Panorama Católico

Respuesta a Rogelio Manopletti: o para que va a Roma la FSSPX

Mensaje de quien se identifica como Rogelio Manopletti, 

Estimado Marcelo. Gracias por su respuesta. Lamento que sospeche de trampas y trucos en el mensaje. No era mi intención. Y veo con preocupación que esa actitud lo lleve a la paranoia propia de aquellos fatalistas a los que me refería en mi comentario anterior, y que tanto usted como yo detestamos. Espero que no sea así y créame que rezo con esa intención. 

Mensaje de quien se identifica como Rogelio Manopletti, 

Estimado Marcelo. Gracias por su respuesta. Lamento que sospeche de trampas y trucos en el mensaje. No era mi intención. Y veo con preocupación que esa actitud lo lleve a la paranoia propia de aquellos fatalistas a los que me refería en mi comentario anterior, y que tanto usted como yo detestamos. Espero que no sea así y créame que rezo con esa intención. 

En referencia a sus amables respuestas, mi conclusión es que al final las ambigüedades que menciona, no son sino palabras. Y espero que se llegue a esas conversaciones con el espíritu propio del que quiere acercar posiciones y no imponerlas porque, nuevamente, no se trata de otra cosa que «palabras». Si la FSSPX se pone en posición de ataque a los errores del Concilio, entonces para qué iniciar conversaciones? Para qué pedir con humildad el retiro del decreto de excomunión? Para qué agradecerlo? O acaso se espera que Roma decrete un día que el Concilio Vaticano queda abolido? Por supuesto que no. Los 4 obispos saben perfectamente que eso no pasará (a reserva de una intervención directa de Dios, claro). Claramente lo han expresado ellos mismos: Roma nunca cambia. Así que lo que nos queda por hacer para mantener viva la esperanza de la comunión plena con Roma es entender que estas conversaciones no son sino palabras. 

Y sinceramente creo que nuestros Obispos están considerando esto, porque si no se cede en las «palabras»  todo el proceso que se inició hace ya varios años y que tuvo su primer hito importante con el Motu Proprio Summorum Pontificum, no tendría sentido. Y termino mencionando tal como lo hizo Monseñor Fellay en ocasión del agradecimiento a Su Santidad Benedicto XVI por el levantamiento de las excomuniones: sobre el Vaticano II sólo tenemos algunas reservas. 

ROGELIO R.MANOPLETTI

 

Carta a Rogelio Manopletti

Estimado Rogelio,

No le voy a pedir su DNI, pero me late que Ud. no se llama Rogelio Manopletti, aunque en materia de nombres he visto cosas inverosímiles.

Claro que no estoy cuestionando un pseudónimo -cada uno es dueño de elegir el que más le cuadre- sino ciertos dichos suyos que me parecen como una invitación a admitir un delito que no se ha cometido ni se va a cometer, seguramente.

Su presunciones se parecen a las sugerencias que hace a veces quien desea que el otro «confiese». Algo así como: «vamos, no me va a decir que nunca engañó a su mujer… vamos, todo el mundo lo hace, y además, después de todo es inevitable, aunque yo no dudo de que Ud. la trate con el mayor respeto y consideración. Es más, creo que Ud. es un muy buen esposo».

Algo así me suenan sus palabras: «Si la FSSPX se pone en posición de ataque a los errores del Concilio, entonces para qué iniciar conversaciones? Para qué pedir con humildad el retiro del decreto de excomunión? Para qué agradecerlo? O acaso se espera que Roma decrete un día que el Concilio Vaticano queda abolido? Por supuesto que no. Los 4 obispos saben perfectamente que eso no pasará (a reserva de una intervención directa de Dios, claro). Claramente lo han expresado ellos mismos: Roma nunca cambia».

Vea Manopletti, 

1) Para qué iniciar conversaciones: para dar testimonio de la verdad e invitar a la reflexión a quienes sostienen, con mayor o menor nivel de convicción, los errores conciliares. La verdad se predica. Es en Roma donde se pueden corregir los errores de neomodernismo. Allí es donde se debe predicar y demostrar, ante los prelados de buena voluntad, la naturaleza sutil de los errores modernos. 

2) Para qué pedir con humildad el retiro del decreto de excomunión?: Primero para obtener de Roma un gesto de buena voluntad. Obras son amores y no buenas razones. Para establecer un mínimo terreno común de confianza recíproca entre las partes. Y si bien el decreto no fue «retirado» sino «levantado», teniendo en cuenta el escándalo montado en torno a los dichos de Mons. Williamson, dirigido principalmente en contra del Papa, creo que la FSSPX no podía menos que agradecerlo, puesto que en medio de la tormenta, el Papa se mantuvo firme y sostuvo su promesa.

3) O acaso se espera que Roma decrete un día que el Concilio Vaticano queda abolido?  Pues, esa es la esperanza, aunque tal vez las cosas principien por una rectificación, quizás imperfecta o incompleta, de los puntos más graves.  De todos modos, enmendar el Concilio es más difícil que abolirlo u olvidarlo, cosa que con el tiempo seguramente ocurrirá, por la gracia de Dios.

4) Los 4 obispos saben perfectamente que eso no pasará (a reserva de una intervención directa de Dios, claro). Pues, nunca se sabe, ni tampoco hay que descartar la intervención directa de Dios, que por algo se está realizando la campaña de los 12 millones de rosarios para la Consagración de Rusia al Corazón Inmaculado de María. Allí hay algo sobrenatural que dará al mundo «un tiempo de paz», lo que es imposible sin un retorno de la Fe.

5) Claramente lo han expresado ellos mismos: Roma nunca cambia»: Bueno, esto hay que verlo en su contexto y con referencia a las circunstancias. Roma cambió con el Concilio. El hecho es incontrovertible. No puede interpretarse la frase que Ud. cita en ese sentido, porque la realidad la desmiente. Otra cosa es que Roma no reconozca errores… Bueno, lo importante es que los corrija. Por otra parte, si Roma no ha de cambiar, ¿qué provecho tendría iniciar discusiones doctrinales? ¿Sería una suerte de fachada para disimular la aceptación de lo que siempre se ha rechazado? ¿Es eso lo que Ud. pretende que se haga o que se diga? No le arriendo la ganancia, ni política ni espiritual.

Pero tal vez Ud sí piense como declara y según consta en sus palabras: «En referencia a sus amables respuestas, mi conclusión es que al final las ambigüedades que menciona, no son sino palabras. Y espero que se llegue a esas conversaciones con el espíritu propio del que quiere acercar posiciones y no imponerlas porque, nuevamente, no se trata de otra cosa que «palabras». 

Según se desprende de lo dicho, de sus «palabras», las formulaciones doctrinales no tendrían más valor que el que se le acuerde dar en cada circunstancia. Es decir, Ud. sostiene una suerte de nominalismo, no se si de modo consciente, pero funesto para la ortodoxia. Si las declaraciones conciliares son meras «palabras», no queda más remedio que desecharlo. Si todo el Magisterio es un conjunto de meras «palabras», y ya que estamos, también las SS.EE., nada queda en pie. La Fe católica es un bonito cuento.

Vea amigo, no se si creer que habla en serio o tiende celadas. No lo se. Lo que sí se es que su propuesta no es lo que la FSSPX pretende. Y que Ud., si cree que así debe ser, necesita revisar seriamente su filosofía y su teología.

No es posible «hacer política» con la Fe. Es posible mantener buenos modales, usar frases diplomáticas cuando las definiciones no vienen a cuento. Omitir ciertas críticas (si vamos a responder a todo lliteralmente nos volvemos locos). Es posible y necesario desguazar el Concilio y de todo lo farragoso tomar esa parte que va directamente contra la Fe, es decir, que no puede entenderse de modo alguno, ni con la mejor buena voluntad, conforme a la Fe, dejando para otro momento o para nunca la guasa, el macaneo, los «circiterismos», la contradicción de una página a la otra… Pero exigir que eso que va contra la fe sea condenado o al menos rectificado, aunque sea como lo fue el famoso «Ecclesia subsistit», dándoles mil vuelas para que al final diga lo que decía antes, es decir, «Ecclesia est».  

Por ahí puede pasar un poco la flexibilidad que Ud. pide. Por los tiempos, la gradualidad del progreso… cosa que muchos no entienden, pensando que solo se puede avanzar si se logra todo de golpe. Como si un peregrino quisiera llegar a al final de su camino en un solo paso. Esto va contra el sentido común.

Pero, y no me arrepiento de repetirlo, las discusiones no son una fachada: son discusiones para convencer, no para negociar.

Un cordial saludo.

Marcelo González

Comentarios

Anónimo
22/08/2009 a las 7:01 pm

ah, no sabia
que la fsspx iba a «predicar la verdad»…. yo pense que iba a discutir y llegar a un acuerdo.
Quien no conoce a los modernistas? quien no es tan soberanamente ciego como para no entender los mil y un signos de cual es la REAL direccion que roma ha tomado hace tiempo? quizas usted sr. marcelo?
algunos tradicionalistas son tan tragicamente obvios en su reverencia a los comandos de la dirigencia de la fsspx que no dejan de asombrar. Si usted sr. marcelo tuviese la minima decencia para revisar los dichos del obispo marcel lefebvre y de la historica trayectoria de la fsspx veria quien esta realmente claudicando y quien no. Imagno que usted aun seria capaz de ver la diferencia de su propio discurso y de su lamentable obsecuencia con el discurso oficial de la fsspx.
Llegamos al tragico final en donde vemos a un papa del que brotan a mares signos inocultables de modernismo y de falacia. Por mucho menos la fsspx (Lefebvre) los llamo con terminos durisimos y se nego a sentarse en su conciliabulo. Considera usted que mons. lefebvre no queria «predicar la verdad»? Por mucho menos la fsspx valuo con orgullo que fuera «excomunicada» por tal pseudo autoridad. Pero ahora los tiempos han cambiado, ahora el papa esta de nuestro lado (de quien??) y hay que acallar las voces disidentes. Ahora hay que aparecer super amigos de benedicto, y sonar como casi casi casi ahi, despues de todo… quien no quiere la unidad?
Naturalmente! hasta los tradis se cansan y quieren arreglar.
Pero me late que es mas que probable que usted seguira en su linea, imagino que ha de haber bastante bajo el puente que ignoramos los lectores comunes.
Y no solo eso, sino que insistira en su total inocencia, decargando todas las culpas en esos grupejos minoritarios que hacen mas ruido que otra cosa, cierto?
Despues de todo, eso es precisamente lo que piensa la oficialidad de la fsspx, de modo que no es de extrañar que tambien sea su propio pensamiento.



    Moderador
    27/08/2009 a las 6:14 pm

    ¿Hay que ir a Roma?

     

    Por mi parte, siempre me ha parecido que, apoyándonos en la santa y fiel Tradición de la Iglesia, era mi deber  ir a Roma, protestar y hacer todo lo posible para que algún día vuelva la Tradición. Con todo, algunos miembros –incluso, por desgracia, algunas veces, de la Fraternidad-, han pensado que no había que tener más contactos con los que actualmente se dirigen hacia el error: y que había que abandonar a todos los que han adoptado el Concilio Vaticano II y sus consecuencias, y por consiguiente, como la Fraternidad seguía teniendo  contactos con Roma y con el Papa, prefirieron abandonar la Fraternidad.

    Pues bien, queridos hermanos, eso no ha sido nunca lo que ha hecho la Fraternidad, ni tampoco el ejemplo que ha creído tenía que dar. Por el contrario, yo no dejo de ir a Roma; sigo yendo a Roma y sigo teniendo contactos con el cardenal Ratzinger, a quien conocéis bien, con el propósito de hacer volver a Roma a la Tradición.

    Si considerara que ya no hay Papa, ¿para qué ir a Roma? Pero en tal caso, ¿cómo esperar hacer volver a la Iglesia a la Santa Tradición?, pues es el Papa el que tiene que hacer volver a la Iglesia a la Tradición. El tiene la responsabilidad, y aunque hoy, por desgracia, se deja arrastrar por esos errores del Vaticano II, ¡no es una razón para abandonarlo, sino todo lo contrario! Tenemos  que hacer todos los esfuerzos que podamos para hacerlo reflexionar sobre la gravedad de la situación, hacerlo volver a la Tradición y que haga volver a la Iglesia al camino que ha seguido durante veinte siglos.

    Naturalmente, algunos –los que nos abandonan de ese modo- me dirán: “No vale la pena, está Ud. perdiendo el tiempo”; pero es porque no tienen confianza en Dios. Dios lo puede todo. Hablando humanamente, es verdad: resulta una decepción: pero Dios lo puede todo y la oración lo puede alcanzar todo. Por este motivo, tenemos que rezar aún el doble por el Papa: para que Dios lo ilumine y le abra por fin los ojos, vea los desastres que se difunden por la Iglesia, y , finalmente, los seminarios se llenen igual que los nuestros, volviendo a formar sacerdotes que celebren la verdadera misa y canten la gloria de Dios -como lo hizo Nuestro Señor en su Cruz- y continúen el Sacrificio de su Cruz.  Este es el motivo por el que voy a Roma, esto es la Fraternidad, queridos amigos”.

    Fragmento de la homilía pronunciada por Mons. Lefebvre en Zaitzkofen el 26 de febrero de 1983.

     



      Anónimo
      29/08/2009 a las 12:38 am

      HAY QUE IR A ROMA
      AMIGOS.
      VEO QUE TODAVIA HAY DUDAS GRANDES DE LA ACTITUD DE LA FSSPX.
      NO HAY QUE TENERLAS, HAY QUE IR A CONVERTIR A ROMA AL CATOLICISMO, QUE PERDIO A CAUSA DEL CISMATICO CONCILIO VATICANO II, ESTEW CONCILIO MANIPULADO POR LA JUDEOMASONERIA ETERNA Y JURADA ENEMIGA DE LA IGLESIA Y POR SUPUESTO DE N.S.J.C.. DIOS USCITO A MONS LEFEVRE, PARA QUE FUERA EL SAN ATANASIO DE NUESTRO TIRMPO.
      ROMA VULVE A CAER EN HEREJIA, AHORA LIBERAL, MODERNISTA LO QUE SIGNIFICA MASONICA. JUDAIZANTE QUE SE ENTIENDE COMO HUMANISTA Y ANTROPOCENTRICA,, EN LUGAR DE CRISTOCENTRICA COMO ES LA MISA TRIDENTINA DE CARA A DIOS Y A JESUS SACRAMENTADO EN LUGAR DE MIRAR AL HOMBRE DISFRAZANDOLO DE dios COMPARAR CADA TEXTOS DEL MALHADADO CONCILIO CON LOS TEXTOS TRADICIONALES RENGLON POR RENGLON ,PAGINA POR PAGINA EN SECRETO SIN PRENSA QUE TERGIVERSARIA TODO FRENTE AL MUNDO PRESENTANDO LAS COSAS AL REVES COMO LO HA HECHO SIEMPRE, YA QUE ES ANTICATOLICA EN SU TOTALIDAD.
      ES NECESARIO IR A ROMA Y HAY QUE REZAR MUCHO POR EL SANTO PADRE QUE EL ESPIRITU SANTO LO ILUMINE CON EL DON DEL ENTENDIMIENTO
      MARIANO



Anónimo
23/08/2009 a las 11:22 pm

Estimados y eruditísimos señores:
Nuestro lector Rogelio Rojillo, sea que su ánimo es sinceramente plantear una duda que le suscita el actual diálogo FSSPX—Roma, fuera por el contrario que incita una provocación, ha dejado como incoado un problema de lo más grave e interesante que, o no ha visto o, como pienso, ha dejado de intento expresamente separado de su planteo.
Lo que él afirma sobre la Fraternidad y la conjetura sobre el ánimo que llevaría a las conversaciones, así como su previsible inutilidad, es del todo aplicable a la contraparte: Roma; por lo que a su vez, también debería ponerle el sayo que él calza ajustadamente a la Fraternidad.
Cosa terrible, ch’amigo.
Con el agravante que es Roma y no una comunidad pseudo cismática, o contestataria, o desobediente o lo que Ud. quiera, que debería volver al redil, sino la Santa Sede Apostólica; la Fraternidad tiene poco que perder, humanamente hablando; Roma, en cambio …. tiene mucho que ganar.
Luego, aplicando el criterio rogeliano, Roma no tendría la menor intención de conversar sobre nada, y mucho menos negociar algo (lo cual es claramente negado por ambas partes y abiertamente inútil, al presente) y no pensaría cambiar absolutamente nada pues jamás lo ha hecho, de modo que todo esto sería un engaño, y el levantamiento de las excomuniones habría sido una ganga para fomentar mejor el engaño, etc. etc. etc.
Las conclusiones que Ud. extrae, Marcelo, de los argumentos rogelianos, pero puestos a Roma, sonarían directamente a estafa urdida por el propio Sumo Pontífice y, en último análisis, a una religión farsesca o farisaica, o ambas cosas. En todo caso, falsa.
Sin embargo, estas son las consecuencias de aplicar a la contraparte lo que Rogelio dice de la Fraternidad.
Es más: no sería tampoco una lucha por el poder, por que es de toda evidencia que en este terreno y bajo los auspicios rogelianos, perdidosas serían ambas partes, y con un algo de definitivo que no permitiría ilusionarse sobre ningún resultado que no fuera la destrucción mutua. Digo, si el terreno fuera el de la lucha de poder.
No; los argumentos rogelianos son simplemente imposibles. No digo con imposibilidad subjetiva o psicológica. Sin duda, los hombres pueden tener, y de hecho normalmente tienen, como recordara Aristóteles, una tendencia permanente al mal. La imposibilidad es metafísica. Una vez enrolados en la corriente dialoguista, es la propia dinámica de esta elección la que les impedirá caer en ninguno de los «puntos muertos» predichos por don Rogelio.
Pocos, que yo sepa, han advertido que NO es posible salir de este salón de conversaciones, por resguardado que esté, con las manos completamente vacías. Cada parte, en este acercamiento (por más asimetría que pueda anotarse entre ellas) ha puesto en juego la totalidad de su prestigio, lo cual es algo que todavía no se ha previsto ni estudiado lo suficiente. A mi juicio, claro está. La Fraternidad ha jugado su propia existencia, el sentido de su misión, en alcanzar algún resultado teológico de este diálogo. Se podría señalar que no es mucho, pues la existencia de la FSPX es algo bastante precario.
Pero Roma, por su parte, tiene mucho más que perder si no sale algo bueno de todo esto; al aceptar concurrir a este diálogo, acepta como un a priori lógico que pueden existir cuestiones disputadas legítimas sobre el Concilio Vaticano II, y ello conlleva necesariamente la posibilidad real e inmediata (más o menos probable, eso es otra cosa) de tener que revocar, corregir o suprimir algún texto de los documentos conciliares.
En realidad, la situación milagrosa a que alude Rogelio es justamente la existencia de esta especie de «miniconcilio vaticano III», de donde saldrá o su ratificación plena y total —algo improbable, pues para ello no era necesario arriesgar tan angustiosamente posiciones ya consolidadas en unas conversaciones con tan dispar contrincante— o bien, la rectificación, corrección o supresion de algunos textos de dudosa ortodoxia. Lo cual es sumamente probable, por que Roma ya ha emprendido ese camino y aceptado esta posibilidad al aceptar la discusión.
No, Rogelio, amigo. Lo suyo es un argumento de excelente factura, pero puesto completamente de revés. Como en un espejo —que diría San Pablo.
Tal vez esa reserva que Ud. hiciese a una «intervención directa de Dios» ya esté en curso y no se ha dado cuenta o no lo quiso decir.
Justamente, lo único que no pueden hacer las partes ahora es «negociar». Cuando se llega a cierto nivel del contrapunto (término eufemístico, claro), solo es posible salir airoso o perdidoso; o bien, no ir, es claro. Aquí no hay empate posible; un punto a favor de los planteos impugnatorios contra CVII, lo haría caer por completo, pues perdería el carácter súper dogmático que ha gozado hasta hoy. No conceder nada, pondría a Roma en el ridículo de haber montado una farsa.
La disputa con la Fraternidad ha llegado a un punto tal que, o se concede mucho, o se pierde todo.
Por eso, mis conclusiones son diametralmente opuestas a las de Rogelio y, en algùn sentido, más extensas que las de don Marcelo.
1) No hay vuelta atrás sin desastre global inmediato. Hay que conversar y llegarse a alguna conclusión sobre los 4 ó 5 asuntos urticantes: libertad religiosa, salvación fuera de la Iglesia, constitución de la Iglesia, reforma litúrgica, etc.
2) No existe ningún margen para negociar absolutamente nada; todo lo que salga de esta «mesa del diálogo» tiene que ser serio, bien fundado y, sobre todo, coherentemente instrumentado (léase: correcciones, supresiones o lo que haga falta).
3) Estas conversaciones tendrán el lugar de un segundo Concilio Vaticano II, quieras que no, porque, promovidas por la propia Silla Apostólica, sus conclusiones deberán ser aprobadas por el Sumo Pontífice y serán una addenda al CVII; luego, tendrá la misma autoridad. Salga pato o gallareta, si esta criollísima expresión me permite explicarme bien.
4) La menor concesión a las objeciones planteadas por la FSPX, serán un reconocimiento, con olivo y laurel, de las posturas asumidas por Monseñor Marcel Lefebvre y sus seguidores en el pasado. Menudo lío. Y consiguientemente
5) ¿Se imagina la de jugadores que quedarán en orsái?
Cordialmente
Fermín Lozano



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