Panorama Católico

Un hombre de derecha

El señor González supo tener casa, mujer, auto e hijos. Después, el divorcio lo dejó en calzoncillos. Ahora vive solo en un departamento alquilado, donde sopla el viento de Siberia. Desde que le ocurrieron estas cosas, se ha convertido en un hombre de derecha.

El señor González supo tener casa, mujer, auto e hijos. Después, el divorcio lo dejó en calzoncillos. Ahora vive solo en un departamento alquilado, donde sopla el viento de Siberia. Desde que le ocurrieron estas cosas, se ha convertido en un hombre de derecha.

Considera que el divorcio es una maldición. Las parejas duraban más y mejor cuando se comprometían para toda la vida. Los hijos se criaban felices y derechitos. Imperaba la obediencia. Resplandecía la familia. Los hijos respetaban a los padres. Ahora, la mujer se ha convertido -dice el señor González- en una mercenaria que calcula cuando y cómo logrará sacar una buena tajada, una generosa cuota alimentaria que le permita vivir sin trabajar, con la casa y el auto y los hijos que engendró su marido.

En materia de trabajo y negocios, el señor González está un poco desilusionado porque fue esquilmado varias veces por el Estado argentino: le tocó sobrellevar el Rodrigazo, hiperinflación 1, hiperinflación 2, el corralito, el corralón…y hasta tuvo la mala suerte de que estatizaran las AFJP, justo cuando había depositado voluntariamente unos 100.000 dólares que nunca volverán. Ahora sólo confía en el trabajo duro y el ahorro en efectivo.

El señor González está muy angustiado por su seguridad y la de su familia. Tuvo una tienda en Flores: lo asaltaron tres veces y una de ellas le gatillaron el revólver en la sien. Por fortuna, la bala no salió. En distintos hechos le han robado de todo: el auto, el celular, la laptop, la billetera y hasta una bicicleta. En su círculo de amigos y parientes hay relatos diarios de asaltos, asesinatos, violaciones, secuestros. Experimenta -como suele decirse ahora- una pavorosa «sensación de inseguridad». La misma que han de sentir los condenados ante el pelotón o las vacas, atropellándose por la manga hacia el matadero. Ha dejado atrás las ilusiones de su juventud (peronismo, socialismo, nacionalismo, radicalismo, marxismo, Flower Power) y ahora sólo anhela una Justicia rápida y severísima, una Policía de mano dura y un país provisto de cárceles. Grandes, espaciosas, civilizadas y sobre todo seguras, en el sentido que los criminales no puedan escapar hasta que hayan purgado sus condenas, que en delitos graves (asalto con armas, homicidio, violación) deberían ser de por vida.

A medida que pasan los años, el señor González ha ido elevando a un altar las figuras históricas que representan a la Fuerza, en sus más variadas encarnaciones. Desde Juan Manuel de Rosas, Julio Argentino Roca, Facundo Quiroga (cuya divisa negra rezaba «religión o muerte») y el no menos sanguinario matador de españoles e indios Félix «El Fraile» Aldao, hasta el comisario Evaristo Meneses, el policía tucumano Mario «Malevo» Ferreyra o el subcomisario Luis Abelardo Patti. González siente afecto por todos aquellos hombres que han inspirado temor en los enemigos de la ley y el orden, a como dé lugar. Sin embargo no está incurso en el militarismo: tiene un primo desaparecido y perdió un hermano en la Guerra de las Malvinas, de manera que les bajó la persiana para siempre. Para él, las Fuerzas Armadas son «los milicos» y hace años que no cree en nada de lo que digan. Tampoco cree ni media palabra de los anuncios, proclamas, promesas y juramentos de ningún político.

Puede decirse que el país, con sus auges y decadencias, construyó paulatinamente las ideas de González: ahora piensa -incluso- que el derecho de huelga no debería existir para los gremios de estricto servicio público, como los docentes, los transportistas, los médicos, los policías, enfermeras.

González siente poca simpatía por las villas y los villeros. Cuando ve que el Estado se propone «urbanizar» las miserables barriadas, otorgando a cada ocupante el título de propiedad de una casa que no compró, siente el gusto de la bilis en la garganta. Todo vale. Todo cuesta. Todo se paga. ¿Cómo puede haber propietarios que no compraron lo suyo? Al señor González le parece injusto: piensa que equivale a alentar la usurpación, masiva y por la fuerza, de casas y tierras. A la larga, sospecha que el Estado otorgará un certificado legal por todos y cada uno de los bienes robados.

El señor González considera que ser homosexual no es un mérito. Sólo una condición humana (eterna, verificable en todo lugar y tiempo de la historia) por la cual nadie debe ser perseguido, pero tampoco premiado con medalla de oro. El señor González considera que la mayoría es normal, y usa la palabra «normal».

El señor González juzga que no es bueno encontrar las calles, las rutas y los puentes cortados por manifestantes con el rostro enmascarado y garrotes amenazadores. Considera que esos manifestantes son treinta gatos que no representan a nadie. Debería concurrir la policía a barrerlos con un camión hidrante y, si se resisten, mal no les vendría una buena tunda. No el paredón de Fidel Castro y el Che Guevara, no: sólo un par de empujones para que salgan del paso. Los ciudadanos tienen el derecho esencial de circular libremente por el territorio argentino, para trabajar, para visitar al cuñado o para mirar el paisaje. Debe garantizarse ese derecho, opina González.

El señor Gonzalez está espantado por los homicidios, asaltos y violaciones que cometen muchachitos de 12, 13 y 14 años. Considera que se les debe dar un castigo igual al de los mayores, ya que sus crímenes son propios de adultos. Si la policía estuviera atenta y vigilante, actuando sin complejos y sin pactos oscuros en todas las cuadras de cada ciudad, estas desgracias no sucederían, suele decir González.

El señor González considera que los niños deben ir a la escuela todos los días.

El señor González opina que los adolescentes deben ser tratados con más rigor, en los colegios secundarios donde actualmente organizan «tomas revolucionarias», «campings solidarios», «viajes de egresados-alcohol-drogas», «jornadas de reflexión libres de todo estudio», o le prenden fuego al pelo de la profesora de Geometría.

El señor González estaría más contento si se pronunciaran menos palabrotas por radio, por televisión, en las revistas, y especialmente en boca de grandes referentes nacionales como Maradona o Reutemann.

El señor González admira la civilización americana, es decir el American Way of Life. Todo lo que inventaron los yanquis lo maravilla. El ascensor del señor Otis, la navajita del señor Gillette, los neumáticos del señor Goodyear, los autos del señor Ford, las películas de John Wayne, y le gusta ver a Marilyn Monroe cantando «Happy Birthday, Mr. President…»

Al señor González le gustaría vivir en el primer mundo, sea Nueva York, Los Angeles, Madrid, Milán o París. Y sobre todo le gustaría que la vida argentina se desarrollara de una manera semejante a la de esas naciones.

El señor González gusta mucho de las mujeres, pero siente terror a la traición frívola de la juventud.

El señor González no es partidario de la legalización del aborto, la despenalización de las drogas ni el matrimonio gay. Está lejos de aplaudir una guerra santa contra estas causas. Pero no le gustan. Ni un poquito.

El señor González no es muy creyente. Se crió en una familia católica, judía, o islámica. Pero la vida lo ha hecho un poco escéptico. Sin embargo, respeta a las iglesias. Todos los credos le parecen una forma de encaminar al hombre hacia los buenos instintos. Todos. Los umbanda, los pentecostales, los kabalistas, le parecen dignos del mayor respeto. Son también una expresión de autoridad espiritual, y el señor González añora la autoridad. Por eso prefiere la misa en latín.

El ideal de González es la clásica vida en familia. El papá, trabajando, proveyendo los bienes de toda la familia, tomando las decisiones centrales y ejerciendo el mando principal. La mamá, atendiendo a los hijos y comandando las relaciones familiares. Como aporte complementario, la mamá puede trabajar, y a veces no tiene más remedio. Pero su responsabilidad esencial es la casa.

González cree en los hombres de negocios, en los triunfadores, en los pioneros, en los jueces incorruptibles, en la ley y el orden, en el campo argentino y su capacidad inagotable, en el mérito de un trabajo bien hecho. Opina que los hombres pueden nacer en la miseria y criarse en la exclusión, para después alcanzar la fortuna y el éxito, a base de trabajo y ahorro.

En cuanto a Israel e Irán, el señor González no tiene dudas. Está a favor de Israel, de acá a la China. Primero, porque siempre admiró a esa nación valiente, progresista y culta. Segundo, porque Israel nunca nos puso ninguna bomba. Tercero, porque los judíos son parte constitutiva del tejido étnico argentino. González tiene amigos, compañeros de colegio, cuñados y médicos judíos. En cuanto a los iraníes, sólo los conoce por la tétrica imagen del Ayatollah Khomeini y dos atentados sangrientos. No se comportan como amigos.

El señor González cree firmemente en la propiedad privada.

Y usted, amigo lector: ¿Es como el señor González, un hombre de derecha? Tal vez pertenece a la derecha pero todavía no se dio cuenta… 

Fuente: La Nación

Comentario Druídico: El Sr. González es un liberal asustado. Una mezcla de confusión ideológica, experiencia que le dejó aprendizaje (no es poco) y sentido común. Lo más notable del Sr. González es su gusto por la misa en latín. Y aquí hemos de reconocer, con modestia, que la misa en latín ha pasado a ser un tema, incluso en la gran prensa. Un tema vinculado con lo que la sociedad percibe como parte de los valores fundantes, aunque no entienda mucho de liturgia ni de religión. 

Este Sr. González es producto de la fantasía de Hanglin, pero no es mera fantasía. Si los obispos supieran interpretar el sentir de la gente, aún por meras razones demagógicas, podrían llegar a ser tan extraordinariamente populares… 

P.S. Dice el editor que este González no es pariente suyo por ninguna rama.

 

Comentarios

Anónimo
24/11/2009 a las 3:52 pm

Gonzalez (pero no Marcelo)
El señor que describe Hanglin hoy es de derecha como ayer fue Alfonsinista como anteayer Caporista, como en el 2001 pidio que se fueran todos y ahora protesta por que, por su propio descompromiso e incoherencia, gobiernan todos los que se tenian que ir, a pesar tambien que lo votó a Kirchner en el 2003. El arquetipo del burgues argentino.
Lo de la misa en latin es un invento o un fallido de Hanglin (autoridad=autoritarismo=Misa en Latín). Este señor de «derecha» la ultima vez que fue a misa fue cuando el bautismo de su hijo mas chico hace como treinta años. Ricardo Bustamante



    Anónimo
    25/11/2009 a las 5:15 pm

    Más bien…
    de» DERECHAS».

    Esas que siempre tienen mucho de IZQUIERDAS.

    Liberal desesperado vuelto fachista furibundo.

    Monumentos a los principios y cadalsos a las consecuencias.

    QLP.



      Anónimo
      26/11/2009 a las 9:43 pm

      González no es facista
      El de Hanglin, digo.
      Es sí un liberal asustado, de esos que se vuelven Blumberg sólo después que matan a su hijo, y defensores de los derechos del pueblo contra el poder de los bancos sólo después de que le confiscaron los depósitos.
      El señor González tiene el vuelo de la perdiz y compra una y otra vez el buzón de turno. Solamente se da cuenta a cada estafa en su buena (o estúpida)fe, pero es incapaz de elaborar una teoría general sobre la venta de buzones. Lo cual implica que después de la estafa anterior, compre un buzón nuevo.
      El señor González cree en algunos valores tradicionales que recibió por herencia, probablemente de otros señores González un poco menos malos que él, no por méritos propios sino por una mera cuestión cronológica.
      El señor González es católico por la misma causa, pero lo mismo le da un budista, un agnóstico o new age, siempre que no le corte la calle o que le financie sin intereses el plasma de 158 pulgadas.
      El señor González desprecia a los villeros en su conjunto porque tiene una comprensión dogmática del problema villero. La misma, pero invertida, de quienes exaltan a los villeros en su conjunto.
      El señor González se opone a los planes de vivienda populares porque ignora lo que sea la justicia social o, en su aspecto más elevado, la caridad. Pero además, en su miopía, el señor González ni siquiera tiene el tino de advertir que una medida tal, también puede considerarse como «autodefensa».
      Como dijo otro forista, el señor González es «de derechas».
      El artículo de Hanglin me parece una muy buena radiografía del tipico tilingo clase media. Excesiva la referencia a la misa en latín, que a lo sumo es un recuerdo vago para la mayoría.
      Sin embargo, el señor González con un conductor político adecuado -que me perdone Mario Bianchet, pero un pastor devoto es más difícil que consiga- puede llegar a ser un miembro muy útil para la construcción de la Patria.
      Pero sin el conductor, el señor González termina votando a Cobos.
      Saludos
      Paisano Alborotador



        leonardo
        27/11/2009 a las 12:49 am

        Paisano, Gonzalito no tiene cura

        Hablando en términos de pensarse, sentirse y actuar como un argentino patriota. Este tipo medio, estafado hasta el tuétano (convengamos que el imbecil compra cuanto cosa le vende la TV, empezando por los políticos), confundido y sin rumbo, dudo que siga a un buen conductor, dudo que lo pueda entender o comprender, dudo que lo emocione una seria, clara y valiente propuesta nacional, dudo que se le «inflame el corazon» y renazca o nazca en él ese entusiasmo y espíritu de sacrificio por la patria Argentina.

        A este tipo, Gonzalito digo, en cambio poco a poco y bajo la dirección de un buen cura se le puede arreglar un poco o bastante el interior, puede llegar a distinguir, que no es poco, entre el lodazal moderno y la austera alegrìa del buen vivir como Dios manda, puede creo, vivir una vida con ideales recuperados o nacidos, y despues si, quizás pueda entender que la patria es algo serio, profundo y religioso.

        ¿Como?, ¿donde hay un cura como la gente?, que se yo, de los muchos que conozco (y bastante) son como Gonzalito, y de los pocos que frecuento, sobre todo en la Misa Católica, los tienen por cismáticos, antiguos, excomulgados, fanáticos, fascistas, etc, etc.,  por lo tanto, Houston tenemos un problema. Saludos. Mario Bianchet

         



          Anónimo
          29/11/2009 a las 12:37 am

          Estímulo desatinado al financiamiento de despropósitos
          ¿Vas urgid@ a copular?
          El Gobierno te facilita los preservativos.
          ¿Tuviste consecuencias?
          El Gobierno te ofrece la píldora del día después.
          ¿Te has quedado embarazada?. ..
          El Gobierno garantiza tu homicidio prenatal impune.
          Pero ¿tuviste al niño?
          El Gobierno te regala $ 180 X MES X CHICO
          ¿Estás desemplead@?
          El Gobierno te paga por estarlo.
          ¿Eres vag@ y no te gusta trabajar?
          El Gobierno te concede ALGUN PLANCITO de subsistencia a cambio de unos votitos.
          AHORA BIEN.. PROBÁ con ESTUDIAR, TRABAJAR, PRODUCIR…

          A VER, ¿¿QUÉ OCURRE??

          EL GOBIERNO TE SUBE LOS IMPUESTOS PARA PAGAR TODO LO ANTERIOR



Anónimo
24/11/2009 a las 6:16 pm

LA NOTA BRINDA JUSTO EL PERFIL QUE QUIERE EL ADVERSARIO
Le hemos regalado un molino de viento.

Luego, en «El Argentino» de ayer y las bitácoras KK, deprecarán a los liberales asustados por Clarín que bloquean el camino hacia la liberación, camino que no obstante permite seguir tributando como colonia.

Modestamente, me parece que mejor hubiera sido pubiicar como nota la sagaz observación del pagano Druida y luego, más abajo, ilustrarla con la confesión de Hanglin.



Anónimo
24/11/2009 a las 6:32 pm

El Sr Gonzalez y Bergoglio
El Sr. Gonzalez parece un dirigido del Cardenal Bergoglio. Allí donde lo importante es el «sentido común» (en el lenguaje claro: oportunismo y astucia). Aparenta ser de derecha. Se deducen de los consejos del purpurado que no ponen como referencia la moral natural y la ley del evangelio sino ciertos principios esotéricos como que «la unidad es superior al conflicto» y otros. Pobre Sr Gonzalez! A dónde terminará? Seguro que rezando a la Desatanudos.



Anónimo
24/11/2009 a las 7:06 pm

Tibio, tibio
No fue a los iraníes a quienes se refirió Nuestro Dios, cuando dijo:
«…¡Jerusalen!,tú que matas a los profetas y apedreas a los que a ti son enviados…para que recaiga sobre vosotros TODA LA SANGRE INOCENTE DERRAMADA SOBRE LA TIERRA desde el justo Abel…» Mateo 23, 34-37

Y como ejemplo de comportamiento verdaderamente ‘amistoso’ :cuando dijo a un amigo judio llamado Judas Iscariote: «…¡ay de aquel hombre por quien el Hijo del hombre será entregado! ¡Mejor le fuera al tal si no hubiese jamas nacido! » Mt 26,24.

Ni fue a los Jefes iraníes a quienes les advirtió:
«¡Ay de vosotros, que sois como los sepulcros que están encubiertos, y que son desconocidos de los hombres, que pasan por encima de ellos! Lucas 11,44

No.
Y probablemente la tibieza del personaje ‘González’ , personaje proveniente de la escasa fantasía de Hanglin, se deba a que es Marrano o descendiente de Marranos, quien sabe/Contesta?

En fin, falta el mea culpa de Hanglin, aunque fuera ‘tibiamente’ formulado.
V.A.



leonardo
24/11/2009 a las 10:52 pm

Pobre Gonzalito

Al desolado y asustado liberal Gonzalez, confundido burgues y castigado «hombre promedio argentino» el único bagaje cultural que le queda para enfrentar el vacío de una sociedad agonizante no es mas que su sentido común, menguado y esmerilado por mucha libertad democrática, relativismo moral a carradas, derechohumanismo simpatico pero peligroso, tal cual lo comprobaría unos pocos años despues, y con un sentimiento de frustración por haber creido en cuanto dirigente político se le apareció en la góndola del supermercado partidocrático (alfonsines, menems, chachos…), en particular, y en la dirigencia nacional (¿?)en general (desde dirigentes de «fulbo», curas, sindicalistas, empresarios, y todo el etc que se les ocurra). En fin el tipo está asustado, lo politicamente correcto, demostrado por la cruda realidad no solo es mentira, sino que va en contra del mas elemental de los órdenes y entonces solo queda aferrarse a lo de siempre. Orden, autoridad, disciplina, valores de decencia, moral particular y social, principios religiosos, claro que para este pobre Gonzalito, los principios religiosos son cualquiera, lo importante es creer en Dios, si nos conformamos con poco, por lo menos cree en Dios y no en la Pacha mama.

El tema de la misa en latin, es solo descriptivo de lo que desea, orden y autoridad, tal vez anhelo de lo sagrado, no lo se, no imagino que le mueva el amperímetro la misa «de antes» o la «misa común», por lo menos en este punto del análisis.

Ahora bien, ¿que sucedería si a este Gonzalez, confundido, asustado, errante y solo se le pusiera delante un buen cura, con buena y sencilla doctrina, que le vaya mostrando el camino de una reconstrucción moral, espiritual y cultural de su persona? que sucedería si se le dijera la Verdad, que sucedería si un buen pastor, corajudo e irrespetuoso de la opinión de los poderosos, pero fiel a la palabra de Dios, le predicara con lenguaje directo, lineal, profundo, duro pero esperanzador, doloroso pero vivificante, pesado pero lleno de vida, repito, le dijera clara y contundentemente la Verdad?. Creo que ese cura, fray u obispo (hummm, tengo mis dudas) sería tremendamente popular, y descartanto la demagogia (a larga otra frustración para el castigado Gonzalez), sería un esperanza y sostén para una vida quasi vacia, una vida que está a punto de sumirse en la amarga decepción del vacio. Mario Bianchet

 



Anónimo
25/11/2009 a las 1:38 pm

Ese personaje que ha creado
Ese personaje que ha creado el ateo de Hanglin, dice preferir la Misa en latín, pero creo que no interpretaron el porqué. Dice claramente que la prefiere porque añora la autoridad. La pone a la altura del Malevo Ferreira, de Patti, de Meneses,etc.
No me parece que la elección de este personaje por la Misa en latín se deba a que la considere parte de un valor fundante. No. La percibe como autoritarismo, como un sometimiento a la religión. Nada más alejado de su verdero sentido.
Creo que para interpretar la religión vista por Hanglin debemos tener en cuenta que es una persona atea con valores dudosos que alquiló un vientre para tener un hijo (no la primera), que fomenta la infidelidad, homosexualidad y demás hierbas malas que nos están comiendo. Pero eso sí si escribe en La Nación, lo hace para los lectores de La Nación, distinto es en su programa y en diferentes publicaciones donde hace gala de disvalores notables. No creo que sea un ejemplo para nada, por lo menos para mí.
Esto es parte de un reportaje a vuestro ultimamente admirado personaje:
— Dijiste que sos ateo pero nombraste a Dios muchas veces… ¿cuáles son tus convicciones al final?

—Me considero ateo, soy masón, agnóstico, pero estoy en estado de sueño. Soy devoto del Gauchito Gil por instinto y voy a todos los pequeños santuarios que hay de él a los costados de las rutas. Es más, tengo un Gauchito Gil en casa y le prendo velas. Soy nudista, tengo muchos amigos swingers pero yo no lo soy. Tengo muchos amigos gays y fachos. Y para terminar te digo que soy amigo de Carlos Menem, de Felipe Solá y de Fernando Peña.

Ale



    Moderador
    25/11/2009 a las 2:31 pm

    Estimado/a Ale

    Si lo de «admirado personaje» lo dice por este su servidor, vale aclarar que no hay tal admiración.

    En su ficción, Hanglin reúne elementos que son fáciles de encontrar en la sociedad argentina (arbitrariamente, sin duda, como se hace en toda obra literaria). No afirmo ni niego nada sobre sus intenciones. Solo digo que la inclusión del tópico «la misa en latín» no tendría sentido si la misa en latín no fuese ya un «valor» reconocido en la sociedad, quizás todavía de un modo embrionario, pero allí está. 

    Si lo hace para denigrar, lo que es posible, allá se las haya. Lo que domina el sentir del Sr. González es la confusión, pero con una intuición de aquello que es bueno… el orden, la moral natural, lo más tradicional. Es un liberal que si viviera en medio de la riqueza y la seguridad seguiría siendo un liberal sin cuestionarse nada. 

    La gracia de nuestros tiempos y de nuestro país (digo gracia en el sentido espiritual), la bendición de Dios ha sido que el empobrecimiento y el caos descontrolado (aunque la Argentina tuvo siempre algo de caos, pero controlado) mueva a mucha gente al inconformismo y a una cierta precaria reflexión que debidamente encaminada sería una fuerza formidable. Tiene intuiciones, le faltan guías, pastores que encaminen esas intuiciones. Y asistencia sobrenatural, sacramentos, santificación. 

    Lo saludo muy cordialmente.



      Anónimo
      25/11/2009 a las 5:44 pm

      Bueno, me tranquiliza que no
      Bueno, me tranquiliza que no haya admiración por este personaje. Sigo sosteniendo que el sentido que Hanglin dá a la Misa en latín es el que señalé con anterioridad.
      Disculpe Marcelo pero es lo que siempre sostuve, a esos personajes no hay que darles prensa porque eso puede motivar a buscar más notas suyas y le aseguro que no todas aportan cosas positivas.
      Coincido que faltan pastores y en dónde vivo aún más que en otros lugares. La ausencia se nota y el rebaño ya se está dispersando. La Misa de siempre es añorada por muchos pero los sacerdotes no saben y no quieren oponerse al obispo y cuando la solicitas te llaman a una entrevista con Pablo Laxague, obispo auxiliar, que simplemente te dice que para qué la pedís si es lo mismo. Luego porqué consideras que es necesaria, que diferencia hay con la otra y así hasta decirte que no es necesario ya que nadie la entiende.
      Saludos
      Ale



Anónimo
25/11/2009 a las 6:16 pm

CUBA AÑOS 1950s: TODO PARECIDO ACÁ Y HOY ES MERA COINCIDENCIA
Cuba, 1950s.

Casinos, prostitución. Cuba promocionada como capital mundial del sexo
Uno de los espectáculos regulares favoritos era el de Superman, que medía su impresionante erección alineando doce dólares de plata uno al lado del otro.
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(AW) En la década del 50 Cuba, en general, y La Habana, en particular, iban por el camino de convertirse en símbolos internacionales de placer decadente. El flujo de estadounidenses que durante los años de la ley seca viajaban a Cuba en busca de sol y sexo se convertiría en una auténtica inundación después de la Segunda Guerra Mundial.

Por Osvaldo Piñero, desde La Habana

En La Habana, los clubs nocturnos refinados causaban furor y sus casinos rivalizaban con los de Las Vegas; altas mulatas bailaban en el escenario del Tropicana para un público borracho de daiquiri, mientras los más aventureros se dirigían a los espectáculos de sexo en vivo de los alrededores. Uno de los espectáculos regulares favoritos era el de Superman, que medía su impresionante erección alineando doce dólares de plata uno al lado del otro.

La Habana pronto se convirtió en la capital de la prostitución del hemisferio occidental. Los hombres de negocios escogían su mulata de fin de semana a partir de las fotos que les mostraban en el aeropuerto. La industria cinematográfica de Hollywood contribuyó a exportar esta imagen de Cuba como capital mundial del sexo.

Todo eso iba en contra del sórdido trasfondo de la política nacional cubana: una serie de regímenes corruptos, brutales y autoritarios que contribuían e incitaban la decadencia en espiral de La Habana.

LA HABANA Y LA MAFIA

En una ciudad donde se podían obtener fabulosas sumas de dinero a través del alcohol, de las drogas, del juego y la prostitución, era de esperar que la Mafia estadounidense no se quedara atrás.

En diciembre de 1946 se celebró en La Habana la conferencia más importante de la Mafia desde la depresión. El poderoso Meyer Lansky fue quien organizó esta reunión. Conocido como el ¨Padrino judío¨, Lansky era el cerebro del sindicato criminal nacional de Estados Unidos, formado por la unión de varias familias en guerra durante la década de 1930. Como invitado de honor se encontraba Lucky Luciano, el socio siciliano más conocido de Lansky, quien hacía poco que había sido deportado de Estados Unidos por sus actividades escandalosas, y que había entrado en Cuba con un pasaporte falso. Los jefes de la Mafia se desplazaron desde Nueva York, Nueva Jersey, Tampa, Chicago y Nueva Orleans hasta La Habana para asistir al acontecimiento.

La capital cubana era un punto de encuentro lógico. La Mafia se había establecido allí durante los años de la Ley Seca, usando Cuba como base para servir ron a los cayos de Florida. No obstante, en 1938 hubo una oportunidad mucho más lucrativa, cuando el poderoso cubano Batista invitó a Meyer Lansky para que se encargara de dos casinos y un hipódromo ubicados en el Parque Oriental de La Habana, conjunto hasta entonces de mala reputación. Lansky llevó a sus propios trabajadores para sustituir a los cubanos y pronto había ¨reformado¨ el lugar. Los negocios prosperaron y se construyeron más casinos, de los que Batista se beneficiaba gracias a Lansky. Lo mejor, por lo que se refiere a la Mafia, radicaba en que todo era, de cara al exterior, perfectamente legal.

En 1946 los negocios eran lentos, pero Cuba seguía siendo el lugar más cómodo y seguro para los negocios de los mafiosos. Incluso Frank Sinatra se desplazó allí para cantar: el artista de Nueva Jersey llegó con dos primos de Al Capone y una pitillera de oro para Luciano.

En el año 1953 Batista nombró a Lansky su asesor personal en la reforma del sector lúdico para que limpiara La Habana, como ya había hecho en 1930. Desde su base en el Club Montmartre, Lansky procedió a convertir La Habana en un Montecarlo tropical. Los juegos se regularon y se contrató una policía secreta para que detuvieran y deportaran a los tahúres.. La ironía no asombró a muchos.

El segundo mandato presidencial de Batista se convirtió en el clímax de la era de la decadencia de Cuba, una época marcada por las míticas proporciones de la corrupción. La industria revitalizada del casino formaba parte de un esfuerzo masivo para promocionar el turismo; se fundó una nueva compañía aérea, se renunciaba a las tarjetas de crédito de los turistas estadounidenses y todos los hoteles y moteles nuevos estaban libres de impuestos. El número de plazas hoteleras en La Habana prácticamente se duplicó en seis años. Casi todos los hoteles podían tener, y de hecho tenían, una sala de juegos, con lo cual los cubanos con estudios dejaron sus profesiones de médicos o profesores para dedicarse a un trabajo mucho más lucrativo, el de crupier. Enriquecerse repentinamente formaba parte de un sistema bizantino de soborno, se dice que Meyer Lansky depositó más de tres millones de dólares estadounidenses en la cuenta bancaria personal de Batista en Suiza y que esta cantidad era solamente una pequeña fracción de su propia parte. El jefe de la Mafia y el presidente de Cuba continuaron llevándose estupendamente; alguien dijo que eran ¨como hermanos¨.

Mientras tanto, la policía secreta de Batista cada vez era menos secreta y más salvaje en la persecución y captura de sus oponentes. Los cuerpos de los disidentes torturados colgaban en los postes de las farolas como aviso a quienquiera que se atreviera a contradecir el ritmo implacable de la ruleta y de las máquinas de póquer de La Habana.

LOS ULTIMOS DIAS DEL DELIRIO

Para muchos, la disparidad entre la imagen de la Cuba amiga de las diversiones y la cruel realidad era cada vez mayor. Muchos cubanos sentían repugnancia al ver los niveles de corrupción en los que su país se había sumergido y el espectáculo de los opulentos casinos dirigidos por la Mafia, mientras que había cubanos durmiendo en las aceras y en los coches quemados.

No todo el mundo se dio cuenta del cambio de rumbo de los acontecimientos, ni siquiera el jefe de la Mafia. En 1957 Meyer Lansky abrió su propio hotel, el Riviera, justo en el Malecón; era el lugar más grande e insulso de La Habana. La noche de la inauguración, Ginger Rogers actuó en la Sala Copa; y poco después lo hicieron Abbott y Costello. Parecía que el dinero que La Habana podía producir no tenía límites: los cheques de los jugadores se enviaban cada mañana a Miami para asegurar que se cobraban. En abril de 1958, la Junta de Juegos de Nevada, enfurecida porque el éxito de La Habana perjudicaba a Las Vegas, prohibió a quienes poseían las licencias de juego en Nevada realizar operaciones en La Habana. Algunos de los operadores de Las Vegas retiraron su dinero de la capital de la isla; Meyer Lansky, desconocedor de la situación de la política cubana, no tomó ninguna medida. Se lo jugó todo en La Habana y perdió.

FUENTE DE DATOS HISTORICOS: LA CUBA DE BATISTA, EDITORIAL TESTIMONIO, 1975, BUENOS AIRES





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