realidad lo que estaba en juego era el próximo desplazamiento del poder naval […] España dejó de ser parte rectora de un glorioso pasado europeo para descender a menoscabo espiritual, todavía perdurable en muchos argentinos que recibieron sobre España la idea extranjera que de sí misma se formó la oligarquía de la tierra –a pesar de su genealogía española- al ligar sus exportaciones al mercado británico.
    *
    En tal sentido, este sentimiento antiespañol, es la remota proyección en el tiempo, de aquella inicial rivalidad entre España e Inglaterra. Y la denegación de España, de parte de la oligarquía, en su nuez, no es más que el residuo cultural mortecino de su servidumbre material al Imperio Británico. Los pueblos en cambio, se mantuvieron hispánicos, filiados al pasado, a la cultura anterior. Lo cual prueba el poder de esa cultura española que la oligarquía repudió para vivir en adelante de prestado». Siguiendo con las contradicciones de los apologistas del «indigenismo» y a modo de síntesis de «ideas-fuerza» para polemizar con ellos, puede decirse lo siguiente:

    España no sojuzgó a las tribus americanas, ni les impuso una cultura. Por el contrario, con el descubrimiento y conquista de América las mismas se incorporaron a la cultura universal; entre otras cosas, con la adopción de la lengua castellana; la misma que utilizan los agitadores vernáculos para castigar a España. En el mismo sentido, es importante destacar que los estados culturales de los aborígenes eran sumamente variados. Había culturas que se hallaban en los comienzos de la edad de los metales, como el caso de los aztecas y los mayas; y otros con un notorio retraso, en la etapa del neolítico y aún también del paleolítico, como eran los amazónicos y fuéguidos. De lo antedicho se desprende pues, que a su llegada a América, los españoles no encontraron una cultura uniforme, sino una gran gama de situaciones culturales diferentes. Estas distinciones se veían reflejadas en los idiomas disímiles de cada tribu, por lo que los conquistadores estudiaron los idiomas vernáculos y compusieron gramáticas y diccionarios para el aprendizaje de las lenguas indígenas. Asimismo, la Iglesia sostuvo que la tarea pastoral de evangelización debía efectuarse en los idiomas originarios; por ende se exigió al misionero, en su doble labor de sacerdote y maestro, que conociera la lengua de la parcialidad respectiva. Felipe II lo ordenó en 1580, para lo cual se estableció en las universidades de México y Lima cátedras de nahualt y quichua. Todos estos hechos hicieron posible en gran parte, que en la actualidad se conozcan y hablen las lenguas aborígenes.

    Jamás existió genocidio alguno perpetrado por España. En primer lugar, según estudios serios (ver las investigaciones de Angel Rosenblat cuya base científica son los empadronamientos realizados durante el período hispano, como así también la posibilidad de alimentación que ofrecía América según las técnicas de cultivo de la época para albergar habitantes), la población total de América al llegar los españoles (desde México a Tierra del Fuego, y con la exclusión de Brasil) era de aproximadamente 11 millones y medio de personas. De ninguna manera podía existir una población de 70 o 90 millones como pretenden los «indigenistas», más aún, habría que preguntarles cómo hubiera hecho Hernán Cortés para conquistar con 500 hombres una región con tamaña población; o cómo podría ser posible que América tuviera más habitantes que Europa, considerando que ésta contaba con alimentación, vivienda, condiciones sanitarias y un nivel de civilización mucho más elevados (al momento del descubrimiento se estima la población Europea entre 60 y 80 millones de habitantes). Si lo dicho no basta para refutar el «cuento del genocidio», recurriré para concluir con este tema a simples apreciaciones matemáticas. Tomando como cierto el asesinato en masa de aborígenes, elevando la cifra de muertos a 50 millones (como aseguran «batiendo el parche» los seguidores de la Leyenda); desde 1492 que llegaron los españoles hasta 1810; esto es, 318 años; se obtiene la insostenible cifra de que fue necesario matar 157.232 indios por año; lo que es lo mismo que 13.102,72 aborígenes por mes; es decir, 430,77 nativos por día; o finalmente, 17,94 indios por hora…lo que nos lleva a determinar que se mataba un indio cada tres minutos. Todo esto, sin dormir, ni comer, ni conquistar ni fundar ciudades, ni construir caminos, universidades, etc. Creo que sobran los comentarios…la matemática no miente.

    La conquista no fue una acción imperialista destinada a subyugar y explotar a los indios; apropiarse de sus tierras y de sus riquezas. Al respecto es conveniente decir que, la crítica cae en abierta contradicción en caso de no provenir de fuentes cristianas, toda vez que no es posible negar la propiedad privada (como lo hace el marxismo) y reclamarla después en el accionar de los otros. Tampoco es posible hablar ligeramente de subyugación y explotación por parte del español, como si antes de su llegada no hubiera existido el sometimiento de los pueblos más débiles y pacíficos bajo el yugo de los más poderosos y belicosos. Hay que decir que los pueblos precolombinos estuvieron asentados en la conquista guerrera y expansionista sobre pueblos vecinos que se convirtieron en tributarios sometidos a la voluntad de los vencedores. El hecho histórico es que, por ejemplo, el imperio azteca se construyó sobre los restos de las comunidades tolteca, chiquimeca y tecpaneca. Tanto es así que los Tlaxcaltecas, que eran tributarios suyos, se aliaron a Cortés, quién los liberó. El estudioso Soustelle Jacques afirmaba que podía interpretarse la historia de Tenochtitlán, entre el año 1325 y 1519, como la historia de un Estado imperialista que perseguía su expansión a través de la conquista. Por su parte, el Imperio inca se erigió sobre la base del sometimiento de los aymaras y yuncas. Su método de dominación consistía en erradicar las poblaciones vencidas a otras partes del Imperio, mezcladas con grupos fieles al inca que las vigilaban. Tan atroz era la situación en América, que numerosos historiadores coinciden en señalar que antes del Descubrimiento, el mundo americano era un enorme campo de batalla. Luchaban entre sí; aztecas contra Toltecas, mayas contra aztecas y caribes; caribes contra siboneyes, panches contra caribes; diaguitas contra incas; charrúas contra pampas, etc. Las luchas eran terriblemente sangrientas y los derrotados eran asesinados o esclavizados y la verdad histórica es que antes de la llegada de los españoles, la mayoría de los indios estaban sometidos a la tiranía de sus caciques, a las persecuciones rituales y al expansionismo belicoso de las tribus más fuertes. Nada de esto dicen los «amantes del indigenismo»; como tampoco señalan que fue España quién prohibió por ley la esclavitud de los indios. Resulta poco serio entonces, calificar a los españoles de imperialistas y ladrones mientras que los saqueos y expoliaciones de aztecas o incas no son juzgados de la misma manera. Tampoco puede desconocerse ni negarse el mérito del Estado Español (único ejemplo en la historia de Europa) de haberse interrogado por los justos títulos que le daban derecho a efectuar la Conquista y así; sabios, teólogos, juristas, humanistas, frailes y letrados discutieron a fondo la problemática, dando origen con Francisco de Vitoria y la Escuela de Salamanca al nacimiento del derecho internacional moderno.

    En lo que al cuento de «la sed de oro» y afán de lucro se refiere; no hay razón alguna para negar la existencia de móviles económicos en la Conquista. Sin embargo, España no planificó una política de expoliación y vaciamiento de América; si concibió, en cambio, una relación comercial que finalmente no acabó beneficiándola. Según el análisis de Earl Hamilton la religión católica, motivó la expulsión de moros y judíos del territorio español, y este hecho impidió la participación activa en la vida económica del país de las clases más capaces para ello. La salida de metales del «nuevo mundo» no sirvieron para enriquecer a España, sino al circuito capitalista manejado por Inglaterra. Por eso (más allá de otras muchas y complejas razones) es que ya en el siglo XIX se acentúa el ascenso de la Pérfida Albión y la decadencia española. La Conquista dejó aciertos y errores, como toda empresa humana; fue una gesta de hombres, que en pos de un ideal humano y religioso, vinieron a América a evangelizar y elevar como personas a los aborígenes.

    Finalmente, y para terminar, hay que destacar el esfuerzo español al llevar adelante su obra, y éste surge ennoblecido en relación a los procederes, propósitos y actitudes de otras potencias que solamente fueron colonizadoras. Inglaterra por ejemplo, se estableció en el Norte de América, en la costa atlántica, y se desinteresó de todo empeño misionero o cultural respecto de los aborígenes. A su vez, a los nativos no se les permitía convivir ni mezclarse con los blancos; no hubo entonces mestizaje, ya que el indio era considerado un ser inferior. Cualquier actitud hostil de parte de ellos para con los conquistadores era contestada con terribles represalias, o sencillamente, con la muerte. Las corrientes pobladoras no intentaron penetrar el continente, puesto que la posesión de la costa bastaba para alcanzar los fines económico-comerciales. Compárese entonces, esta actitud con la de España y se verá quién ejecutó realmente un genocidio. Pues, a no dudarlo, España, creó pueblos, civilizó, transmitió cultura, mezcló en el mestizaje su sangre con la de las razas autóctonas, evangelizó y también libertó. Lejos de tiranizar, los españoles liberaron a aquellos que gemían bajo imperios despóticos y brutales, para ellos entonces, como para nosotros ahora, la irrupción de España en América significó su pacificación y liberación.

    Bibliografía:

    – Petrocelli, Héctor, Lo que a veces no se dice de la Conquista de América, Rosario, Didascalia, 2000.

    – Caponnetto, Antonio, Hispanidad y Leyendas Negras, La Teología de la Liberación y la Historia de América, Buenos Aires, Nueva Hispanidad, 2001.

    – Carbia, Rómulo, Historia de la Leyenda Negra Hispanoamericana, Nueva Hispanidad, 2000.



      Anónimo
      13/04/2010 a las 8:50 pm

      LA LEYENDA NEGRA. UN ATAQUE A NUESTRA IDENTIDAD
      Estimado Federico Gastón Addisi, estoy en un todo de acuerdo con su erudita exposición sobre el remanido tema marxista de la Leyenda Negra, inciada por un un cura esquizofrénico – al decir de alguno de sus biógrafos – y continuada por otros que adolecen del mismo mal, como son los marxistas y sus primos los liberales. Quizá faltó, en la exposición, mencionar algunos detalles que trataré de complementar, tales como que al fraile en cuestión, la corona le facilitó un lugar para que desarrollara sus teorías, lamentablemente no le fue bien y tuvo que dejar el intento; lo que desconozco es si fue debido a su falta de contacto con la realidad – como nuestros gobernantes – al desconocer la clase de ser humano que le tocaba en suerte, o porque tuvo la mala de que los habitantes del lugar asignado eran irreductibles, sea como fuere lo cierto es que fracasó y nunca más volvió a intentarlo. Otro punto digno de mencionar es la obra monumental que los Jesuítas llevaron a cabo con los aborígenes guaraníes, obra social que hasta los estudiosos que no simpatizan con la Iglesia actualmente elogian, otra realidad que los consabidos intelectualoides ezqizofrénicos marxistas nunca mencionan, recordemos que uno de los síntomas de la enfermedad es la mentira sistemática.
      Desde luego que jamás harán referencia a los sacrificios humanos cometidos, esos también sistemáticamente y por motivos religiosos, de los aztecas, incas y en general por la mayoría de las tribus que habitaban estos suelos; además de callar sobre una de las prácticas más abominables que el ser humano pueda cometer contra sus congéneres: la antropofagia; rito que en general se concentraba contra los prisioneros de guerra. Seguiría con algunas otras cosas, pero son menos importantes dentro del tema tratado.
      Dicen que en el Amazonas aún hoy existen los cazadores de cabezas y los antropófagos; si esto es cierto habría que enviar a estos pensadores a investigar, en una de esas pierden la suya (literalmente hablando), aunque para ser franco dudo que se los coman, porque puede que los aborigen sean salvajes e ignorantes de muchas cosas, pero seguro no son estúpidos y veneno no comen.
      HC



        Anónimo
        14/04/2010 a las 7:56 pm

        DIFUNDIR LA LEYENDA NEGRA COMO TAL
        Gracias por su apoyo en el esfuerzo compartido, amigo HC. Veo que sus detalles sobre este fraile y su biografía son muy interesantes para agregar a mi nota. Buscaré resumirlos y añadirlos a partir de las fuentes, pero hay que divulgar al máximo estas verdades, en toda oportunidad posible , sea con comentarios a vuelapluma o bien con mi narración así mejorada o no y sobre todo con otros textos más ricos y lúcidos que existen en Internet con poca difusión. Es mucha la mies y pocos los segadores. Le pido su ayuda para copiar este y otros relatos y pegarlos en cuanto sitio educativo, enciclopédico o político podamos, AMGD.
        FGA



Anónimo
09/04/2010 a las 10:57 pm

Liberal
No sé si era masón inscripto en alguna logia, lo cierto es que leyendo las máximas que le deja a su hija sí queda claro que era liberal; parece de las Naciones Unidas.



Anónimo
04/05/2010 a las 10:42 pm

Nuevos datos sobre San Martín
¡Nuevos datos habemus!

En la revista Todo es Historia, se publicó un artículo del embajador Guillermo Jacovella[1], que aporta nueva información, debidamente documentada, que complementa lo sostenido en nuestro artículo «San Martín no fue masón» ( http://forosanmartiniano.blogia.com/2006/octubre.php ), aquí gentilmente reproducido.

1. Nos interesa detenernos en lo que se expone respecto a la medalla confeccionada por el artista belga Jean Henri Simon, una de las diez que preparó por encargo del Rey, como homenaje a otros tantos hombres célebres. Para esta medalla el general posó expresamente, y se logró el único retrato de perfil de nuestro héroe. Se conserva una sóla medalla en bronce, en la Biblioteca Real de Bruselas, que tiene escrito, en el reverso: “Loge La Parfaite Amitié constituée a l’Oriente de Bruxelles le 7 julliet 5807 (1807) au Géneral San Martín 5825 (1825)”.

En el anverso, figura “General San Martín”, alrededor del retrato, y abajo “Simon F”, indicando el nombre del grabador y su pertenencia a la masonería (F: frere, hermano).

2. Se puede deducir que esta medalla fue confeccionada sobre el molde de la oficial, encargada por el Rey, y no hay constancias de que San Martín la haya recibido. No figura en ella como “F”, sino como General. Tampoco figura su nombre en las listas y actas de la logia mencionada, como lo ha reconocido Frank Langenauken, director del Centro de Documentación Masónica de Bruselas. Esto es muy importante, pues, al ser ocupada Bélgica en la 2da. Guerra Mundial, los alemanes incautaron archivos oficiales y de la masonería. Luego esos archivos quedaron en poder de la Unión Soviética en Moscú, y el gobierno belga consiguió recuperarlos recientemente

3. Hace una década, el Dr. Terragno escribió: “Cuando todos los materiales estén clasificados y al alcance de los investigadores, quizá surjan nuevos elementos sobre la Parfeite Amitié y los vínculos masónicos de San Martín en Bruselas”[2]. Pues bien, estando ya los documentos disponibles, se realizó una exhaustiva investigación, “sin que se pudiera encontrar mención alguna al general San Martín o al homenaje de la referida medalla”[3].

4. Consideramos muy valiosa la información aportada por el señor Jacovella, para desmentir una falsedad histórica. Debemos discrepar, sin embargo, con dos afirmaciones del autor:

a) que “se puede afirmar que era de claras convicciones liberales”;

b) que la masonería no estuvo condenada por la Iglesia hasta 1884.

5. Sostiene Jacovella que “si San Martín hubiera querido iniciarse en la masonería durante los largos años que vivió en Europa (hasta 1850), ello no hubiera sido abiertamente incompatible con su condición de católico y mucho menos de liberal” (p.25). La encíclica de 1884, a la que se refiere el autor, es la Humanum genus, de León XIII. Pues bien, ese documento ratifica expresamente las constituciones:

“In eminenti”, de 24-4-1738, de Clemente XII.
“”Providas”, de 18-5-1751, de Benedicto XIV.
“Ecclesiam a Iesu Christo”, de 13-9-1821.
“Quo graviora”, 13-3-1825, de León XII.

A través de dichos documentos, la “Sede Apostólica denunció y proclamó abiertamente que la masonería, constituída contra todo derecho divino y humano, era tan perniciosa para el Estado como para la religión cristiana. Y amenazando con las penas más graves que suele emplear la Iglesia contra los delincuentes, prohibió terminantemente a todos inscribirse en esta sociedad”[4].

6. Sobre el liberalismo, nos pronunciamos en «San Martín, ni masón ni liberal» ( http://www.mario-meneghini.blogspot.com ).

7. Félix Luna, director de la revista «Todo es Historia» hasta su fallecimiento, escribió en el editorial del número comentado, refiriéndose a San Martín:

“…no hizo falta ninguna medida de gobierno para imponer su culto. En este aspecto, vemos cómo han sido inútiles algunos intentos de revisar el recuerdo histórico de San Martín aportando pretendidos documentos o revelaciones que modificarían sustancialmente su personalidad. Así, los intentos de presentarlo como un mestizo, hijo de una india guaraní, o los que le adjudican hijos ilegítimos habidos en el Perú. Aparte de la orfandad de las pruebas que se presentaron en estos casos, estas revisiones no calaron popularmente ni sirvieron paa que la imagen clásica del Libertador se modificara”.

Córdoba, 9-1-2010.

[1] Jacovella, Guillermo. “San Martín y los ideales masónicos”; Todo es Historia, Nº 505, agosto de 2009, páginas 20-25.
[2] Terragno, Rodolfo H. “Maitland & San Martín”; Buenos Aires, Universidad Nacional de Quilmes, 1999, p. 193.
[3] Jacovella, op. cit., p. 23.
[4] “Humanum genus”; p. 4.

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Responsables: Flavia y Mario Meneghini

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MARIO MENEGHINI
CIUDAD DE CÓRDOBA, CÓRDOBA, ARGENTINA
Presidente del Centro de Estudios Cívicos. Miembro de la Academia Sanmartiniana. Autor de «La Política: obligación moral del cristiano».



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